domingo, 10 de mayo de 2015

¿Los animales resucitarán?

Porque también la creación será liberada
Rm 8,21
 "También la creación será liberada" (Rm 8,21)

 Hace poco, un evangelizador católico de Facebook escribía que los animales no resucitan, según la doctrina cristiana. Le comenté que esa sería su interpretación de la Escritura, pero no es doctrina católica. De hecho, la Iglesia no tiene doctrina firme sobre eso. Y yo creo que esa interpretación es errónea, aunque no digo que la mía sea correcta, porque yo no soy la Iglesia, soy sólo un cristiano que interpreta lo mejor que cree la Revelación y puedo estar equivocado.



 Los animales, en su dolor y su muerte, están sufriendo las consecuencias del pecado del hombre, sin haberlo cometido ellos. El pecado que nos muestra el Génesis no sólo afectó al hombre, sino que desordenó toda la Creación, de forma que entró en ella el sufrimiento, el dolor y la muerte, por culpa del hombre, para quien Dios hizo el cosmos y toda la naturaleza. Creo que esto no es opinión, es realidad revelada.

 San Pablo dice eso y añade algo más (Rm 8,19-22):


 "En efecto, toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios.


 Ella quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la sometió, pero conservando una esperanza.


 Porque también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios.


 Sabemos que la Creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto".


 Es decir, cuando el hombre sea restaurado en Cristo, la Creación será restaurada con él. Tras esos dolores de parto, la vieja creación alumbrará "unos cielos nuevos y una tierra nueva" (Ap 21,2). Esa imagen cinematográfica del cielo como algo etéreo en el que almas aladas tocan la lira, parece más gnóstica que auténticamente católica. Los cristianos fieles sabemos que el ser humano es "corpore et anima unus" (la unidad de cuerpo y alma), que la resurrección plena será en la carne, con nuestro cuerpo, "el mismo que tenemos ahora", como dice el Credo del Pueblo de Dios, de Pablo VI, y que no viviremos volando con alitas en un Cielo espiritual, sino como personas humanas con cuerpo glorioso y alma, en los cielos nuevos y la tierra nueva.


 Por eso, pienso que la metáfora con la que se ilustra la restauración es más que una metáfora, cuando el Espíritu Santo nos dice (Isaías 65,25):


 "El lobo y el cordero pacerán juntos, el león comerá paja como el buey y la serpiente se alimentará de polvo: No se hará daño ni estragos en toda mi Montaña santa, dice el Señor".


 Con esto se restaura la Creación, recuperando la armonía original del Paraíso, como nos dice Génesis 1, 29-30:


 "Y continuó diciendo: «Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento.


 Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde». Y así sucedió".


 Es decir, en el Paraíso se daba esa armonía, reflejada en la ausencia de depredación, la cual se rompería como consecuencia del pecado del hombre. Al final, todo esto será dominado por el hombre restaurado en Cristo, como nos dice también Isaías 11, 6-9:

"El león pacerá con el becerro, y un niñito los guiará"
Isaías 11,6
 "El lobo habitará con el cordero y el leopardo se recostará junto al cabrito; el ternero y el cachorro de león pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá, la vaca y la osa vivirán en compañía, sus crías se recostarán juntas, y el león comerá paja lo mismo que el buey.

 El niño de pecho jugará sobre el agujero de la cobra, y en la cueva de la víbora, meterá la mano el niño apenas destetado.


 No se hará daño ni estragos en toda mi Montaña santa, porque el conocimiento del Señor llenará la tierra como las aguas cubren el mar".


 Explicaba este evangelizador que los animales no resucitan porque no tienen alma, porque Dios no sopló sobre su nariz en el Génesis, interpretación personal suya que me parece equivocada. Le respondí que la existencia del alma humana y del alma de los animales no es cuestión que haga falta la Revelación para conocerla, es un hecho que el hombre puede conocer con la luz de la razón natural. Un animal es un organismo biológico, y como tal, sus sensaciones no son más que impulsos eléctricos conducidos por un sistema nervioso, pero tienen la particularidad de que, dentro de ellos, a diferencia de los ordenadores, hay un ser que siente. Eso es lo que llamamos alma, que en el animal es distinta de la humana, porque la del hombre es espiritual. Ese alma no nace de la pura materia, porque la materia inanimada no puede producir un ser, un ser que siente, que recibe esos estímulos y le afectan. Por eso, con razón sentimos pena de los animales y nos apiadamos de ellos, mientras que no tenemos inconveniente en tirar un ordenador que ya no funciona bien. La Iglesia recuerda lo que todo hombre sabe, es decir, que los animales también sufren, y nos manda respetarlos como seres creados y animados que son. Dice el Catecismo en el nº 2418:



 "Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas".

