viernes, 6 de marzo de 2009

Dios y la evolución


La Iglesia Católica no tiene nada de nada contra la teoría de la evolución, ni lo ha tenido nunca. Es perfectamente posible que Dios, creando tanto el universo como las leyes que rigen su devenir, haya creado así todos los seres vivos, incluido el hombre. Cuando hablo de la teoría de la evolución me refiero al mecanismo de trasformación de los seres vivos a través de las generaciones, cuyo factor principal se cree que es la mutación al azar del ADN y la selección natural de los más adaptados a su entorno. Que este mecanismo existe, es un hecho observable, y se puede comprobar en seres de generación muy rápida como las bacterias. Que ese mecanismo haya sido el principal motor de la evolución es más discutible, aunque ciertamente hoy existe la opinión más o menos generalizada de que así es. Pero conocemos muy poco de cómo se transmiten los caracteres, sobre todo los morfológicos en seres pluricelulares, a la descendencia. No es lo mismo conocer cómo el ADN da lugar a proteínas que saber cómo la carga genética transmite que yo tenga la nariz como mi padre; esto último se desconoce casi por completo.


La teoría de la evolución ha tenido dos tipos de ataques "religiosos". El primero ha venido de grupos fundamentalistas, entre los que no se ha encontrado la Iglesia Católica, que toman el Génesis como un libro de ciencias, cuando no lo es. El Génesis nos dice que Dios ha creado al hombre y a los demás seres vivos, pero no pretende contarnos la forma material en que lo ha hecho. El otro grupo que ha atacado la teoría de la evolución, deformándola, ha sido cierta filosofía, que hizo de esta teoría su particular demostración de la inexistencia de Dios. Haciendo una lectura científicamente incorrecta del concepto "mutación al azar", creyeron que ese azar era un azar puro, filosófico, un efecto sin causa, y atribuyeron al azar el poder creador. Esto se tradujo incluso en una corriente artística, el arte aleatorio, que pretendía mostrar el poder creador del azar: el artista disponía los colores ante el lienzo con algún mecanismo para que la pintura saltara al azar sobre él, dando origen a una nueva creación.


La realidad es que las bases nitrogenadas del ADN, mutan "al azar", pero esto no significa que muten "espontáneamente", sino en reacciones sometidas a las leyes fisicoquímicas, leyes que, según pensamos los creyentes, fueron creadas por Dios. El Creador, cuya inteligencia es infinita, creó la materia y las leyes que rigen su devenir, por tanto, necesariamente estaba determinando todo lo que iba a pasar después en todos aquellos procesos que se suceden sin libertad intrínseca, es decir, regidos por leyes fisicoquímicas. Que para nosotros la mutación no sea predecible no quiere decir que no lo sea para Dios. Nosotros tiramos un dado y nos sale un número al azar, porque, aunque el movimiento del dado es completamente predecible, somos incapaces de controlar y manejar todas las variables que influyen en su cinética. Pero si Dios tira un dado, saldrá lo que Él quiera, porque necesariamente conoce todas las variables que intervienen. Así, la Creación habría sido como el que monta uno de esos circuitos de fichas de dominó, en los que el montador lo prepara todo de forma que luego transcurra como él ha determinado desde el principio. Le basta tirar la primera ficha, y puede quedarse tumbado mirando, no tiene necesidad de ir tirando las fichas siguientes.

Hay otra consideración, y es la posibilidad que la Creación haya sido desviada de la voluntad original de Dios. Teniendo en cuenta que el pecado original supone un "cataclismo cósmico" que no afecta sólo al hombre, sino a toda la Creación desde su raíz, que se separa del orden querido originalmente por Dios, sería como, si al haber autorizado la entrada al desorden, alguien hubiera movido y destrozado las fichas de ese dominó, que necesitarían reparación o ayuda para llegar a la misma consecuencia. Es evidente que en la teoría de la evolución hay una cierta "crueldad", y eso me parece más problemático que aquellos sofismas trasnochados del "azar creador". Al hablar de crueldad me refiero al hecho de que el fuerte arrincona y mata al débil, y a que para que aparezca por mutación un animal mejor adaptado tienen que haber aparecido centenares peor adaptados que hayan sufrido las consecuencias. ¿A quién no le conmueve contemplar el sufrimiento de las escenas naturales de caza, donde el depredador acecha al débil, separa a la cría de su madre para matarla, o enseña a sus cachorros a cazar y matar presentándoles una víctima herida? No parece que un proceso así pueda concordar con la voluntad original de Dios. Parece que ahí ya está presente el misterio de la caída, las consecuencias de la entrada del desorden en la Creación, provocada por el hombre en contra de su Creador. Pero ese desorden soportado acaba siendo devuelto a la voluntad de Dios; donde se manifiestan los efectos de la caída, se hace presente también la obra redentora. La cruz de Cristo y su Redención a través del sufrimiento parece presente, como la caída, también en el orden natural, no sólo en la historia humana.


"Jugarán el lobo y el codero, y un niñito los guiará" (Is 11,6).

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