domingo, 19 de abril de 2015

Let it be (II)

Esto es lo que interpreto en esta canción (ver abajo)


When I find myself in times of trouble
Mother Mary comes to me
Speaking words of wisdom, let it be.
And in my hour of darkness
She is standing right in front of me
Speaking words of wisdom, let it be.
Let it be, let it be.
Whisper words of wisdom, let it be.

And when the broken hearted people
Living in the world agree,
There will be an answer, let it be.
For though they may be parted there is
Still a chance that they will see
There will be an answer, let it be.
Let it be, let it be. Yeah
There will be an answer, let it be.

And when the night is cloudy,
There is still a light that shines on me,
Shine on until tomorrow, let it be.
I wake up to the sound of music
Mother Mary comes to me
Speaking words of wisdom, let it be.
Let it be, let it be.
There will be an answer, let it be.
Let it be, let it be,
Whisper words of wisdom, let it be.

Cuando estoy hundido, aprendo de la Virgen María, mi Madre, la sabiduría; ella viene y me dice: acepta este sufrimiento. Recuerdo lo que pasó en la Pasión de Cristo: Jesús sufrió todo eso y su Madre, a su lado, aceptaba y le acompañaba a aceptar ese dolor.

En mi hora de angustia y negrura, como cuando Jesús se sintió incluso abandonado del Padre, ella está ahí diciéndome: acepta, di "Amén" a la voluntad de Dios.

Ante la multitud de personas heridas en este mundo, con el corazón partido, hay una respuesta: aceptar. Aunque se encuentren perdidos, habrá siempre una salida que podrán ver: aceptar, decir Amén.

Y cuando los nubarrones lo cubren todo, como cuando, en la hora de la muerte de Jesús, las tinieblas cubrieron la tierra, cuando parece que todo está perdido, todavía hay una luz que brilla en mi corazón, como en el corazón de Jesús en esa hora. Me despierta un canto de sabiduría que me dice: acéptalo, di Amén a la voluntad de Dios, acéptalo.

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Eso es lo que hizo Jesucristo, uno de cuyos nombres es "el Amén". Él aceptó beber el cáliz que le dio su Padre, para redimirnos del pecado. La desobediendia de Adán y de toda la humanidad caída, Él la reparó con su obediencia hasta la muerte. Como si fuera el culpable de todos los pecados del mundo, experimentó, como nosotros, incluso la separación de Dios. Y allí, estaba María, su Madre, como está con nosotros, diciéndonos: "acéptalo", "acepta la voluntad de Dios". Di: "Amén".








domingo, 29 de marzo de 2015

Hipótesis sobre la Semana Santa

No queremos perdernos el Acontecimiento esencial de la Humanidad


  Muchos no son siquiera creyentes, pero no se pierden las procesiones de Semana Santa. Hay quien dice que ya es algo sólo cultural, pero me parece que hay algo más que una reunión social o un disfrute estético, mucho más.

 Creo que todos tenemos el deseo interno de vivir este Hecho fundamental de toda la historia de la humanidad: la Pasión de Jesucristo. No nos conformamos con habérnoslo perdido a causa de haber nacido en otro lugar y en otro tiempo. Es como si uno se pierde la final del mundial donde gana su país, pero esto es mucho más importante; es esencial.

 La Pasión de Cristo es un acontecimiento terrible, pero es a la vez maravilloso: Dios se hace Hombre y muere por cargar sobre Sí mismo nuestros pecados. La Semana Santa nos está diciendo al corazón: Dios te ama. No lo dice con palabras, sino con un Hecho concreto, que sucedió hace casi dos mil años: ¡nadie quiere perdérselo! En el fondo, cada persona desea interiormente recibir la noticia de que es amada por Dios. Aunque el Amor mostrado en la Cruz puede ser más o menos inconsciente para algunos, creo que todos, en el fondo, reconocen que la Pasión es el Hecho central de la humanidad. Para la Resurrección ya hace falta más fe... y por eso su celebración es mucho más débil.

 Los creyentes vivimos realmente la Pasión y Resurrección en cada Misa. En cada Eucaristía, se abre una ventana en el espacio-tiempo que nos hace verdaderos partícipes en la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Todos nos unimos en torno a este Misterio, como dijo Nuestro Señor Jesucristo: "cuando Yo sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia Mí" (Juan 12,32). Todos nos vemos en el Altar, cuando el sacerdote eleva el Cuerpo y Sangre de Cristo al Padre, en su sacrificio de Amor, y decimos nuestro "¡Amén!"

 Pero muchas personas no creyentes, o que no viven la Eucaristía, no tienen eso, y de alguna forma las procesiones les hacen sentirse como si fueran partícipes de la Pasión de Cristo, meterse en ella, vivirla. Por eso, creo yo, tanta devoción, que es más que una experiencia cultural, estética o social, aunque tiene algo también de todo eso.

