sábado, 6 de octubre de 2018

Una asociación secreta entre los católicos

 En el año 2003 empezó en la web el foro de HazteOír. Fue un gran avance para la acción de los católicos en la vida pública. Hasta entonces, los obispos estaban prácticamente solos frente a los ataques contra la familia y la vida. El Concilio Vaticano II había hecho una llamada a los laicos para que participáramos en la vida pública promoviendo los valores humanos y cristianos, pero eso en España no se había producido hasta entonces.


 Por eso muchos católicos acogimos muy bien ese foro donde podíamos compartir inquietudes, objetivos, propósitos, iniciativas y unirnos para sacarlos adelante. Sin embargo, muy pronto -el primer verano-, se produjo algo extraño a lo que tampoco dimos excesiva importancia: personas de toda España abandonaron el foro entre rumores de que debajo de HazteOír había una sociedad secreta. Esto parecía algo increíble, y como no conocíamos a esas personas, aceptamos la versión de los moderadores del foro, que nos dijeron que eran gente con afán de protagonismo, que habían querido dominar HazteOír, y que como no se lo habían permitido, se habían ido enfadados. Añadieron que siempre el demonio trata de hundir los planes buenos... 

 Seguimos colaborando cada vez más personas en HazteOir. La verdad es que tanto HazteOír como luego Derecho a vivir y Profesionales por la Ética, plataformas que veíamos que estaban unidas, funcionaban de maravilla. Vino Zapatero con sus políticas aún más antifamiliares y antivida, y desde estas plataformas se lideraron las grandes manifestaciones, dirigidas por un gran organizador: Ignacio García Juliá. Poco después, el propio Ignacio -sorprendentemente- abandonó HazteOír, entendimos que por disensiones también al no habérsele permitido liderar esta plataforma, cuyo presidente siempre había sido Nacho Arsuaga. Yo seguí trabajando muy activamente en HazteOír, Derecho a Vivir y Profesionales por la Ética. 

 Pero entonces sucedió otra cosa: estábamos en pleno trabajo por la libertad de los padres para responsabilizarse de la enseñanza de sus hijos, en contra de la asignatura "Educación para la Ciudadanía", con la que Zapatero quería imponer su visión "ética" -por decir algo-. Muchos padres se animaron a ejercer objeción de conciencia, negándose a que sus hijos recibieran esa asignatura y crearon la plataforma "España Educa en Libertad". Fueron ayudados por la plataforma Profesionales por la Ética. Sin embargo, personas que participaban en esos grupos nos empezaron a decir que a los hijos de algunos de ellos habían intentado captarlos para una asociación secreta. Al mismo tiempo, una delegación de líderes por la libertad de enseñanza visitaron al Cardenal Rouco Varela en Madrid, y este les confirmó que realmente Profesionales por la Ética estaba dirigido por personas pertenecientes a una sociedad secreta llamada "el Yunque", y les recomendó apartarse de ellos inmediatamente. Eso hicieron, y además difundieron en un comunicado interno su testimonio de lo que les había dicho el Cardenal Rouco y lo que les había pasado a algunos de sus hijos (ver documento, pág 779).

En ese momento circuló también un documento en word, con un formato tipo borrador que no inspiraba mucha confianza, el cual denunciaba la existencia del Yunque, junto a otros muchos detalles. También se difundierom paralelamenbte en las redes muchos comentarios al respecto. Yo no me lo podía creer... y no me lo creí. Por una parte, me parecía la típica historia de miedo que se inventa para hundir a alguien que está trabajando bien a favor de la fe, la vida y la familia. Por otra parte, entre los comentarios, había uno que se refería a una persona que conocía yo un poco mejor, y hablaba mal de ella y de su matrimonio, como si fuera una unión de conveniencia nacida en el Yunque. Mi mujer y yo habíamos conocido a esta persona -Victoria Uroz, que había creado la Asociación de Víctimas del Aborto-, habíamos colaborado con ella en defensa de la vida y de las mujeres que han abortado, ayudándolas, y sabía que era una mujer católica con una formación sólida, que no podía concebir que se prestara a una asociación secreta ni por asomo, y menos aún a un matrimonio de conveniencia. Que se atacara sin saber a una persona y a algo tan sagrado como es un matrimonio, me colocó inmediatamente, por reacción, en el bando de los defensores de HazteOír, Derecho a Vivir y Profesionales por la Ética. Además, pensaba que si hubiera algo de verdad en eso, a mí no me importaba, porque estas asociaciones trabajaban muy bien y me daba igual lo que hicieran cuatro responsables en sus ratos libres, como si les daba por emborracharse por las noches o peinar bombillas... 

 Por aquella época mi mujer y yo participamos en el inicio de la delegación provincial de la nueva asociación provida Red Madre, que se creó para atender a mujeres en riesgo de abortar. Su presidenta nacional era la mujer de aquel organizador de las manifestaciones, Ignacio García Juliá, el que se había ido de HazteOír. Tiempo después, ella no quiso que en las juntas provinciales de Red Madre hubiera personas que fuéramos a la vez colaboradores de esas asociaciones de las que se decía que estaban unidas al Yunque. Nos dijo que cuando estaban en HazteOír, habían sufrido que su hija fuera captada por la sociedad secreta, y que eso le había hecho mucho daño a su hija y a toda la familia. La verdad, pensé que esto podía ser un poco exagerado, que tal vez ellos se dolieran demasiado de que a su hija la metieran en una asociación que no les gustaba, y que cabía la posibilidad de que estuvieran haciendo una montaña de un grano de arena. Como no quise dejar de colaborar con Derecho a Vivir, me tuve que salir, enfadado, de Red Madre, junto a otras personas de aquella junta provincial. Todo aquello me parecía una absurda caza de brujas. 

 Pasó el tiempo y seguí colaborando perfectamente con estas asociaciones, y especialmente con Profesionales por la Ética, realizando trabajos y documentos desde mi perspectiva cristiana y como profesional sanitario. Sí es verdad que en todo este tiempo, especialmente en HazteOír y Derecho a Vivir, ya me llamaron la atención algunas cosas, como la idea no expresada de que a veces parecía que el fin justificaba los medios, y una comprensión de la defensa de la vida y la familia en el ámbito público como si fuera una lucha contra los enemigos -se hablaba de vencer al enemigo con sus propias armas, y quizá precisamente una de esas armas fuera el secreto, a imagen de la masonería-. Pero todo esto lo achaqué a que había personas con buena voluntad y muy animosas, pero con poca formación cristiana profunda y sólida, nada que no tuviera arreglo. Mientras, iban ocurriendo cosas aparentemente pequeñas, pero que iban minando mi confianza en estas plataformas y me iban haciendo evidente que había mucho de verdad en eso de la sociedad secreta. 


 Es el momento de decir que el Yunque nació tras la experiencia de los tremendos problemas que desencadenaron la guerra de los cristeros en México -aunque varias décadas después- y la imposibilidad para los católicos de actuar públicamente y en política en ese país. Quizá en aquel momento tenía sentido una sociedad secreta católica para regenerar la sociedad mexicana. Pero en nuestros días, a pesar de una evidente persecución informativa y política contra los católicos, sin embargo tenemos libertad para unirnos, reunirnos y actuar en sociedad y en política. Por lo tanto, que esa sociedad se pasase a España no tiene ningún encaje, ningún sentido. 

 Entonces, más personas que habían colaborado empezaron a salirse de estas asociaciones y a denunciar la presencia del Yunque. El primero al que leí fue Alejandro Campoy, que escribió todas estas cosas en su blog. Luego vendrían otros. Me llamó mucho la atención el testimonio de un padre de familia que tenía un blog donde había analizado los contenidos de todos los textos de las diversas editoriales sobre Educación para la Ciudadanía. Yo le había seguido y me parecían unos comentarios especialmente acertados. Me sorprendió, por primera vez, que una persona que sí conocía de antes, tan seria, tan fiel a la enseñanza de la Iglesia y con tanto sentido común, hablara sobre el Yunque y denunciara que estas asociaciones dependían del mismo. 

