miércoles, 24 de junio de 2015

Defensa de la vida en Laudato Si'

Numerosos puntos de Laudato Si', la enciclica ecológica del papa Francisco, defienden la vida prenatal. Lo integran en una defensa de la ecología y del hombre, en todos sus aspectos, buscando la justicia y la paz. Son los siguientes, entresacados del texto:

50. En lugar de resolver los problemas de los pobres y de pensar en un mundo diferente, algunos atinan sólo a proponer una reducción de la natalidad. No faltan presiones internacionales a los países en desarrollo, condicionando ayudas económicas a ciertas políticas de «salud reproductiva».

112… es posible volver a ampliar la mirada, y la libertad humana es capaz de limitar la técnica, orientarla y colocarla al servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral.

120. Dado que todo está relacionado, tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto. No parece factible un camino educativo para acoger a los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos o inoportunos, si no se protege a un embrión humano aunque su llegada sea causa de molestias y dificultades: «Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social» (cita del propio Papa en Alemania).

123. La cultura del relativismo es la misma patología que empuja a una persona a aprovecharse de otra y a tratarla como mero objeto, obligándola a trabajos forzados, o convirtiéndola en esclava a causa de una deuda. Es la misma lógica que lleva a la explotación sexual de los niños, o al abandono de los ancianos que no sirven para los propios intereses. Es también la lógica interna de quien dice: « Dejemos que las fuerzas invisibles del mercado regulen la economía, porque sus impactos sobre la sociedad y sobre la naturaleza son daños inevitables ». Si no hay verdades objetivas ni principios sólidos, fuera de la satisfacción de los propios proyectos y de las necesidades inmediatas, ¿qué límites pueden tener la trata de seres humanos, la criminalidad organizada, el narcotráfico, el comercio de diamantes ensangrentados y de pieles de animales en vías de extinción? ¿No es la misma lógica relativista la que justifica la compra de órganos a los pobres con el fin de venderlos o de utilizarlos para experimentación, o el descarte de niños porque no responden al deseo de sus padres? Es la misma lógica del «usa y tira», que genera tantos residuos sólo por el deseo desordenado de consumir más de lo que realmente se necesita. Entonces no podemos pensar que los proyectos políticos o la fuerza de la ley serán suficientes para evitar los comportamientos que afectan al ambiente, porque, cuando es la cultura la que se corrompe y ya no se reconoce alguna verdad objetiva o unos principios universalmente válidos, las leyes sólo se entenderán como imposiciones arbitrarias y como obstáculos a evitar.

136. Por otra parte, es preocupante que cuando algunos movimientos ecologistas defienden la integridad del ambiente, y con razón reclaman ciertos límites a la investigación científica, a veces no aplican estos mismos principios a la vida humana. Se suele justificar que se traspasen todos los límites cuando se experimenta con embriones humanos vivos. Se olvida que el valor inalienable de un ser humano va más allá del grado de su desarrollo. De ese modo, cuando la técnica desconoce los grandes principios éticos, termina considerando legítima cualquier práctica. Como vimos en este capítulo, la técnica separada de la ética difícilmente será capaz de autolimitar su poder.

229. Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad, y llegó la hora de advertir que esa alegre superficialidad nos ha servido de poco.

230… el mundo del consumo exacerbado es al mismo tiempo el mundo del maltrato de la vida en todas sus formas.

246. … Dios de los pobres,
ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta tierra
que tanto valen a tus ojos.

… Señor, tómanos a nosotros con tu poder y tu luz,
para proteger toda vida,
para preparar un futuro mejor,
para que venga tu Reino
de justicia, de paz, de amor y de hermosura.

sábado, 20 de junio de 2015

"De aquellos barros..."

"... vinieron estos lodos".

Estos días, en que "Podemos" sólo empieza a mostrar su radicalidad anticristiana e inmoral, me sorprende ver a muchas personas, cristianos de buena voluntad, llevarse las manos a la cabeza, criticar a estos jóvenes tiranos, asustados de este cambio.

 Pero esto no es nuevo. Empezamos a destruir España cuando se aprobó el aborto en 1981, y por eso el sueño de un país en paz se ha quedado en quimera. No se puede construir una sociedad justa y en paz sobre la muerte oculta de millones de inocentes. Los que no ven más allá de la realidad visible, no le dan importancia a estas cosas, y veían en estos pasados decenios un tiempo de paz y desarrollo. No era así. Madre Teresa, que veía bastante más, dijo sin tapujos que "la mayor amenaza para la paz es el aborto". La paz no se la cargó Zapatero con su guerracivilismo, él no fue más que un brazo ejecutor contra el que no estábamos protegidos, porque España había despreciado públicamente la fe y la justicia. La paz, así, era imposible, habría sido injusta. La paz no viene a los inicuos. La "transición"no nos la consiguió; no podía.