Papa Francisco, Evangelii Gaudium: "125. Para entender esta realidad [la piedad popular] hace falta acercarse a ella con la mirada del Buen Pastor, que no busca juzgar sino amar. Sólo desde la connaturalidad afectiva que da el amor podemos apreciar la vida teologal presente en la piedad de los pueblos cristianos, especialmente en sus pobres. Pienso en la fe firme de esas madres al pie del lecho del hijo enfermo que se aferran a un rosario aunque no sepan hilvanar las proposiciones del Credo, o en tanta carga de esperanza derramada en una vela que se enciende en un humilde hogar para pedir ayuda a María, o en esas miradas de amor entrañable al Cristo crucificado. Quien ama al santo Pueblo fiel de Dios no puede ver estas acciones sólo como una búsqueda natural de la divinidad. Son la manifestación de una vida teologal animada por la acción del Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones (cf. Rm 5,5).
 
126. En la piedad popular, por ser fruto del Evangelio inculturado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo. Más bien estamos llamados a alentarla y fortalecerla para profundizar el proceso de inculturación que es una realidad nunca acabada. Las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangelización".



jueves, 26 de febrero de 2015

Soportar el sufrimiento


 Algunas personas ven a cristianos que padecen sufrimientos sin hundirse, y piensan que los toleran mejor a causa de su fe en una vida feliz después de la muerte, porque esa esperanza les consuela de pasar calamidades aquí. Es bastante lógico pensar así, pero...

Algunas personas ven a cristianos que padecen sufrimientos sin hundirse y piensan que los toleran mejor a causa de su fe en una vida después de la muerte...

 Pero la verdadera razón es la gracia. Es la fuerza de Dios que está viva en ellos.

 Por eso, hay también personas que creen en Dios, pero en la dificultad se hunden, porque no viven en su gracia, y la mera creencia en Dios y en el Cielo se queda muy corta para sostenerles.

 No es solamente una idea consoladora la que sostiene a los cristianos en la persecución, la enfermedad o la agonía, ni la que les ayuda a cambiar de vida, sino Dios mismo, que vive en ellos.

martes, 2 de diciembre de 2014

Sobre la homosexualidad masculina

Creo que últimamente he aprendido un poco más sobre este problema tan complejo y tan tremendo que nos plantea la homosexualidad. Este texto que empiezo ahora no es más que un bosquejo o memoria de lo que he ido aprendiendo hasta ahora, aunque sé que es muy pobre.

Es muy difícil dar una respuesta a qué es la homosexualidad sin conocer cómo se genera. Sin embargo, el Catecismo de la Iglesia Católica reconoce que su origen permanece aún en gran medida inexplicado. Es verdad, y es lógico que un compendio doctrinal no se atreva a decir más. Pero nosotros, los cristianos que queremos comprender qué es la homosexualidad, debemos intentar ir más allá, debemos intentar conocer al menos esa pequeña medida en la que la homosexualidad sí se halla explicada. No soy un estudioso del tema ni un especialista, pero por lo que conozco, me voy formando una idea, y veo que quizá les pueda valer a otros, porque contemplo muchas posiciones que me parecen un poco simplificadoras, banalizadas o extremas, tanto por parte de los que defienden la moralidad de las relaciones homosexuales, como por los que la negamos.

 Una historia verídica ha hecho dar un salto cualitativo a mi comprensión de la homosexualidad. Cambiaré un poco los detalles, para mantener la intimidad. Se trata de Pablo, un niño de tan solo ocho años, inteligente y especialmente sensible. En su colegio, no juega con los niños, sino que comparte totalmente los juegos de las niñas. Sus padres se quieren y aman a sus hijos. Observan con preocupación que a Pablito le gusta jugar en casa a ser Cenicienta, a vivir su historia, el famoso cuento.

El padre es un aficionado a la práctica del balonmano, y pretendía jugar con sus hijos, a los que quiere iniciar en ese deporte, que a él le hizo tanto bien. El mayor va siempre con él, pero Pablito dejó de ir enseguida: no mostraba interés, y para él era un sufrimiento, así que se queda en casa con su mamá. Se lleva mucho mejor con ella. El padre ha intentado jugar con él de otras formas, en la forma en que lo suele hacer un padre con sus hijos varones, con luchas, etc., pero el niño no responde. Cada mutua decepción, muy a pesar de ambos, ha ido aumentando la distancia entre ellos.

Ni que decir tiene que la crueldad de los niños del colegio se ha cebado con él. Le han rechazado cada vez que ha tenido ocasión de unirse a ellos; ahora le llaman "nena" y cosas por el estilo. Su propio hermano carga sobre él en cuanto se presenta ocasión y le dice que es una niña. Parece que él ha empezado a pensar que, en realidad, se siente mucho mejor siendo niña. Lo raro sería lo contrario: los niños le escupen, le rechazan, le dicen que es una niña. Las niñas, en cambio, le acogen, le respetan y juegan con él.

