jueves, 2 de octubre de 2008

Haz lo que quieras (no lo que te apetece)


Como casi todo adolescente de mi generación, me eduqué sobre un concepto erróneo de libertad. En plena efervescencia de las libertades civiles recuperadas tras el franquismo, entendimos la libertad como la independencia de todo condicionamiento externo. Los enemigos de nuestra libertad eran las normas pesadas de nuestros padres, las cargas que nos imponía la sociedad, los compromisos familiares o de cualquier tipo, las normas de educación y los convencionalismos. Y en lo intelectual, identificábamos libertad con "libre pensamiento": no acepto nada de lo que me digan, yo sólo seré capaz de encontrale sentido la la vida con mi autosuficiente poder de deducción.

Cuando ya me había "liberado", rechazando todo condicionamiento externo, aprendí por propia experiencia que seguía siendo esclavo. Esclavo del peor amo que se puede tener: uno mismo. No podía hacer lo que quería, porque estaba obligado a hacer lo que me apetecía. Tenía ideales, pero no los podía cumplir porque era incapaz de enfrentarme a mis apetencias de cada momento. Aprendí así, solo, que la libertad, más que algo que se tiene, es algo que se es. Una persona puede estar encarcelada, no tener "libertad", y a pesar de ello ser libre. Y al revés, se pueden rechazar todos los compromisos y deberes, situarse por encima de ellos y vivir en la peor de las esclavitudes.

No es lo mismo hacer lo que quieres -ésa es la verdadera libertad- que hacer lo que te apetece. Quieres sacar un sobresaliente en una asignatura de la carrera, pero no puedes porque no te apetece estudiar y día tras día eres incapaz de forzarte a ti mismo. Quieres, años más tarde, aprobar unas oposiciones que te hacen mucha ilusión, para un trabajo que te encanta, pero no puedes porque, día tras día, "eliges" ver un partido de baloncesto, irte a tomar unas cañas o perder el tiempo descansando de no hacer nada. Quieres hacer bien tu trabajo, pero no puedes porque eres incapaz de esforzarte todo lo que necesitas y cuando lo necesitas. En realidad, eliges esas otras cosas que te apetecen porque eres incapaz de hacer lo que de verdad quieres, que exige un esfuerzo y no te apetece; no eres libre. Quieres no volver a discutir en casa, pero eres incapaz de dominarte y te lamentas luego de haber vuelto a caer a la mínima contrariedad. Así, tú no llevas las riendas de tu vida, son los acontecimientos y tus apetencias las que te dirigen; vas en el coche de tu vida como un secuestrado que va mirando por la ventanilla de atrás, sin saber a dónde le llevan.

La libertad no consiste en hacer lo que te apetece, sino en hacer lo que quieres.

También aprendí que yo sólo no le encontraba sentido a la vida; que había personas que sí se lo habían encontrado, que lo habían demostrado con su propia vida (como Teresa de Calcuta), que no eran tontos ni les faltaba exigencia intelectual, todo lo contrario (como San Agustín). Y comprendí que necesitaba dejarme ayudar por los que habían descubierto el Camino antes que yo. Eso de "caminante no hay camino, se hace camino al andar" es de una poeticidad innegable, pero es mentira: hay Camino, y por eso hay Esperanza.

Salir de ahí es difícil. Yo sólo pude hacerlo con la gracia de Dios, sabiendo que Él me sostiene, que yo sólo tengo que poner todo lo poquito que pueda de mi parte: "saber que se puede, querer que se pueda", como dice la canción... y encomendarse a Dios, añadiría yo. No es una lucha que se gane en un día, es ya una lucha para toda la vida. Pero el que lucha ya está venciendo, aunque pierda batalla tras batalla, porque descubre que ha nacido para luchar. Ésa es la verdadera libertad y el verdadero elixir de la eterna juventud: la lucha, sea con victoria o con derrota. Lo que convierte a alguien en un guerrero no es evitar la derrota, sino levantarse y seguir luchando.
Cuando he querido elegir una imagen que represente la verdadera libertad, me ha parecido que no había otra mejor que Cristo abrazando la Cruz. Eso es ser libre. Ése es el triunfo de la Libertad.

Ojalá mis hijos aprendan a ser libres, ojalá crezcan acostumbrados a vivir en lucha. Ojalá yo siga luchando para ser libre cada día, a pesar de las continuas derrotas. Qué buen nombre, para Cristo, llamarle "el Redentor": "redimir" significa "liberar"; decir que "Él es nuestro Redentor" significa, precisamente, que Él es quien nos hace libres.

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