lunes, 13 de octubre de 2008

El Señor de los Anillos

CINE-FÓRUM

Los "Inkligs", grupo literario de Oxford que se reunía para poner en común sus obras y discutir sobre cualquier tema de interés, al que pertenecían C.S. Lewis, Tolkien, Williams y otros poco conocidos, goza de un gran prestigio entre el público católico más informado. En este comentario voy a "tirarme a la piscina", porque no he leído el libro de Tolkien. De hecho, este texto lo he tenido que reescribir totalmente, corregido por personas que sí lo han leído. Cometí el error de pensar que la película era fiel reflejo del libro, y he visto que no puedo darlo por hecho en mi crítica. Por tanto, comento la historia que he visto en la pantalla, no la obra de Tolkien, que desconozco por completo.
Me parece que El Señor de los Anillos es la historia de una persona que tiene una misión que cumplir, que ha nacido para algo. Como todos nosotros. Cumplir esa misión le resulta doloroso y debe forzarse a sí mismo para seguir adelante. Como todos. Para colmo, ha de cargar con algo que le atrae, que sería capaz de poseerle y desviarle de su camino si se abandonara a ello. Como todos. Tolkien odia las alegorías, pero la realidad es que todo artista, las más de las veces sin quererlo, plasma iconos de la vida, de las grandes preguntas que se hace el ser humano en toda su obra. O eso, o su obra queda en el olvido.

La historia de Frodo es la historia de cada uno de nosotros. Primero, hemos de encontrarnos a nosotros mismos, descubrir que no hemos nacido sólo para comer, trabajar, dormir y pasarlo bien, que todo nuestro ser está preparado para responder a un reto, y que es respondiendo a ese reto como nos encontramos a nosotros mismos. Cuando Frodo pone los pies en el camino, descubre que ha nacido peregrino, que ha nacido para hacer esa peregrinación y que nadie la puede hacer por él. Como todos.

Esa misión conlleva cargar con una cruz. Es dolorosa. Si Frodo se quedara en casa, evitaría la cruz, pero nunca llegaría a ser el verdadero Frodo. La cruz le duele, le desanima, muchas veces tiene que hacerse fuerza a sí mismo para seguir adelante.

Y carga con algo que le hace sufrir, que podría apoderarse de él, que le tienta como una droga y que si se abandonara en ello le transformaría en drogadicto, como le ocurrió a la criatura Gollum que, comida por la confusión, ya ni siquiera sabe quién es. En la teología cristiana, llamamos concupiscencia a la atracción por salirnos del camino que marca la voluntad de Dios, por la atracción del placer, la fama o el poder desordenados. Es una consecuencia del pecado original. Aunque el pecado original es borrado por el Bautismo, éste no elimina esa huella de atracción fatal en el alma. Esto se puede creer o no creer, pero cualquiera que haya comprobado el crecimiento de un niño se dará cuenta de cómo la atracción por el mal constituye, por desgracia, algo innato en el ser humano desde la infancia. El anillo se parece mucho a la concupiscencia. La concupiscencia nos permite "evadirnos" de las dificultades, es como una droga, y cuando más la atendemos, más nos posee.

Sin embargo, ahí mismo encuentro una particularidad negativa de la historia. La concupiscencia -el anillo- de Frodo, en la película se presenta como algo a lo que necesita entregarse para cumplir su misión. Quizá en la obra original, este matiz de radical importancia sea de otra forma. Habría sido aceptable presentar a Frodo cayendo por debilidad en ponerse el anillo, si de alguna forma se dejase claro en la película que eso está mal, que ha de evitarlo para no poner en peligro su misión. En la película, Frodo sabe que ponerse el anillo es malo para él, trata de evitarlo, pero a veces no tiene más remedio que hacerlo... Trasladado esto al terreno moral, significaría que el bien está muy bien y es lo que nos mueve, pero que no tenemos más remedio que "utilizar" de vez en cuando el mal, de una forma controlada, para seguir vivos e incluso para cumplir la misión buena que tenemos encomendada. Esa visión coincide con una interpretación errónea de la existencia, según la cual no se podría optar por el bien puro; el bien puro sería imposible de practicar en este mundo imperfecto y habría que aceptar un cierto grado de mal, aprendiendo a controlarlo.

Pero eso distaría por completo de la moral cristiana, de las enseñanzas de Jesucristo, que nos dice (en Mateo 5,48): "sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto". Esto nos lleva a uno de los puntos más importantes de la moral católica: "el fin no justifica los medios". Esta regla, si se piensa bien, puede llegar a parecer terrible en algunas circunstancias. Implica que yo no debo hacer algo que está mal aunque con ello consiguiera salvar a toda la humanidad. ¿Y por qué? Porque no puede ser voluntad de Dios que yo haga ningún mal, ni siquiera el más pequeño. Si no veo otra solución que esa, debo abstenerme de usarla y abandonarme en sus manos. Si por eso se hunde el mundo, a lo mejor es que tiene que hundirse; pero hacer el mal, jamás. Hay un viejo aforismo cristiano que dice: "con el mal no se dialoga".