Se ve cómo el grupo de los niños es algo así como un "club de élite", al que sólo se permite pasar a los que muestran rasgos competitivos, como por ejemplo en el competitivo juego del fútbol. En cambio, el grupo de las niñas es más abierto. No es que todos los niños sensibles vayan a desarrollar una tendencia así -nos enseñaba Begoña Ruiz Pereda en el curso "Aprendamos a Amar"-, pero sí que es cierto que aquellos que desarrollan esa tendencia son niños especialmente sensibles y poco competitivos. Y no es que todas las niñas competitivas vayan a desarrollar la tendencia hacia una identificación masculina, pero sí que es verdad que las que la desarrollan, tienen ese rasgo de la competitividad.

Un día, Pablo le cuenta a su madre: "Mamá, ¿sabes cómo bajan la escaleras las niñas?" Entonces se pone a bajar las escaleras cuidadosamente, escalón a escalón. "Y  -dice luego- ¿sabes cómo las bajan los niños?" A continuación las baja a trompicones, de dos en dos o de tres en tres escalones, dando un salto final. A la madre sólo se le ocurre preguntarle: "Y tú, ¿cómo las bajas, como los niños o como las niñas?" La respuesta es clara: "¡Mamá, como las niñas!" Y repite la forma en que él identifica que lo hacen ellas.

Pero la madre no se queda satisfecha con su propia actitud ante esta confidencia de Pablo. Siente que no ha reaccionado bien, y lo comenta con una amiga con experiencia pedagógica y conocimientos de sexología. Llegan a la conclusión de que la idea de Pablo sobre que las niñas bajan todas de una forma y los niños de otra, es demasiado estereotipada. Puede haber niños que bajen de uno en uno los escalones, sin ser por eso menos "niños". Su madre piensa que le debería haber dicho: "No, Pablo, no todos los niños tienen que bajar así. Puede haber niños que lo hagan escalón por escalón. Tú mismo, eres un niño estupendo y precioso, y sin embargo bajas uno por uno. Uno no se convierte en niña por bajar los escalones de uno en uno".

 Hasta aquí la primera parte de la historia, que retomaré más adelante. He oído antes historias sobre homosexuales que habían crecido en familias disfuncionales; por supuesto que los hay. No quiero decir que no sean valiosos esos testimonios; me parecen cualitativa y cuantitativamente muy valiosos, porque desgraciadamente hay muchos hogares donde se dan maltratos y abusos. Una de ellas cuenta su historia, la de una adolescente que vive en una casa con un padre que maltrata a su mujer, y con una madre que se siente incapaz de reaccionar y de proteger a sus hijas. Ve a su madre maltratada y acongojada, y no puede identificarse con ella. De alguna forma intenta hacerse fuerte, ser como un hombre, para que no le pase como a su madre. Cuenta todo esto después de haber vivido como lesbiana muchos años y haber dejado finalmente la homosexualidad activa.

Pero a Pablo no le pasa nada de eso, al contrario. Sus padres se aman y le aman, muchísimo y bien. Sin embargo, el suyo es un caso muy evidente desde la infancia. Pablo es víctima del implacable club de élite de los niños, de su hermano, de los estereotipos exagerados, incluso favorecidos en algunos colegios educativamente desorientados. Ha sufrido mucho por ser un niño sensible y no competitivo. Quizá no nos damos cuenta de todo el sufrimiento que hay ahí. Un niño llega a su colegio, después de haberlo preparado todo con tanta ilusión. Qué gran posibilidad de tener amigos, con los que compartir no ya un rato como en el parque, sino casi todo el día. Sin embargo, los demás niños no son como él, y acumula rechazo tras rechazo. Primero desplantes, luego tortas, luego insultos. Pablo es un experto en recibir heridas, en ser excluido y despreciado. Es un extraño entre los niños. Cuando Pablo llegue a la pubertad, llegará además con una carencia de relación con su padre, con una falta de contacto con sus homólogos varones. Cuando pasen unos años y se convierta en un joven o un adulto, podría acabar sintiendo que él no ha sido masculino nunca, que esa orientación no-masculina ha sido "innata" en él. ¿Realmente lo fue, o es que fue excluido desde pequeñísimo del "club masculino", desde que recuerda? ¿Nació así o le hicimos así? ¿Nació no-masculino, o es que no encajó desde pequeño en un estereotipo varonil demasiado exagerado y excluyente?

Observo, por otra parte, que los niños "sensibles" no son tan pocos, y que a menudo son inteligentes, creativos y con dotes de liderazgo. Creo que para ayudar a estos niños a desarrollar su masculinidad, es necesario huir de los estereotipos y ser pacientes. El machismo ha llevado a que muchos padres y profesores violentaran a estos niños, echándoles bronca tras bronca, forzándoles a enfrentarse a situaciones difíciles y lamentándose de su incapacidad. Esto es todo lo contrario a lo que se debe hacer. En un testimonio de conversión, un antiguo travesti contaba cómo ese intento de su padre de "despabilarle" le llevó a desistir de una masculinidad en la que llegó a creer que no encajaba. Un gran error, porque la masculinidad comprende un amplio abanico de posibilidades, desde el modelo "John Wayne" hasta el "Wooy Alen" y todos son igualmente masculinos.

