miércoles, 19 de febrero de 2014

Mis argumentos favoritos para defender la vida

1. Cada vida cuenta
   Tú, yo y cada ser humano que viene al mundo fue pensado por el amor de Dios.

   Los que ya reconocemos ese amor de Dios y experimentamos cada día su misericordia, somos especialmente sensibles a algo que, de todas formas, cualquier persona puede percibir en su conciencia: que toda vida humana es infinitamente valiosa, por pequeña, débil o enferma que parezca, y que debe ser acogida, respetada, protegida, cuidada… ¡amada!

   “…Que hasta el más vil gusano su destino ya tiene,
que tu aliento palpita en todo lo que viene…”
-Dulce María Loynaz, poetisa cubana

   Independientemente de nuestras creencias religiosas, las personas somos capaces de percibir algo sagrado en cada ser humano, especialmente en el más débil, enfermo o inocente. ¿Qué importa que aún sea muy pequeño, que no pueda sentir, pensar, expresarse o actuar como nosotros, para que sea ya inmensamente valioso, humanamente valioso?

2. No es una cuestión religiosa…
   No defendemos la vida por ser cristianos. Todos hemos sido embriones: creyentes o no creyentes; abortistas, provida o indiferentes. Todos podemos reconocer que nuestra existencia es valiosa, y que no estaríamos aquí si hubiéramos sido abortados.

   Pero es verdad que muchos de los que defendemos la vida somos cristianos. Hay dos razones: a) Hemos conocido el amor de Dios por cada uno, y b) Jesús nos da la fuerza para reconocer una verdad a veces incómoda y defender la vida, aunque sea a contracorriente.

3. Sólo la verdad nos hace libres
   Respetar la vida humana no es algo opcional, que se deje a la voluntad de cada cual, como reclaman algunos, invocando un extraño concepto de “libertad”.

   Años de abortismo han puesto de manifiesto que el aborto no libera, es un drama. Con el aborto no se rompen cadenas, con el aborto se ha echa sobre muchas mujeres y hombres una carga muy pesada.

   Ya nadie es capaz de negar que el aborto es un drama, hasta los abortistas lo reconocen. Pero entonces debemos preguntarnos… ¿por qué? 

   El aborto es un drama precisamente porque, por debajo de todas las justificaciones, cada mujer intuye que lo que hay en su vientre es su hijo. El padre y los que la inducen o presionan para abortar, también lo saben. Y por eso abortar es una vivencia traumática para la madre, el padre y su entorno.

4. El aborto daña a la mujer
  La experiencia de atención personal a parejas o mujeres abandonadas que están tentadas de abortar, así como la acogida a personas que han sufrido las consecuencias psicológicas del aborto provocado, nos está mostrando cada día más claramente el drama y el terrible daño que produce en la psicología de miles de mujeres y también hombres, muchos de ellos jóvenes.

   Las mujeres que abortan tienen un riesgo varias veces mayor de depresión y suicidio que las que dan a luz a sus hijos. Se ha estimado que decenas de mujeres se suicidan cada año en países como España como consecuencia de un aborto.

   El síndrome post-aborto afecta al 90% de las mujeres que se someten a un aborto. Sus manifestaciones son negación del hecho y su consecuencias, depresión, ansiedad, síndrome del aniversario (cuando se cumple la fecha del parto que no tuvo lugar o la del aborto), ruptura de la pareja, drogadicción, alcoholismo, problemas sexuales, conducta sexual autolesiva, pesadillas, insomnio, suicidio.

   Es fácil arrancar el hijo del vientre de su madre. Arrancarlo de su mente es otra cosa... El síndrome post-aborto se da incluso en mujeres que no manifestaron ninguna aversión moral al aborto. Al principio, muchas ni siquiera asocian sus síntomas al aborto.

   En el libro “Victims and Victors”, varias mujeres violadas denuncian que se las utilice para justificar el aborto sin preguntarles a ellas. El 70% de las que se quedaron embarazadas, no quisieron abortar. Y de las que abortaron, el 90% se arrepintió, lo vivió como una segunda agresión. La violación las agredió en su sexualidad, el aborto las agredió en su maternidad.

   Llamar “salud” reproductiva al aborto, además de cinismo, supone una doble contradicción. El aborto no sólo acaba con la vida del hijo, sino que daña la salud de la mujer.

   El aborto no es una verdadera solución, todo lo contrario, frente al enorme reto psicológico, personal y social que supone a veces un embarazo en condiciones difíciles. Necesitamos soluciones auténticamente solidarias con la maternidad, para que las parejas o mujeres solas sean realmente libres, se vean libres de coacciones de todo tipo y puedan tener a sus hijos.

5. La vida empieza en la concepción
   Un espermatozoide, en el entorno favorable de la vagina de la mujer, puede vivir hasta 5 días. Un óvulo, en el entorno favorable de la trompa de Falopio, puede sobrevivir durante 8-24 horas. Pero cuando el espermatozoide fecunda al óvulo, esa nueva célula que es el cigoto, es un ser con una esperanza de vida de 85 años. Si alguien lo elimina, elimina los 85 años de vida que habría tenido esa persona.

   La vida de cada uno es un proceso continuo que empezó en la concepción; si alguien lo corta en cualquier punto, no sólo le está arrebatando lo que ya es, sino también todo lo que podría haber sido, y el bien que podría haber hecho a otros.

   Entre la formación del cigoto y la muerte en la ancianidad, todo es un desarrollo gradual, sin solución de continuidad. No hay ya ningún momento de cambio esencial en el cual ese ser pueda pasar de no ser humano a ser humano. En cambio, en la concepción sí se da ese cambio esencial: dos células reproductoras, el óvulo y el espermatozoide, se fusionan y dan lugar a un nuevo ser que tiene la capacidad de desarrollarse como humano.

   El embrión tiene ya un código de ADN propio, que le identifica como ser humano, con todas sus potencialidades. Es un ser humano único, irrepetible. Incluso los gemelos, que comparten el mismo código genético, son cada uno de ellos únicos e irrepetibles.

   En el código genético y el mapa epigenético del embrión, existe ya un proyecto corporal con todas las características del nuevo ser humano: si será rubio, si tendrá los ojos marrones, si tendrá la nariz de su madre o la sonrisa de su padre…

   Un embrión de pocas semanas tiene ya un corazón que late. A las 8 semanas sería como una pequeña habichuela en la palma de la mano, pero tiene ya todos sus órganos y estructuras formados.

   “Es lo mismo acabar con una vida ya nacida o con una que está empezando a existir. Si alguien será humano, ya lo es” (Tertuliano, siglo III).