Tanto aquella primera ley del aborto, como la ley Aído no eran plenamente el triunfo del mal, porque tuvieron oposición. Sin embargo, el apoyo político unánime a la ley del aborto que se ha dado en estos últimos tiempos, y la previa aceptación de un Código de Ética Médica rastrero hace unos años, han constituido un hecho criminal y público de dimensiones inauditas. Esto nos deja desprotegidos frente a los desastres que nos acechaban, y trae consecuencias. Mientras, los miopes hacen cábalas sobre por qué ha perdido el PP, que si la crisis, los recortes, etc., como si el problema fuera ese... Como si el problema, incluso, fuera que ha perdido el PP. Están ciegos; no ven la realidad.

Miremos el ejemplo de Méjico: aprobó el aborto, y volvió a la barbarie de los sacrificios humanos al diablo, crímenes que María de Guadalupe aplastó con su pie hace 500 años. La consecuencia es que la paz huye y la violencia asola el país, pueblo por pueblo, casa por casa. La Argentina, que ha aprobado el aborto libre, sufrirá también las consecuencias.

Con la llegada de Podemos al poder en España, por fin estamos viendo la hez que durante años hemos tolerado en nosotros mismos. No son ellos el problema: hemos sido nosotros. Años de injusticia social y de aborto no pueden dar la paz ni la justicia. Lo que va a sufrir España no es culpa de Podemos, es culpa nuestra. Hemos apostatado, hemos despreciado a Dios, fuente de agua viva, y nos hemos cavado cisternas agrietadas de progreso y bienestar, que no retienen el agua. Hemos abandonado a la verdad y hemos despreciado la justicia: ¿qué esperábamos que sucediera? Al final no tenemos ni progreso ni bienestar, sino violencia y desunión, casa por casa. "Podemos" no es la causa, es una consecuencia más, y ni siquiera la peor.

Pero ahora, no tengamos miedo a los que sólo pueden matar el cuerpo; lo verdaderamente maligno es dejarnos engañar por una falsa paz y un falso orden, mientras somos acompañados poco a poco al abismo.

lunes, 15 de junio de 2015

Jerarquía y carisma: ¿por qué la Iglesia no es una empresa?

La Iglesia es a la vez jerárquica y carismática, como enseña el Concilio Vaticano II (Lumen Gentium 4).

Jerome Lejeune y su mujer con el Papa. Por iniciativa del Dr.
Lejeune, Juan Pablo creó la Pontificia Academia Pro Vita.
La Academia permitiría a la Iglesia estar a la vanguardia del
conocimiento científico, paso necesario para el análisis moral.
Existe una jerarquía que está ahí precisamente para discernir los carismas, porque el Espíritu Santo sopla donde quiere (cf. Juan 3,8). El servidor jerárquico, al nivel que sea, está sobre todo para discernir las ideas que generalmente vienen de abajo a arriba, las que el Espíritu Santo sugiere a su pueblo, dándole carismas.

En eso se diferencia la Iglesia de la clásica empresa anquilosada. En esa empresa, las ideas generalmente van de arriba a abajo. Originalidad y discernimiento recaen sobre las mismas personas. Si esto sucediera en la Iglesia, ésta se parecería a una empresa meramente humana. Incluso, se parecería a una mala empresa; porque, en las buenas empresas, en las que aprovechan su capital humano, se atiende a las ideas que vienen de abajo a arriba, y el dirigente se da cuenta de que más que tener ideas originales, su misión es distinguir las buenas ideas de sus subordinados, alentarlas y facilitar su implementación.

Además de las ideas, también el fervor y los ánimos para actuar provienen del Espíritu Santo, y por tanto fluyen a menudo de forma imprevista, en acciones que es necesario facilitar, poniendo las estructuras a su servicio. Es importante este orden eclesial, jerárquico y carismático, donde el servidor jerárquico escucha y discierne, para ser dóciles a la acción del Espíritu Santo.

La Iglesia no es como una mala empresa, es como una buena empresa, pero mucho mejor, porque en ella las ideas son a menudo carismas sobrenaturales, y el servidor jerárquico cuenta también con esos dones sobrenaturales para detectarlos.