¿Qué se puede hacer? Creo que la relación con el padre es primordial. Es esencial que su padre sea cariñoso y comprensivo, y que juntos encuentren actividades que compartir. Quizá no le interese el fútbol pero sí salir al campo y conocer las plantas y animales... Hay muchas posibilidades para fortalecer ese sentimiento de camaradería masculina con su padre y de reconocer cómo es apreciado en su masculinidad y puede auto-identificarse bien en ella. Esto fue lo que se hizo en el caso de Pablo, y él pudo irse identificando como varón y desarrollarse como lo que es.

jueves, 21 de agosto de 2014

Algo nuevo sigue creciendo

La Iglesia es una extraña “empresa”. Está formada por personas con las mismas carencias que todos, pero no funciona sólo de forma jerárquica, es decir, de arriba a abajo, sino que el Espíritu Santo “sopla por donde quiere”, como dice San Juan en su Evangelio. Ante ese soplo tan poco ordenado, Jesús nombró pastores que tienen la misión de discernir, algo que supone una gran responsabilidad.

Esa responsabilidad le ha correspondido en Cádiz y Ceuta a nuestro obispo, Rafael Zornoza.  Desde el principio se ha mostrado como un pastor deseoso de escuchar y conocer, de interesarse por cada una de las personas y grupos que hemos acudido a él; es más, frecuentemente ha sido él quien ha acudido a nosotros de muchas maneras, ya sea con las visitas pastorales o compartiendo una comida.

Además de cercano, hemos visto que es un pastor dinámico, que alienta las iniciativas de evangelización y que confía en nosotros, los laicos. Con su impulso, se ha puesto en marcha una Escuela de Evangelizadores por la cual ha pasado lo mejorcito de la nueva evangelización en España y en nuestra propia Diócesis, desde los Cursos Alpha hasta la oración con niños, pasando por los grupos llamados “cenáculos” en las parroquias, algo que ya se había puesto en marcha con el Año de la Fe.

Con él estamos viendo la continuidad de la promesa que tanto proclamaba D. Antonio Ceballos, nuestro anterior obispo: “Algo nuevo está brotando, ¿no lo notáis?” –decía siempre, citando al profeta Isaías con su característica voz cascada. Sí, muchos lo notábamos con él, y ahora lo vemos crecer con el cuidado de D. Rafael. Lo vemos en la nueva evangelización, lo vemos en la pastoral de familia y vida, lo vemos en la necesaria renovación de la Iglesia para lanzarse a la misión, prefiriendo accidentarse a quedarse estancada, como nos dice el Papa Francisco. “Hagan lío”-nos dice Francisco. Pues nosotros, en Cádiz y Ceuta, tenemos la bendición de contar un pastor al que no le asusta ese “lío evangélico”, todo lo contrario.  

Esto no se diría normalmente, parecería peloteo barato y queda normalmente en las conversaciones privadas que tenemos entre laicos. Pero lo decimos ahora porque ha aparecido alguna protesta pública hacia él, y sencillamente queremos mostrar nuestra alegría por cómo está realizando esa difícil tarea a la que ha sido llamado en nuestra Diócesis. Por supuesto, aprovechamos para animar a todos a comprobarlo, a aproximarse y participar de este gran regalo, tan antiguo y tan nuevo, que es el anuncio del Evangelio. Aquí tenéis vuestra casa, hermanos.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Mis argumentos favoritos para defender la vida

1. Cada vida cuenta
   Tú, yo y cada ser humano que viene al mundo fue pensado por el amor de Dios.

   Los que ya reconocemos ese amor de Dios y experimentamos cada día su misericordia, somos especialmente sensibles a algo que, de todas formas, cualquier persona puede percibir en su conciencia: que toda vida humana es infinitamente valiosa, por pequeña, débil o enferma que parezca, y que debe ser acogida, respetada, protegida, cuidada… ¡amada!

   “…Que hasta el más vil gusano su destino ya tiene,
que tu aliento palpita en todo lo que viene…”
-Dulce María Loynaz, poetisa cubana

   Independientemente de nuestras creencias religiosas, las personas somos capaces de percibir algo sagrado en cada ser humano, especialmente en el más débil, enfermo o inocente. ¿Qué importa que aún sea muy pequeño, que no pueda sentir, pensar, expresarse o actuar como nosotros, para que sea ya inmensamente valioso, humanamente valioso?

2. No es una cuestión religiosa…
   No defendemos la vida por ser cristianos. Todos hemos sido embriones: creyentes o no creyentes; abortistas, provida o indiferentes. Todos podemos reconocer que nuestra existencia es valiosa, y que no estaríamos aquí si hubiéramos sido abortados.

   Pero es verdad que muchos de los que defendemos la vida somos cristianos. Hay dos razones: a) Hemos conocido el amor de Dios por cada uno, y b) Jesús nos da la fuerza para reconocer una verdad a veces incómoda y defender la vida, aunque sea a contracorriente.