 Hay que aclarar también ahora otra cosa. La inmensa mayoría de los que participábamos en HazteOír, Derecho a Vivir o Profesionales por la Ética, como yo mismo, éramos personas que ni sabíamos ni teníamos nada que ver con el Yunque, y que si de entrada nos hubieran dicho que allí había una sociedad secreta, por muy católica que fuera o se dijera, habríamos salido corriendo en la dirección opuesta. Me empezó a llamar la atención que en tanto tiempo que llevábamos colaborando con estas asociaciones, no nos hubieran llamado a una reunión organizativa o a participar de alguna forma en su gestión, lo que dejaba claro que era un grupo selecto el que las dirigía. 

 Tenía ya la mosca detrás de la oreja pero mucha simpatía por estas asociaciones y su buen funcionamiento. Sin embargo, dos acontecimientos que se sucedieron casi a la vez acabaron de convencerme. Cómo farmacéutico, yo había trabajado siempre en el área de la defensa de la vida y conocía a personas católicas que trabajaban en el área sanitaria. Una de ellas, una médico, me escribió un correo intentando convencerme para que dejara de colaborar con asociaciones dependientes del Yunque. Y la verdad es que me dijo algo que me convenció: que muchas personas que estábamos allí de buena fe, sin embargo con nuestro trabajo estábamos contribuyendo a prestigiar esas plataformas que luego el Yunque utilizaba para hacer proselitismo hacia los jóvenes. También me di cuenta de que era injusto que a personas de buena fe se les animara a colaborar sin decirles que estaba el Yunque detrás, ya que es seguro que si lo hubieran sabido, no habrían participado. Todos ellos eran buenos cristianos y gente honrada, y se merecían la verdad. Yo mismo también la merecía. 

 Así que no podía seguir en una pretendida duda o ignorancia: necesitaba conocer la verdad y actuar en consecuencia. Leí entonces un testimonio que me impactó. Era el de una chica joven que había nacido en una familia católica. En un momento dado había sido captada por una asociación secreta en la que se le enseñaba a convertirse en una especie de católica de élite, un grupo selecto de personas dispuestas a cambiar la sociedad. Era un grupo en el que se exigía incluso ocultar la pertenencia a los padres. Viviendo esta falsa, orgullosa y secreta espiritualidad aparentemente cristiana, ella había llegado a desesperarse, huir de todo aquello y hasta abandonar por completo la fe, cayendo en un camino muy oscuro. Tras un tiempo, acudió a una peregrinación a Medjugorje -lugar de apariciones de la Virgen-, donde experimentó una verdadera conversión a Jesucristo que le cambió la vida. No mencionaba el nombre del Yunque ni el de HazteOír, pero miré su nombre y me di cuenta que era precisamente la hija de aquellas personas que me habían hablado de aquel problema en su familia, y yo había creído que exageraban... 

 Decidí dejar Profesionales por la Ética. Poco después recibí muchos más testimonios. Victoria Uroz nos contó que su marido estaba en el Yunque, que se dio cuenta de todo lo que era eso después de casarse y que incluso había estado en los lugares de sus reuniones o retiros, aunque ella no había participado y se había quedado esperando a su marido en el dormitorio que les correspondía. Entonces ya me cuadró todo. Busqué en la red y vi muchos más testimonios, como la narración con pelos y señales de un chaval de Barcelona, al que le habían propuesto pertenecer a una asociación juvenil del entorno del Yunque y él se había negado. 

 A través de contactos en el mundo católico y provida me di cuenta de que esto era algo que los obispos sabían (aquel documento en word que había circulado años atrás era precisamente un informe para ellos) y que todos los líderes provida y profamilia de distintas asociaciones también lo sabían, y de hecho estaban completamente en contra del Yunque. Supe que los obispos, por medio del Cardenal Rouco, habían instado a los miembros del Yunque a constituirse legalmente como asociación, conminándoles a abandonar el oscurantismo, y que ellos, por el contrario, les habían despreciado y habían decidido hacer el paripé creando la asociación "Organización del Bien Común" como tapadera, pero manteniendo intacta toda la estructura secreta del Yunque. 

 Una pregunta que muchos se hacen es: "si esto es verdad, ¿por qué los obispos no han avisado de ello a sus fieles abiertamente?" No tengo respuesta a esta pregunta. Creo que es por una supuesta prudencia para evitar que muchas personas que participan esforzadamente de buena fe en esas asociaciones, puedan sentirse confundidas y desacreditadas por su jerarquía católica. En cualquier caso, no me corresponde a mí adivinar sus motivos. Pero algunos obispos sí han actuado y avisado, como Mons. Rico Pavés, de la Diócesis de Getafe. Tras entrevistarse con Nacho Arsuaga, se prohibió la actividad de estas plataformas en su Diócesis. Lo mismo hizo el Arzobispo de Toledo, Mons. Braulio Rodríguez, haciéndose eco de Getafe. Sin embargo, la política de HazteOír es hacerse fotos con eclesiásticos de alto rango, incluso con el Papa, para hacer creer que la jerarquía les apoya. Lo que sí puedo decir es que una colaboradora en nómina de estas asociaciones, tras negarme a colaborar con ella por su relación con el Yunque y decirle que varios obispos habían advertido de ello, me dio más del mismo cuento: esos obispos estaban en su contra porque habían querido dirigir estas asociaciones y no se lo habían permitido. Mentira cochina: sé que los obispos están encantados de que haya asociaciones de laicos comprometidos que defiendan la vida y la familia, y que no les toque a ellos siempre intervenir públicamente; lo que no quieren son asociaciones secretas.

 Me enteré también de que aquella primera estampida del primer verano había estado formada por personas del Opus Dei, que colaboraron al principio con HazteOír, pero que en cuanto en el Opus Dei tuvieron noticia del funcionamiento del Yunque, habían sido avisadas y se habían ido, intentando avisar a los demás pero sin que les hiciéramos caso. Después, hasta el hijo de Eduardo Hertfelder, Pablo, se fue y denunció que su padre pertenece al Yunque. José Luis Quijada estuvo en una de sus asociaciones y cuenta como a él y a otros les hicieron 'encargos' que, años más tarde, vio que coincidían exactamente con las pruebas de captación. Relata estas y otras cosas en su web

 En la denuncia es imprescindible no exagerar, ser rigurosos y evitar señalar explícita o implícitamente a personas que no tienen nada que ver con el Yunque y que trabajan con estas asociaciones de muy buena fe. Creo que denigrar el trabajo de estas asociaciones o a estas personas solo contribuye a dificultar que muchos se den cuenta realmente de lo que está pasando. Yo mismo tardé años en creérmelo por la falsedad de una acusación. 

 Finalmente, me tocó el turno a mí. En Facebook, nuestra amiga Victoria Uroz estaba siendo calumniada de forma terrible por un dirigente de Derecho a Vivir, a causa de que ella estaba denunciando la infiltración del Yunque en España. Yo salí en su defensa, diciendo que la relación de estas asociaciones con el Yunque era verdad, y que lo que ella decía era cierto. Por aquel entonces, mi mujer y yo éramos los responsables del Secretariado de Defensa de la Vida de la Diócesis de Cádiz y Ceuta y responsables de la asociación católica por la vida Spei Mater en esa misma Diócesis. Los dirigentes de HazteOír se pusieron inmediatamente en contacto con mis superiores a ambos niveles, quejándose de que estaba calumniando su asociación y pidiéndoles que me instaran a rectificar. Una señora a la que no conozco, escribió en el mismo muro de Facebook, que yo estaba contra HazteOír porque había tratado de quitarle el puesto directivo nada menos que a Nacho Arsuaga, que yo había perdido las elecciones y que había salido  tarifando de la asociación. Todo eso era de aurora boreal; ni yo me había presentado a presidente de HazteOir, ni sabía siquiera cómo funcionaba internamente. Pero las calumnias que se habían dicho otras veces de los que dejaban HazteOír ahora me las encontraba vertidas contra mí. De HazteOír me mandaron un burofax firmado por Ignacio Arsuaga, instándome a que me retractara públicamente, poniéndome una fecha como ultimátum antes de proceder a mayores. 