A menudo ese orden eclesial es estorbado por el pecado, como podemos ver en la vida de tantos santos: la jerarquía no es obedecida, o los carismas son entorpecidos y hasta perseguidos. A veces Dios permite esto, pero la cosecha crece de día y de noche, en la sintonía y en la oposición. Otras veces, la jerarquía no discierne, por respetos humanos mal entendidos, o bien los que reciben carismas caen en la pasividad, refugiándose en piadosas excusas para no molestar, o incluso en una mal entendida obediencia. Entonces es cuando la sal se vuelve sosa. ¡No permita Dios que nos ocurra esto!


domingo, 10 de mayo de 2015

¿Los animales resucitarán?

Porque también la creación será liberada
Rm 8,21
 "También la creación será liberada" (Rm 8,21)

 Hace poco, un evangelizador católico de Facebook escribía que los animales no resucitan, según la doctrina cristiana. Le comenté que esa sería su interpretación de la Escritura, pero no es doctrina católica. De hecho, la Iglesia no tiene doctrina firme sobre eso. Y yo creo que esa interpretación es errónea, aunque no digo que la mía sea correcta, porque yo no soy la Iglesia, soy sólo un cristiano que interpreta lo mejor que cree la Revelación y puedo estar equivocado.



 Los animales, en su dolor y su muerte, están sufriendo las consecuencias del pecado del hombre, sin haberlo cometido ellos. El pecado que nos muestra el Génesis no sólo afectó al hombre, sino que desordenó toda la Creación, de forma que entró en ella el sufrimiento, el dolor y la muerte, por culpa del hombre, para quien Dios hizo el cosmos y toda la naturaleza. Creo que esto no es opinión, es realidad revelada.

 San Pablo dice eso y añade algo más (Rm 8,19-22):


 "En efecto, toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios.


 Ella quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la sometió, pero conservando una esperanza.


 Porque también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios.


 Sabemos que la Creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto".


 Es decir, cuando el hombre sea restaurado en Cristo, la Creación será restaurada con él. Tras esos dolores de parto, la vieja creación alumbrará "unos cielos nuevos y una tierra nueva" (Ap 21,2). Esa imagen cinematográfica del cielo como algo etéreo en el que almas aladas tocan la lira, parece más gnóstica que auténticamente católica. Los cristianos fieles sabemos que el ser humano es "corpore et anima unus" (la unidad de cuerpo y alma), que la resurrección plena será en la carne, con nuestro cuerpo, "el mismo que tenemos ahora", como dice el Credo del Pueblo de Dios, de Pablo VI, y que no viviremos volando con alitas en un Cielo espiritual, sino como personas humanas con cuerpo glorioso y alma, en los cielos nuevos y la tierra nueva.


 Por eso, pienso que la metáfora con la que se ilustra la restauración es más que una metáfora, cuando el Espíritu Santo nos dice (Isaías 65,25):


 "El lobo y el cordero pacerán juntos, el león comerá paja como el buey y la serpiente se alimentará de polvo: No se hará daño ni estragos en toda mi Montaña santa, dice el Señor".


 Con esto se restaura la Creación, recuperando la armonía original del Paraíso, como nos dice Génesis 1, 29-30:


 "Y continuó diciendo: «Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento.


 Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde». Y así sucedió".


 Es decir, en el Paraíso se daba esa armonía, reflejada en la ausencia de depredación, la cual se rompería como consecuencia del pecado del hombre. Al final, todo esto será dominado por el hombre restaurado en Cristo, como nos dice también Isaías 11, 6-9:

"El león pacerá con el becerro, y un niñito los guiará"
Isaías 11,6
 "El lobo habitará con el cordero y el leopardo se recostará junto al cabrito; el ternero y el cachorro de león pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá, la vaca y la osa vivirán en compañía, sus crías se recostarán juntas, y el león comerá paja lo mismo que el buey.

 El niño de pecho jugará sobre el agujero de la cobra, y en la cueva de la víbora, meterá la mano el niño apenas destetado.


 No se hará daño ni estragos en toda mi Montaña santa, porque el conocimiento del Señor llenará la tierra como las aguas cubren el mar".