3. Sólo la verdad nos hace libres
   Respetar la vida humana no es algo opcional, que se deje a la voluntad de cada cual, como reclaman algunos, invocando un extraño concepto de “libertad”.

   Años de abortismo han puesto de manifiesto que el aborto no libera, es un drama. Con el aborto no se rompen cadenas, con el aborto se ha echa sobre muchas mujeres y hombres una carga muy pesada.

   Ya nadie es capaz de negar que el aborto es un drama, hasta los abortistas lo reconocen. Pero entonces debemos preguntarnos… ¿por qué? 

   El aborto es un drama precisamente porque, por debajo de todas las justificaciones, cada mujer intuye que lo que hay en su vientre es su hijo. El padre y los que la inducen o presionan para abortar, también lo saben. Y por eso abortar es una vivencia traumática para la madre, el padre y su entorno.

4. El aborto daña a la mujer
  La experiencia de atención personal a parejas o mujeres abandonadas que están tentadas de abortar, así como la acogida a personas que han sufrido las consecuencias psicológicas del aborto provocado, nos está mostrando cada día más claramente el drama y el terrible daño que produce en la psicología de miles de mujeres y también hombres, muchos de ellos jóvenes.

   Las mujeres que abortan tienen un riesgo varias veces mayor de depresión y suicidio que las que dan a luz a sus hijos. Se ha estimado que decenas de mujeres se suicidan cada año en países como España como consecuencia de un aborto.

   El síndrome post-aborto afecta al 90% de las mujeres que se someten a un aborto. Sus manifestaciones son negación del hecho y su consecuencias, depresión, ansiedad, síndrome del aniversario (cuando se cumple la fecha del parto que no tuvo lugar o la del aborto), ruptura de la pareja, drogadicción, alcoholismo, problemas sexuales, conducta sexual autolesiva, pesadillas, insomnio, suicidio.

   Es fácil arrancar el hijo del vientre de su madre. Arrancarlo de su mente es otra cosa... El síndrome post-aborto se da incluso en mujeres que no manifestaron ninguna aversión moral al aborto. Al principio, muchas ni siquiera asocian sus síntomas al aborto.

   En el libro “Victims and Victors”, varias mujeres violadas denuncian que se las utilice para justificar el aborto sin preguntarles a ellas. El 70% de las que se quedaron embarazadas, no quisieron abortar. Y de las que abortaron, el 90% se arrepintió, lo vivió como una segunda agresión. La violación las agredió en su sexualidad, el aborto las agredió en su maternidad.

   Llamar “salud” reproductiva al aborto, además de cinismo, supone una doble contradicción. El aborto no sólo acaba con la vida del hijo, sino que daña la salud de la mujer.

   El aborto no es una verdadera solución, todo lo contrario, frente al enorme reto psicológico, personal y social que supone a veces un embarazo en condiciones difíciles. Necesitamos soluciones auténticamente solidarias con la maternidad, para que las parejas o mujeres solas sean realmente libres, se vean libres de coacciones de todo tipo y puedan tener a sus hijos.

5. La vida empieza en la concepción
   Un espermatozoide, en el entorno favorable de la vagina de la mujer, puede vivir hasta 5 días. Un óvulo, en el entorno favorable de la trompa de Falopio, puede sobrevivir durante 8-24 horas. Pero cuando el espermatozoide fecunda al óvulo, esa nueva célula que es el cigoto, es un ser con una esperanza de vida de 85 años. Si alguien lo elimina, elimina los 85 años de vida que habría tenido esa persona.

   La vida de cada uno es un proceso continuo que empezó en la concepción; si alguien lo corta en cualquier punto, no sólo le está arrebatando lo que ya es, sino también todo lo que podría haber sido, y el bien que podría haber hecho a otros.

   Entre la formación del cigoto y la muerte en la ancianidad, todo es un desarrollo gradual, sin solución de continuidad. No hay ya ningún momento de cambio esencial en el cual ese ser pueda pasar de no ser humano a ser humano. En cambio, en la concepción sí se da ese cambio esencial: dos células reproductoras, el óvulo y el espermatozoide, se fusionan y dan lugar a un nuevo ser que tiene la capacidad de desarrollarse como humano.

   El embrión tiene ya un código de ADN propio, que le identifica como ser humano, con todas sus potencialidades. Es un ser humano único, irrepetible. Incluso los gemelos, que comparten el mismo código genético, son cada uno de ellos únicos e irrepetibles.

   En el código genético y el mapa epigenético del embrión, existe ya un proyecto corporal con todas las características del nuevo ser humano: si será rubio, si tendrá los ojos marrones, si tendrá la nariz de su madre o la sonrisa de su padre…

   Un embrión de pocas semanas tiene ya un corazón que late. A las 8 semanas sería como una pequeña habichuela en la palma de la mano, pero tiene ya todos sus órganos y estructuras formados.

   “Es lo mismo acabar con una vida ya nacida o con una que está empezando a existir. Si alguien será humano, ya lo es” (Tertuliano, siglo III).