6. Todos tenemos derecho a la vida
   El derecho a la vida de todos los que viven es previo a las leyes, está por encima de ellas. Éstas no pueden hacer otra cosa, para ser justas, que reconocerlo: “Todos tienen derecho a la vida” –reconoce la Constitución Española, art. 15.

   Una mujer abortista llevaba una pancarta que decía: “yo aborto, tú respetas”. En realidad, significa: “yo mato, tú te callas y miras para otro lado”.

   “Nada de lo humano me es ajeno” –dice Terencio (s. II a.C.)-; por tanto, ¿quién nos puede pedir, honradamente, que miremos para otro lado mientras se acaba con la vida de aquellos que reconocemos como hermanos nuestros?

   Dijo la Madre Teresa: “Muchos se manifiestan preocupadísimos por los niños de la India o los de África, donde tantos mueren, sea por enfermedades, hambre o lo que fuera. Pero hay millones deliberadamente eliminados por el aborto. Por eso elevo mi voz en la India y en todas partes: hagamos que todo niño, nacido o no, sea un niño deseado. El aborto va en contra del mandamiento del amor”.

   “Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente” (Juan Pablo II)
  
7. Una cuestión de solidaridad
   Como afirma el Papa Francisco en “La Alegría del Evangelio”, “no es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana”.

   El aborto es la excusa perfecta para no tener que ayudar personal ni socialmente a las embarazadas. Se las culpa de su embarazo, se las abandona y se crea una estructura opresora que las conduce hacia el aborto. La carga de ese drama la llevará la mujer durante toda su vida. "El aborto es el arma más machista que hay" -dijo una mujer que había conocido muchos casos y ayudado a muchas mujeres.

   En palabras de Tabaré Vázquez, médico que fue presidente socialista de Uruguay y vetó una ley abortista, “el verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados; por eso se debe proteger más a los más débiles”.

   Esperamos que el Señor siga tocando el corazón de muchas personas, abriendo sus conciencias a esta sensibilidad, como sucede frente a otros ataques a la vida o la dignidad humana tales como el racismo, la guerra, la opresión económica, el clasismo, la pena de muerte, la violencia doméstica, el sexismo, la prostitución, el maltrato animal, la destrucción de la naturaleza…

8. Aquí no sobra nadie
   Los niños con síndrome de Down son discapacitados en alguna faceta. Pero son superdotados en amor, en alegría, en autosuperación, en solidaridad, en felicidad, en cariño, en hacernos mejores personas…  

   El Parlamento Europeo prohibió hace años el aborto por razón de sexo, por abrumadora mayoría. Todos entendieron que matar a una niña antes de nacer por el hecho de ser niña es una espantosa discriminación y había que prohibirla. Pero también es una discriminación matar a un discapacitado por ser discapacitado, y al hijo de una mujer que vive en la pobreza por ser pobre, y al que viene en mal momento por venir en mal momento...

   “Esto de vivir es un invento muy bueno de Dios” – frase de un niño con síndrome de Down, antes de una Eucaristía.

   Aquí no sobra nadie. Abortar es discriminar por razón de edad. Es discriminar a los demasiado pequeños. Es discriminar a los discapacitados, a los pobres, a los “inoportunos”… a los inocentes.

 9. Una amenaza interesada y global
   Algo no funciona en una sociedad que aborta a sus hijos en un oscuro y lucrativo negocio, que invierte presupuestos sanitarios en reproducción artificial, generando cientos de miles de embriones congelados, mientras muchas familias que no pueden tener hijos sufren enormes dificultades para adoptar.

   El abortismo es un negocio, que se alimenta del pago por las “intervenciones” y de subvenciones estatales. "Planned Parenthood" (paternidad planificada) es una de las ONGs que mueve más recursos del mundo. Se dedica a extensión del abortismo, desde la política a la práctica de abortos. Es multinacional, siembra centros por todo el globo. Se nutre de importantes subvenciones de diversos estados y donaciones de grandes fortunas.

   La “estrategia de salud reproductiva” es un instrumento planificado para disminuir las poblaciones de países subdesarrollados. Su objetivo es evitar rebeliones que amenacen la explotación barata de materias primas necesarias para las grandes industrias, según el Memorandum 200 de Seguridad Nacional de los EEUU, el cual refiere: “ningún país ha conseguido controlar su población sin recurrir al aborto”.

   Políticas abortistas son impuestas por la ONU y financiadas por Fundaciones como la Gates, la Rockefeller, la Ford y la ONG “Planned Parenthood”. Para evitar la acusación de imperialismo demográfico, fueron disfrazadas de preocupación por la autonomía reproductiva de la mujer,

   En el control de las poblaciones se ha llegado a la esterilización de mujeres indígenas en Perú e India a cambio de ayuda, la represión policial y aborto obligatorio de mujeres embarazadas de su segundo hijo en China, o la eliminación de ayudas a países pobres que no aprueban el aborto. Estas prácticas han sido denunciadas por representantes de diverso signo político, como Mercedes Arzú o Daniel Ortega.

   La Iglesia Católica fue señalada como el enemigo que hay que desprestigiar, por oponerse a esas políticas. Ocurre desde que Pablo VI propuso, en una conferencia internacional sobre población, permitir y promover el desarrollo de los países pobres, en lugar de limitar deliberadamente sus poblaciones como medio para evitar la conflictividad. Esa vía fue rechazada.

   Todos los pueblos han convivido con costumbres inhumanas sin apenas darse cuenta, el nuestro no está libre de eso. El abortismo será un día abolido como lo fue la esclavitud, el racismo, como va desapareciendo la explotación infantil, aún presente en países pobres. Entonces las personas de buena voluntad se extrañarán de cómo pudimos convivir tranquilamente con este horror. Algún día se nos preguntará qué hicimos nosotros para evitarlo.

   La Madre Teresa afirmó: “La mayor amenaza para la paz es el aborto”. Ella entendía muy profundamente lo inútil de intentar construir una convivencia justa y en paz sobre la eliminación oculta de millones de seres humanos.

10. Aborto y anticoncepción: dos caras, una moneda
   Los programas de supuesta “educación” sexual que se centran en el uso de anticonceptivos, fracasan uno tras otro y no producen más que una frustración de los jóvenes ante relaciones humanas insatisfactorias.

   La solución al aborto no pasa, como siguen pensando algunos, por propagar más la anticoncepción; los problemas humanos no se solucionan con pastillas o productos químicos. Cada persona es una realidad mucho más profunda y compleja que un mero organismo biológico, y debe ser considerada en su integridad y en su vocación al amor.

   Vemos también lo que ha ocurrido con la difusión de la píldora del día siguiente: no ha disminuido los embarazos “no deseados”. Además, su acción es a veces abortiva, haciendo que el embrión no llegue a implantarse en el útero.