 Explicaba este evangelizador que los animales no resucitan porque no tienen alma, porque Dios no sopló sobre su nariz en el Génesis, interpretación personal suya que me parece equivocada. Le respondí que la existencia del alma humana y del alma de los animales no es cuestión que haga falta la Revelación para conocerla, es un hecho que el hombre puede conocer con la luz de la razón natural. Un animal es un organismo biológico, y como tal, sus sensaciones no son más que impulsos eléctricos conducidos por un sistema nervioso, pero tienen la particularidad de que, dentro de ellos, a diferencia de los ordenadores, hay un ser que siente. Eso es lo que llamamos alma, que en el animal es distinta de la humana, porque la del hombre es espiritual. Ese alma no nace de la pura materia, porque la materia inanimada no puede producir un ser, un ser que siente, que recibe esos estímulos y le afectan. Por eso, con razón sentimos pena de los animales y nos apiadamos de ellos, mientras que no tenemos inconveniente en tirar un ordenador que ya no funciona bien. La Iglesia recuerda lo que todo hombre sabe, es decir, que los animales también sufren, y nos manda respetarlos como seres creados y animados que son. Dice el Catecismo en el nº 2418:



 "Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas".

 Si no tuvieran alma, si en ellos no existiera, más allá de la pura materia, un ser que vive y sufre, serían tan dignos de lástima como las piedras, que también son creadas, o como los ordenadores, que hemos fabricado nosotros.

 Y en 2415 usa el Catecismo esta expresión: "El dominio concedido por el Creador al hombre sobre los seres inanimados y los seres vivos...." Es decir, los seres vivos no están inanimados, sino animados.

 Además, que el hombre resucite no es un hecho natural derivado de que el alma sea inmortal -como creen algunos-, sino un bien que nos viene por la Resurrección de Cristo. Por la gracia merecida por Cristo para nosotros, y no por naturaleza, se realiza el prodigio sobrenatural de la Resurrección, en la que el alma y cuerpo se reúnen tras haberse separado en la muerte.

 Y ¿cómo es posible -cabe pensar- que el desorden en la naturaleza, la muerte y el sufrimiento, sean consecuencia del pecado del hombre, si sabemos que todo eso existía antes de que el hombre apareciese? Es verdad, antes de que el hombre apareciese sobre la tierra, pudo darse ese proceso evolutivo que el Catecismo nos muestra como posible, ya que "la Creación no salió totalmente acabada de manos del Creador", sino que Él pudo crearlo todo en ese cuerpo que estalló en el "Big Bang" y someterlo a las leyes que rigen su devenir y desarrollo, incluso dirigirlo con su Providencia.


 "La creación tiene su bondad y su perfección propias, pero no salió plenamente acabada de las manos del Creador. Fue creada "en estado de vía" (in statu viae) hacia una perfección última todavía por alcanzar, a la que Dios la destinó. Llamamos divina providencia a las disposiciones por las que Dios conduce la obra de su creación hacia esta perfección". (Catecismo, 302)

"La Creación entera gime con dolores de parto" Rm 8,22
 Por tanto, sabemos que hubo depredación, sufrimiento, enfermedad, cataclismos  y muerte antes de que apareciese el hombre. Pero es que el pecado del hombre produjo un verdadero "cataclismo cósmico" -en palabras de un monje oriental-. Ese cataclismo pudo afectar a todo lo que había sido creado por Dios bajo el dominjo del hombre, que es la Creación entera, desde su inicio. No es la primera vez que un acontecimiento esencial es causa de algo que sucede en el tiempo ante que éste. Por ejemplo, el dogma de la Inmaculada Concepción enseña que ella fue preservada del pecado original por una gracia en atención a los méritos de Jesucristo, que aún no se habían producido en el tiempo. Y los antiguos patriarcas y profetas, ¿cómo obedecieron a Dios?, ¿acaso fue por sus propias fuerzas, en su estado de naturaleza caída, sin la gracia? Es claro que no. ¿Y cómo obtuvieron esa gracia de ser obedientes, si no es en atención a los méritos de Jesucristo? Así fue, y esa es doctrina católica. Aunque imperfectamente, ellos recibieron anticipos de unos méritos que fueron ganados por Cristo mucho después. Pues por lo mismo, la gracia de Cristo mantuvo la esperanza, la anticipó desde el principio a toda la Creación, porque toda, desde el principio, había sido desordenada por el pecado de Adán. Y si no cayó completamente en la muerte, si "cayó en la vanidad... pero conservando una esperanza" -que nos dice Pablo en Rm 8,21-, fue precisamente porque fue sostenida para el hombre y éste en atención a Cristo. Gime la Creación entera con dolores de parto -¿no se ve en eso también la evolución que conocemos por la ciencia?-, pero dando a luz el plan de Dios en medio de ese sufrimiento, como un reflejo de la cruz de Cristo.

