lunes, 15 de septiembre de 2008

Arrullo del niño pobre


Dolor de la pena negra
y de tu madre fatiga
fueron sus brazos cansados
niño pobre, tu cunita.
Y fue tu paso tan breve
como larga tu agonía;
tu juego fue el evangelio
de los pobres, que es la vida.
Clavaron en ti sus clavos
el hambre, el sol, la desidia
de los hombres, te elevaste
con llanto, en cruz tus manitas,
pidiendo a Dios el auxilio,
que su amor ya lo tenías.

Y a tocar tu cuerpecito
cuando la muerte venía
nada le quedó que hacer
viéndose, al verte, vencida,
que morías por nacer
a la verdadera vida.

Te vino a buscar el Niño
Jesús, con clara sonrisa;
y entre angelitos cantores
su Mamá, que es tuya y mía
te dio leche de su pecho
que tú mamaste enseguida.
¡Mil coros de querubines
te dieron la bienvenida!
Lo que negaron los hombres,
ángeles te lo traían,
que el Dios que murió por todos
bien que sabe hacer justicia.

1 comentario:

Longinos dijo...

Tu justicia me enamora, Señor, ¡bendito seas, oh Dios mío, por tu justicia!

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