lunes, 1 de junio de 2009

¿Se puede mandar en los sentimientos?

"Eros y Psyche"

Los griegos hablaban del "eros", el sentimiento que sacude al ser humano como un vendaval. Es el "enamoramiento", exaltado por muchas películas de Hollywood. Pero en el fondo, el enamorado aún no ama en el sentido más profundo; el enamorado admira, y desea a la persona que admira para hacerla propia. Es decir, la "ama" aún por lo que le puede dar.

Pero el enamoramiento tiene su función: acercarnos lo suficiente y el suficiente tiempo a una persona para descubrir que es de suyo amable: "el roce hace el cariño". Empieza así otro tipo de amor, al que podríamos encuadrar en el antiguo término griego de "ágape": amar a la otra persona por quién es... Es más, el "ágape" va construyendo el "nosotros", y se construye sobre la base del compromiso mutuo, un compromiso espiritual, personal, que se va sellando progresivamente también en lo corporal. Así, al final, en el sello definitivo de la unión conyugal (en sentido holístico, espiritual y corporal), ese ágape matrimonial se traduce como "nos amamos por quiénes somos"; "la amo porque es mi esposa; la amo porque soy su marido". "Si no la amara, dejaría de ser yo" (no solamente dejaría ser su esposo, sino que dejaría de ser yo, un hombre que ama a su esposa, un hombre que perdería su esencia si no amara a su esposa).
Recuerdo dos historias que ilustran bien esto:
La primera es la de un señor anciano que fue a curarse una herida al enfermero. Mientras éste le hacía la cura, el anciano le dijo que se apresurara, porque tenía que visitar a su esposa. Ella sufría un Alzheimer muy avanzado; estaba ingresada en una residencia, y ni siquiera reconocía ya a su marido cuando iba a verla. Extrañado por el interés de interés de aquel hombre por no faltar un solo día a la cita, el enfermero le preguntó:
- "¿Por qué tiene tanto interés en visitarla todos los días, si ella ya ni recuerda quién es usted?"
A lo que él respondió:
- "Porque yo sí me acuerdo de quién es ella".
La segunda historia aterrará a los espíritus "modernos", pero la contaré: Un marido japonés le preguntó a su esposa, en presencia de un amigo, si después de tantos años de matrimonio le seguía queriendo. A lo que ella respondió algo así:
- "¿Y todavía tienes el mal gusto de dudarlo? Durante treinta años te he planchado las camisas, te he lavado la ropa interior, te he preparado la comida lo mejor que he podido, y sigo haciendo estas cosas a diario sin que te falten nunca. ¿Cómo puedes dudar de que te amo?"

Este amor ya no es un amor del sentimiento: es el amor de la voluntad. El amor del que se sacrifica aunque no le apetezaca para darle a su esposo o esposa lo que necesita. Este es el amor de verdad. El enamoramiento no es más que una antesala del verdadero amor.

El "ágape", el amor de voluntad, el amarnos por lo que somos, hace brotar muchas veces sus propios sentimientos; un enamoramiento más profundo, que nos hace fácil el sacrificio. Pero este sentimiento es intermitente, a veces se debilita, no facilita completamente todo... y eso es bueno. Es bueno porque deja libre el camino a la voluntad, y así permite que la voluntad se robustezca en el amor, mediante el sacrificio costoso.

La frase que hace de título se enarbola a veces como justificación del adulterio: "¿acaso se puede mandar sobre los sentimientos?" Pero es una falacia. Si me enamoro de una mujer casada, no la amo por lo que es, evidentemente, sino que la "amo" por lo que espero de ella. Si la amara por lo que es -que puedo hacerlo, como amigo, no como amante- entonces la querré como mujer casada que es, y querré que su matrimonio prospere.
Además, los sentimientos brotan por donde quieren (la "flechita" de Cupido), pero se pueden cultivar o dejar secar. Y hacer una cosa o la otra depende de la voluntad, es decir, del verdadero amor, que no es algo que se nos imponga como el eros, sino una acción que ejercemos libremente... gracias a a Dios y con su ayuda. Este sí es el verdadero "amor libre". Reconocer que necesitamos a Cristo para amar de verdad, para tomar a veces el camino de la cruz como Él, creo que es lo mejor para asumir un compromiso que nuestra debilidad nos dificulta muchísimo.

2 comentarios:

Doctor Leopoldo Villareal Gómez dijo...

Parece que le han dedicado a usted un trabajo completo que tal vez le interese leer. Lo puede encontrar en la siguiente dirección:

http://cronicas-de-spectator.blogspot.com/2009/01/la-calle-de-la-perpetua.html

Longinos dijo...

Muchas gracias, don Leopoldo. Le he escrito una brevísima contestación hace una semana, a ver si la publica.

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