 Por eso, el Papa Francisco, cuando encontró en Roma a un niño cuyo perro había muerto, y le consoló hablándole de que lo vería en el Cielo, ni estaba diciendo ninguna herejía, ni quizá estaba soltándole una mentirijilla piadosa. No habría ningún inconveniente en la doctrina de la Iglesia para que él, como otros cristianos -incluido el que escribe-, crea que es muy probable eso que le dijo.



---
Con gratitud a Alonso Gracián, con el que tantas veces he conversado sobre estas cosas.

viernes, 8 de mayo de 2015

Pastoral pelagiana, ¿hasta cuándo?

No podemos salir del hoyo por nuestras propias fuerzas.
Ni siquiera con ayuda de otros.
 A partir de los 60-70 del siglo pasado ha proliferado una pastoral pelagiana: tratamos de salvar al hombre sin Dios. A los que acuden con un matrimonio en crisis, les damos una consulta profesional. A los que ya se han separado, les ayudamos a que su divorcio sea menos traumático para todos. A los homosexuales que sufren, les damos ayuda psicológica. A las personas que se plantean el aborto, les damos lo que necesiten. Todo con una aproximación profesional, pero sin Dios, sin la gracia, sin intercesión, sin anuncio... Todo bajo un axioma falso: primero todas las facetas de la persona, lo último -es decir, nunca- la relación con Dios. Y un segundo: que para respetar a las personas no se les puede hablar de Cristo.

 Pero el Espíritu Santo inspira no consultas profesionales, sino comunidades sanadoras, donde a los que acuden con un matrimonio en crisis, se les evangeliza partiendo de su crisis, a los que ya se han separado, se les evangeliza partiendo de su dolor; a los homosexuales que sufren, se les evangeliza partiendo de sus inquietudes; a las personas con embarazo imprevisto, se las evangeliza partiendo de ese reto en sus vidas, y a las que han abortado se les evangeliza desde su ruptura interior, llevándoles la misericordia de Dios.

 Sin embargo, esa costra de pelagianismo pastoral, de mundanidad espiritual, se aferra a nuestra Iglesia, amenazando con la falsa dicotomía de que hay que elegir entre una supuesta sanación simplemente humana -mundana- o una falsa evangelización espiritualista. La respuesta es la gracia: anunciar la verdad de Cristo a esa humanidad caída, para que se convierta y se sane integralmente. Porque sólo Cristo sana y salva. Esto es patente ya en muchas comunidades sanadoras que el Espíritu Santo está suscitando, que actúan con el poder de Cristo, como Betania para mujeres separadas, Proyecto Raquel para personas que han abortado, Courage para homosexuales, Retrouvaille para matrimoniuos en crisis, Proyecto Gabriel en EEUU y Ángel en España para personas que se plantean el aborto, etc.

domingo, 19 de abril de 2015

Let it be (II)

Esto es lo que interpreto en esta canción (ver abajo)


When I find myself in times of trouble
Mother Mary comes to me
Speaking words of wisdom, let it be.
And in my hour of darkness
She is standing right in front of me
Speaking words of wisdom, let it be.
Let it be, let it be.
Whisper words of wisdom, let it be.

And when the broken hearted people
Living in the world agree,
There will be an answer, let it be.
For though they may be parted there is
Still a chance that they will see
There will be an answer, let it be.
Let it be, let it be. Yeah
There will be an answer, let it be.

And when the night is cloudy,
There is still a light that shines on me,
Shine on until tomorrow, let it be.
I wake up to the sound of music
Mother Mary comes to me
Speaking words of wisdom, let it be.
Let it be, let it be.
There will be an answer, let it be.
Let it be, let it be,
Whisper words of wisdom, let it be.

Cuando estoy hundido, aprendo de la Virgen María, mi Madre, la sabiduría; ella viene y me dice: acepta este sufrimiento. Recuerdo lo que pasó en la Pasión de Cristo: Jesús sufrió todo eso y su Madre, a su lado, aceptaba y le acompañaba a aceptar ese dolor.

En mi hora de angustia y negrura, como cuando Jesús se sintió incluso abandonado del Padre, ella está ahí diciéndome: acepta, di "Amén" a la voluntad de Dios.

Ante la multitud de personas heridas en este mundo, con el corazón partido, hay una respuesta: aceptar. Aunque se encuentren perdidos, habrá siempre una salida que podrán ver: aceptar, decir Amén.