 Si no tuvieran alma, si en ellos no existiera, más allá de la pura materia, un ser que vive y sufre, serían tan dignos de lástima como las piedras, que también son creadas, o como los ordenadores, que hemos fabricado nosotros.

 Y en 2415 usa el Catecismo esta expresión: "El dominio concedido por el Creador al hombre sobre los seres inanimados y los seres vivos...." Es decir, los seres vivos no están inanimados, sino animados.

 Además, que el hombre resucite no es un hecho natural derivado de que el alma sea inmortal -como creen algunos-, sino un bien que nos viene por la Resurrección de Cristo. Por la gracia merecida por Cristo para nosotros, y no por naturaleza, se realiza el prodigio sobrenatural de la Resurrección, en la que el alma y cuerpo se reúnen tras haberse separado en la muerte.

 Y ¿cómo es posible -cabe pensar- que el desorden en la naturaleza, la muerte y el sufrimiento, sean consecuencia del pecado del hombre, si sabemos que todo eso existía antes de que el hombre apareciese? Es verdad, antes de que el hombre apareciese sobre la tierra, pudo darse ese proceso evolutivo que el Catecismo nos muestra como posible, ya que "la Creación no salió totalmente acabada de manos del Creador", sino que Él pudo crearlo todo en ese cuerpo que estalló en el "Big Bang" y someterlo a las leyes que rigen su devenir y desarrollo, incluso dirigirlo con su Providencia.


 "La creación tiene su bondad y su perfección propias, pero no salió plenamente acabada de las manos del Creador. Fue creada "en estado de vía" (in statu viae) hacia una perfección última todavía por alcanzar, a la que Dios la destinó. Llamamos divina providencia a las disposiciones por las que Dios conduce la obra de su creación hacia esta perfección". (Catecismo, 302)

"La Creación entera gime con dolores de parto" Rm 8,22
 Por tanto, sabemos que hubo depredación, sufrimiento, enfermedad, cataclismos  y muerte antes de que apareciese el hombre. Pero es que el pecado del hombre produjo un verdadero "cataclismo cósmico" -en palabras de un monje oriental-. Ese cataclismo pudo afectar a todo lo que había sido creado por Dios bajo el dominjo del hombre, que es la Creación entera, desde su inicio. No es la primera vez que un acontecimiento esencial es causa de algo que sucede en el tiempo ante que éste. Por ejemplo, el dogma de la Inmaculada Concepción enseña que ella fue preservada del pecado original por una gracia en atención a los méritos de Jesucristo, que aún no se habían producido en el tiempo. Y los antiguos patriarcas y profetas, ¿cómo obedecieron a Dios?, ¿acaso fue por sus propias fuerzas, en su estado de naturaleza caída, sin la gracia? Es claro que no. ¿Y cómo obtuvieron esa gracia de ser obedientes, si no es en atención a los méritos de Jesucristo? Así fue, y esa es doctrina católica. Aunque imperfectamente, ellos recibieron anticipos de unos méritos que fueron ganados por Cristo mucho después. Pues por lo mismo, la gracia de Cristo mantuvo la esperanza, la anticipó desde el principio a toda la Creación, porque toda, desde el principio, había sido desordenada por el pecado de Adán. Y si no cayó completamente en la muerte, si "cayó en la vanidad... pero conservando una esperanza" -que nos dice Pablo en Rm 8,21-, fue precisamente porque fue sostenida para el hombre y éste en atención a Cristo. Gime la Creación entera con dolores de parto -¿no se ve en eso también la evolución que conocemos por la ciencia?-, pero dando a luz el plan de Dios en medio de ese sufrimiento, como un reflejo de la cruz de Cristo.

