sábado, 4 de octubre de 2008

En el Nombre del Padre

CINE-FÓRUM

Guerry Conlom, un joven irlandés -inmaduro, rebelde y delincuente ocasional-, es acusado injustamente de ser el autor de un terrible atentado del IRA en Londres. Bajo enorme y prolongada presión policial, él y un amigo firman una declaración en la que reconocen ser los autores. La policía va aún más lejos y se encarcela a toda su familia, acusada de complicidad, cuando en realidad ni siquiera simpatizaban con el IRA.
En toda esta peripecia vital absolutamente turbulenta, sólo queda un hilo conductor de la película: la figura del padre, encarcelado en la misma celda que el joven Guerry. Es un pobre hombre, con un trabajo insignificante, pero que en todo momento mantiene la rectitud moral y no se hunde, contra viento y marea. El ejemplo supremo aparece cuando el verdadero autor de los atentados ingresa en la misma prisión en que padre e hijo cumplen condena. El terrorista está allí por otros crímenes; ha confesado a la policía que la bomba de Londres la puso él y que los Conlom son inocentes, pero la policía no hace uso de esta información. En la cárcel, el terrorista se acerca a los Conlom, les ofrece ayuda para demostrar su inocencia y les dice que siente que ellos estén allí injustamente. La respuesta del padre es un rechazo inmediato y total hacia él: "no lo sientas por nosotros, siéntelo por las personas inocentes a las que mataste".
En cambio, Guerry, desesperado por todo lo que les ha ocurrido y desengañado de toda idea de justicia, se sentirá avergonzado por esta actitud de su padre, fascinado por este nuevo e influyente "amigo" que le hace ser respetado -por miedo- entre los demás prisioneros. Tardará en darse cuenta de que su "amigo" es un hombre comido por el odio, y entonces constatará que su padre tenía razón. Con este escarmiento, la vida de Guerry se regenera, aún después de la muerte de su padre en prisión. Hasta aquí, el argumento.
Esta película habla de la paternidad, de lo que es ser un buen padre (vale también para las madres). El buen padre de Guerry es alguien que marca siempre el buen camino moral, que no se tuerce por las dificultades ni por las corrientes dominantes. Y así, cuando Guerry le lleva la contraria y acaba fracasando, tiene dónde agarrarse, pues su padre ya le avisó de que ese camino estaba equivocado. La verdad, el padre de Guerry me ha recordado a mi propio padre, que siempre se mantuvo recto aun en mis mayores momentos de rebeldía: le debo muchísimo a esa firmeza suya.
Este mensaje es muy necesario hoy en día. El drama de nuestros jóvenes es no tener padres rectos moralmente, que contra modas y dificultades constituyan un referente moral. La mayoría de los padres actuales, o no tienen una moral recta, o la tienen pero claudican ante la dificultad y la incomprensión de sus hijos. Y así, los jóvenes no tienen un camino al que volver cuando se dan cuenta que se han equivocado. Su vida se tambalea, sufren fracasos y decepciones, sus aspiraciones les resultan inalcanzables, pero no saben por qué, les falta una referencia sólida.
Un buen amigo, dedicado a la enseñanza, comenta siempre que es un tremendo error que los padres claudiquen en sus rectas convicciones morales. "¿Para qué le voy a decir que eso está mal, si le voy me va a tomar por un carca y luego va a hacer lo que quiera?" -ésta suele ser la excusa. Pues sí, hay que decir lo que está bien y lo que está mal, por tres razones:
Primero, porque es posible que, al saber que está mal, el hijo se lo piense dos veces, y no caiga o caiga menos en ello. Una encuesta realizada en un programa de educación a adolescentes (el "Teen Star"), mostró que los jóvenes son menos propensos a mantener relaciones sexuales si saben que sus padres se oponen.
Segundo, porque aunque caigan en hacer lo malo, lo harán sabiendo que sus padres les han dicho que está mal.
Tercero, porque cuando se den cuenta de que han cometido un error y sufran las consecuencias, cuando se den cuenta de que lo mal hecho no satisface, que sólo hastía y te deja vacío, -como cuando Guerry se dio cuenta del odio que movía al terrorista y de su falsa amistad-, se acordarán de lo que les dijeron sus padres, podrán explicarse lo que les ha pasado, será más facil que entiendan qué es lo que han hecho mal y tendrán algo sólido a lo que aferrarse en medio de la turbulencia, un camino que seguir, al que volver. Podrán escarmentar y rectificar, podrán aprender de sus errores.
Pero hoy la mayoría de los padres no son rectos, no son sólidos, sus convicciones morales son flojas, erráticas y se moldean con facilidad. En lugar de aconsejarles que sean castos, se callan, miran para otro lado y hasta les dan un preservativo o la píldora "por si acaso". Sus hijos sufren las turbulencias de la vida y carecen de la referencia de unos padres con la rectitud que tiene el padre de Guerry en la película. Muchos jóvenes de hoy tienen unos padres de "blandi-blu". Y sufren enormemente esa carencia en sus vidas.
Por último, quiero señalar que hay una figura paterna superior a todas: la de Dios Padre, un Padre que nos enseña la Ley moral, que mantiene su rectitud y su justicia para que volvamos a ella cada vez que nos demos cuenta de que hemos errado el camino. Las personas necesitamos eso, necesitamos la referencia sólida de la ley natural, inscrita por Dios en nuestra conciencia, en el sentido de todas las cosas, y escrita por su dedo en los Diez Mandamientos de las Tablas de la Ley que entregó a Moisés en el Sinaí. El Salmo 24 coincide con el mensaje de esta película: la bondad y la rectitud del Padre:
"El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes.
Humilde es el que acepta la enseñanza, pero no sólo. También es humilde el que, como Guerry en la película, a pesar de haber rechazado inicialmente esa enseñanza, cuando fracasa en el camino del mal es capaz de reconocer que se ha equivocado y acaba a aceptándola. Y ya abemos que "hay más alegría en el Cielo or un pecador que se convierte que por 99 justos que no lo necesitan".
Al final, Guerry, como persona ya reformada, salvada de su inmadurez y falta de rumbo en la vida proclama: "seguiré adelante en el nombre de mi padre". El final es el título de la película y también su mensaje principal. Todos los actores están bien, pero la interpretación del padre, por Pete Postlethwaite, es de antología. El guión y la dirección -de Jim Sheridan-, lo mismo. La habilidad para hacer desaperecer todo hilo conductor en la turbulencia de la trama y que poco a poco vaya poniéndose de manifiesto, poderosamente, lo único sólido que hila todos los acontecimientos, que es la humilde rectitud del padre... ¡soberbia, sobrehumana! Esto es Cine; esto es verdadero Arte Dramático.

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