 Por supuesto yo no podía retractarme, porque lo que había dicho era verdad y ellos lo sabían. Me sorprendió que ellos, que por lo menos se consideraban cristianos, quisieran obligarme a mentir, es decir, a retractarme de algo que sabían que era verdad. Quizá esto me abrió los ojos más que ninguna otra cosa anteriormente. Intenté convencerles por correo de que esta actividad secreta no era buena, de que yo no era su enemigo, les insté a que recurriéramos a la autoridad y justicia de la Iglesia, y les aseguré que me alegraría mucho si ellos decidieran abandonar por fin el secreto y se constituyeran en una asociación abierta de la que dependieran todas esas plataformas. Solo conseguí que me despreciaran y me llamaran "cobarde". Entonces yo tenía otras responsabilidades y se me sugirió que era preferible no generar un conflicto público, para que no se perjudicara el trabajo en defensa de la vida, así que opté por no decir nada más, no retractarme -no podía- y seguir con mi actividad, evitando en lo posible la colaboración con esas asociaciones, que por cierto habían tenido ya serios encontronazos con el Foro Español de la Familia, Provida, etc. No me molestaron más, creo que sólo querían amedrentarme para que no se me ocurriera pasar a mayores.

 Muchas veces, dando charlas provida, aunque yo siempre había evitado hasta ahora entrar en polémica, se me ha preguntado por qué no estamos unidos, y siempre nos hemos visto en la tesitura de tener que responder con evasivas; porque decir a gente bienintencionada, gente inocente de todo esto, que lo que está ahí debajo es una sociedad secreta llamada el Yunque, haría que nos mirasen como si estuvieran viendo una invasión extraterrestre: ¡yo tardé años en poder creerlo! 

"Sí, sí; no,no: lo que pasa de ahí viene del maligno".  
Mateo 5,37

 A mi juicio hay muchas razones para no colaborar directamente con una sociedad secreta como el Yunque, ni con las asociaciones creadas y dirigidas desde él. La primera es la división y la desconfianza que está creando entre los católicos, lo cual es un lastre que dificulta nuestra acción sociopolitica. Lo mismo y más grave ocurre en México, donde el Yunque es más fuerte. La segunda es que los nuevos voluntarios se merecen saber la verdad. La tercera y quizá la directamente más grave es que algunos chavales católicos están siendo captados por ellos. Pero la cuarta, y quizá no la más importante pero sí la más difícil de pasar por alto, es todo lo que hay que hacer para mantener el secreto de una asociación: calumniar a personas honestas y veraces que avisan de lo que hay. No se puede colaborar con esto. Creo que, aunque otros callen, los laicos cristianos que lo sabemos debemos dar un paso adelante, salir a la luz pública y denunciar a esta asociación secreta, que aunque hace cosas muy buenas, se ha convertido en un verdadero parásito de la acción sociopolítica de los católicos en España. Asociaciones por la vida y la familia hay muchas, con muchos estilos y misiones, y a veces hasta pienso que eso ha impedido que seamos destruidos, ya que no hay una única cabeza a la que atacar. Pero no hay sitio entre estas asociaciones para plataformas creadas y dirigidas por una sociedad secreta falsamente católica y no reconocida por la Iglesia.

miércoles, 3 de octubre de 2018

A Dios rogando...

Sobre la unidad de la Iglesia


En este mes de Octubre, el Papa nos ha pedido que recemos el Rosario, la oración a la Virgen "bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios..." y la oración a San Miguel, que es el Arcángel que expulsa al demonio. El motivo es rogar por la unidad de la Iglesia e impedir que el demonio nos divida.


No puedo estar más de acuerdo con esta iniciativa del Santo Padre, porque la Iglesia está atravesando una crisis muy dura. Eso sí, como dice el refrán, "a Dios rogando y con el mazo dando". Es imprescindible rezar, pero también hay que trabajar por la Iglesia y por su unión, y me da la impresión a veces de que no sólo no se hace, sino que se trabaja a favor de los enemigos de la Iglesia. Y es que se habla mucho de unidad, de comunión, pero -seamos claros-, la única comunión posible y deseable en la Iglesia Católica es en torno a la verdad de Cristo. Para estar unidos de forma meramente física, formal, pero estar cada uno predicando una cosa distinta, más valdría estar menos "unidos" pero que se supiera lo que la Iglesia dice. Citaré cuatro cuestiones importantes; podría citar más:

1º. Homosexualidad

 Mi familia y yo no fuimos al encuentro mundial de las familias con el Papa en Dublín, aunque nos habría gustado. No fuimos porque en la preparación, en el material promocional, se hablaba de forma más o menos explícita de varios tipos de familia, con la inclusión de las familias LGTB. Ya me parece suficientemente terrible que a niños que han perdido su familia, o que han pasado la vivencia espantosa de no ser amados en su familia, se les niegue ser adoptados por un papá y una mamá, y sean entregados a una pareja de gays, para que puedan satisfacer el deseo de tener los hijos que la naturaleza sabiamente les niega. Los niños, más aún los que han pasado vivencias tan tremendas, merecen y necesitan un papá y una mamá. La Iglesia debe tener una voz unánime y fuerte contra la adopción por homosexuales; y en lugar de eso, parece que con estas cosas es algo que se acepta y bendice. Algo así jamás había pasado en un encuentro con uno de los papas anteriores, nunca.


 Pero, por si queda alguna duda, a ese encuentro de las familias con el Papa fue invitado como ponente nada menos que el P. James Martin, S.I. Este jesuita estadounidense, totalmente desviado en lo doctrinal y en lo moral, se dedica a ir por toda América promoviendo la aceptación moral de las relaciones homosexuales, diciendo que los homosexuales no necesitan vivir en castidad y criticando que la Iglesia les discrimine, al afirmar que esa inclinación es en sí desordenada. Esa no es la enseñanza de la Iglesia, no es la verdad inamovible, no es la Palabra de Dios, todo lo contrario.

 Estoy completamente convencido que a las personas con tendencias homosexuales hay que aceptarlas, integrarlas y evitar con ellas toda discriminación injusta, como dice el Catecismo. Pero eso no significa aplicar esa falsa "misericordia" tan de moda y decirles: "no importa, no pasa nada, vivid como queráis, tened relaciones homosexuales, que son lo mismo que las relaciones sexuales entre hombre y mujer". Esa "misericordia" es falsa, no le importa la verdad, y no le importa de verdad lo que les pase a esas personas. 

 Yo no puedo ni quiero estar en comunión con James Martin. Esto es inaudito, no puede ser que este sacerdote desviado, que debería ser expulsado de la Iglesia si no se corrige, sea ensalzado, aupado, vaya a ese encuentro de familias con el Papa y firme sus libros en olor de multitudes, que es justo lo que ocurrió. Así no se defiende la unidad de la Iglesia, sino que se destruye.

2º. Anticoncepción

 El Papa Pablo VI, que próximamente será canonizado, escribió en 1968 -se acaba de cumplir el cincuentenario- una encíclica auténticamente profética, la "Humanae Vitae". Este texto analiza la realidad del acto sexual y explica por qué el uso de anticonceptivos daña al matrimonio y a la familia. Con un gran corazón de pastor, Pablo VI ruega, implora encarecidamente a los sacerdotes que le sigan en este tema.

 Pero no fue así, y estoy seguro de que esa infidelidad ha sido clave para acelerar la apostasía de Occidente y para el fracaso evangelizador de la Iglesia, especialmente entre los jóvenes, pues junto a la aceptación de los anticonceptivos se ha perdido la auténtica y maravillosa enseñanza sobre la verdad del amor entre el hombre y la mujer. Esta es una enseñanza que especialmente los jóvenes necesitan, en esta sociedad que parece haberla olvidado. Por desgracia, hubo una gran contestación y disidencia ante esa encíclica, algo que se ha mantenido hasta hoy. El uso de anticonceptivos es actualmente uno de los mayores problemas de las familias, al provocar que muchos matrimonios católicos vivan -probablemente- en pecado mortal, con todo lo que ello implica también de vulnerabilidad para sus matrimonios y sus familias.

 Pues bien, parece que este no sea ningún problema, porque todo un Sínodo dedicado a la familia, resumido supuestamente en la Exhortación Apostólica "Amoris Laetitia" apenas dedica una palabra y lateral a este asunto, mientras que sí se habla de otros muchos problemas. Este silencio me parece totalmente elocuente; más que un silencio, es una negación, un interrupción de la enseñanza continua de la Iglesia sobre la procreación, pues parece que todo un Sínodo sobre la familia no ha tenido a bien ni siquiera mencionarlo. Es un gran error ante el que ni siquiera ha existido reacción, lo que indica lo despistados que andamos.

