lunes, 8 de septiembre de 2008

El aborto no es la solución


El Gobierno quiere aborto libre hasta las 21 semanas (5 meses). En realidad, eso ya existe en España y mucho más, porque ni PSOE ni PP han hecho nada ante el masivo incumplimiento de la ley vigente.

Como colaboro con una asociación de ayuda a la mujer embarazada (Red Madre) conozco el enorme daño que el aborto hace a la vida de la mujer, no sólo a la del niño. Realmente, resulta doloroso ver cómo un drama tan terrible es utilizado políticamente para colgarse una medalla de progresía.

No voy a decir que estoy en contra de la ampliación del aborto, porque es más: estoy contra el aborto. Creo que ni un dictador, ni un rey, ni tampoco una democracia tienen derecho a decidir quién tiene y quién no tiene derecho a la vida. Pero es que, además, el aborto es la cloaca de una gran mentira: la mentira del sexo lúdico y seguro. Cuando viene el embarazo, el aborto es planteado como solución. Una "solución" cuya responsabilidad se hace recaer en adolescentes o jóvenes, y que les pesará de por vida como una losa.

El derecho a la vida de todos está reconocido por la Constituición. Y todos vivimos desde la concepción hasta la muerte. Si la esperanza de vida de un embrión o feto, si se le deja vivir y se le cría con cariño, sería de unos 80 años, son esos 80 años de vida humana los que se eliminan con el aborto. Todos lo entenderían si no fuera por un inconveniente: criar a un hijo es una gran responsabilidad, no sólo para la madre y el padre, sino para todo su entorno. Y hoy queremos tener todos los derechos y ninguna responsabilidad. Somos muy "modernos" y prepotentes para hablar del "sexo seguro", pero cuando ese discurso acaba en embarazo, se esconde y se elimina, en silencio, sin asumir compromisos ni responsabilidades.

Todo eso es una enorme injusticia: Es una injusticia para nuestros jóvenes, a los que no se está educando en la alegría y tranquilidad (no exenta de autocontrol) de una sexualidad responsable. Es una injusticia para las jóvenes (más de cien mil cada año) a las que se coacciona a cargar con una decisión espantosa que las marca profundamente (aunque menos, a veces también al padre y al entorno familiar). Y es una injusticia, por supuesto, para esos niños a los que se mata antes de nacer.

Nuestra sociedad del bienestar tiene en el aborto una cloaca fétida e inmoral. Para evitarlo, habría que ayudar a las madres y padres a tener a sus hijos con becas, guarderías, etc., y educar verdaderamente a nuestros jóvenes en una afectividad realmente humanizada y, por tanto, responsable.

Finalmente, me parece inaceptable el mercadeo político con la vida de los más indefensos. La democracia nos permite decidir soluciones o paliativos para muchas cuestiones discutibles, incluida ésta de los embarazos no previstos; pero no caigamos en la perversión de utilizar la democracia, como venimos haciendo, para negarle a ningún ser humano el derecho a nacer, el derecho a vivir. Las urnas no legitiman el asesinato.

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