Eso nos suena terrible en esta época, en la que creemos que nosotros solos tenemos el control de todo y no nos abandonamos en manos de Dios. La realidad es que, cuando rechazamos el mal y nos abandonamos en Dios, Él suele encontrar medios mejores que los que habíamos pensado para solucionar el problema. O a veces, es que ha de ser así y debemos soportar el problema y sus consecuencias, como Cristo murió en la cruz.

Un ejemplo claro es el uso del preservativo para prevenir el SIDA. Tal como se presentaba la cosa hace 20 años, parecía que el preservativo era necesario para evitar la expansión del SIDA. Aunque la Iglesia señala que su uso no es moralmente lícito, parecía que, ante el riesgo de una enfermedad mortal, había que aceptarlo. Y un santo como Juan Pablo II dijo: no, ése no es el camino, ésa no puede ser la voluntad de Dios para enfrentarnos al terrible problema del SIDA. A él le preocupaban como al que más los enfermos de SIDA, pero sabía que esa solución no era lo que quería Dios. Pues bien, después de más de veinte años, los únicos países africanos que han logrado contener y disminuir la transmisión del SIDA han sido naciones como Uganda o Kenia, que han abandonado la política de repartir preservativos y promover su uso, y se han dedicado a informar sobre el riesgo y a promover la castidad en los solteros y la fidelidad en los casados. Decía el presidente de Uganda que los preservativos les daban una falsa seguridad, mantenían y fomentaban la promiscuidad, y la promiscuidad era lo que les estaba matando. Como cosecuencia de la reducción del SIDA y la protección de la unidad familiar, Uganda ha experimentado un progreso económico espectacular.

Por tanto -a lo que íbamos- la película "El Señor de los Anillos" me parece, en ese punto esencial, una historia "mágica", en la que el hombre, para cumplir su misión, se ve obligado a negociar con el mal, a arriesgarse y ceder a su concupiscencia de forma controlada, y no por la atracción que siente, sino por mera necesidad de supervivencia. Esto es un gran error. El lado oscuro de la magia se basa en esto, en "aprender" a controlar un poder distinto al poder de Dios.

La fantasía también tiene que ser verdad. Creo que esta película falla en eso, pero no sé si refleja verdaderamente la obra de Tolkien. Hay otra cosa que me extraña en una historia fantástica que se fundamenta en una obra escrita por un católico: la casi total ausencia del sentido del humor, de la risa. No sé si es que en el original de Tolkien no aparece -me extrañaría- pero en la película llega a aburrir tanta cara larga. Los personajes son tan arquetípicos como distantes, como si fuesen conscientes de la enorme trascendencia de cada uno de sus actos y palabras. Como diría un paisano: ¡qué estiraos...!

3 comentarios:

Eos dijo...

Lo primero de todo es que creo que estas en un error Tolkien era católico eso lo puedes comprobar aqui. http://www.aciprensa.com/vejemplares/tolkien/tolkien3.htm
C.S. Lewis era ateo y debio su vuelta a la fe (protestante) a su amistad con Tolkien. Lo único que no consiguió Tolkien es que Lewis se pasase oficialmente al Catolicismo, pero si consigió que pensase de forma bastante católica.
Yo no creo que cuando Frodo se ponga el anillo este justificando usar el mal, sino simboliza que el hombre es tentado a pecar y de hecho peca y el pecado es malo, de hecho sienmpre tiene peores consecuencias para frodo usar el anillo que si no lo hubiera hecho.
Si tienes tiempo leete de verdad el señor de los anillos y no versiones resumidas para de el cine.

Emilio dijo...

Muchas gracias, Eos. Tienes razón en el tema religioso; acabo de leer hace dos meses el libro de "Los Inkligs", de Carpenter y parece ser que ya se me están cruzando los cables... lo he cambiado todo.

En lo esencial, la película me parece que sí tiene ese fallo moral, pero es un error por mi parte asumir que la película es fiel al libro, y he reescrito la entrada para corregirlo. Es un tema esencial, y para mí hace tambalearse toda la historia en la película.

En fin, realmente voy a tener que leerme el libro para constatar cómo presenta Tolkien el anillo: realmente, ése es el nudo gordiano de la historia de la película.

Ciudadano de Sión dijo...

Me ha fustado la entrada. Debo decir que, aunque he leído el señor de los anillos, no recuerdo ahora si Tolkien trata el tema de ponerse el anillo como el dire de la película, Peter Jackson... desde luego, también en el libro Frodo se lo pone varias veces con el objetivo de escapar de ciertas situaciones.

De todas formas, hay que tener una visión clara: por muy parecida que sea la historia del anillo a la tragedia del mal, el pecado y la tentación, esto es fortuito, pues como bien señalas, Tolkien no pretendía una alegoría.

Por último, tranquilizarte respecto a lo del humor. El libro, aunque es el más oscuro del autor, tiene retazos de humor y algunas escenas cotidianas que ayudan a destensar la historia. De todas formas, se ve muy claro el estilo amable de Tolkien en el libro que fue precursor de la historia del anillo, "El hobbit".

Lukas Romero

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