 De nuevo, por si quedan dudas del problema, tuvimos también que soportar que uno de los nuevos miembros de la Pontificia Academia de la Vida, reconvertida en su esencia por Francisco, precisamente para poder albergar teólogos como el P. Maurizio Chiodi, defendiera públicamente el uso de anticonceptivos; ¡un miembo de lo que antes era la Academia Pontificia por la Vida, fundada por San Juan Pablo II junto al grandísimo defensor de la vida, el Dr. Jérôme Lejeune! 

 ¿Es que acaso se promueve la unidad del rebaño poniendo a los lobos a cuidarlo? Está claro que no. 

3º. Aborto

 Poco antes del viaje del Papa a Estados Unidos se produjo un hito en la defensa de la vida. Un valiente activista había grabado con cámara oculta a dirigentes de la multinacional del aborto, Planned Parenthood, diciendo que ellos se dedican a vender los órganos de los niños abortados, y que incluso procuran realizar los abortos de forma que los órganos se dañen lo menos posible, para poderlos vender... ¡tremendo! Eso fue un escándalo y abrió los ojos a muchos, porque se disipó por un momento la niebla que encubre la espantosa realidad de aborto: aquellos órganos no eran de lechugas, ¡eran de niños! Planned Parenthood tuvo serios problemas y se pidió que les retiraran las multimillonarias ayudas recibidas de gobiernos de todo el mundo. En esa situación, el presidente Obama salió abiertamente en defensa de esta multinacional sangrienta.

 Poco después de esa tormenta se produce el viaje de Papa, que se entrevista con Obama en la Casa Blanca. No me cabe duda de que el Papa está completamente en contra del aborto; lo ha dicho muchas veces y ha hablado contra la "cultura del descarte". Pero en aquella ocasión no le dijo a Obama absolutamente nada del aborto, ni lo mencionó, y sí le felicitó por no sé qué avances en la defensa del medio ambiente. Silencio absoluto para defender a los no nacidos; ¿qué mensaje se dio con eso?

 Pero esto no es lo peor, porque lo del Papa puede tener su explicación; se comprende que es un momento muy difícil, y el Papa puede tener sus tiempos; además ese gobierno es muy poderoso y podrían haber pactado de antemano no hablar de eso... Mal que bien, eso podemos entenderlo, cualquiera puede tener debilidad en ese momento. Pero resulta que poco después, Mons. Sánchez Sorondo, Canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias, invita nada menos que al abortista Paul Erlich a dar una conferencia en el Vaticano. Muchas personas provida protestaron por eso, pero no se les hizo ni puñetero caso. Erlich es un verdadero genocida, que incluso ha apoyado las políticas de aborto forzoso en China para el control poblacional. Cabía la esperanza de que le hubiera invitado para contradecirle públicamente, pero se limitó a escucharle y darle palmaditas en la espalda. 


Más aún, un tiempo después, el mismo Cardenal S. Sorondo dice nada menos que China es el país que mejor practica la doctrina social de la Iglesia. Esto es espantoso, gravísimo, una infamia, mientas el Gobierno Chino impone abortos y control poblacional, además de pisotear libertades como la religiosa. ¡Así la Iglesia no puede seguir!

4º. Adulterio

El Sínodo para la Familia se puso al cuidado del Cardenal Kasper, que antes del mismo había mostrado claramente su idea de dar la comunión a los que viven en adulterio. Defender que personas que viven en pecado mortal puedan comulgar está sujeto a excomunión, desde el decreto sobre la Eucaristía del Concilio de Trento. Pero además, la Iglesia enseña que vivir manteniendo relaciones sexuales adúlteras contradice el sacramento del matrimonio y por eso es incompatible con la Eucaristía. Pues bien, este cardenal presentó dos casos hipotéticos en el Vaticano, y en uno de ellos defendía abiertamente la idea de dar la comunión a los adúlteros. Esto fue acogido por Francisco con entusiasmo y alabanza, diciendo que "eso sí que era hacer teología de rodillas" (¿ante el mundo, quizá?). 

 Ese cardenal fue puesto al frente de la organización del Sínodo, con licencia para todo, y así se dedicó a cortar, pegar y prepararlo de forma torticera, no para escuchar la voz del Espíritu Santo en la Iglesia representada por sus obispos, sino para procurar que fueran unos obispos y no otros, de forma que saliera lo que él -y no Él- quería. No parece que consiguiera del todo su propósito, pero el capítulo VIII de “Amoris Laetitia” fue suficientemente erróneo para que actualmente en algunas diócesis (en Alemania, Bélgica, Filipinas, ArgentinaMalta, etc.) se esté dando la comunión a quienes viven el adulterio, con el beneplácito oficial del Papa. Esto, desde luego, no favorece la unidad en la verdad de Cristo, todo lo contrario.

 Recuerdo el día -Domingo- en que empezó el Sínodo. Estaba con mi familia en Fátima, en un encuentro por la vida. En el Evangelio, elegido por la Providencia para ese día, resonó con fuerza la Palabra de Dios, como una seria advertencia de Jesús: "¡lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre!"  En nuestra propia boda, hace ya 25 años, al repetir esas palabras, el anciano sacerdote añadió: “¡ningún hombre!” Efectivamente, ningún hombre, ni un cardenal, ni un papa, podrían cambiar esta enseñanza de Jesús. No podemos enseñar a Jesús a ser misericordioso.

Conclusión

 En definitiva, esto no es estar "orando y con el mazo dando", sino "orando y con el mazo deshaciendo". Lo siento, pero así no se promueve la unidad de la Iglesia, todo lo contrario. Como laico y como católico, tengo que decirlo; tenemos que defender nuestra fe, y tenemos que defender a la Iglesia. 

 Mientras los herejes actuales son exaltados y alabados, y se afirma también que Lutero y Calvino son "testigos del Evangelio", los fieles son maltratados: al profesor Seifert, filósofo, se le expulsa de su oficio docente en Granada por dirigir un escrito respetuoso sobre algunas cuestiones dudosas en "Amoris Laetitia". Al Pontificio Instituto Juan Pablo II, máximo defensor de la familia según la enseñanza verdadera y misericordiosa de la Iglesia, ni se le invita al Sínodo y después se le "refunda", haciéndole más vulnerable a direcciones erróneas. Su nuevo director, Vincenzo Paglia dirá que "no podía seguir así"... Lo mismo se hace con la Pontificia Academia de la Vida, para albergar a clérigos acientíficos y moralmente heterodoxos, algo en el extremo opuesto a la idea fundacional del Dr. Lejeune, que era hacer buena ética partiendo de la mejor ciencia disponible. Para ello, se suprime el juramento provida de ingreso. Asimismo, se desprecia y persigue a los cardenales que con todo respeto habían dirigido unas "Dubia" (dudas) al Santo Padre pidiéndole aclaración sobre cuestiones en "Amoris Laetitia" en relación con el Magisterio anterior...

 Si nos fijamos, lo más importante de estas disensiones son ataques a la unidad en la defensa de la familia y la vida. Sor Lucía, la vidente de Fátima, dirigió hace años una carta animando en medio de las dificultades al Cardenal Cafarra, promotor del Instituto Juan Pablo II. Le decía que "la batalla final entre Dios y Satanás tendrá lugar en el terreno del matrimonio y la familia".

Ya nos advirtió San Pablo: "Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema" (Gálatas 1,8). ¡Anatema!: apartado, rechazado, expulsado.  

 Sí, rezaremos y trabajaremos para que la Iglesia esté unida en la única verdad de Cristo.



martes, 19 de diciembre de 2017

La fe en Cristo que nos salva (II)


 Empecemos por el principio: "Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios" (Juan 1,1). Al principio, sólo existía Dios. Dios es un ser cuya esencia es existir, no como nosotros, que existimos como efecto de la existencia de otros. Dios existe por sí mismo, existe porque es Dios. Existe.

Por eso le dice a Moisés desde la zarza ardiente, cuando éste le pregunta quien es:

"Yo soy el que soy".
Éxodo 3,14

Ese es el nombre de Dios para Israel: "YO SOY", que en hebreo se dice YAHWÉ.

Yahwé existe y es totalmente bueno, inconmensurablemente bueno. Es eterno y su Palabra es acto, es fecundidad, es decir, es Todopoderoso. Además, es plural: Padre, Hijo (el Verbo) y el Espíritu Santo. No son tres dioses, sino tres Personas divinas: El Padre y el Hijo se aman, y el Amor entre ellos es otra Persona, que es el Espíritu Santo.

