lunes, 24 de agosto de 2009

Si Cristo es Dios, ¿por qué hay tan pocos cristianos?

El Jabón

Un cristiano estaba caminando por la calle cuando se encontró con el dueño de una compañía que fabricaba jabones.

Mientras hablaban, el fabricante de jabones dijo: -"El evangelio que usted predica no puede ser muy bueno, porque todavía hay mucha gente mala".

El cristiano notó que había un niño cerca jugando con lodo. El niño estaba manchado de barro de pies a cabeza.

El cristiano dijo a su amigo: -"Su jabón no puede ser muy bueno, porque todavía hay mucho sucio en el mundo".

El hombre respondió: -"Bueno, solamente limpia cuando una persona lo usa".

-"¡Exactamente!... Igual pasa con el Evangelio"- dijo el cristiano.




"¿Señor, por qué te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?"

Esta pregunta es dura y clara, sobre todo conociendo -como hoy conocemos- lo que pasa en todo el mundo. Aproximadamente, (sólo) un 25% de la población mundial está bautizada. Y es visible que muchos de los supuestamente cristianos tampoco parecen o parecemos tener en Cristo el centro de nuestra vida. Entonces, ¿cómo podemos creer que Cristo es Dios? ¿Acaso le parece bien a Dios dejar a las tres cuartas partes de la Humanidad sin saber cuál es el sentido de la vida?

Empezaré por el final, y daré varias razones:

1. Que la mayoría de los cristianos no nos comportemos como debemos, no significa que no seamos cristianos. Cada uno hace lo que puede, y ser cristiano significa también reconocer que uno no es como debiera ser y acogerse a la misericordia de Dios. Por supuesto, debemos exigirnos más coherencia y pedirle a Dios muchísima más fe y más gracia para conseguirlo, pero eso no significa que no seamos cristianos.

2. Cristo también se acerca a los no cristianos, aunque ellos mismos no lo sepan. ¿Se va a presentar Dios sólo a unos pocos? Esta es una pregunta razonable, que ya se le ocurrió a alguien en el siglo I, y se la preguntó a quien podía contestársela. El autor de la pregunta fue el apóstol San Judas Tadeo (no el traidor). El que se la respondió, Jesucristo:

"Judas -no el Iscariote- le dijo: "Señor, ¿por qué te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?" Jesús le respondió: "El que me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará; e iremos a él y haremos morada en él" (Juan 14).

Opino que la respuesta que da Jesús entronca con la doctrina sobre la conciencia que cita el Catecismo: "la conciencia es el primer vicario de Cristo" (Cardenal Newmann). Significa que Cristo habla a todos los hombres a través de la conciencia. Quien sigue -de verdad- su conciencia, "guardará su palabra" (la palabra de Cristo, aún sin saber de quién es), y Jesús promete que Él y el Padre "irán a él y harán morada en él". La Iglesia Católica sostiene que Cristo se hace presente también en el alma de los no cristianos, aunque por formas "que Dios conoce", lo cual es una forma de decir que nosotros de momento no sabemos cómo se realiza eso (Decreto "Ad Gentes" del Concilio Vaticano II y Declaración "Dominus Iesus" de la Congregación para la Doctrina de la Fe).

En un libro de doctrina cristiana de los años 50 encontré una muy buena explicación para esto mismo: la Iglesia tendría "cuerpo y alma"; el cuerpo lo formaríamos todos los bautizados; el alma incluiría también a todos aquellos que, sin conocer a Jesús, están unidos a Él porque siguen la voz que Él ha inscrito en su conciencia.

Eso significa que muchos no cristianos pueden salvarse. Se salvan porque, aunque ellos mismos no sean conscientes de ello, están unidos a la Persona de Cristo y pertenecen a su Iglesia.

3. Dios es justo y ve el corazón de las personas. Dice la Declaración "Dominus Iesus", citando a Lumen Gentium, 14 (Concilio Vaticano II), que "es necesario recordar a los hijos de la Iglesia que su excelsa condición no deben atribuirla a sus propios méritos, sino a una gracia especial de Cristo; y si no responden a ella con el pensamiento, las palabras y las obras, lejos de salvarse, serán juzgados con mayor severidad". Recordemos la parábola de los talentos. Dios exige más a aquél que más "talentos" ha recibido. Haber recibido el mensaje cristiano es un privilegio que conlleva una enorme responsabilidad, porque Cristo será más exigente con nosotros.