6. Todos tenemos derecho a la vida
   El derecho a la vida de todos los que viven es previo a las leyes, está por encima de ellas. Éstas no pueden hacer otra cosa, para ser justas, que reconocerlo: “Todos tienen derecho a la vida” –reconoce la Constitución Española, art. 15.

   Una mujer abortista llevaba una pancarta que decía: “yo aborto, tú respetas”. En realidad, significa: “yo mato, tú te callas y miras para otro lado”.

   “Nada de lo humano me es ajeno” –dice Terencio (s. II a.C.)-; por tanto, ¿quién nos puede pedir, honradamente, que miremos para otro lado mientras se acaba con la vida de aquellos que reconocemos como hermanos nuestros?

   Dijo la Madre Teresa: “Muchos se manifiestan preocupadísimos por los niños de la India o los de África, donde tantos mueren, sea por enfermedades, hambre o lo que fuera. Pero hay millones deliberadamente eliminados por el aborto. Por eso elevo mi voz en la India y en todas partes: hagamos que todo niño, nacido o no, sea un niño deseado. El aborto va en contra del mandamiento del amor”.

   “Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente” (Juan Pablo II)
  
7. Una cuestión de solidaridad
   Como afirma el Papa Francisco en “La Alegría del Evangelio”, “no es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana”.

   El aborto es la excusa perfecta para no tener que ayudar personal ni socialmente a las embarazadas. Se las culpa de su embarazo, se las abandona y se crea una estructura opresora que las conduce hacia el aborto. La carga de ese drama la llevará la mujer durante toda su vida. "El aborto es el arma más machista que hay" -dijo una mujer que había conocido muchos casos y ayudado a muchas mujeres.

   En palabras de Tabaré Vázquez, médico que fue presidente socialista de Uruguay y vetó una ley abortista, “el verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados; por eso se debe proteger más a los más débiles”.

   Esperamos que el Señor siga tocando el corazón de muchas personas, abriendo sus conciencias a esta sensibilidad, como sucede frente a otros ataques a la vida o la dignidad humana tales como el racismo, la guerra, la opresión económica, el clasismo, la pena de muerte, la violencia doméstica, el sexismo, la prostitución, el maltrato animal, la destrucción de la naturaleza…

8. Aquí no sobra nadie
   Los niños con síndrome de Down son discapacitados en alguna faceta. Pero son superdotados en amor, en alegría, en autosuperación, en solidaridad, en felicidad, en cariño, en hacernos mejores personas…  

   El Parlamento Europeo prohibió hace años el aborto por razón de sexo, por abrumadora mayoría. Todos entendieron que matar a una niña antes de nacer por el hecho de ser niña es una espantosa discriminación y había que prohibirla. Pero también es una discriminación matar a un discapacitado por ser discapacitado, y al hijo de una mujer que vive en la pobreza por ser pobre, y al que viene en mal momento por venir en mal momento...

   “Esto de vivir es un invento muy bueno de Dios” – frase de un niño con síndrome de Down, antes de una Eucaristía.

   Aquí no sobra nadie. Abortar es discriminar por razón de edad. Es discriminar a los demasiado pequeños. Es discriminar a los discapacitados, a los pobres, a los “inoportunos”… a los inocentes.

 9. Una amenaza interesada y global
   Algo no funciona en una sociedad que aborta a sus hijos en un oscuro y lucrativo negocio, que invierte presupuestos sanitarios en reproducción artificial, generando cientos de miles de embriones congelados, mientras muchas familias que no pueden tener hijos sufren enormes dificultades para adoptar.

   El abortismo es un negocio, que se alimenta del pago por las “intervenciones” y de subvenciones estatales. "Planned Parenthood" (paternidad planificada) es una de las ONGs que mueve más recursos del mundo. Se dedica a extensión del abortismo, desde la política a la práctica de abortos. Es multinacional, siembra centros por todo el globo. Se nutre de importantes subvenciones de diversos estados y donaciones de grandes fortunas.

   La “estrategia de salud reproductiva” es un instrumento planificado para disminuir las poblaciones de países subdesarrollados. Su objetivo es evitar rebeliones que amenacen la explotación barata de materias primas necesarias para las grandes industrias, según el Memorandum 200 de Seguridad Nacional de los EEUU, el cual refiere: “ningún país ha conseguido controlar su población sin recurrir al aborto”.

   Políticas abortistas son impuestas por la ONU y financiadas por Fundaciones como la Gates, la Rockefeller, la Ford y la ONG “Planned Parenthood”. Para evitar la acusación de imperialismo demográfico, fueron disfrazadas de preocupación por la autonomía reproductiva de la mujer,

   En el control de las poblaciones se ha llegado a la esterilización de mujeres indígenas en Perú e India a cambio de ayuda, la represión policial y aborto obligatorio de mujeres embarazadas de su segundo hijo en China, o la eliminación de ayudas a países pobres que no aprueban el aborto. Estas prácticas han sido denunciadas por representantes de diverso signo político, como Mercedes Arzú o Daniel Ortega.