 Son tres Personas, que como personas tienen memoria, entendimiento infinito y voluntad libre. Estos tres atributos personales, en Dios son infinitos, en sus tres Personas. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tienen memoria absoluta, es decir, se conocen perfectamente a sí mismos; tienen identidad. Tienen entendimiento infinito, todo lo conocen, lo que se llama "omnisciencia". En cuanto a su voluntad libre, todo lo pueden, como ya hemos dicho; son todopoderosos, omnipotentes.

Tres Personas y un solo Dios, el primero de los misterios. Un Dios que es Amor (ver 1 Juan 4, 8). No es "el amor", no es otro nombre que le ponemos al amor. Él es Amor antes de que existiera siquiera el universo, y todo amor procede de Él.

 Y se dijo Dios:

"Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza"
Génesis 1,26
¿Por qué lo hace? Por amor. Dios comunica su amor al crearnos y ama a quien crea. De hecho, el ser humano es la única criatura del Cosmos a la que Dios crea por sí misma y ama por sí misma (eso dice Gaudium et Spes 24,3, del Concilio Vaticano II). Todo lo demás lo crea para el hombre... pero también desde el principio, la verdad es que no parece así, no parece que todo sea para el hombre, porque la Creación está contaminada, pervertida. Si olvidamos eso, no entenderemos nada o pasaremos muchas cosas por alto. Desde el principio -desde el "Big Bang" si ese es el principio-, la Creación sufre una contradicción interna, un mal interior; no sigue el plan de Dios. Pero vayamos por partes, más adelante veremos por qué puede ser eso.

Dios hace al hombre a su imagen y semejanza; eso es lo que se dicen el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: hagamos al hombre persona como nosotros. Dios nos hace con identidad personal, con memoria, entendimiento y voluntad libre. Y nos hace, también como Él, llamados al amor y capaces de amar. "No es bueno que el hombre esté solo", dice Dios sobre Adán (Génesis 2,18), y hace a Eva, su compañera. Si Dios es comunión del Padre y el Hijo, y su Amor es el Espíritu Santo, en esa familia que es la Trinidad, Dios hace al hombre también comunión de amor entre el hombre y la mujer, y el fruto de su amor son otras personas, los hijos. Los misterios del Amor y de la Vida, de la fecundidad, están unidos desde el principio, desde Dios mismo.

¿Cómo crea Dios?

Eso le preguntaba un estudioso discípulo musulmán a su imán y éste le respondió: "con su Palabra". Palabra es lo que en latín se traduce por "Verbum" (Verbo) y en el griego original, por "Logos". En eso, los musulmanes coinciden con los cristianos y los judíos. En el Génesis que judíos y cristianos compartimos, dice Dios: "Hágase la luz. Y la luz se hizo" (Génesis 1,3).

Si Dios crea con su Palabra -siguió preguntando aquel discípulo inteligente-, esa Palabra ¿es creación -es creada-, o es Creadora?

La respuesta era que esa Palabra es Creadora, no es creada. Como decimos los cristianos, esa Palabra es el Verbo de Dios, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, tal como enseña Juan al principio del Evangelio:

"Al principio era el Verbo,
y el Verbo estaba en Dios,
y el Verbo era Dios.
Él estaba al principio en Dios;
todas las cosas fueron hechas por Él,
y sin Él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho..."
Juan 1, 1-3
 Por eso, al entender que la Palabra es Dios, aquel alumno musulmán se empezó a dar cuenta de que los cristianos no somos idólatras, es decir, no adoramos alguien que no es Dios. Acabó convirtiéndose al cristianismo.

 Pero Dios no hace al hombre de la nada: en el Génesis, vemos cómo toma el barro y le hace un cuerpo, y sopla en su nariz, introduciendo en él espíritu de vida. El hombre es creado como una unidad de cuerpo y alma. Ese cuerpo que viene del barro indica que Dios se sirve de lo que había antes, que no hace su cuerpo de la nada. Esto encaja con la teoría de la evolución. Iremos a eso más adelante.

 Ahora tenemos al hombre, al que Dios ama por sí mismo, para que domine y cuide -ambos aspectos están unidos- toda la Creación. Esto parece muy presuntuoso dado lo pequeño que es el hombre y lo grandes que son las galaxias. Que eso no nos desoriente: ni la importancia está en el tamaño, ni la Creación, contaminada desde el principio, refleja la grandeza original del hombre creado según el plan de Dios. Vemos al hombre y la mujer, unidos por el amor, amándose a sí mismos, amando a su Creador y recibiendo todo su Amor...

Sin embargo, los guardianes de la Creación, hombre y mujer, tuvieron ocasión de dejar de amar a Dios. Una criatura espiritual, perversa, que odiaba al hombre por ser preferido por Dios, el diablo, les dijo al hombre y a la mujer que Dios no les quería. Que si les quisiera, les convertiría en Dios a ellos también. Esto es lo que dice el relato de la "manzana". Ellos tenían dos opciones: confiar en quien les amaba, o confiar en  quien les hablaba mal de Dios. Eligieron lo segundo, y dieron entrada al mal en el mundo. Amaron a Dios mientras todo estaba perfecto. En cuanto tuvieron ocasión de pasar una prueba de confianza, ejerciendo el amor, no amaron a Dios, desconfiaron de Él, le abandonaron, no hicieron lo que Él, en su infinito amor, les había mandado. Aquí aparece algo que rechazamos, es la obediencia. Tenemos un problema psicológico con eso, como sociedad, no lo soportamos, quizá porque hemos tenido experiencias de autoritarismo fuertes y criminales, que nos ayudan a sospechar de toda autoridad, incluso de la Autoridad de Dios. También en nuestros oídos resuena la palabra del acusador: "Dios no te quiere"... "si te quisiera..." En nuestro corazón herido, su susurro hurga en la llaga.

 Decíamos que el hombre, el guardián, el dominador, el único que podría dar entrada al mal en sus dominios, lo hizo. Al hombre le había sido entregado el Cosmos, y el hombre entregó el Cosmos al mal. Puesto que las realidades espirituales no están sujetas al tiempo, si el hombre, que ha aparecido al final de la Creación, entregó el Cosmos al mal, el mal (espiritual) entró en el Cosmos desde el inicio, desde el Big Bang. Por eso, desde el principio, la Creación está desordenada. No está orientada al hombre, ni refleja el dominio del hombre, ni es totalmente digna de la grandeza del Creador.

Pero sigue siendo bella...

...Y cruel, y fea en otros aspectos. Pero es verdad, la Creación ha sido entregada al mal, pero el mal no la ha poseído completamente, ¿por qué?

Porque Dios no lo permitió, y entregó al Verbo, el Verbo se hizo hombre para cargar Él mismo con todo el mal del mundo, y liberar al mundo, pero sobre todo, liberar al hombre.

Porque así como el hombre entregó el Cosmos al mal, sobre todo se entregó a sí mismo al mal. Era libre, pero se hizo esclavo. Su naturaleza, buena, quedó corrompida, y si no se corrompió totalmente fue por esa entrega de Jesucristo, que le sostuvo.

El hombre que vemos mantiene una naturaleza buena, pero herida. Anhela el bien, pero interiormente tiende al mal. Vive en una lucha interna que le impide ser plenamente lo que es, lo que ya estaba llamado a ser. Vive en lo que San Pablo llama, en la Carta a los Romanos 8,2, "la ley del pecado y de la muerte". Sin recibir la vida renovadora de Dios, el hombre que vemos está condenado a caer en el pecado, morir y quedar apartado de Dios para siempre. Ese es nuestro destino desde que nuestros padres se apartaron de Dios. Para evitar eso, vino Jesús.

"Porque tanto amó Dios al mundo,
que entregó a su Hijo único,
para que todo el que cree en Él no muera
sino que tenga vida eterna".
Juan 3.16
Por supuesto, para creer esto hace falta fe, pero coherencia interna sí tiene. No es irracional.

