domingo, 7 de diciembre de 2008

Contra la mentira del género


Estos días pasados, algunos medios de comunicación han criticado a la Iglesia Católica -o, como algunos dicen, al Vaticano- por, según ellos, "no querer apoyar la despenalización de la homosexualidad", y lo que es peor, algunos que se consideran cristianos les han seguido la estela a estos medios.

Por lo visto, estos autoproclamados cristianos no conocen la doctrina de su propia Iglesia, que en el Catecismo publicado en 1992 ya hablaba del respeto que debemos tener por las personas con tendencias homosexuales, y que no deben ser discriminadas de ninguna forma. Si supieran eso, supongo que habrían investigado un poco más antes de difamar al "Vaticano", lo que por lo visto es el segundo deporte nacional después de ver telebasura, y me temo que ambos están muy relacionados. La Iglesia Católica ya instaba a respetar a los homosexuales, cuando muchos que ahora se rasgan las vestiduras se partían de risa haciendo burlas y chistes de ellos. Y tengo amigos homosexuales que han encontrado en la doctrina católica una verdadera liberación (ver, p. ej., http://www.courage-latino.org/).

Resulta que, en años pasados, la ONU ya ha estado aplicando estrategias para forzar a países pobres, especialmente a nuestros hermanos hispanoamericanos, a que aprueben leyes que incluyan el aborto, bajo amenaza de no concederles ayudas al desarrollo. Sí, no habéis leído mal, en la América más pobre se ha condicionado la ayuda para los que malviven y mueren de hambre o enfermedades a que los gobiernos de sus países aprueben leyes abortistas, como denunció hace pocos años Mercedes Arzú, portavoz de Guatemala ante las Naciones Unidas y como denunció este mismo año el nicaragüense Daniel Ortega. Pues bien, si se aprueba ahora lo que Francia ha propuesto en la ONU, el "Vaticano" -y muchos más- nos tememos que se ejerzan ese tipo de presiones sobre los países pobres que no quieran aprobar en su ordenamiento jurídico leyes que reconozcan a las parejas homosexuales, y castiguen bajo el delito de homofobia lo que no es sino la más simple verdad: que la homosexualidad podrá no ser voluntaria, podrá no ser culpable ni culpabilizada, pero de ninguna forma los actos homosexuales podrán ser vendidos como una forma sana de sexualidad, porque no proceden de una auténtica complementariedad afectiva y sexual, y porque están intrínsecamente cerrados a la procreación.

Sé que al escribir esto me la juego casi tanto como un vasco que se proclama español, pero ya es hora de que nos atrevamos a decir lo que pensamos. La declaración que Francia ha llevado a la ONU, sobre "orientación sexual e identidad de género", no busca sólo evitar las condenas a homosexuales (que aún se dan en países como Cuba y Arabia Saudí), sino que quiere imponer la errónea teoría de género, la misma que se quiere enseñar a nuestros hijos en Educación para la Ciudadanía, es decir, que la sexualidad es algo que se manifiesta de diversas formas, que van desde la homosexualidad absoluta a la heterosexualidada absoluta, pasando por diversos estados intermedios (como reza un libro de la editorial SM).

Detrás de estas políticas internacionales, no lo dudo, lo que hay es una voluntad evidente de desprestigiar a la Iglesia, la única institución que se mantiene firme en la debacle moral de Europa y de lo que nuestra civilización representa.
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