   Los hechos prueban que el aborto provocado es precisamente la cloaca de la mentalidad anticonceptiva: anticoncepción y aborto son, en realidad, dos caras de la misma moneda.

Conclusión: EL CAMINO DEL AMOR
   Un embarazo no deseado puede convertirse en un embarazo aceptado, abriendo un camino verdadero frente al drama y la oscuridad del aborto.

   Por contra, el aborto no es el camino del amor, no es el camino que Dios nos ofrece a cada uno. El aborto nos hace daño y nos aparta de la felicidad que Él quiere para nosotros.

   En algún caso excepcionalmente difícil, entregar al hijo o hija en acogida o adopción es también una acción heroica, que salva la vida del hijo y entrega ese regalo de Dios a otra familia que lo puede acoger.

   Problemas humanos requieren soluciones humanas. El drama personal, familiar y social del aborto necesita la conversión de los corazones a la verdad y al amor, huyendo de toda ideología simplista. Es bueno poner verdaderamente nuestra conciencia en contacto con la realidad de este problema y de sus consecuencias para las personas, a menudo muy ocultas y silenciadas.

   La verdadera solución al aborto empieza por una vivencia auténticamente humana, libre y responsable del amor y la sexualidad, que es la que nos hace realmente más felices.

lunes, 10 de febrero de 2014

Sobre el sufrimiento: Job y Elihú

Job es un hombre piadoso, y se siente bendecido con familia, salud y riqueza. Pero el demonio pide a Dios poder ponerle a prueba, en la seguridad de que acabará maldiciéndole. Dios no quiere ningún mal para Job, pero permite que el demonio se lo cause, permite la prueba. Tras la desolación de ver muerta a su familia, perdida su riqueza, y lleno de enfermedades, Job maldice el día en que Dios le hizo nacer.

Ahí está el hombre que sufre la injusticia del mundo, el dolor de la vida. ¿Cómo puede Dios permitir todo esto?

Tres amigos intentan calmar a Job: Elifaz, Bildad y Sofar. Básicamente, le reprenden un poco por maldecir su vida, y suponen que algo habrá hecho para merecer todo eso. Pero Job les replica brillantemente, defendiendo su inocencia. Ante esto, ellos finalmente callan, no saben qué responder.

Entonces, Elihú, un joven que no había hablado por dejar a los mayores hacerlo, no se resigna a que Dios acabe enjuiciado y es el único que sigue respondiendo a Job. Aparte de mostrar la grandeza de Dios, lo lejos que estamos de llegar a su poder y sabiduría, y la esperanza de que Dios ayudará al que sufre, dice lo siguiente:

Dios "salva al afligido con la aflicción. Le instruye mediante el sufrimiento" (Job 36,15).

Tras esto, aparece en escena Dios mismo. Reprende a Job por enjuiciarle y le reta a darle lecciones y a mostrarle su poder. Job se arrepiente y se excusa: "Hablé de cosas que ignoraba, de maravillas que superan mi comprensión [...] te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos" (Job 42, 3-5). Dios enseguida le acoge con amor y le pone de ejemplo ante sus amigos. Pero a los tres amigos, Elifaz, Sofar y Bildad, Dios les echa en cara no haber sido capaces de hablar bien de Él a Job, haberse quedado callados. Ellos, que no sufrían el dolor, no acertaron a mantener en la esperanza de Dios al que sufría. Por la súplica y la amistad de Job, Dios les perdonará, y a Job le llenará de nuevo la vida con familia, salud, riqueza y alegría.

En interesante que Dios no reprenda a Elihú, el joven. Este era el único que había insistido en defender a Dios hasta el final. Elihú había acertado al insistir en que no conocemos suficientemente a Dios, en que ni podemos ni somos quienes para juzgarle, en que el verdaderamente sabio es Él, en que podemos observar su magnificencia y poder en las obras de la creación. Da un paso más en la comprensión de la cuestión del sufrimiento, como hemos visto: Dios instruye y salva al afligido, al que sufre, al que tiene dolor, a través de la aflicción, del sufrimiento, del dolor. El discurso de Dios nos revela que bajo la injusticia del mundo, la sabiduría divina lo conduce, una sabiduría que el hombre no es capaz de percibir.

El sufrimiento del hombre está unido al misterio liberador de la cruz de Cristo. De Jesús, dice la profecía de Isaías: "Fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron" (Isaías 53,5). Escribe San Pablo a los Corintios que él no llegó allí a predicarles con elocuencia ni sabiduría, sino temblando de miedo, de forma que los frutos de su predicación fueron por la fuerza del Espíritu Santo. Afirma: "nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y a éste crucificado" (1 Cor 2,5). Pablo habla muchas veces de gloriarse en sus padecimientos, en su debilidad. Habla de la cruz como un sufrimiento fecundo, soportado también en favor de otros, de la Iglesia. Más adelante, en esa misma carta, dice, en la misma línea de los argumentos del libro de Job: "¿Quién ha conocido la mente de Dios, para poder instruirlo?", y aclara: "Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo" (1 Cor 2,16). Acudamos, entonces, a las palabras de Cristo en medio del sufrimiento:

- "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mc 15,34). Cristo sufre el sentimiento de soledad y abandono extremo, pero aún se dirige con esa queja al Padre, en cuya sabiduría está la explicación. Este lamento, esta llamada dolorida dirigida a Dios es verdadera oración. Dijo Benedicto XVI sobre esa frase, que "es una llamada a un Dios que parece lejano, que no responde [...] Sin embargo, el orante “llama al Señor ‘Dios mío’, en un acto extremo de confianza y de fe". Y este mismo Papa, en su visita a Auschwitz, comentó que esa exclamación de Cristo nos da a nosotros también el derecho a decirle lo mismo a Dios. No comprendemos el sufrimiento, pero sabemos que hay un sentido, que nuestro Dios tiene respuesta. Tras esa frase, Cristo grita con fuerza sus últimas palabras, que son de entrega y confianza absoluta en el amor de su Padre, de nuestro Padre:

 - "¡PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU!" (Lc 23,46)

Aunque nos sintamos abandonados, aunque para nosotros es un misterio el silencio de Dios, nuestro Padre no permitirá que el mal nos destruya, que venza sobre nosotros, si clamamos a Él, unidos al grito de Cristo crucificado. Todo lo contrario, lo convertirá en nuestra victoria sobre el mal; de forma que por las heridas de Cristo seamos curados.  Los designios de la sabiduría y el amor de Dios para nuestra salvación se realizan a través de la cruz, de nuestra cruz unida a la cruz de Cristo.

Esto sucede también en la historia. Juan Pablo II, que había contemplado el sufrimiento de su pueblo por la dominación nazi y comunista, veía los signos del reinado histórico de Cristo a través de ese sufrimiento. Ese es el corazón de las bienaventuranzas:

"Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados" (Mateo 5,5).

