lunes, 22 de septiembre de 2008

El aborto NO es libertad
Un cúmulo de injusticias disfrazadas de "libertad"

1. La retórica de la "libertad" esconde la realidad de las coacciones.

2. El aborto es a menudo decidido por otros. El 64% de las mujeres americanas que abortan se sentían presionadas por otros(1).
3. La presión significa que sus decisiones pueden conllevar la pérdida del hogar, el apoyo familiar o esencial, o abusos que pueden llegar a la violencia(2). El homicidio es la principal causa de muerte de las mujeres embarazadas(3).
4. La coacción puede tomar muchas formas, incluyendo información confusa o errónea sobre el
desarrollo fetal y las alternativas disponibles(4).
5. A pesar de que la mayoría se sentían apremiadas e inseguras, el 67% no recibió ningún
asesoramiento, y al 79% no le dieron ninguna alternativa(1).
6. El aborto suele ser la última opción para la mujer, pero la primera para quien abusa de ella(2). Las adolescentes se enfrentan a un riesgo especialmente elevado de ser coaccionadas(5).
7. Muchos de los estadounidenses que han empujado a una mujer a abortar han sido a su vez engañados – por expertos, autoridades o incluso pastores- acerca del desarrollo fetal, alternativas y riesgos(4,6).
8. El riesgo de muerte de una mujer aumenta 3,5 veces tras un aborto(7). La incidencia de suicidio es 6 veces más alta después de un aborto(8).
9. El 65% refieren síntomas de síndrome de estrés postraumático que atribuyen al aborto(1).
10. "Estamos mutilando al menos a una mujer al mes." – Carol Everett, ex-operario de una clínica abortista.

No fue seguro. No fue justo.
No tuvo nada que ver con la libertad.
Infórmese más sobre aborto, injusticia y daño a la mujer: TheUnChoice.com
Referencias
1. VM Rue et. al., "Induced abortion and traumatic stress: A preliminary comparison of American and Russian women," Medical Science Monitor 10(10): SR5-16, 2004.
2. See the special report, Forced Abortion in America at http://www.theunchoice.com/Coerced.htm.
3. I.L. Horton and D. Cheng, "Enhanced Surveillance for Pregnancy-Associated Mortality-Maryland, 1993-1998," JAMA 285(11):1455-1459 (2001); J. Mcfarlane et. al., "Abuse During Pregnancy and Femicide: Urgent Implications for Women’s Health," Obstetrics & Gynecology 100: 27-36 (2002).
4. Melinda Tankard-Reist, Giving Sorrow Words (Springfield, IL: Acorn Books, 2007).
5. Sobie & Reardon, "A Generation at Risk: How Pro-Abortionists Manipulate Vulnerable Teens," The Post-Abortion Review, Vol. 8, No. 1, Jan-Mar. 2000.
6. Carol Everett with Jack Shaw, Blood Money (Sisters, OR: Multnomah Books, 1992). See also Pamela Zekman and Pamela Warwick, "The Abortion Profiteers," Chicago Sun Times special reprint, Dec. 3, 1978 (originally published Nov. 12, 1978), p. 2-3, 33.
7. M Gissler et. al., "Pregnancy Associated Deaths in Finland 1987-1994 — definition problems and benefits of record linkage," Acta Obsetricia et Gynecologica Scandinavica 76:651-657, 1997. See also, DC Reardon et. al., "Deaths Associated With Pregnancy Outcome: A Record Linkage Study of Low Income Women," Southern Medical Journal 95(8):834-41, Aug. 2002.
8. M. Gissler et. al., "Injury deaths, suicides and homicides associated with pregnancy, Finland 1987-2000," European J. Public Health 15(5):459-63, 2005; and M. Gissler, et. al., "Methods for identifying pregnancy-associated deaths: population-based data from Finland 1987-2000," Paediatric Perinatal Epidemiology 18(6): 44855, Nov. 2004.

