sábado, 17 de enero de 2009

Cribado prenatal: ¿Medicina o eugenesia?


El médico sólo merece tal nombre cuando defiende toda vida humana que pasa por sus manos, incluida la que está en fase embrionaria o fetal, tal como exige el Código de Ética y Deontología Médica.

Para que una prueba diagnóstica que tiene un riesgo (y la amniocentesis conlleva riesgo de muerte del 0,5-2%) sea aceptable científica y éticamente, tiene que servir para tomar una decisión terapéutica cuyos beneficios superen a los riesgos que conlleva para la persona que los sufre. La amniocentesis de cribado de anomalías cromosómicas no aporta ningún beneficio para el paciente que soporta el riesgo (el niño) porque estas patologías no son curables, y por tanto es científica y éticamente inaceptable. Es más, coloca al niño en situación de ser abortado, que es para lo que se realiza esta prueba.
Un médico que se precie de tal profesión está obligado científica y éticamente a hacer valer su autonomía profesional ejerciendo objeción de ciencia y de conciencia ante la pretensión, por parte de cualquier autoridad política o de otro tipo, de obligarle a una actuación que, lejos de beneficiar a nadie, está poniendo en riesgo innecesario la vida, y es más, cooperando con actitudes homicidas contra estos seres humanos indefensos -los niños- que también son sus pacientes. Un médico -como cualquier otro profesional, farmacéutico, maestro, abogado, etc.- debe ser capaz de hacer valer su autonomía en beneficio de su paciente, o de lo contrario dejaría de actuar como verdadero profesional para convertirse en otra cosa.
A menudo se induce a engaño a los padres al proponerles el cribado, amenazándoles con que presentan un "riesgo elevado de malformaciones" (sin cuantificárselo siquiera aproximadamente), y diciéndoles luego ambiguamente que la amniocentesis presenta un "riesgo bajo" (cuando se sabe que nadie inteligente y en su sano juicio sometería su hijo a un juego de azar sin beneficio alguno con el que muere uno de cada cien), o se les dice eufemísticamente que es "para descartar el síndrome de Down", sin dejar claro que esta prueba sólo sirve para decidir un aborto en caso de que se detecte un problema en su hijo.
Esta sobremedicalización dirigida al aborto es una discriminación inaceptable a las personas con enfermedades como el Síndrome de Down, a las que esos médicos y parte de la sociedad les está dando el mensaje de que no tienen siquiera derecho a vivir, que sus vidas no merecen la pena, y que son carne de basurero. Se ha resucitado así el programa eugenésico nazi que horrorizó a la comunidad médica y al mundo entero en los juicios de Nuremberg, con la indiferente aquiescencia, también hoy, de médicos de título, que no de verdadera profesión.
Además, esta práctica de sobremedicalizar la gestación con fines no terapéuticos, sino homicidas (no me refiero, por supuesto, al diagnóstico con fines real y exclusivamente terapéuticos), ha generado un aumento de trabajo e ingresos para numerosos ginecólogos, y estoy seguro de que este ha sido el motivo principal de su aceptación por algunos de ellos. Eso está causando un considerable despilfarro al sistema sanitario público, que dedica a este menester enormes recursos detraídos, forzosamennte, de otros fines realmente terapéuticos que podrían mejorar la salud de los ciudadanos.
La mala praxis es tan evidente que, por ejemplo, la amniocentesis se realiza antes de la semana 20 para que dé tiempo a abortar acogiéndose a uno de los supuestos despenalizados, a pesar de que, si se practicara pocas semanas más tarde, el riesgo para la vida del feto sería mucho menor. Pero esto no se hace porque, obviamente, el fin que se busca no es otro que dar opción al aborto, aberración que algunos, en su delirio, no dudan en invocar incluso como obligación moral del médico. Y eso, aun teniendo en cuenta que el aborto es un delito en España; despenalizado, pero delito. Creo que nadie hace más daño a la auténtica Medicina que estos impostores.
Finalmente, esta sobremedicalización eugenésica, no terapéutica y por tanto superflua, del embarazo, causa en la mayoría de mujeres gestantes una ansiedad innecesaria, que no ayuda nada a conservar el delicado equilibrio psicológico, ni a proporcionarles la verdadera atención sanitaria y humana que exige su estado. Además, insulta a padres y madres ofreciéndonos controles de calidad para nuestros hijos, como si fuésemos todos asesinos en potencia y nuestros hijos meros productos de fábrica. No me cabe duda de que, si Marañón levantara la cabeza, haría sonrojar a tantos malos profesionales que, siguiendo acríticamente lo que les dicen, no dudan en comportarse de forma indigna del honroso nombre de MÉDICO.
En cambio, hay que descubrirse ante otros que son capaces de arriesgar su fama y su fortuna por ejercer su autonomía como profesionales en defensa de la vida de sus pacientes. Aquí adjunto un buen ejemplo, recogido en un artículo de Diario Médico. Este caso sí es de un MÉDICO, que hace objeción de conciencia al diagnóstico prenatal enfocado al aborto. Como concluye el artículo "parece de desear, por tanto, que las próximas noticias -entendiendo como noticia lo novedoso, lo extraño, lo insólito- no sea que alguien en el mundo de la medicina haya optado por su deber de ser fiel a su conciencia sino que realmente no haya sido capaz de mantener esa coherencia".
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