Elihú, en el capítulo 36 del libro, le muestra a Job dos caminos posibles en medio del sufrimiento: juzgar a Dios, rechazándole, o clamar a Él, como hizo Cristo. El que confía en Dios a pesar de todo, será liberado. En cambio "si tu medida está colmada para el juicio condenatorio, el juicio y la sentencia te arrastrarán" (Job 36,17). Job mismo cae en ese error, pero es liberado de él por la propia presencia y palabra de Dios, que acude en su ayuda. Sólo la gracia, la acción de Dios en nuestra alma, nos capacita para amar a Dios aun en medio de la prueba. Dios ama primero, y ama gratis, sin tener en cuenta nuestros pecados, nuestro rechazo hacia Él. 

Quizá sólo se atreva a hablar de esto un joven que aún está casi exento del sufrimiento, como aquel Elihú del libro de Job. Una cosa es sufrir, cuando ya no es posible articular más palabra que el lamento o la rebelión, y otra muy distinta hablar del sufrimiento desde fuera. Pero Elihú nos da ejemplo de que es bueno hablar de ello, y parece que es mucho mejor que el silencio, reprobado por Dios en los tres amigos. El sufrimiento no es un vacío sin sentido, es la cruz liberadora de Cristo, donde se manifiesta el poder y la sabiduría de Dios en nuestra vida y en medio del mundo.

sábado, 8 de febrero de 2014

A Femen y a los defensores del aborto


http://www.laverdad.es/murcia/v/20140203/cultura/activistas-femen-abordan-rouco-20140203.html¿Qué decir de las chicas de Femen que se desnudaron y gritaron consignas abortistas ante el cardenal Rouco? ¿Qué podemos decir los cristianos a esas mujeres que hicieron un viaje en tren para defender el aborto? ¿Y a las personas que han acudido a concentraciones a favor del aborto?

Pues lo primero, que no son nuestros enemigos. Nos duele mucho que defiendan algo que causa tantas pérdidas y tanto sufrimiento, pero nosotros no estamos en ningún caso contra las personas, sino que luchamos y trabajamos a favor de la vida. Precisamente, nuestra misión es concienciar a todos, también a ellos, para que juntos seamos capaces de apreciar el valor que tiene un ser humano de pocos días de vida, aún en el vientre de su madre.

Lo segundo que también nos duele es que se muestre tan poco respeto por un señor mayor, que además es nuestro obispo. Para nosotros, un obispo es nada menos que un sucesor de los apóstoles: de Pedro, de Santiago, de Juan… la mayoría de los cuales dieron su vida como Cristo, por ser sus testigos y anunciar los valores del Reino de Dios en un entorno hostil. Pero ese dolor no nos hace revolvernos contra nadie, sino unirnos más a muestro Obispo y perdonar, aprovechando la ocasión para anunciar con fuerza el amor de Dios por todos, sin excepción, también por los abortistas.

Eso no significa que no defendamos a nuestro Obispo. En un estado de derecho, bastante impropio es ya que se exija públicamente el derecho a eliminar a otros seres humanos, con la excusa de que son pequeños y aún no han nacido, como para que esa exigencia, encima, se haga con violencia, del tipo que sea. En las formas empleadas se deja ver precisamente la falta de argumentos éticos y pacíficos. Con todo respeto, les podemos dar una respuesta similar a la de Jesús, ante un guardia que le golpeó: "Si al defender la vida prenatal hablamos mal, mostrad en qué nos equivocamos. Pero si hablamos bien, ¿por qué nos agredís?" ¿Por qué insultáis, por qué mostráis odio contra nosotros? Todo eso es inaceptable. Un estado de derecho que funcione debe proteger el derecho a la libertad de opinión y a la libertad religiosa. Esa es tarea del estado, pero también de los medios de comunicación y de todos los ciudadanos. No aceptemos que nadie tenga patente de corso para agredir, en ningún sitio. Dialoguemos en paz.

Finalmente, aprovechamos para declarar nuestra convicción de que cada ser humano es tan valioso, que su vida merece ser protegida desde el primer momento. Esto lo podría reconocer cualquier persona, porque todos, cristianos y no cristianos, incluso los abortistas, hemos sido embriones en el útero de nuestra madre. Además, cada vez vemos más claro que el aborto no sólo es un daño para el hijo, sino que sirve de excusa perfecta para no ayudar a la madre, presionándola para que "elimine el problema". Y como todos tenemos conciencia, pensemos lo que pensemos, el aborto se convierte al final en una causa tremenda de dolor, sobre todo para esas mujeres, aunque también para muchos hombres. No merece la pena defender eso, que para colmo no hace sino alimentar un nauseabundo negocio. En cambio, sí merece la pena defender la vida, ayudar a las embarazadas, procurar que tengan el apoyo que necesitan de su pareja, su familia y todo su entorno social. ¿No merece mucho más la pena afrontar ese reto? Algunos ya lo estamos haciendo. Aquí no sobra nadie, ni por pobre, ni por “defectuoso”, ni por menos querido: cada vida cuenta, ¡cada una! Ese creemos que es un valor que sí ayuda a construir una sociedad más justa y con mayor libertad, en todos los ámbitos. El progreso real de una sociedad se mide por la forma en que protege a los más indefensos: trabajemos juntos por eso, en todo.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Sobre la libertad y el amor

Creo que la libertad es la capacidad que Dios nos ha dado para hacer voluntariamente aquello para lo que estamos hechos.

Esta forma de definir la libertad creo que es ajustada a la realidad, y tiene una consecuencia muy interesante: no dejamos de ser libres por no poder hacer algo para lo que no estamos hechos, algo que no está en nuestra naturaleza ni en nuestra vocación.

Ser libres significa, en primer lugar, estar bien hechos. Si no quisiéramos hacer aquello para lo que estamos hechos, o si queriendo hacerlo, no pudiéramos hacerlo, entonces no estaríamos bien hechos. Seríamos unos engendros defectuosos, condenados a la contradicción.

En segundo lugar, ser libres significa no estar determinados mecánicamente a hacer algo, sino tener voluntad propia. Un autómata hace todo aquello para lo que está hecho, pero no "quiere" hacerlo, carece de voluntad propia. Un hombre que actuara siempre por puro instinto, por puro resultado de una reacción bioquímica predeterminada, no sería libre. Haría aquello para lo que fue hecho, pero no lo haría voluntariamente.

¿Y para qué estamos hechos? Estamos hechos para conocer y amar a Dios, y al hacerlo, ser felices. Amar a Dios es también amar a su Creación: amar a las demás personas, y amar todo lo que ha creado.

