miércoles, 11 de marzo de 2009

Sobre el amor ("exousia")


Hace tiempo, un amigo -mi buen amigo Manolo-, me hizo una confidencia. Él y su mujer esparaban una hija y estaban contentísimos. Pero él estaba preocupado porque no sentía nada hacia esa hija que su mujer llevaba ya en su seno.

No recuerdo bien qué le respondí. Casi seguro que le dije que no se preocupara por sus sentimientos, que hoy en día nos preocupamos mucho por los sentimientos, cuando lo que cuenta de verdad es la voluntad que tengamos, que el sentimiento ya vendría... No es que estuviera mal del todo la respuesta, pero la cuestión estuvo bastante tiempo revoloteando por mi cabeza, hasta que un día, cuando ya no hacía falta -suele pasarme esto-, encontré una respuesta mucho mejor que le podría haber dado.

Estaba claro que él estaba preocupado porque como no sentía nada, creía que no amaba. Para él, el amor era un sentimiento. "¿Y acaso no lo es?" Se preguntará quien me lea. Pues veréis lo que le respondí a Manolo en mi imaginación.

Imaginé que Manolo volvía a contarme su inquietud, que estaba preocupado por no amar a su futura hija, y entonces yo le preguntaba:

- Pero tú, ¿quieres amarla?

- Hombre, claro. Si no, ¿por qué te iba a estar contando esto? -podría decir él.

- ¿Y por qué quieres amarla? -repreguntaría yo.

Creo que ahí se habría quedado pensativo, y seguramente me habría respondido o pensado:

- Hombre, pues porque es mi hija...

- ¿Y por qué has de querer tú a una hija tuya?

No sé lo que me habría contestado, pero lo que sí sé es que esa decisión de amar es una elección íntima, que se hace voluntariamente para seguir siendo uno mismo, por el hecho de ser uno mismo. Manolo dejaría de ser Manolo si no se autoimpusiera amar a sus hijos. Es algo tan íntimo, tan radical, tan esencial, que es difícil de explicar en toda su radicalidad. La mejor explicación del amor que he encontrado es una palabra griega que puede designar el amor: "EXOUSIA". Significa "el aliento que nace del ser".

El amor no es un sentimiento. Mi buen amigo Manolo aún no tenía ese sentimiento, pero ya amaba a su hija. El sentimiento -el "eros"- es un añadido, una ayuda para el amor. Es buenísima esa ayuda, porque como somos imperfectos, nos sería muy cuesta arriba hacer el bien a la persona amada, en este caso a una hija, si no encontráramos en ello, al menos a veces, un cierto sentimiento placentero, una tendencia de apego a esa persona. Pero el amor no es el sentimiento, el amor es la decisión íntima de amar, que nace de lo que somos hacia lo que es la persona amada.

El amor nace del ser pero, a la vez, el propio amor construye nuestro ser: cuando amamos, nos afianzamos en nuestro ser, en nuestra esencia; cuando no amamos, perdemos el ser, dejamos de ser quienes somos.

Por eso se puede "mandar el amor", como hizo Dios: "amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo". No se podría mandar el amor si fuera un sentimiento, algo de lo que no somos responsables.

El sentimiento amoroso (ya sea hacia un hijo, un amigo, nuestra pareja o un desconocido) lo conocían los griegos por "eros". Ese sentimiento amoroso es algo no voluntario, algo que nos es impuesto, aunque nosotros sí podemos ayudar en cierta medida a que crezca o mengüe. Por ejemplo, el sentimiento de amor a nuestros hijos o pareja es un don de Dios que nos ayuda a hacerles el bien. Pero ese sentimiento no es el amor esencial. El amor esencial es ese "aliento que nace de nuestro ser", "exousia", cuando decidimos amar en lo más hondo de nuestro corazón. Amar es querer amar. Querer es querer querer.

2 comentarios:

FBM dijo...

Hoy he leído las tres primeras entradas de tu blog. Seguiré otro día. No quiero que por comer demasiado me dé una indigestión.

Emilio Alegre dijo...

Pues bienvenido, FBM.

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