4. No reconocer el enorme privilegio que Dios nos ha hecho al revelarnos a Cristo, al revelarnos el sentido exacto de nuestra existencia y nuestra vida, sería una falsa humildad. Muchísimos merecerían por méritos propios ese don mucho más que nosotros, claro está. Pero ¿sería humilde la persona a quien han enseñado a leer, si fuera a un pueblo donde casi nadie sabe leer y viviera como si él tampoco supiera, en lugar de seguirse formando, ayudar y enseñar a los demás con ese don que tiene?

"La humildad es la verdad", no reconocer lo bueno que se tiene es una falsa humildad, tan falsa como la hipocresía. No se es humilde por creerse uno menos de lo que es o lo que tiene; se es humilde por reconocer que no se merece tanto como tiene, y por eso ser consciente de la enorme responsabilidad que significa eso hacia sí mismo y hacia los demás. El que tiene una falsa humildad y se hace el "pobre", es como si cogiera los talentos que Dios le ha dado y los enterrara en el suelo.
Así que... hagamos "recuento": Cristo está salvando a personas que no le conocen pero que siguen su conciencia; a muchos que, en el Tercer Mundo, sufren el hambre, la guerra, la injusticia... ("bienaventurados los pobres, etc., porque de ellos es el Reino de los Cielos"). Cristo está salvando a muchos cristianos que siguen sus enseñanzas... Por tanto, realmente, lo más preocupante debe ser haber recibido el mensaje de Cristo y no acogerlo, o acogerlo pero no serle fiel. Si queremos ampararnos en el número, pensando que muchos otros están igual de alejados de Cristo que nosotros por diversas razones, me temo que algún día veremos como muchos estaban sin saberlo mucho más unidos aCristo, y nosotros, por hacernos los tontos hasta la idiotez, nos hemos quedado "fuera de juego".

Pero aun con todo esto, reconozco que puede ser difícil pensar que tenemos que aceptar la doctrina de Cristo cuando, aparentemente, todos andan a otra cosa. Creer y seguir a Cristo es pensar y vivir a contracorriente. Ya Cristo, en su vida, sufrió el hecho de que le abandonaran la mayoría de sus discípulos. Decían que su doctrina era increíble (se autoproclamaba como proveniente de Dios Padre), que era muy dura (p. ej., no aceptaba el divorcio, y aunque no se trataba de cumplir infinidad de preceptos puntillosos, sus enseñanzas eran más exigentes en realidad que la ley judía), decían que estaba loco (eso de pedirles que comieran de su carne y de su sangre, y decirles que si no lo hacían, no tendrían vida, sonaba "raro")... Muchos no confiaron en Él y se apartaron antes de poder averiguar completamente qué era lo que les quería decir. Entonces, Jesús les preguntó a Pedro y a los que quedaban si también ellos iban a marcharse. Pedro les dijo: "Señor, ¿a quién vamos a ir? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna" (Juan 6, 68). La doctrina de la Iglesia es difícil de creer, más en este mundo actual. Pero es la única explicación que da verdadero sentido a nuestras vidas. O eso, o nos conformamos con vivir una vida sin sentido. Sólo Cristo tiene las palabras de vida eterna que ansía nuestro corazón. "Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en Ti" (San Agustín).

Y para el que tenga fe, quisiera recordar un detalle que a mí me sacó de un error: Dudar no es bueno. La duda voluntaria contra lo que Dios ha revelado y la Iglesia nos propone creer es un pecado contra la fe y el amor a Dios (como dice el Catecismo, art. 2088), y nosotros tenemos el deber de velar por la pureza de nuestra fe y rechazar la duda. Podemos tener muchas dificultades, no comprender, pero "diez mil dificultades no hacen una sola duda" (Cardenal Newmann). Decía Santa Teresita: "Señor, no te entiendo nada, pero te creo todo, porque me fío de Ti". Y San Agustín nos recordó que, la mayoría de las veces, primero es creer, y luego comprender: "Creo para comprender, y comprendo para creer mejor". Así que, aunque sólo fuéramos cuatro los que acogiéramos el mensaje de Cristo, eso no le restaría un ápice de verdad a la realidad de que Él es el Salvador de todos los hombres, que se unirán a Él para siempre si no le rechazan.

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