Al darnos esta vocación al amor, Dios nos ha hecho verdaderamente a su imagen y semejanza. A su imagen, porque somos "personas", como Él. A su semejanza, porque somos capaces de amar y de vivir en el amor, como Él vive, en la unidad amorosa de las tres Personas divinas. Por eso dice el Génesis: "hagamos" al hombre a "nuestra" imagen y semejanza.

Aplicando el concepto de libertad al relato del Génesis, Dios hizo libres a Adán y Eva. Con esa libertad, ellos podían hacer voluntariamente  -es decir, queriendo hacerlo-, aquello para lo que estaban hechos. Querían y podían amar a Dios, y le amaban, viviendo en confianza con Él. Eran libres. Hacían el bien libremente, que equivale a decir que hacían la voluntad de Dios libremente.

Dios quiso permitir que ese amor fuera puesto a prueba. Esa prueba fue la fruta prohibida. En el fondo, lo que hace Dios al colocar ese árbol ahí es permitir la posibilidad de que el hombre elija el mal. Eso no era necesario para la libertad del hombre, es algo nuevo, distinto. Está muy mal expresado eso que se dice muchas veces de que "Dios nos ha hecho libres de elegir entre el bien y el mal". ¡No, la libertad no es eso! Adán y Eva habrían sido libres perfectamente aunque no hubiera árbol de fruta prohibida.

El árbol de la ciencia del bien y del mal, la fruta prohibida, que es la posibilidad real de elegir el mal, constituye algo nuevo: constituye una "prueba". Su presencia en medio del Paraíso está poniendo a prueba el amor del hombre por Dios.

Recordemos que Adán y Eva no tenían tendencia alguna a hacer el mal. Tomar la fruta prohibida estaba fuera de su naturaleza y de su vocación natural a amar a Dios, así que ni siquiera querían hacerlo. Ese fruto no tenía ningún atractivo para ellos. Pero fueron engañados por el tentador, al que Jesús llama "el padre de la mentira", el diablo (el que separa). Su presencia allí también fue permitida por Dios.

Pero, ¿por qué quiso Dios poner a prueba el amor del hombre? Él sabía que iba a fallar, no lo dudemos.Cualquier explicación teológica que parta de la idea de que Dios no sabe o no se espera algo, está confundida por necesidad. Por eso resulta extrañísimo que Dios permitiera eso. Pero, incluso en el caso de que Dios no supiera el resultado, ¿para qué poner a prueba ese amor? Si ya hemos dicho que no era necesario para la libertad del hombre, que ya le amaba voluntariamente, libremente...

Acudiendo a la realidad del amor humano podemos encontrar pistas. El enamoramiento es algo parecido a lo que pudieron vivir Adán y Eva hacia Dios antes de tener la fruta prohibida. Las personas que inician una amistad o un amor de pareja se aman y se ayudan casi "naturalmente", sin tener ninguna tentación de no hacerlo. Quizá piensan que ese amor es muy fuerte. Pero visto desde fuera, sabemos que ese amor es aún endeble, que cuando pase el primer enamoramiento vendrán tentaciones y verdaderas pruebas. Esas pruebas no son simples "tests" de amor, sino que lo hacen crecer. El amor crece ante la adversidad, crece cuando resiste la tentación, cuando supera las dificultades. El amor que ha pasado muchas pruebas y tentaciones se ha hecho mucho más fuerte.

Y si las personas estamos hechas para amar, tener la posibilidad de un amor mucho más fuerte, un amor probado, es algo que puede merecer la pena.

 Esto era el hombre: un ser limitado, llamado a amar al Dios infinito...





domingo, 27 de octubre de 2013

Escuela de Evangelizadores - Josué Fonseca

Ayer Josué Fonseca nos trasmitió 4 claves importantes sobre su experiencia evangelizadora:

1. La CONVERSIÓN. Anunciar a Cristo, y anunciar con amor, anunciarle amando. Que la primera buena noticia seamos nosotros mismos para esa persona a la que nos dirigimos, para que reciba bien esa "Buena Noticia" que es Jesucristo.

2. La COMUNIDAD. Integrar a la persona que se convierte, llamarla a donde nosotros vamos, recibirla como a un hermano. En esto insistió muchísimo, cargando contra la actitud del "playboy espiritual", que es anunciar a Cristo y desaparecer, engendrar hijos espirituales para luego abandonarlos. Su mujer  (hablamos con ella en la comida) y él mismo comentaron también la necesidad y la importancia de ir reconociendo en la comunidad los carismas de cada uno.

3. Relacionado con la anterior: el DISCIPULADO. La formación en la fe, la alimentación de las personas que vienen a la comunidad. Habló de que hacer un discípulo cuesta trabajo, es cuestión de años.

4. La IGLESIA, la fidelidad a su Enseñanza.

Sobre esto último, quiero añadir que, a veces no lo comprendemos, pero la verdadera Enseñanza de la Iglesia -no hablo de costumbres más o menos arraigadas- no cambia, es una guía que nos ayuda a discernir la voluntad del Señor, y no equivocarnos con soluciones que parecen más humanas pero que no nos llevan por el verdadero camino del amor.

Pienso que las personas somos seducidas por el Señor por diferentes vías. Por ejemplo, unas son atraídas más por el amor, porque encuentran en Cristo el amor incondicional, especialmente a los más pobres. Otros son atraídos más por la verdad, por esa Palabra que nos da la verdadera vida. Unos y otros nos necesitamos entre nosotros, pero debemos dejarnos ayudar, dejarnos interpelar unos por otros: siendo humildes, escuchando y aprendiendo, no prejuzgando. Los que ha sido llamados más por la verdad necesitan dejarse conquistar por el amor. Y los que han sigo ganados más por el amor necesitan dejarse enseñar por la verdad.

viernes, 10 de mayo de 2013

Una foto en la nevera

Tras mi conversión y al acercarme a la Iglesia, descubrí a la figura de Jesús. Lo narro en forma de cuento.
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 por Belén Pérez Morales
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Érase una vez una niña que recibió un gran Don: se enamoró de Dios.

Este Don le fue dado gratis, sólo por desearlo ardientemente y pedirlo intensamente.

La niña buscaba a Dios continuamente: Lo sentía como un Padre, así que Le empezó a llamar Papá. Se dormía con Su nombre en los labios, acunada en Su abrazo… inmensamente feliz….

...Él también la amaba… desde siempre la amó*…

La niña ardía en deseos por complacer y agradar a su amado Padre Celestial, así que investigó para averiguar cuál era SU Voluntad, para cumplirla pues. No le costó demasiado tiempo descubrirla ni le pareció complejo entenderla: "¡tenemos que amarnos los unos a los otros como hermanos!"...