Y sobre todo, es nuevo. Lo que hace Dios es increíble. Ningún hombre podría esperar que Dios fuera a hacer eso, entregar a su Hijo, entregarse a Sí mismo, dejarse matar en una cruz. Tanto, que a los judíos les parecía escandaloso decir eso, y a los romanos les parecía estúpido. Dibujaban a Jesús con cara de burro en una cruz, se reían de los cristianos que creían en un Dios tan estúpido y tan débil que se había dejado matar en una cruz, siendo un Dios. Creían que los cristianos seguían aquella necedad  de su Dios al dejarse devorar por las fieras, con tal de no adorar a otros dioses. Les parecía despreciable eso que ellos creían una especie de gusto por la propia tragedia.

 Como dice una canción cristiana refiriéndose a Dios: "Tu amor no es de este mundo, no hay amor humano comparable al tuyo". "En verdad -dice San Pablo en Romanos 5,7-8- apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir. Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros". Es decir, está claro que el Dios que se nos muestra no está hecho a imagen y semejanza de los hombres. Si los hombres se lo hubieran inventado a su imagen, sería un dios egoísta, caprichoso, vengativo, como los dioses paganos, griegos o romanos. Pero no; Dios es Amor, y nos llama a recomponer ese parecido con Él que en gran parte hemos perdido. Somos nosotros los que fuimos hechos a su imagen y semejanza, y ahora estamos llenos de granos y llagas, con la cara deformada como en el famoso retrato de Dorian Grey, que iba empeorando su apariencia mientras el protagonista iba cometiendo pecados; tanto hemos cambiado, que ya apenas nos parecemos a Él.


 

 





domingo, 17 de diciembre de 2017

La palabra de Jesús (I)


"No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva" (Benedicto XVI, en "Dios es Amor"). Esto es verdad, pero, por el contrario, sí se mantiene uno alejado del cristianismo por cuestiones o por ideas que le resultan inaceptables. Para la mentalidad actual, aceptar que un Dios creador, apenado por nuestra confusión y extravío, ha enviado a su Hijo a morir en la cruz para salvarnos, es tan incomprensible como absurdo. Los hombres y mujeres de hoy, para abrazar el cristianismo, tienen que aceptar lo que les parece una auténtica locura, más fantasiosa que cualquier cuento y mucho menos amable o "políticamente correcto" en sus detalles.

Tendemos a pensar que esa visión de la fe como algo irracional es producto de la mentalidad evolucionada de nuestro tiempo, pero es porque nos comparamos con la sociedad occidental de antes del siglo XVIII, que era cristiana. Si nos remontamos a las sociedades paganas del siglo I, nos encontramos exactamente con lo mismo: para aquellos romanos y griegos, la historia de un Dios muerto en la cruz y resucitado al tercer día era tan increíble como para la mentalidad de las gentes actuales, tras la gran apostasía o abandono de la fe por parte de la mayoría de la sociedad occidental. El apóstol Pablo dice que Jesús muerto en la cruz es una "necedad para los gentiles" -es decir, para los griegos a quienes él predicaba-, pero para el que cree es "sabiduría de Dios" (ver 1 Cor 1, 23-24).

Esa necedad de la fe contrasta, como sucedió también entonces, con la conversión de personas inteligentes y aparentemente sensatas; algo que interpela siempre a los que no creen. Si la fe es tan absurda, ¿cómo es posible que grandes científicos como Jérôme Lejeune -descubridor de la trisomía XXI y otras anomalías cromosómicas- abracen la fe sin problema? La cuestión aún es más llamativa cuando se trata de personas claramente ateas o agnósticas que se convierten, como Edith Stein, filósofa agnóstica de raza judía , discípula de Husserl, que se convirtió leyendo el libro de la Vida de Santa Teresa de Jesús y acabó siendo una santa reconocida.

¿Cómo puede ser eso? La explicación es que, aunque al cristianismo sólo se llega por la fe, la fe dista mucho, pese a todo lo que parece, de ser absurda o irracional, y no hay nada en ella -absolutamente nada- que la ponga en contradicción con la ciencia o con la razón. Si leemos, por ejemplo, los escritos de San Agustín, el gran filósofo del siglo V, nos damos cuenta de que su acercamiento a Dios no se produjo dejándose de hacer preguntas, sino al contrario, atreviéndose a hacer las preguntas más agudas e incisivas. 

Por otra parte, es necesario reconocer que el Dios cristiano no tiene respuesta a todas las preguntas. En particular, no nos aporta una respuesta a la pregunta del mal: "siendo Tú, Dios, tan bueno, ¿cómo es que permites el mal hasta extremos tan crueles?" La única respuesta de Dios a esa pregunta ha sido enviar a su Hijo a sufrir Él mismo la mayor de las crueldades, siendo Alguien que merecía precisamente todo lo contrario. "Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna" (nos dice el propio Jesús en Juan 3,16). Es decir, el propio cristianismo reconoce que existen misterios, preguntas que no pueden ser respondidas con argumentos. Pero fuera de esos pocos misterios -aunque importantes- pretende que todo sea razonable. Es razonable creer que hay cosas que no somos capaces de comprender, como la hormiga no comprnede el ajedrez, o como un punto que se mueve en un papel plano no comprende la esfera, la tercera dimensión. Nosotros no comprendemos por qué un Dios bueno y omnipotente permite -no hace- el mal. Podemos asumir que lo hace para que se produzca un bien mayor, como decía Santo Tomás, pero nada más. Sin embargo, que yo no comprenda por qué un Dios bueno permite el mal, no implica que Él sea malo, o que esto sea absurdo.  

Sin embargo, y esto sí es propio de nuestra sociedad actual descristianizada, hoy existe la idea de que la fe está en contradicción con la ciencia y la razón. Esta idea late en muchísimos libros, noticias, películas, opiniones científicas y éticas, etc., hasta haber conformado un estado de opinión, una ideología en la que estamos inmersos y que aceptamos prácticamente sin necesidad de entrar en detalles. Hoy sabemos que el mundo empezó en el Big Bang, que el hombre desciende del mono, que la Tierra gira alrededor del Sol y que ni las vírgenes tienen niños, ni los muertos resucitan, y para mantener la fe cristiana parece no haber otro camino que luchar contra la ciencia y la razón, rechazando a todo el que diga lo contrario, como ocurrió con el pobre Galileo. Sin embargo, si analizamos las cosas con verdadero conocimiento y rigor, la realidad es que la fe no sólo no está en contradicción con la teoría del Big-Bang, sino que es el ateísmo el que tuvo problemas con eso. La teoría de la evolución es también perfectamente compatible con la fe cristiana -Darwin fue un hombre de fe- y Copérnico -que era un clérigo polaco- ya enseñaba que la Tierra gira alrededor del Sol muchos años antes que Galileo, y sus teorías eran enseñadas tranquilamente en Roma. En cuanto a que una Virgen tenga un niño o que un muerto resucite, los cristianos sabemos igual que cualquiera que eso es imposible para la naturaleza, y por eso creemos que son milagros, obras de una realidad que va más allá de la naturaleza.

Ya han salido dos palabras importantes en el cristianismo: "milagro" y "misterio". En la sociedad racionalista de siglo XIX y principios del XX, estas fueron dos palabras absolutamente rechazadas: sólo los ignorantes y los inmaduros -pensaban- seguían creyendo en milagros y misterios, como si creyeran en Papá Noel. Sin embargo, tras la deshumanización evidente y las crueldades a las que ha llevado el racionalismo, la sociedad posmoderna vuelve a estar abierta a aceptar los milagros y también el misterio, entendido como aquello que no se puede explicar con palabras pero es muestra de una realidad profunda. 

Al contrario que el racionalismo, la mentalidad postmoderna acepta quizá demasiados misterios; asume que hay muchas cosas -sobre todo, las más importantes- que no llegamos a conocer con el pensamiento sino sólo con el corazón, y ha abandonado a menudo la argumentación como fuente de conocimiento. Esto, aunque de signo contrario al racionalismo, también es un obstáculo para la fe cristiana, que pretende tener respuestas para explicar el Amor y la Vida, los dos grandes "misterios" para el hombre. Hoy en día, quien pretenda eso es visto como engreído y autoritario. Resulta de mal gusto venir a explicar por qué estamos aquí y qué es el amor, y pretender que además eso sea la "verdad", es decir, algo objetivo que todos deberían aceptar, como aceptamos que 2+2=4. Pretender tal cosa puede resultar "una opinión respetable" pero que en el fondo refleja un enfoque limitado, que podría integrarse en formas de conocimiento más abiertas. Si el misterio y el milagro eran los dos tabúes del racionalismo, la verdad es el tabú de la postmodernidad. No es que se niegue la verdad, es que el hombre de hoy siente que es más humilde aceptar formas de conocimiento que vayan más allá de una formulación limitada y supuestamente válida para todos. Lo que pretende valer para todos -se asume- es en realidad insuficiente, y además no vale para todos, porque no satisface a todos.