Traducido de Elliot Institute: AfterAbortion.org ¢ Fact Sheets, Outreach: TheUnChoice.com 7/07

domingo, 21 de septiembre de 2008

Mi memoria histórica

Nací en 1968, así que apenas conocí el régimen de Franco. Ni mis padres ni mis abuelos me contaron nunca detalles de la Guerra; aquél era un tema "tabú" entonces. A poco que preguntaras, siempre te respondían lo mismo: que toda guerra es un horror, pero que aquella fue peor, porque fue una guerra entre hermanos; que jamás se debería repetir aquello. Que todos cometieron barbaridades, de un lado y de otro, y que lo mejor que podíamos hacer era olvidarlo y jamás, jamás, ponernos en circunstancias de que algo similar volviera a repetirse. La famosa "guerra entre hermanos"... una expresión clave de lo que se nos quería enseñar: olvido, reconciliación, escarmiento para el futuro.

Pero el olvido se transformó en algo diferente. Ya con 18 años, mi idea sobre la Guerra Civil Española, aprendida tanto en el colegio (religioso, por cierto) como en la televisión y en la calle, correspondía al modelo de "fascistas contra demócratas". Con ese modelo llegué hasta mis 30 años, sin nada que lo contrariase... hasta que, un buen día, llegué a casa de un amigo y, en un libro hojeado por curiosidad, miré la foto que pongo arriba. Monjas exhumadas, expuestas al público y fotografiadas en plena calle de Barcelona; una imagen en la que contemplé el rostro de un odio tremendo e irracional, tan desnudo y oscuro como aquellos cadáveres profanados.

La imagen de "demócratas contra fascistas" seguía en mi cabeza, pero había una foto que no cuadraba.

Pasó el tiempo... varios meses, quizá más de un año, no mucho más. Una tarde de verano, en la terraza del apartamento de mi madre, ojeábamos viejas fotos, antiguas fotos de familia que yo nunca había visto. Mi abuelo materno era profesor y allí había una foto donde se mostraba orgulloso con un buen grupo de alumnos de su pueblo cordobés. Mi madre me contó que él aprobó las oposiciones justo antes de la Guerra y que gracias a eso se fueron a una villa de Asturias, donde apenas oyeron cuatro tiros y de lejos. Me gustó esa foto y me distraje observando las caritas de esos niños tan antiguos. La dejé y había pasado ya a otra cuando mi madre musitó: "los pobres..."

"¿Por qué?" -pregunté. "El abuelo se llevó un disgusto de muerte cuando volvimos a Pozoblanco y apenas quedaba ninguno" -contestó. Por fin se había ido un poco de la lengua. Ahora, sólo había que tirar. Costó un poco, mostró reticencia a hablar de esas cosas, pero luego se desató. Los republicanos habían castigado al pueblo, casa por casa. Habían matado a las familias enteras, mujeres y niños incluidos.

Ya me daba por satisfecho. Aquello era un dato más que añadir al "no cuadra", junto a la foto de las monjas exhumadas. Pero, como un secreto que se ha callado demasiado tiempo, como algo que quema y hay que compartir al fin, me contó algo más. No se habían "limitado" a matar a las familias. Aquellos "hombres" lo habían hecho empezando por los niños y haciendo que los padres contemplaran la espantosa escena de ver cómo mataban a sus hijos. A los niños de teta, los arrancaban de brazos de su madre y les estrellaban la cabeza contra la pared. Luego mataban al padre. La última, para extremar el sufrimiento de la que más sufre, mataban a la madre.

Lo de antes no necesita comentario. Quiso la Providencia que, por aquellas fechas, escuchara dos testimonios más que cuadraban con aquél de mi madre. El primero fue el de una niña a la que dejaron viva, pero sola en la calle, tras obligarla a contemplar la caída de toda su familia, uno a uno, desde el campanario de una iglesia hasta el suelo, a pocos metros de donde ella se hallaba. Tras la "hazaña", los "héroes" se fueron y la dejaron allí solita, en medio de la calle, abandonada, sin familia y con aquella herencia de espanto, dolor y abandono para toda la vida. "¿Qué buscaban con eso?" es una pregunta que permite asomarse, con horror, al abismo de odio que ocupaba el hueco del corazón de aquella gente. El segundo testimonio fue el de aquel cura de Alicante al que fusilaron dos o tres veces en distintas circunstancias. Sobrevivió milagrosamente, y entonces le oí contar su historia en un medio de comunicación.