 Por eso, el Papa Francisco, cuando encontró en Roma a un niño cuyo perro había muerto, y le consoló hablándole de que lo vería en el Cielo, ni estaba diciendo ninguna herejía, ni quizá estaba soltándole una mentirijilla piadosa. No habría ningún inconveniente en la doctrina de la Iglesia para que él, como otros cristianos -incluido el que escribe-, crea que es muy probable eso que le dijo.



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Con gratitud a Alonso Gracián, con el que tantas veces he conversado sobre estas cosas.

viernes, 8 de mayo de 2015

Pastoral pelagiana, ¿hasta cuándo?

No podemos salir del hoyo por nuestras propias fuerzas.
Ni siquiera con ayuda de otros.
 A partir de los 60-70 del siglo pasado ha proliferado una pastoral pelagiana: tratamos de salvar al hombre sin Dios. A los que acuden con un matrimonio en crisis, les damos una consulta profesional. A los que ya se han separado, les ayudamos a que su divorcio sea menos traumático para todos. A los homosexuales que sufren, les damos ayuda psicológica. A las personas que se plantean el aborto, les damos lo que necesiten. Todo con una aproximación profesional, pero sin Dios, sin la gracia, sin intercesión, sin anuncio... Todo bajo un axioma falso: primero todas las facetas de la persona, lo último -es decir, nunca- la relación con Dios. Y un segundo: que para respetar a las personas no se les puede hablar de Cristo.

 Pero el Espíritu Santo inspira no consultas profesionales, sino comunidades sanadoras, donde a los que acuden con un matrimonio en crisis, se les evangeliza partiendo de su crisis, a los que ya se han separado, se les evangeliza partiendo de su dolor; a los homosexuales que sufren, se les evangeliza partiendo de sus inquietudes; a las personas con embarazo imprevisto, se las evangeliza partiendo de ese reto en sus vidas, y a las que han abortado se les evangeliza desde su ruptura interior, llevándoles la misericordia de Dios.

 Sin embargo, esa costra de pelagianismo pastoral, de mundanidad espiritual, se aferra a nuestra Iglesia, amenazando con la falsa dicotomía de que hay que elegir entre una supuesta sanación simplemente humana -mundana- o una falsa evangelización espiritualista. La respuesta es la gracia: anunciar la verdad de Cristo a esa humanidad caída, para que se convierta y se sane integralmente. Porque sólo Cristo sana y salva. Esto es patente ya en muchas comunidades sanadoras que el Espíritu Santo está suscitando, que actúan con el poder de Cristo, como Betania para mujeres separadas, Proyecto Raquel para personas que han abortado, Courage para homosexuales, Retrouvaille para matrimoniuos en crisis, Proyecto Gabriel en EEUU y Ángel en España para personas que se plantean el aborto, etc.

domingo, 19 de abril de 2015

Let it be (II)

Esto es lo que interpreto en esta canción (ver abajo)


When I find myself in times of trouble
Mother Mary comes to me
Speaking words of wisdom, let it be.
And in my hour of darkness
She is standing right in front of me
Speaking words of wisdom, let it be.
Let it be, let it be.
Whisper words of wisdom, let it be.

And when the broken hearted people
Living in the world agree,
There will be an answer, let it be.
For though they may be parted there is
Still a chance that they will see
There will be an answer, let it be.
Let it be, let it be. Yeah
There will be an answer, let it be.

And when the night is cloudy,
There is still a light that shines on me,
Shine on until tomorrow, let it be.
I wake up to the sound of music
Mother Mary comes to me
Speaking words of wisdom, let it be.
Let it be, let it be.
There will be an answer, let it be.
Let it be, let it be,
Whisper words of wisdom, let it be.

Cuando estoy hundido, aprendo de la Virgen María, mi Madre, la sabiduría; ella viene y me dice: acepta este sufrimiento. Recuerdo lo que pasó en la Pasión de Cristo: Jesús sufrió todo eso y su Madre, a su lado, aceptaba y le acompañaba a aceptar ese dolor.

En mi hora de angustia y negrura, como cuando Jesús se sintió incluso abandonado del Padre, ella está ahí diciéndome: acepta, di "Amén" a la voluntad de Dios.