Y cuando los nubarrones lo cubren todo, como cuando, en la hora de la muerte de Jesús, las tinieblas cubrieron la tierra, cuando parece que todo está perdido, todavía hay una luz que brilla en mi corazón, como en el corazón de Jesús en esa hora. Me despierta un canto de sabiduría que me dice: acéptalo, di Amén a la voluntad de Dios, acéptalo.

---

Eso es lo que hizo Jesucristo, uno de cuyos nombres es "el Amén". Él aceptó beber el cáliz que le dio su Padre, para redimirnos del pecado. La desobediendia de Adán y de toda la humanidad caída, Él la reparó con su obediencia hasta la muerte. Como si fuera el culpable de todos los pecados del mundo, experimentó, como nosotros, incluso la separación de Dios. Y allí, estaba María, su Madre, como está con nosotros, diciéndonos: "acéptalo", "acepta la voluntad de Dios". Di: "Amén".








domingo, 29 de marzo de 2015

Hipótesis sobre la Semana Santa

No queremos perdernos el Acontecimiento esencial de la Humanidad


  Muchos no son siquiera creyentes, pero no se pierden las procesiones de Semana Santa. Hay quien dice que ya es algo sólo cultural, pero me parece que hay algo más que una reunión social o un disfrute estético, mucho más.

 Creo que todos tenemos el deseo interno de vivir este Hecho fundamental de toda la historia de la humanidad: la Pasión de Jesucristo. No nos conformamos con habérnoslo perdido a causa de haber nacido en otro lugar y en otro tiempo. Es como si uno se pierde la final del mundial donde gana su país, pero esto es mucho más importante; es esencial.

 La Pasión de Cristo es un acontecimiento terrible, pero es a la vez maravilloso: Dios se hace Hombre y muere por cargar sobre Sí mismo nuestros pecados. La Semana Santa nos está diciendo al corazón: Dios te ama. No lo dice con palabras, sino con un Hecho concreto, que sucedió hace casi dos mil años: ¡nadie quiere perdérselo! En el fondo, cada persona desea interiormente recibir la noticia de que es amada por Dios. Aunque el Amor mostrado en la Cruz puede ser más o menos inconsciente para algunos, creo que todos, en el fondo, reconocen que la Pasión es el Hecho central de la humanidad. Para la Resurrección ya hace falta más fe... y por eso su celebración es mucho más débil.

 Los creyentes vivimos realmente la Pasión y Resurrección en cada Misa. En cada Eucaristía, se abre una ventana en el espacio-tiempo que nos hace verdaderos partícipes en la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Todos nos unimos en torno a este Misterio, como dijo Nuestro Señor Jesucristo: "cuando Yo sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia Mí" (Juan 12,32). Todos nos vemos en el Altar, cuando el sacerdote eleva el Cuerpo y Sangre de Cristo al Padre, en su sacrificio de Amor, y decimos nuestro "¡Amén!"

 Pero muchas personas no creyentes, o que no viven la Eucaristía, no tienen eso, y de alguna forma las procesiones les hacen sentirse como si fueran partícipes de la Pasión de Cristo, meterse en ella, vivirla. Por eso, creo yo, tanta devoción, que es más que una experiencia cultural, estética o social, aunque tiene algo también de todo eso.

Papa Francisco, Evangelii Gaudium: "125. Para entender esta realidad [la piedad popular] hace falta acercarse a ella con la mirada del Buen Pastor, que no busca juzgar sino amar. Sólo desde la connaturalidad afectiva que da el amor podemos apreciar la vida teologal presente en la piedad de los pueblos cristianos, especialmente en sus pobres. Pienso en la fe firme de esas madres al pie del lecho del hijo enfermo que se aferran a un rosario aunque no sepan hilvanar las proposiciones del Credo, o en tanta carga de esperanza derramada en una vela que se enciende en un humilde hogar para pedir ayuda a María, o en esas miradas de amor entrañable al Cristo crucificado. Quien ama al santo Pueblo fiel de Dios no puede ver estas acciones sólo como una búsqueda natural de la divinidad. Son la manifestación de una vida teologal animada por la acción del Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones (cf. Rm 5,5).
 
126. En la piedad popular, por ser fruto del Evangelio inculturado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo. Más bien estamos llamados a alentarla y fortalecerla para profundizar el proceso de inculturación que es una realidad nunca acabada. Las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangelización".



Difúndelo