Algunos años después, con poco indagar sobre el tema, he podido recabar muchos otros testimonios del mismo nivel de crueldad que aquéllos, si bien confieso que la realidad del horror supera con creces la imaginación: un joven sacerdote al que atan junto a sus padres en un árbol de la plaza, y antes de fusilarlos a todos les hacen presenciar la violación múltiple y pública de la hija de la familia; un obispo al que desnudan, apalean, torean con banderillas y antes de matarlo le cortan los testículos y se los meten en la boca; o un catalán católico, que de incógnito y a la fuerza servía en las filas de la República, al que detienen por sospechoso (luego lo fusilarían) puesto que se niega a asesinar, con una ametralladora, a varias familias con sus hijos que le ponen delante, en un patio. Ningún comentario necesita todo esto, salvo que la historia de "fascistas contra demócratas" realmente no cuadraba. O también señalar que, quizá, el silencio en que nos mantuvieron sobre estos hechos fuera más, en el fondo y principalmente, por pudor de contarlos: ¿cómo se le cuentan esas bestialidades a un hijo? ¿cómo se le cuentan a un joven ignorante de todo, nacido entre algodones mucho después de la tragedia? Y por vergüenza: vergüenza de España, y vergüenza del género humano, que cuando desciende por la pendiente del odio es la más nauseabunda de las criaturas de la tierra.

Con el olvido y la reconciliación, que conllevan desde luego una intención encomiable, a toda nuestra generación se la ha privado de la verdad. Y han sido otros los que han aprovechado ese vacío para rellenarlo con mentiras y medias verdades, que no por repetidas llegan a ser consistentes. Quizá la reconciliación sí estaba bien, pero el olvido... quizá el olvido no es virtud en este mundo imperfecto. Quizá sólo la verdad nos hace libres.

El caso es que, curiosamente, para contrarrestar la memoria histórica zapateril no hace falta abrir más tumbas. A mí, me basta mirar las que ya se abrieron en otra ocasión, cuando alguien fotografió aquellos cadáveres exhumados en las calles de Barcelona. Pero de todos los testimonios, me quedo con la frase de una madre enferma a su hijo sacerdote, cuando se lo llevaron de su casa sin acceder a su deseo de que le permitieran, al menos, despedirse de ella. Aquella mujer se levantó de la cama donde estaba postrada y desde lejos le exhortó como última enseñanza: "¡Hijo mío: mucho valor para morir, pero mucho más amor para perdonar!"

sábado, 20 de septiembre de 2008

La Batalla de la Vida

Comienza la batalla. Los primeros escarceos de esta nueva oleada abortista han sido la convocatoria del Comité de Expertos para ampliar el aborto y la recomendación del Comité de Bioética de Cataluña para aprobar el aborto libre hasta el sexto mes de gestación. Reconozco que, como a aquellos guerreros novatos, prestos para el inminente combate, un escalofrío seco y reprimido me ha recorrido el pecho y se ha quedado aquí a vivir. Y empiezo a sentir que todos mis pasos, esfuerzos y tropiezos me han conducido a este aquí y ahora. En el grisáceo umbral del campo de batalla, hasta mis huesos comprenden ya que estoy en casa, que he nacido para esto.