Ante la multitud de personas heridas en este mundo, con el corazón partido, hay una respuesta: aceptar. Aunque se encuentren perdidos, habrá siempre una salida que podrán ver: aceptar, decir Amén.

Y cuando los nubarrones lo cubren todo, como cuando, en la hora de la muerte de Jesús, las tinieblas cubrieron la tierra, cuando parece que todo está perdido, todavía hay una luz que brilla en mi corazón, como en el corazón de Jesús en esa hora. Me despierta un canto de sabiduría que me dice: acéptalo, di Amén a la voluntad de Dios, acéptalo.

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Eso es lo que hizo Jesucristo, uno de cuyos nombres es "el Amén". Él aceptó beber el cáliz que le dio su Padre, para redimirnos del pecado. La desobediendia de Adán y de toda la humanidad caída, Él la reparó con su obediencia hasta la muerte. Como si fuera el culpable de todos los pecados del mundo, experimentó, como nosotros, incluso la separación de Dios. Y allí, estaba María, su Madre, como está con nosotros, diciéndonos: "acéptalo", "acepta la voluntad de Dios". Di: "Amén".








domingo, 29 de marzo de 2015

Hipótesis sobre la Semana Santa

No queremos perdernos el Acontecimiento esencial de la Humanidad


  Muchos no son siquiera creyentes, pero no se pierden las procesiones de Semana Santa. Hay quien dice que ya es algo sólo cultural, pero me parece que hay algo más que una reunión social o un disfrute estético, mucho más.

 Creo que todos tenemos el deseo interno de vivir este Hecho fundamental de toda la historia de la humanidad: la Pasión de Jesucristo. No nos conformamos con habérnoslo perdido a causa de haber nacido en otro lugar y en otro tiempo. Es como si uno se pierde la final del mundial donde gana su país, pero esto es mucho más importante; es esencial.

 La Pasión de Cristo es un acontecimiento terrible, pero es a la vez maravilloso: Dios se hace Hombre y muere por cargar sobre Sí mismo nuestros pecados. La Semana Santa nos está diciendo al corazón: Dios te ama. No lo dice con palabras, sino con un Hecho concreto, que sucedió hace casi dos mil años: ¡nadie quiere perdérselo! En el fondo, cada persona desea interiormente recibir la noticia de que es amada por Dios. Aunque el Amor mostrado en la Cruz puede ser más o menos inconsciente para algunos, creo que todos, en el fondo, reconocen que la Pasión es el Hecho central de la humanidad. Para la Resurrección ya hace falta más fe... y por eso su celebración es mucho más débil.

 Los creyentes vivimos realmente la Pasión y Resurrección en cada Misa. En cada Eucaristía, se abre una ventana en el espacio-tiempo que nos hace verdaderos partícipes en la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Todos nos unimos en torno a este Misterio, como dijo Nuestro Señor Jesucristo: "cuando Yo sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia Mí" (Juan 12,32). Todos nos vemos en el Altar, cuando el sacerdote eleva el Cuerpo y Sangre de Cristo al Padre, en su sacrificio de Amor, y decimos nuestro "¡Amén!"

 Pero muchas personas no creyentes, o que no viven la Eucaristía, no tienen eso, y de alguna forma las procesiones les hacen sentirse como si fueran partícipes de la Pasión de Cristo, meterse en ella, vivirla. Por eso, creo yo, tanta devoción, que es más que una experiencia cultural, estética o social, aunque tiene algo también de todo eso.

Papa Francisco, Evangelii Gaudium: "125. Para entender esta realidad [la piedad popular] hace falta acercarse a ella con la mirada del Buen Pastor, que no busca juzgar sino amar. Sólo desde la connaturalidad afectiva que da el amor podemos apreciar la vida teologal presente en la piedad de los pueblos cristianos, especialmente en sus pobres. Pienso en la fe firme de esas madres al pie del lecho del hijo enfermo que se aferran a un rosario aunque no sepan hilvanar las proposiciones del Credo, o en tanta carga de esperanza derramada en una vela que se enciende en un humilde hogar para pedir ayuda a María, o en esas miradas de amor entrañable al Cristo crucificado. Quien ama al santo Pueblo fiel de Dios no puede ver estas acciones sólo como una búsqueda natural de la divinidad. Son la manifestación de una vida teologal animada por la acción del Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones (cf. Rm 5,5).
 