   La Iglesia Católica fue señalada como el enemigo que hay que desprestigiar, por oponerse a esas políticas. Ocurre desde que Pablo VI propuso, en una conferencia internacional sobre población, permitir y promover el desarrollo de los países pobres, en lugar de limitar deliberadamente sus poblaciones como medio para evitar la conflictividad. Esa vía fue rechazada.

   Todos los pueblos han convivido con costumbres inhumanas sin apenas darse cuenta, el nuestro no está libre de eso. El abortismo será un día abolido como lo fue la esclavitud, el racismo, como va desapareciendo la explotación infantil, aún presente en países pobres. Entonces las personas de buena voluntad se extrañarán de cómo pudimos convivir tranquilamente con este horror. Algún día se nos preguntará qué hicimos nosotros para evitarlo.

   La Madre Teresa afirmó: “La mayor amenaza para la paz es el aborto”. Ella entendía muy profundamente lo inútil de intentar construir una convivencia justa y en paz sobre la eliminación oculta de millones de seres humanos.

10. Aborto y anticoncepción: dos caras, una moneda
   Los programas de supuesta “educación” sexual que se centran en el uso de anticonceptivos, fracasan uno tras otro y no producen más que una frustración de los jóvenes ante relaciones humanas insatisfactorias.

   La solución al aborto no pasa, como siguen pensando algunos, por propagar más la anticoncepción; los problemas humanos no se solucionan con pastillas o productos químicos. Cada persona es una realidad mucho más profunda y compleja que un mero organismo biológico, y debe ser considerada en su integridad y en su vocación al amor.

   Vemos también lo que ha ocurrido con la difusión de la píldora del día siguiente: no ha disminuido los embarazos “no deseados”. Además, su acción es a veces abortiva, haciendo que el embrión no llegue a implantarse en el útero.

   Los hechos prueban que el aborto provocado es precisamente la cloaca de la mentalidad anticonceptiva: anticoncepción y aborto son, en realidad, dos caras de la misma moneda.

Conclusión: EL CAMINO DEL AMOR
   Un embarazo no deseado puede convertirse en un embarazo aceptado, abriendo un camino verdadero frente al drama y la oscuridad del aborto.

   Por contra, el aborto no es el camino del amor, no es el camino que Dios nos ofrece a cada uno. El aborto nos hace daño y nos aparta de la felicidad que Él quiere para nosotros.

   En algún caso excepcionalmente difícil, entregar al hijo o hija en acogida o adopción es también una acción heroica, que salva la vida del hijo y entrega ese regalo de Dios a otra familia que lo puede acoger.

   Problemas humanos requieren soluciones humanas. El drama personal, familiar y social del aborto necesita la conversión de los corazones a la verdad y al amor, huyendo de toda ideología simplista. Es bueno poner verdaderamente nuestra conciencia en contacto con la realidad de este problema y de sus consecuencias para las personas, a menudo muy ocultas y silenciadas.

   La verdadera solución al aborto empieza por una vivencia auténticamente humana, libre y responsable del amor y la sexualidad, que es la que nos hace realmente más felices.

lunes, 10 de febrero de 2014

Sobre el sufrimiento: Job y Elihú

Job es un hombre piadoso, y se siente bendecido con familia, salud y riqueza. Pero el demonio pide a Dios poder ponerle a prueba, en la seguridad de que acabará maldiciéndole. Dios no quiere ningún mal para Job, pero permite que el demonio se lo cause, permite la prueba. Tras la desolación de ver muerta a su familia, perdida su riqueza, y lleno de enfermedades, Job maldice el día en que Dios le hizo nacer.

Ahí está el hombre que sufre la injusticia del mundo, el dolor de la vida. ¿Cómo puede Dios permitir todo esto?

Tres amigos intentan calmar a Job: Elifaz, Bildad y Sofar. Básicamente, le reprenden un poco por maldecir su vida, y suponen que algo habrá hecho para merecer todo eso. Pero Job les replica brillantemente, defendiendo su inocencia. Ante esto, ellos finalmente callan, no saben qué responder.

Entonces, Elihú, un joven que no había hablado por dejar a los mayores hacerlo, no se resigna a que Dios acabe enjuiciado y es el único que sigue respondiendo a Job. Aparte de mostrar la grandeza de Dios, lo lejos que estamos de llegar a su poder y sabiduría, y la esperanza de que Dios ayudará al que sufre, dice lo siguiente:

Dios "salva al afligido con la aflicción. Le instruye mediante el sufrimiento" (Job 36,15).

Tras esto, aparece en escena Dios mismo. Reprende a Job por enjuiciarle y le reta a darle lecciones y a mostrarle su poder. Job se arrepiente y se excusa: "Hablé de cosas que ignoraba, de maravillas que superan mi comprensión [...] te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos" (Job 42, 3-5). Dios enseguida le acoge con amor y le pone de ejemplo ante sus amigos. Pero a los tres amigos, Elifaz, Sofar y Bildad, Dios les echa en cara no haber sido capaces de hablar bien de Él a Job, haberse quedado callados. Ellos, que no sufrían el dolor, no acertaron a mantener en la esperanza de Dios al que sufría. Por la súplica y la amistad de Job, Dios les perdonará, y a Job le llenará de nuevo la vida con familia, salud, riqueza y alegría.