…“¡Qué Preciosa Voluntad!” – Pensó–.

Y su Padre le sopló un truquillo: “Para que te salga mejor, ponte en el lugar de los demás”.

... Así que con gran entusiasmo se puso manos a la obra…

¡Qué fácil le resultaba hacerlo en su estado de enamoramiento!... un maravilloso, irrefrenable y sobrenatural impulso** la empujaba valiente y amorosamente a hacer el bien a todos los que la rodeaban!...

Sin embargo, a veces, cuando su enamoramiento se enfriaba, le resultaba más difícil amar a sus hermanos… Pero ella, siempre en deseos de agradar a su Padre-Dios, miraba al cielo, (donde encontraba su mirada dulcísima) y entonces, con corazón obediente, se dirigía (muchas veces, negándose a sí misma…) a hacer el bien… La entristecía ya no esforzarse en cumplir la bella voluntad de Su Amado.

La niña se sobrecogió al experimentar en su corazón tal Amor*** por sus hermanos: ¡realmente era un Amor sobrehumano! ...Maravillosamente sobrecogedor, sobrecogedoramente maravilloso…
¡Se sentía tan feliz! Como consecuencia de haber recibido este Don, que Le daba gracias a su Padre-Dios por ello unas 115.200 veces al día! …Una con cada latido de su corazón.

A veces le ardía un fuego incontrolable en su alma por compartir con los demás el secreto de su plenitud…
así que, no por presunción, sino por Amor (quería que todos fuesen tan felices como lo era ella), en ocasiones, se atrevió a contarlo…

...Pero algunos no la entendieron… y ella se entristeció por ellos. ¡Cuánto deseaba compartir su gran Tesoro con todos! Así que se alejaba esperanzada pensando: “bueno, ya saben el secreto, ahora, sólo es cuestión de tiempo y de orar por ellos”.

Un día oyó decir que tenía un “Hermano Mayor” llamado Jesús. Lo que escuchó acerca de Él la dejó sorprendida y admirada: Jesús era todo Amor, hacía milagros, curaba a los enfermos, era el Hijo de Dios hecho carne el cual dio su vida para nuestra salvación muriendo en una cruz, al tercer día resucitó… y por si fuera poco, (y para más pesar de su escaso entendimiento), Jesús era “Dios y Hombre”… (¡¡Las dos cosas a la vez!!)... Jesús era el Mesías, el Señor.

…Ella no entendió absolutamente nada de esto: ¡era lo más misterioso que había escuchado en su vida!...

…Pero, sobre todo, lo que menos le entraba en la cabeza, era que hubiese tenido que morir crucificado en rescate por nuestra salvación, dar la vida por todos nosotros.

Aunque no lo entendió, optó por creer que era cierto todo aquello que contaban de Jesús, y aún más: deseó amarLE de igual manera que amaba a su Padre-Dios. Así que hizo lo que siempre hacía cuando deseaba algo: “se lo pidió a su Padre-Dios” (¡era un “truco” infalible!).

La niña estaba tan impaciente por amar a Jesús, que se puso a investigar personalmente acerca de su vida y empezó a leer los Evangelios con gran interés.

Un día, se le ocurrió la idea de pegar en la nevera una foto de Jesús (le gustaba pegar fotos de sus seres queridos en la nevera), así que entró en internet y se puso a buscar. Como era de esperar, no encontró ninguna foto (ya sabía ella que en tiempos de Jesús no había cámaras fotográficas), pero vio un dibujo de un pastor con un corderito en brazos que le gustó, y podía servirle para lo que ella quería. Así que lo imprimió (con su impresora Epson a color en tamaño A-4), y lo colgó en la nevera con un imán.

Un día, mientras hablaba con su Padre Celestial en la cocina, de pronto entendió, y rebosando de amor hasta las lágrimas dijo: “¡querido Jesús!, perdóname por no haberte amado hasta ahora, aun sabiendo que, obediente al Padre, ¡nos amaste hasta dar Tu Vida por nosotros en una cruz! … Se acercó al dibujo de la nevera, pegó su cara a él y siguió llorando hasta que se calmó.

Al apartar su cara para contemplar el dibujo, vio que sus lágrimas habían mojado el papel y habían corrido la tinta… sonrió gozosa al identificarse con otra mujer que también, hace mucho tiempo ya, enjugó sus lágrimas de Amor-Dolor sobre ÉL... y…

…en virtud de aquellas lágrimas de Amor sobre el papel, supo en su corazón que ella también había muerto para entregar su vida a los demás.

--------- Fin---------
Este cuento, escrito para Gloria de Dios, está dedicado, con todo mi cariño, a mi madre y a mi hermano, que oraron con Fe por mi conversión.
La autora.
(*): Tanto amó Dios al mundo que entregó a Su Hijo Único por nuestra salvación.
(**): Ese impulso es “la Gracia de Dios”
(***): Ese amor es la Caridad: virtud infundada por la gracia en la voluntad por la que amamos a Dios-Mismo con todas nuestras fuerzas y al prójimo por Dios, como Cristo nos amó. (Definición según catecismo)

sábado, 6 de abril de 2013

Conversión de un corazón incrédulo y rebelde



escrito por Belén Isabel María
(Esta es la historia de cómo Dios llamaba a mi puerta… y un día, le abrí).
1. ALGO A CERCA DE MI CARÁCTER
Para entender bien mi conversión, es necesario que primero hable un poco acerca de mi carácter. Siempre he sido una persona muy científica, empírica y racional (soy licenciada en ciencias químicas). Desde temprana edad andaba intrigada en temas científicos. En la adolescencia mi corazón empezó a ponerse rebelde, idealista, libertario... y negué la existencia de Dios (también la divinidad de Cristo, -y hasta llegué a dudar de su existencia real-). Así mismo, y aunque estuve en colegios de monjas, me dejé llevar por las leyendas negras en torno a la Iglesia hasta el punto que me molestaba todo lo relacionado con ella como los curas, las monjas, el papa… me parecían unos hipócritas. Pero ojo!, aunque renegué de Dios y de la Iglesia… admiraba "el mensaje de amor al prójimo" que enseñaba Jesucristo: “tratar a los demás como a mí me gustaría que me trataran”, pues además, lo encontraba en consonancia con mi propia conciencia. Así que “recorté” el Evangelio de manera que me quedé sólo con las partes que hablaban explícitamente del amor al prójimo. Y así, con este “tijeretazo”, me desentendí de todas las partes del evangelio que se referían, explícitamente, al amor a “Dios Mismo”, aún sabiendo (por las clases de religión) que era el primer mandamiento. Este evangelio recortado, fue lo único que admití del cristianismo.
(Resumiendo: “Yo no necesitaba a Dios ni a la Iglesia. Mi guía era mi propia conciencia, que me dictaba amar al prójimo”).
2. LA FIGURA DE MI MADRE
Para entender bien mi conversión, es también necesario que hable de la figura de mi madre. Sólo diré de ella que amaba mucho a Dios y al prójimo… pero… ojo!: No siempre fue así!… Es decir, que ella también tuvo su conversión! (… tendría sobre unos 48 años y yo unos 20). La transformación de mi madre revolucionó a mi familia: “pasamos de tener en casa un demonio, a tener en casa un ángel”… milagro alucinante e increíble que tuvimos la gran suerte de disfrutar en “primera fila”. Lógicamente, esta transformación de mi madre me hizo reaccionar y admití finalmente… “Dios sí que existe”… y también que “Jesús tiene naturaleza divina”. (Aclaración: aunque admití la divinidad de Cristo, lo hice con muchas reservas, pues seguía resistiéndome a creer en la veracidad de sus milagros, en su resurrección… y en parte de su mensaje).
Así que empecé a congeniar con mi madre… pues ciertamente, había similitudes entre nosotras:

Mi madre: amaba a Dios…………………Yo: creía en la existencia de Dios
Mi madre: amaba al prójimo……………Yo: anhelaba amar al prójimo
Así mi madre era TODO para mí. 
Desde que admití la existencia de Dios, y siempre de la mano de mi madre, empecé, lentamente, a entablar una relación con Dios y a reconocerlo también como Padre. De vez en cuando oraba (en forma de oración de gracias y oración de petición).
Es clave que destaque que esta relación (por mi parte), era una relación “no amorosa”, pues yo nunca contemplé en mis planes “el amarle”…
… Una cosa era admitir su existencia y mantener cierta relación con Él, y otra muy distinta, “pasar por el aro” de tener que amarle!... pues esto, ya era algo “superior a mí”… ¿como diría?… “demasiado humillante”. La simple idea, la rechazaba de cuajo. (Hacia la figura de Jesucristo, sentía exactamente el mismo tipo de rechazo: lo consideraba “un maestro” y no alguien a quien amar).
Así que con estos “materiales”:
• Admiración-amor-devoción por mi madre.
• “el amor al prójimo” (como anhelo, propósito y filosofía de vida)
• Una “relación” (no amorosa) con Dios-Padre.
• La confianza en “mis propias fuerzas” para cumplir con mi filosofía.
… Seguí “construyendo” mi vida…
… y así pasaron más de 10 años.
3. LLEGÓ LA TORMENTA!
A mi madre le diagnosticaron un cáncer de pulmón e hígado que le empezó a devorar el cuerpo tétricamente… (No puedo describir con palabras el dolor que sentía mi alma ante esta situación. Digamos que alcancé el máximo de dolor que un ser humano puede llegar a sentir).
La última vez que la vi con vida (una semana antes de su muerte) entré en su habitación llorando, con el alma absolutamente deshecha. Por la expresión en la cara de mi madre, noté enseguida que estaba contrariada por verme sufrir así. Me miró con gesto serio (como ella se ponía cuando me tenía que reñir) y con una voz que apenas le salía del cuerpo me ordenó: “PIDESELO A DIOS”. Recuerdo que yo no pude ni contestar y pensé para mis adentros: “PEDIRLE QUÉ?!...ACASO TENGO QUE PEDIRLE DEJARTE DE QUERER!?
Ella falleció la madrugada del 24 de diciembre de 2006…
… yo ya llevaba meses en actitud de reproche, enfadada con Dios.
4. VIVIENDO EN LAS RUINAS.
Con mucho dolor, “tiré palante”… sin mi madre y “sin Dios”…. Empezaba a vivir en las ruinas… sin intención de mudarme.
Pasados dos años de la muerte de mi madre, y con la ayuda de la llegada al mundo de una nueva hijita, la herida de mi alma empezó a cicatrizar… a pesar de ello, yo insistía en mi enfado con Dios.
A los 3 años y medio de su muerte, ya la ruina era total: mis fuerzas para cumplir mi anhelo de amar al prójimo, estaban muy muy disminuidas, raquíticas!… mi corazón se había convertido en un hervidero de egoísmo desorbitado, envidia, rencores, odios y demás maldades… yo estaba mal. Mi vida había perdido sentido: no me gustaba mi corazón cada día más empobrecido para amar… no soportaba la idea de tener un corazón tan seco de amor.
Por este tiempo (otoño del 2010), me pasó algo que considero de importancia contar: mi marido y yo habíamos estado almorzando con un matrimonio amigo y después de comer, mi amiga y yo fuimos a dar un paseo por el campo: Como llevábamos tiempo sin vernos (y es muy buena amiga), yo le abrí mi corazón la puse al día con respecto a mi enfado con Dios. Entre las dos, llegamos a la conclusión de que yo tenía que empezar a orar para pedirLE a Dios que solucionara aquella situación de enfado… (Pues además, recordé que era la última voluntad de mi madre…) Y así lo hice… empecé a hacer una torpe oración diaria, sobre todo por obediencia a mi madre, aunque también porque empezaba a sospechar que el raquitismo de mi corazón provenía de mi enfado con ÉL.
Así que estuve unas tres semanas haciendo una torpe oración (algunos días, lo más que lograba hacer es mirar al cielo y decir “buenos días, Padre”). 

Por aquel entonces, llegó a mis oídos la noticia de que se iban a celebrar en la parroquia unas charlas sobre el evangelio para el fin de semana del 23-24 de octubre. Yo tenía interés por ir, así que lo organicé todo para poder asistir a dichas charlas.
Durante las charlas experimenté una mezcla de enfado, confusión y envidia, desagradable envidia!: allí vi personas que tenían “algo”, “algo que las hacía felices”, “algo” que, claramente, yo no tenía … y las envidiaba por ello.
Aquel domingo, ya finalizadas las charlas, volví a mi casa y retomé mi rutina. Recuerdo que mientras fregaba los platos de la cena resonaban en mi cabeza “tres palabras”: Se me habían grabado en el cerebro pues fueron insistentemente repetidas por una de las ponentes. Estas palabras eran: "El evangelio es AMOR A DIOS Y AL PRÓJIMO"… "AMOR A DIOS Y AL PROJIMO"… "AMOR A DIOS Y AL PRÓJIMO"…
... resonando en mi cabeza…
… Me fui mosqueada a dormir.
Los tres días siguientes tuve mucha confusión y mucha lucha por encontrar “no sabía qué”, pero yo buscaba “algo”. 