126. En la piedad popular, por ser fruto del Evangelio inculturado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo. Más bien estamos llamados a alentarla y fortalecerla para profundizar el proceso de inculturación que es una realidad nunca acabada. Las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangelización".



jueves, 26 de febrero de 2015

Soportar el sufrimiento


 Algunas personas ven a cristianos que padecen sufrimientos sin hundirse, y piensan que los toleran mejor a causa de su fe en una vida feliz después de la muerte, porque esa esperanza les consuela de pasar calamidades aquí. Es bastante lógico pensar así, pero...

Algunas personas ven a cristianos que padecen sufrimientos sin hundirse y piensan que los toleran mejor a causa de su fe en una vida después de la muerte...

 Pero la verdadera razón es la gracia. Es la fuerza de Dios que está viva en ellos.

 Por eso, hay también personas que creen en Dios, pero en la dificultad se hunden, porque no viven en su gracia, y la mera creencia en Dios y en el Cielo se queda muy corta para sostenerles.

 No es solamente una idea consoladora la que sostiene a los cristianos en la persecución, la enfermedad o la agonía, ni la que les ayuda a cambiar de vida, sino Dios mismo, que vive en ellos.

martes, 2 de diciembre de 2014

Sobre la homosexualidad masculina

Creo que últimamente he aprendido un poco más sobre este problema tan complejo y tan tremendo que nos plantea la homosexualidad. Este texto que empiezo ahora no es más que un bosquejo o memoria de lo que he ido aprendiendo hasta ahora, aunque sé que es muy pobre.

Es muy difícil dar una respuesta a qué es la homosexualidad sin conocer cómo se genera. Sin embargo, el Catecismo de la Iglesia Católica reconoce que su origen permanece aún en gran medida inexplicado. Es verdad, y es lógico que un compendio doctrinal no se atreva a decir más. Pero nosotros, los cristianos que queremos comprender qué es la homosexualidad, debemos intentar ir más allá, debemos intentar conocer al menos esa pequeña medida en la que la homosexualidad sí se halla explicada. No soy un estudioso del tema ni un especialista, pero por lo que conozco, me voy formando una idea, y veo que quizá les pueda valer a otros, porque contemplo muchas posiciones que me parecen un poco simplificadoras, banalizadas o extremas, tanto por parte de los que defienden la moralidad de las relaciones homosexuales, como por los que la negamos.

 Una historia verídica ha hecho dar un salto cualitativo a mi comprensión de la homosexualidad. Cambiaré un poco los detalles, para mantener la intimidad. Se trata de Pablo, un niño de tan solo ocho años, inteligente y especialmente sensible. En su colegio, no juega con los niños, sino que comparte totalmente los juegos de las niñas. Sus padres se quieren y aman a sus hijos. Observan con preocupación que a Pablito le gusta jugar en casa a ser Cenicienta, a vivir su historia, el famoso cuento.

El padre es un aficionado a la práctica del balonmano, y pretendía jugar con sus hijos, a los que quiere iniciar en ese deporte, que a él le hizo tanto bien. El mayor va siempre con él, pero Pablito dejó de ir enseguida: no mostraba interés, y para él era un sufrimiento, así que se queda en casa con su mamá. Se lleva mucho mejor con ella. El padre ha intentado jugar con él de otras formas, en la forma en que lo suele hacer un padre con sus hijos varones, con luchas, etc., pero el niño no responde. Cada mutua decepción, muy a pesar de ambos, ha ido aumentando la distancia entre ellos.

Ni que decir tiene que la crueldad de los niños del colegio se ha cebado con él. Le han rechazado cada vez que ha tenido ocasión de unirse a ellos; ahora le llaman "nena" y cosas por el estilo. Su propio hermano carga sobre él en cuanto se presenta ocasión y le dice que es una niña. Parece que él ha empezado a pensar que, en realidad, se siente mucho mejor siendo niña. Lo raro sería lo contrario: los niños le escupen, le rechazan, le dicen que es una niña. Las niñas, en cambio, le acogen, le respetan y juegan con él.