Recuerdo esa otra batalla, cuando yo aún era un muchacho, en la que nuestros antecesores fueron vencidos. Juan Pablo II gritó en Madrid: "¡Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente!" La batalla se perdió, pero el grito de ese viejo capitán retumba aún en los corazones de los jóvenes, hace eco aún entre los rascacielos de la Castellana... ¡y nos llama de nuevo a la lucha!
Desde entonces, nuestro pueblo ha soportado en impuesto silencio la represión del aborto, de saber que en alguna cloaca disfrazada de clínica, quizá no muy lejos de donde vivimos, comemos, dormimos y amamos, nuestros pequeños compatriotas están siendo arrancados de la vida, arrancados de las entrañas de madres que quién sabe qué dramas, qué silencio y qué engaños las han conducido hasta allí, para luego dejarlas en la calle y que se las apañen como puedan el resto de sus vidas, sin poder sacar de su mente ni a ese hijo, ni esa muerte.

Se libra la Batalla de la Vida, una de las mayores ocasiones en las que un guerrero de nuestro tiempo puede aspirar a participar. Tenemos poco ya que perder y todo que ganar. Creo que estoy preparado para luchar, pero ¡vive Dios! que de lo que sí estoy seguro es de que voy a hacerlo, con todas mis armas y todo mi corazón. Mis armas son la verdad, la compasión y la imaginación. Y mi corazón lo tiene el Señor en sus manos.

Únete a nosotros, los que luchamos por la Vida: derechoavivir.org

lunes, 15 de septiembre de 2008

Arrullo del niño pobre


Dolor de la pena negra
y de tu madre fatiga
fueron sus brazos cansados
niño pobre, tu cunita.
Y fue tu paso tan breve
como larga tu agonía;
tu juego fue el evangelio
de los pobres, que es la vida.
Clavaron en ti sus clavos
el hambre, el sol, la desidia
de los hombres, te elevaste
con llanto, en cruz tus manitas,
pidiendo a Dios el auxilio,
que su amor ya lo tenías.

Y a tocar tu cuerpecito
cuando la muerte venía
nada le quedó que hacer
viéndose, al verte, vencida,
que morías por nacer
a la verdadera vida.

Te vino a buscar el Niño
Jesús, con clara sonrisa;
y entre angelitos cantores
su Mamá, que es tuya y mía
te dio leche de su pecho
que tú mamaste enseguida.
¡Mil coros de querubines
te dieron la bienvenida!
Lo que negaron los hombres,
ángeles te lo traían,
que el Dios que murió por todos
bien que sabe hacer justicia.

sábado, 13 de septiembre de 2008

El acto sexual como símbolo


En Antropología, se estudia el valor del símbolo en las diferentes culturas. Pero a mí me interesan especialmente los símbolos porque son el nexo de unión entre el universo espiritual o cognoscitivo, y el universo material. El ser humano, con espíritu y cuerpo, vive inmerso en ambos mundos, y necesita de esos nexos, de esos "puentes" entre ambos mundos. En algo tan prosaico como el tráfico, hemos consensuado unas ideas que lo ordenan, pero necesitamos que esas ideas se plasmen en el mundo material, y para eso inventamos los símbolos de la circulación: la señal de stop, el círculo rojo o verde, la señal de rotonda...

Los símbolos más perfectos, aquellos que forman un puente entre el universo espiritual y el universo físico, son aquellos que contienen verdaderamente lo que significan. Un beso tiene ese valor simbólico, porque contiene físicamente lo que significa espiritualmente: contiene unión, aceptación y exploración del otro, admisión a la intimidad... Y el símbolo natural más perfecto parece el acto sexual, verdadera plasmación física del misterio del amor: contiene una entrega total, una apertura completa de la propia intimidad al otro, una aceptación confiada del otro, una mutua y respetuosa exploración y una unión físca como casi es imposible en este mundo, desafiando el límite de la impenetrabilidad de la materia y haciéndose "una sola carne". Y en ese acto increíble que, sin parangón en este mundo imperfecto, plasma el misterio del Amor, aparece el milagro que fecunda el amor: el misterio de la Vida, la creación de un nuevo ser humano.