Aunque los estudiosos y filósofos están muy interesados en hablar del paso del racionalismo a la postmodernidad como explicación de lo que le está sucediendo a las sociedades occidentales, lo cierto es que la mayoría de las personas no están retratadas en esos cuadros. Aunque los ateos suelen estar anclados en el racionalismo y los que andan en la "Nueva Era" viven plenamente en esa postmodernidad amante de lo oriental, muchas personas viven sin hacerse tantas preguntas, con ideas que tienen algo de racionalismo y algo de postmodernidad. Estos dos materiales, aparentemente incompatibles entre sí, cuajan bastante bien con la argamasa del hedonismo y el consumismo, que podríamos resumir en la reedición del romano "carpe diem" -disfruta el momento- o el más específicamente hispano "comamos y bebamos que mañana moriremos", pero elevado exponencialmente por el progreso. El problema de esta cutre-cultura es que muestra apabullantes signos de adolescencia: fracasa con mucha frecuencia al enfrentarse a problemas graves, o en el amor de pareja, o en la formación de una familia, e incluso en el respeto al medioambiente. Fracasa incluso en el autocontrol, y muchas personas se observan a sí mismas haciendo todo lo contrario de aquello que sus queridos valores les dicen. 

Afortunadamente, no todo queda en eso, y las relativamente pocas personas que consiguen formar una familia e incluso tener hijos, encuentran en la familia ese sentido que les falta para vivir, algo que va más allá de sí mismos. Aun así, con mucha frecuencia se dan cuenta -o no- de que la familia tampoco es suficiente... Sin encontrar casi nunca la causa de lo que les sucede, muchas de estas personas acaban engrosando las filas de los tratados con ansiolíticos y antidepresivos. 
  
Pretender que la respuesta a todo esto sea la fe en Cristo resulta demasiado pretencioso a los ojos de todos los que sufren el drama actual, pero no seríamos sinceros si dijéramos otra cosa. Seguimos la enseñanza y la fuerza del que dijo "yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jesús en Juan 14,6). No podemos demostrar que tenemos la respuesta; podemos mostrar la respuesta y que esa misma respuesta demuestre su autenticidad en la vida real de cada uno. El problema es que esto hoy suena a todos como un cuento irreal, pretencioso y autoritario, y que además no aporta ninguna novedad, sino que es lo mismo que ya se conocía en nuestra sociedad hace cientos de años y de lo que -para muchos, afortunadamente- nos hemos librado. Sólo se me ocurre, ante esto, formular algunas preguntas: ¿seguro que hemos hecho bien en tirar las enseñanzas fundamentales del cristianismo a la basura?, ¿seguro que nuestra sociedad no tiene nada que aprender de Jesús de Nazaret?, y sobre todo, ¿seguro que es imposible que Dios entre de verdad en nuestra vida y la cambie?

sábado, 16 de diciembre de 2017

Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre (ningún hombre)

Seamos claros -y digo esto con la autoridad que me da ser cristiano y conocer la Palabra de Dios por medio de la Iglesia-: el matrimonio sacramental y ratificado -consumado- por la unión corporal de los esposos no puede ser disuelto. Su indisolubilidad forma parte de lo que es el matrimonio, natural y sobrenaturalmente. No depende de ninguna voluntad humana.

Por otra parte, uno no puede recibir la Eucaristía, por mucha fe que tenga, si está viviendo en contradicción con el sacramento del Matrimonio. Por tanto, la única forma para que una persona casada válidamente que está conviviendo en adulterio pudiera comulgar, sería que se le dispensara de la fidelidad al primer matrimonio y se reconociera como matrimonio el adulterio en que ahora vive.

Cuando vemos estos casos, es natural comprender a las personas que viven en adulterio; ver su familia, ver que existe entrega mutua, sacrificio, fidelidad y otros elementos que son propios del matrimonio, y asumir que viven realmente como casados. Esto es así porque, por nuestra propia naturaleza humana, somos capaces de unirnos en pareja y formar una familia, con todos esos atributos. Podemos entonces darnos cuenta de que la primera ruptura y posterior unión adúltera se produjeron cuando estas personas, aunque estaban bautizadas, aún no vivían como cristianas; quizá ni siquiera habían recibido una sólida formación cristiana y tampoco habían experimentado una verdadera conversión. Ahora, que sí se han convertido, se encuentran en esa situación y parecería adecuado borrar lo pasado, de lo cual además se han arrepentido, y empezar a vivir con la situación actual, dándole consideración de matrimonio a esta nueva unión.

Pero, ¿puede la Iglesia o puede el Papa, Vicario de Cristo, hacer eso? Dice Jesús en Mateo 19,6:

"Lo que Dios ha unido, que no lo separa el hombre".
Esta frase resonó como una advertencia en el Evangelio leído el domingo en que empezaban los trabajos del Sínodo sobre la familia que dio luego lugar a la Exhortación Apostólica "Amoris Laetitia".

Ciertamente, Jesús, nuestro Maestro del Amor y de la Misericordia, nos dice que esa supuesta salida no es real, no existe: no podemos disolver un matrimonio válido y consumado entre bautizados. Dios ha elevado la naturaleza de esa unión haciendo que sean una unidad, "una sola carne". Por tanto, la verdadera misericordia con ellos no puede consistir en considerar roto su primer matrimonio y aceptar como válida su unión adúltera.

No podemos enseñar al Maestro de la Misericordia -Jesús- a ser misericordioso. Más bien, aprendamos de Él cuál es la verdadera misericordia, que no se aleja del camino de la verdad que nos conduce a la salvación.

Muchas veces no conseguimos entender la verdad y la misericordia de Jesús, porque hemos desarrollado la absurda idea de que Dios nos promete la felicidad en esta vida, y no es así. Lo que Dios nos da en esta vida es Esperanza, y ésta realmente es prenda de felicidad y llena y satisface el corazón de las personas que aún sufrimos y luchamos en este mundo caído.

Las personas que conviven en adulterio cometen un pecado grave contra el matrimonio. Jesús no calla ni disimula el pecado, algo a lo que nosotros estamos acostumbrados por nuestra debilidad. Él se encuentra con la samaritana, y tras una enseñanza que la eleva, le recuerda su realidad pecadora: está viviendo con uno que no es su marido (cf. Juan 4,18).

Las personas que viven en adulterio están casadas con esa otra persona que dejaron atrás. Aun en el caso de que no fueran en su día los responsables de la ruptura, o que incluso la sufrieran como víctimas, no deberían haberse unido a otra persona, deberían haberse mantenido fieles al compromiso de por vida que adquirieron. Quizá entonces eran débiles, no estaban convertidas; pero ahora son fuertes en el Señor y tendrán su gracia para, al menos, evitar los actos propios de esposos que les mantienen en adulterio. Ahora Dios les da ocasión de hacer penitencia por sus pecados, y ese es el camino de la verdadera misericordia que Jesús nos da en su Palabra, no otro.

Si además, se han arrepentido del grave pecado de haber sido infieles a su primer matrimonio una vez rota aquella convivencia, ese arrepentimiento verdadero les llevará indefectible y coherentemente a no seguir cometiendo adulterio. Si no se pueden separar en cuanto a la convivencia, para criar a sus hijos, sí puede evitar la unión corporal que sólo los esposos pueden realizar virtuosamente.

Esto es muy duro, no lo dudamos, pero si ese es el camino de la verdad y del amor que nos enseña Cristo, no faltará su gracia y su esperanza. Fue dura la separación del matrimonio, habría sido muy difícil mantenerse fiel, resistiendo una tendencia natural a vivir en pareja y familia, y es ahora muy exigente evitar la expresión sexual, a la que se han habituado y es expresión de un verdadero amor humano. Es una auténtica penitencia, consecuencia de un grave pecado contra el matrimonio, que existió y sigue existiendo mientras no se acabe con esa situación. Como los mandatos del Señor son por nuestro bien y los despreciamos, las consecuencias que ahora sufrimos no son culpa suya, sino nuestra. Nos hemos acostumbrado a una libertad sin responsabilidad, pero ese camino no es bueno, y Dios no lo bendice. Cuando nos encontramos con Él, nos recuerda lo que está mal y nos muestra el camino de la autenticidad y la responsabilidad, y nos da la gracia para seguirlo.