Se ve cómo el grupo de los niños es algo así como un "club de élite", al que sólo se permite pasar a los que muestran rasgos competitivos, como por ejemplo en el competitivo juego del fútbol. En cambio, el grupo de las niñas es más abierto. No es que todos los niños sensibles vayan a desarrollar una tendencia así -nos enseñaba Begoña Ruiz Pereda en el curso "Aprendamos a Amar"-, pero sí que es cierto que aquellos que desarrollan esa tendencia son niños especialmente sensibles y poco competitivos. Y no es que todas las niñas competitivas vayan a desarrollar la tendencia hacia una identificación masculina, pero sí que es verdad que las que la desarrollan, tienen ese rasgo de la competitividad.

Un día, Pablo le cuenta a su madre: "Mamá, ¿sabes cómo bajan la escaleras las niñas?" Entonces se pone a bajar las escaleras cuidadosamente, escalón a escalón. "Y  -dice luego- ¿sabes cómo las bajan los niños?" A continuación las baja a trompicones, de dos en dos o de tres en tres escalones, dando un salto final. A la madre sólo se le ocurre preguntarle: "Y tú, ¿cómo las bajas, como los niños o como las niñas?" La respuesta es clara: "¡Mamá, como las niñas!" Y repite la forma en que él identifica que lo hacen ellas.

Pero la madre no se queda satisfecha con su propia actitud ante esta confidencia de Pablo. Siente que no ha reaccionado bien, y lo comenta con una amiga con experiencia pedagógica y conocimientos de sexología. Llegan a la conclusión de que la idea de Pablo sobre que las niñas bajan todas de una forma y los niños de otra, es demasiado estereotipada. Puede haber niños que bajen de uno en uno los escalones, sin ser por eso menos "niños". Su madre piensa que le debería haber dicho: "No, Pablo, no todos los niños tienen que bajar así. Puede haber niños que lo hagan escalón por escalón. Tú mismo, eres un niño estupendo y precioso, y sin embargo bajas uno por uno. Uno no se convierte en niña por bajar los escalones de uno en uno".

 Hasta aquí la primera parte de la historia, que retomaré más adelante. He oído antes historias sobre homosexuales que habían crecido en familias disfuncionales; por supuesto que los hay. No quiero decir que no sean valiosos esos testimonios; me parecen cualitativa y cuantitativamente muy valiosos, porque desgraciadamente hay muchos hogares donde se dan maltratos y abusos. Una de ellas cuenta su historia, la de una adolescente que vive en una casa con un padre que maltrata a su mujer, y con una madre que se siente incapaz de reaccionar y de proteger a sus hijas. Ve a su madre maltratada y acongojada, y no puede identificarse con ella. De alguna forma intenta hacerse fuerte, ser como un hombre, para que no le pase como a su madre. Cuenta todo esto después de haber vivido como lesbiana muchos años y haber dejado finalmente la homosexualidad activa.

Pero a Pablo no le pasa nada de eso, al contrario. Sus padres se aman y le aman, muchísimo y bien. Sin embargo, el suyo es un caso muy evidente desde la infancia. Pablo es víctima del implacable club de élite de los niños, de su hermano, de los estereotipos exagerados, incluso favorecidos en algunos colegios educativamente desorientados. Ha sufrido mucho por ser un niño sensible y no competitivo. Quizá no nos damos cuenta de todo el sufrimiento que hay ahí. Un niño llega a su colegio, después de haberlo preparado todo con tanta ilusión. Qué gran posibilidad de tener amigos, con los que compartir no ya un rato como en el parque, sino casi todo el día. Sin embargo, los demás niños no son como él, y acumula rechazo tras rechazo. Primero desplantes, luego tortas, luego insultos. Pablo es un experto en recibir heridas, en ser excluido y despreciado. Es un extraño entre los niños. Cuando Pablo llegue a la pubertad, llegará además con una carencia de relación con su padre, con una falta de contacto con sus homólogos varones. Cuando pasen unos años y se convierta en un joven o un adulto, podría acabar sintiendo que él no ha sido masculino nunca, que esa orientación no-masculina ha sido "innata" en él. ¿Realmente lo fue, o es que fue excluido desde pequeñísimo del "club masculino", desde que recuerda? ¿Nació así o le hicimos así? ¿Nació no-masculino, o es que no encajó desde pequeño en un estereotipo varonil demasiado exagerado y excluyente?