Las tres palabras seguían resonando.
5. … LA CONVERSIÓN
Finalmente, el Jueves 28, mientras preparaba el almuerzo para mis niños, “toqué fondo”, me paré en seco y me dije…: ya sé!!!, “lo que tengo que hacer es amar a Dios!!!!!… PERO CÓMO?, si ni siquiera deseo hacerlo?... …si al menos tuviera sed… (pensé),… Tal vez, la sed me obligue a “beber de ese agua hacia la cual me resisto”...
Yo ya no veía otra salida… y entonces, levanté los ojos al cielo y le pedí:
“PADRE, DAME SED DE TI” (era la primera vez en mi vida yo que le pedía algo así).
Acto seguido, cogí el evangelio (guardaba una biblia en el cajón de los chismajos de la cocina), pero…. Esta vez, (y por primera vez también), lo cogí de forma diferente: lo cogí “entero”, sin recortes y con la absoluta certeza de que entre mis manos sostenía la clave para encontrar lo que estaba buscando. Entonces abrí el evangelio y leí: (Mt. 22, 37-38) “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer mandamiento y el más importante”… Uy!... De pronto, empecé a sentir un dolor y un arrepentimiento tremendos por nunca haber tenido la más mínima intención de hacer esto (amar a Dios) y mucho menos a la manera que Jesús mandaba hacerlo (con todo el corazón, toda el alma, toda la mente). Me reconocí terca, insolente, ingrata y rácana, y ya, sin poder contener las lágrimas por el dolor, busqué nuevamente en el evangelio y encontré: (Lc. 15, 21) “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, no merezco ser llamado hijo tuyo”… Y llorando, llorando a mares, repetí mil veces estas palabras, pues eran las únicas que daban algo de consuelo al dolor de mi alma.
Sin embargo, a pesar del dolor y en medio de sollozos, empecé a sentir por primera vez en mi vida UNA PAZ como no la había sentido nunca antes, jamás de los jamases. Era una sensación nueva para mí… ¿por fin en paz con Dios!? … ¡¡¿es posible que me esté pasando esto a mí?!!
… Al cabo de un buen rato (ya tranquilizada), me dirigí nuevamente al evangelio….
… Aún quedaba algo importante por hacer… (Yo ya iba ¡¡A POR TODAS!!...)
Y encontré: (Lc. 14, 26) “si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, a su madre, mujer e hijos, hermanos y hermanas y aún también su propia vida, no puede ser mi discípulo”. Entonces tomé conciencia de un paquete grande y pesado con el que había estado cargando durante cuatro años… “un amor por mi madre mal entendido”. Supe que era obligatorio soltar ese lastre para pasar por “la estrecha puerta”. Así que, aunque resistiéndome a hacerlo, y no sé ni cómo, pero lo solté!… Y entonces… me sentí extrañamente liberada… y fácilmente… “entré”.
(nota: con el tiempo he comprendido el significado de la orden que mi madre me dio en su lecho de muerte… la frase completa podría haber sido: “pídeLE a Dios… amarLE a ÉL más de lo que me amas a mí”…
… ella me quería de verdad…
(Quiero aclarar que soltar este lastre, es lo más difícil que he hecho en toda vida: tuve que recurrir a todas mis fuerzas para lograrlo, y aún así, tengo la certeza, de que ni todas mis fuerzas hubiesen sido suficientes si Dios mismo no me hubiese estado impulsando en este esfuerzo.)

Así que coloqué a DIOS, mi recién estrenado amor, en el lugar más privilegiado de mi corazón, que hasta aquel entonces, estuvo ocupado por mi madre...
(... y… curiosamente y aunque resulte paradójico, desde que hice esto, quiero a mi madre todavía más que antes!… y.... cada día la quiero más!)
Ya por la tarde, y ya sintiéndome más calmada, tuve la clara convicción y necesidad de ir a confesarme oficialmente, pues, para mi sorpresa! esta reconciliación con Dios, trajo consigo la reconciliación con la Iglesia!… Me encantó confesarme (no lo hacía desde que me casé y porque me obligaron) y desde ese día empecé a ir a misa todos los domingos. (La Eucaristía ha pasado de ser “un rollo” –no ponía un pie en misa- a ser un verdadero disfrute cada domingo!)
Me sentí renacida, feliz, pues sentí tener POR FIN lo que, en verdad, llevaba toda la vida buscando, toda la vida soñando… y mi deseo de amar al prójimo… RENACIÓ con una fuerza nueva!
Deseaba darle al Padre todo el amor que durante toda mi vida le había estado negando… Corresponder! al Amor que ÉL siempre me ha tenido! Quería amarLE con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente!… ir a misa los domingos, cantarle, orar… pero sobre todo… darle su delicia … cumplir SU MANDAMIENTO de amar al prójimo!
… pero, ahora, ya no sólo desde mis fuerzas… sino…
… por SU GRACIA…
…Y PARA AGRADARLE… PARA SERVIRLE… PARA SU GLORIA!
Ahora, abrazo el evangelio completo: AMO A DIOS, deseo amarLE cada día más y LE doy gracias por ello con cada latido de mi corazón.
Del amor por ÉL, brota la Gracia, la motivación y el impulso para cumplir SU MANDAMIENTO DE AMOR…
… EL está limpiando y transformando mi corazón… en un corazón obediente y amoroso…
… obedecer SU MANDAMIENTO es la bendita obligación por la que me esfuerzo y me gozo cada día…
… y SU GRACIA en mí… la sobrecogedora maravilla que hace mi corazón latir, mis ojos brillar.
GRACIAS!, PADRE!: ALELUYA Y GLORIA A TI POR SIEMPRE, SEÑOR!
(Jn. 15, 5): “Yo soy la vid y vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”.
Con el tiempo he comprendido que todos aquellos años en los que estuve esforzándome en amar al prójimo (sin intención de amar a Dios), es como si hubiese estado edificando en la arena (mi amor era endeble, desde mis fuerzas, sin columna vertebral) no en la roca, pues desoí deliberadamente el Primer Mandamiento… y la tormenta destrozó mi edificación.
Sin amar a Dios, no tenía verdadera caridad*, sólo tenía ideología: una especie de fullería con la que incluso pretendía disimular mi falta de amor a Dios. Una flaca fuerza de voluntad con la que sobre todo buscaba mi bienestar emocional. Un humanismo que se desinflaba enseguida.
Mi estado era permanentemente de insatisfacción, descontento y vacío interior.
El cristianismo no es una simple ideología ni un sistema ético. Es una transformación sobrenatural del corazón que te lleva a vivir en plenitud de gozo; Es un corazón enamorado de Dios del que brotan ríos de amor a los demás.
Dice San Agustín algo así: “hemos nacido para Dios, y nuestra alma está inquieta hasta que no descansa en ÉL”.
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*CARIDAD (definición según el catecismo): La Caridad es la virtud sobrenatural por la que amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, por amor a Dios.

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