Ese es un camino de misericordia y de verdad, y si Dios no nos promete la felicidad en esta vida, sí nos da esa virtud sobrenatural capaz de llenar sobreabundantemente de vida eterna nuestro corazón aún mortal: la Esperanza.



jueves, 30 de noviembre de 2017

La parábola del administrador astuto

Está en Lucas 16, 1-15, en el contexto de que Jesús iba camino de Jerusalem parando a predicar en ciudades y aldeas. Allí hablaba a sus discípulos, incluyendo publicanos (recaudadores de impuestos para los romanos, odiados por el pueblo) y pecadores, en presencia de los fariseos. Estos, altivos y orgullosos, murmuraban de Jesús por acercarse a los pecadores y hasta "mancharse" comiendo con ellos. Él les pone varias parábolas como la del hijo pródigo, la oveja perdida y la moneda perdida, mostrándoles que viene a los que tienen necesidad de convertirse. Los fariseos se creían perfectos; al menos, comparados con el resto, pero tenían mucho amor al dinero. Jesús propone luego también esta parábola que habla precisamente de dinero, y que tiene luego enseñanza diferenciada, tanto para los fariseos como para los discípulos.

Cuando el amo pide cuentas al administrador para despedirle, éste traza un plan para que, cuando le despidan, alguien le dé trabajo. Va a los que deben dinero a su amo: uno le debe cien barriles ("batos") de aceite, unos 3.600 litros; y otro, cien fanegas ("coros") de trigo, algo más de 200 toneladas. Son cantidades muy grandes, y redondeadas al número "100". No son estratosféricas ni imposibles de pagar, como sí lo son los 10.000 talentos de la parábola del siervo malvado, pero son cantidades que haría falta mucho tiempo y esfuerzo para pagar. El astuto administrador habla con ellos y les hace cómplices incautos de una trampa que les beneficie, pero que en realidad, a quien va a beneficiarle es a él: a uno, le dice que coja su recibo y reduzca lo que debe a 80; al otro, a 50. ¿Qué ocurrirá? Que ellos creerán que el administrador es amigo suyo, que está de su parte, y poco después verán que el amo ha expulsado a este administrador. ¿Quién va a dar trabajo a un administrador que se ve que no es honrado? Pero, ya que no lo encontrará por las buenas, él lo ha dispuesto todo para conseguirlo por las malas. Cuando ese sinvergüenza vuelva a ellos a pedirles trabajo, no se atreverán a negárselo; primero, por agradecimiento a su favor; segundo, quizá por culpabilidad al sentirse causa del despido; pero en tercer lugar, por el chantaje encubierto de que el ex-administrador, si no recibe el trabajo que pide, podría revelar el delito que ellos mismos cometieron con su falsificación: "aprisa, siéntate y escribe cincuenta" -dijo. Es muy astuto; si no le da trabajo uno, se lo dará el otro. Si el que defraudó 20 no se lo da, puede incluso denunciarle y usar el escarmiento para amedrentar al otro, que aún ha defraudado más.

El amo se entera de lo que ha hecho y dice el texto que "alaba" su astucia. No nos confundamos con esto; no se trata de que el amo esté contento con lo que ha hecho su administrador; al contrario, le ha robado aún más, y por supuesto le despedirá. Pero le sorprende su astucia y eso es lo que alaba. Para entenderlo mejor, imaginémosle diciendo algo así como: "¡Vaya, tipo más astuto, cómo se las ha ingeniado para que ahora le den otro trabajo...!"

En la enseñanza que podemos sacar de esto hay varias facetas, según los oyentes, como indica el propio Jesús:

- A sus discípulos, les enseña que a veces los malos son más astutos con sus cosas que los buenos. Nos anima a que, cuando no nos salgan las cosas en el servicio a Dios, busquemos el camino, que para algo nos ha dado la inteligencia.
- A los ricos aparentemente piadosos, los fariseos, les enseña a utilizar su dinero: "ganaos amigos con el dinero injusto" -les dice. Seamos administradores astutos de los bienes que el Señor deja en nuestras manos: ganémonos con ellos a los pobres como amigos para el futuro, para que cuando seamos despedidos de este mundo, seamos admitidos junto a ellos en el Cielo.

Jesús, que siempre pisa tierra, nos enseña que no es poca cosa administrar con justicia nuestros bienes materiales, nuestro tiempo... Por eso nos dice que "el que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel". "Lo poco" se refiere a lo material, "lo mucho", a lo espiritual.

Finalmente, nos dice Jesús que no podemos servir a dos señores, a Dios y al dinero. Ya diría San Pablo que la avaricia es la raíz de todos los males (cf. 1 Tim 6,10), y tanto la avaricia como el dinero no se refieren sólo a lo económico, sino que pueden entenderse en sentido amplio como todo ídolo -falso señor- que cautiva el corazón del hombre para someterle y apartarle de Dios: el dinero, el placer, la fama, el poder, la tranquilidad injusta... No es posible ser fiel en lo espiritual sin cuidar el uso de los bienes materiales y del tiempo. Al contrario, el buen uso de lo material, nos ayuda a la fidelidad espiritual, a una auténtica piedad.

Los fariseos le entendían, se sentían acusados, y en vez de reconocer sus errores, se reían de Él, con una falsa risa defensiva. Entonces Jesús les acusa, les dice abiertamente que se las dan de justos, pero Dios conoce sus corazones. No es posible engañar a Dios con una falsa piedad, exclusivamente espiritual. El error anticristiano es muchas veces pretender separar el alma del cuerpo. Si usamos mal lo material -nuestros bienes, nuestro cuerpo- o perdemos el tiempo, miremos qué nos está ocurriendo, porque ese es el síntoma de que nuestro corazón no está real y totalmente en Dios.

Karol Wojtyla a los 19 años, con sus compañeros
y el mazo de su trabajo.
Pero volvamos a la parábola, que podemos ver más enseñanzas para los evangelizadores en ella. No debemos imitar la falta de honradez del administrador -nos enseña San Agustín-, pero sí su astucia, sobre todo para realizar los trabajos de Dios. Jesús nos enseña en esta parábola a no ser atontados, a no pensar que por estar trabajando para el Señor, Él va a hacer que caigan ante nosotros todos los obstáculos. No basta con rezar, tenemos que pensar, poner medios, buscar la forma de conseguir lo que queremos, y actuar. "A Dios rogando y con el mazo dando" -que no significa darle a la gente con el mazo en la cabeza como cree algún despistado, sino coger el mazo con el que se trabaja duro picando piedra. O, como nos enseñó San Agustín: "Reza como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti". Trabajar significa no sólo obrar, sino también pensar, ser astutos, buscar las vueltas a la situación para llevar a cabo la obra de Dios.

 Mi mujer y yo tuvimos la gracia de tener por amigo a un buen jesuita y gran evangelizador, el P. Jorge Loring, que en gloria esté. Era una persona totalmente confiada en la Providencia, y eso le llevaba a no arredrarse ante empresas muy difíciles como la de, siendo ya bastante mayor, ejercer su apostolado por Internet. "¡Si San Pablo hubiera tenido Internet...!" -decía. O traducir su libro "Para Salvarte" al Chino, algo que no pudo terminar antes de morir -una gran obra que espera ser completada-.  Él rezaba, pero al mismo tiempo ideaba la forma de conseguir sus propósitos, y la Providencia le ayudaba. Una vez quiso ir a Jerusalem a grabar un vídeo documental y, para lograrlo, organizó una peregrinación, gracias a lo cual pudo costear su viaje y el del cámara. Esa es la enseñanza de Jesús en esta parábola: ¡utilicemos la astucia y la inteligencia creativa al servicio de la Luz!

 Como pasa con toda la Escritura, está viva y podemos sacar cada uno una enseñanza de ella para iluminar nuestra vida de hoy, siempre guiados por el Espíritu Santo que la inspiró. Para ello, es imprescindible siempre atender a la Tradición y la enseñanza de la Iglesia, que es asistida por Él. Sólo el Espíritu Santo nos guía hasta la verdad completa.