Muchos creen que la Iglesia está en contra del sexo, o que el acto sexual tiene algo de transgresión. Incluso hay una corriente gnóstica que piensa que el pecado de Adán y Eva fue el acto sexual. ¡Si Adán y Eva complacían a Dios multiplicándose, haciéndose una sola carne, si fue voluntad suya...! Evitemos los errores del puritanismo, que no tiene nada de católico. Por tanto, no es que la Iglesia vea en el acto sexual nada sucio, ¡todo lo contrario! Lo que ocurre es que la Iglesia le da al sexo el valor maravilloso que tiene, algo inimaginable para la mayoría de nuestros contemporáneos. Por eso, el acto sexual forma parte del casamiento; el matrimonio realmente se consuma cuando los esposos lo realizan. El acto sexual, que une al alma y el cuerpo de los esposos, constituye lo que podríamos llamar un sacramento natural, un símbolo perfecto que contiene plenamente lo que significa: la unión completa de los esposos querida por Dios.

lunes, 8 de septiembre de 2008

El aborto no es la solución


El Gobierno quiere aborto libre hasta las 21 semanas (5 meses). En realidad, eso ya existe en España y mucho más, porque ni PSOE ni PP han hecho nada ante el masivo incumplimiento de la ley vigente.

Como colaboro con una asociación de ayuda a la mujer embarazada (Red Madre) conozco el enorme daño que el aborto hace a la vida de la mujer, no sólo a la del niño. Realmente, resulta doloroso ver cómo un drama tan terrible es utilizado políticamente para colgarse una medalla de progresía.

No voy a decir que estoy en contra de la ampliación del aborto, porque es más: estoy contra el aborto. Creo que ni un dictador, ni un rey, ni tampoco una democracia tienen derecho a decidir quién tiene y quién no tiene derecho a la vida. Pero es que, además, el aborto es la cloaca de una gran mentira: la mentira del sexo lúdico y seguro. Cuando viene el embarazo, el aborto es planteado como solución. Una "solución" cuya responsabilidad se hace recaer en adolescentes o jóvenes, y que les pesará de por vida como una losa.

El derecho a la vida de todos está reconocido por la Constituición. Y todos vivimos desde la concepción hasta la muerte. Si la esperanza de vida de un embrión o feto, si se le deja vivir y se le cría con cariño, sería de unos 80 años, son esos 80 años de vida humana los que se eliminan con el aborto. Todos lo entenderían si no fuera por un inconveniente: criar a un hijo es una gran responsabilidad, no sólo para la madre y el padre, sino para todo su entorno. Y hoy queremos tener todos los derechos y ninguna responsabilidad. Somos muy "modernos" y prepotentes para hablar del "sexo seguro", pero cuando ese discurso acaba en embarazo, se esconde y se elimina, en silencio, sin asumir compromisos ni responsabilidades.

Todo eso es una enorme injusticia: Es una injusticia para nuestros jóvenes, a los que no se está educando en la alegría y tranquilidad (no exenta de autocontrol) de una sexualidad responsable. Es una injusticia para las jóvenes (más de cien mil cada año) a las que se coacciona a cargar con una decisión espantosa que las marca profundamente (aunque menos, a veces también al padre y al entorno familiar). Y es una injusticia, por supuesto, para esos niños a los que se mata antes de nacer.

Nuestra sociedad del bienestar tiene en el aborto una cloaca fétida e inmoral. Para evitarlo, habría que ayudar a las madres y padres a tener a sus hijos con becas, guarderías, etc., y educar verdaderamente a nuestros jóvenes en una afectividad realmente humanizada y, por tanto, responsable.

Finalmente, me parece inaceptable el mercadeo político con la vida de los más indefensos. La democracia nos permite decidir soluciones o paliativos para muchas cuestiones discutibles, incluida ésta de los embarazos no previstos; pero no caigamos en la perversión de utilizar la democracia, como venimos haciendo, para negarle a ningún ser humano el derecho a nacer, el derecho a vivir. Las urnas no legitiman el asesinato.
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