En interesante que Dios no reprenda a Elihú, el joven. Este era el único que había insistido en defender a Dios hasta el final. Elihú había acertado al insistir en que no conocemos suficientemente a Dios, en que ni podemos ni somos quienes para juzgarle, en que el verdaderamente sabio es Él, en que podemos observar su magnificencia y poder en las obras de la creación. Da un paso más en la comprensión de la cuestión del sufrimiento, como hemos visto: Dios instruye y salva al afligido, al que sufre, al que tiene dolor, a través de la aflicción, del sufrimiento, del dolor. El discurso de Dios nos revela que bajo la injusticia del mundo, la sabiduría divina lo conduce, una sabiduría que el hombre no es capaz de percibir.

El sufrimiento del hombre está unido al misterio liberador de la cruz de Cristo. De Jesús, dice la profecía de Isaías: "Fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron" (Isaías 53,5). Escribe San Pablo a los Corintios que él no llegó allí a predicarles con elocuencia ni sabiduría, sino temblando de miedo, de forma que los frutos de su predicación fueron por la fuerza del Espíritu Santo. Afirma: "nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y a éste crucificado" (1 Cor 2,5). Pablo habla muchas veces de gloriarse en sus padecimientos, en su debilidad. Habla de la cruz como un sufrimiento fecundo, soportado también en favor de otros, de la Iglesia. Más adelante, en esa misma carta, dice, en la misma línea de los argumentos del libro de Job: "¿Quién ha conocido la mente de Dios, para poder instruirlo?", y aclara: "Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo" (1 Cor 2,16). Acudamos, entonces, a las palabras de Cristo en medio del sufrimiento:

- "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mc 15,34). Cristo sufre el sentimiento de soledad y abandono extremo, pero aún se dirige con esa queja al Padre, en cuya sabiduría está la explicación. Este lamento, esta llamada dolorida dirigida a Dios es verdadera oración. Dijo Benedicto XVI sobre esa frase, que "es una llamada a un Dios que parece lejano, que no responde [...] Sin embargo, el orante “llama al Señor ‘Dios mío’, en un acto extremo de confianza y de fe". Y este mismo Papa, en su visita a Auschwitz, comentó que esa exclamación de Cristo nos da a nosotros también el derecho a decirle lo mismo a Dios. No comprendemos el sufrimiento, pero sabemos que hay un sentido, que nuestro Dios tiene respuesta. Tras esa frase, Cristo grita con fuerza sus últimas palabras, que son de entrega y confianza absoluta en el amor de su Padre, de nuestro Padre:

 - "¡PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU!" (Lc 23,46)

Aunque nos sintamos abandonados, aunque para nosotros es un misterio el silencio de Dios, nuestro Padre no permitirá que el mal nos destruya, que venza sobre nosotros, si clamamos a Él, unidos al grito de Cristo crucificado. Todo lo contrario, lo convertirá en nuestra victoria sobre el mal; de forma que por las heridas de Cristo seamos curados.  Los designios de la sabiduría y el amor de Dios para nuestra salvación se realizan a través de la cruz, de nuestra cruz unida a la cruz de Cristo.

Esto sucede también en la historia. Juan Pablo II, que había contemplado el sufrimiento de su pueblo por la dominación nazi y comunista, veía los signos del reinado histórico de Cristo a través de ese sufrimiento. Ese es el corazón de las bienaventuranzas:

"Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados" (Mateo 5,5).

Elihú, en el capítulo 36 del libro, le muestra a Job dos caminos posibles en medio del sufrimiento: juzgar a Dios, rechazándole, o clamar a Él, como hizo Cristo. El que confía en Dios a pesar de todo, será liberado. En cambio "si tu medida está colmada para el juicio condenatorio, el juicio y la sentencia te arrastrarán" (Job 36,17). Job mismo cae en ese error, pero es liberado de él por la propia presencia y palabra de Dios, que acude en su ayuda. Sólo la gracia, la acción de Dios en nuestra alma, nos capacita para amar a Dios aun en medio de la prueba. Dios ama primero, y ama gratis, sin tener en cuenta nuestros pecados, nuestro rechazo hacia Él. 

Quizá sólo se atreva a hablar de esto un joven que aún está casi exento del sufrimiento, como aquel Elihú del libro de Job. Una cosa es sufrir, cuando ya no es posible articular más palabra que el lamento o la rebelión, y otra muy distinta hablar del sufrimiento desde fuera. Pero Elihú nos da ejemplo de que es bueno hablar de ello, y parece que es mucho mejor que el silencio, reprobado por Dios en los tres amigos. El sufrimiento no es un vacío sin sentido, es la cruz liberadora de Cristo, donde se manifiesta el poder y la sabiduría de Dios en nuestra vida y en medio del mundo.

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