Observo, por otra parte, que los niños "sensibles" no son tan pocos, y que a menudo son inteligentes, creativos y con dotes de liderazgo. Creo que para ayudar a estos niños a desarrollar su masculinidad, es necesario huir de los estereotipos y ser pacientes. El machismo ha llevado a que muchos padres y profesores violentaran a estos niños, echándoles bronca tras bronca, forzándoles a enfrentarse a situaciones difíciles y lamentándose de su incapacidad. Esto es todo lo contrario a lo que se debe hacer. En un testimonio de conversión, un antiguo travesti contaba cómo ese intento de su padre de "despabilarle" le llevó a desistir de una masculinidad en la que llegó a creer que no encajaba. Un gran error, porque la masculinidad comprende un amplio abanico de posibilidades, desde el modelo "John Wayne" hasta el "Wooy Alen" y todos son igualmente masculinos.

¿Qué se puede hacer? Creo que la relación con el padre es primordial. Es esencial que su padre sea cariñoso y comprensivo, y que juntos encuentren actividades que compartir. Quizá no le interese el fútbol pero sí salir al campo y conocer las plantas y animales... Hay muchas posibilidades para fortalecer ese sentimiento de camaradería masculina con su padre y de reconocer cómo es apreciado en su masculinidad y puede auto-identificarse bien en ella. Esto fue lo que se hizo en el caso de Pablo, y él pudo irse identificando como varón y desarrollarse como lo que es.

jueves, 21 de agosto de 2014

Algo nuevo sigue creciendo

La Iglesia es una extraña “empresa”. Está formada por personas con las mismas carencias que todos, pero no funciona sólo de forma jerárquica, es decir, de arriba a abajo, sino que el Espíritu Santo “sopla por donde quiere”, como dice San Juan en su Evangelio. Ante ese soplo tan poco ordenado, Jesús nombró pastores que tienen la misión de discernir, algo que supone una gran responsabilidad.

Esa responsabilidad le ha correspondido en Cádiz y Ceuta a nuestro obispo, Rafael Zornoza.  Desde el principio se ha mostrado como un pastor deseoso de escuchar y conocer, de interesarse por cada una de las personas y grupos que hemos acudido a él; es más, frecuentemente ha sido él quien ha acudido a nosotros de muchas maneras, ya sea con las visitas pastorales o compartiendo una comida.

Además de cercano, hemos visto que es un pastor dinámico, que alienta las iniciativas de evangelización y que confía en nosotros, los laicos. Con su impulso, se ha puesto en marcha una Escuela de Evangelizadores por la cual ha pasado lo mejorcito de la nueva evangelización en España y en nuestra propia Diócesis, desde los Cursos Alpha hasta la oración con niños, pasando por los grupos llamados “cenáculos” en las parroquias, algo que ya se había puesto en marcha con el Año de la Fe.

Con él estamos viendo la continuidad de la promesa que tanto proclamaba D. Antonio Ceballos, nuestro anterior obispo: “Algo nuevo está brotando, ¿no lo notáis?” –decía siempre, citando al profeta Isaías con su característica voz cascada. Sí, muchos lo notábamos con él, y ahora lo vemos crecer con el cuidado de D. Rafael. Lo vemos en la nueva evangelización, lo vemos en la pastoral de familia y vida, lo vemos en la necesaria renovación de la Iglesia para lanzarse a la misión, prefiriendo accidentarse a quedarse estancada, como nos dice el Papa Francisco. “Hagan lío”-nos dice Francisco. Pues nosotros, en Cádiz y Ceuta, tenemos la bendición de contar un pastor al que no le asusta ese “lío evangélico”, todo lo contrario.  

Esto no se diría normalmente, parecería peloteo barato y queda normalmente en las conversaciones privadas que tenemos entre laicos. Pero lo decimos ahora porque ha aparecido alguna protesta pública hacia él, y sencillamente queremos mostrar nuestra alegría por cómo está realizando esa difícil tarea a la que ha sido llamado en nuestra Diócesis. Por supuesto, aprovechamos para animar a todos a comprobarlo, a aproximarse y participar de este gran regalo, tan antiguo y tan nuevo, que es el anuncio del Evangelio. Aquí tenéis vuestra casa, hermanos.

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