sábado, 24 de octubre de 2009

¿Un referéndum sobre el aborto?



Varios gobiernos, del PSOE y del PP, que no han respetado los derechos humanos fundamentales, con la anuencia del Tribunal Constiticional, nos han impuesto como derecho el asesinato de seres humanos indefensos, bajo la premisa de que algo decidido por un gobierno democrático se convierte automáticamente en moralmente lícito.

Esto sólo pueden pensarlo personas tan engreídas que se creen mejores que todos sus antepasados, y que piensan que por tener un sistema democrático -real o no- estamos a salvo de cometer crueldades tales como las que hemos visto en el siglo XX, el más sangriento de toda la historia de la Humanidad.

No es así. La democracia es un sistema político. Y como simple sistema político, no está por encima del bien y del mal. La democracia se basa en el estado de derecho. Aunque se votase todos los días, si no hubiera estado de derecho, no habría legitimidad posible.

Y un estado de derecho necesariamente ha de reconocer derechos inherentes a la persona, que son preexistentes incluso a cualquier noción política. Un sistema político, por muy democrático que parezca, se convierte en ilegítimo cuando se atribuye poderes que no le corresponden, como el derecho a decidir quién tiene y quién no tiene derecho a la vida. Esto es evidente para cualquiera que piense un poco y conozca la historia. No son extraños a nuestra civilización estados garantistas para una minoría, en los que una gran parte de la población ni tenía derechos ni era considerada siquiera en plano de igualdad humana con los que sí eran ciudadanos.

Así que "democráticamente" -sólo en apariencia- se nos ha impuesto el asesinato. Y alguien propone que por medios supuestamente democráticos -un referéndum- tratemos de revertir la situación. Pero un proceso no se torna democrático sólo porque se pregunte la opinión a los ciudadanos, o porque se utilicen medios propios de la democracia como las urnas y los recuentos. Para que sea verdaderamente democrático, un proceso debe respetar los principios básicos del estado de derecho, y reconocer los derechos propios del ser humano. Lo mismo que no sería democrático plantear un referéndum sobre el derecho de los niños negros a asistir al mismo colegio que los blancos, ni sería democrático siquiera discutir en el Parlamento una enmienda a la Constitución que permitiera tal cosa, tampoco es verdaderamente democrático plantear un referéndum sobre si los niños no nacidos tienen o no derecho a la vida. Simplemente, un estado que no reconoce el derecho de todos a la vida, que lo pervierte torticeramente por motivo de edad, incluso habiéndolo reconocido en su constitución -caso de España-, tiene un grave déficit como estado de derecho, y no puede considerarse plenamente su ordenamiento jurídico como legítimo, al menos en esta cuestión.

La democracia no es la fábrica del bien y del mal, sino un sistema político que sólo puede construirse realmente sobre la base del reconocimiento del derecho natural preexistente; en este caso, de los derechos humanos.

lunes, 12 de octubre de 2009

Begoña y Pilar: España es vasca.

11 de Octubre; la vizcaína Virgen de Begoña precede a la Virgen del Pilar. Como yo también soy de Bilbao -los bilbaínos nacemos donde nos da la gana- voy a referirme brevemente no a la españolidad de los vascos, sino a la vasquidad de los que somos y nos sabemos españoles. Lo vasco, podría decirse que es la quintaesencia de lo español; por eso nos duele tanto Euskadi. Decir vasco es decir persona valiente, sin doblez, que enfrenta los problemas por derecho, que sabe sufrir, amar y cantar al mismo tiempo, amante de lo suyo, amante de sus tradiciones, de su familia, de su pueblo, de su patria chica y de su patria grande, el mejor vasallo cuando tiene buen señor, como dice el Cantar del Mío Cid. Y esa es precisamente la quintaesencia del hombre y la mujer española.

Nadie puede amar de verdad su pueblo si no ama a su familia. Igual se entiende si el pueblo es España y la familia, Euskadi. Pero ha aparecido gentuza que ha emponzoñado esta realidad en beneficio propio, como si amar mucho a Euskadi implicara amar menos a España o viceversa, cuando la realidad es exactamente lo contrario.

La antítesis del vasco, el personaje más despreciable en la esencia humana vasca, es el cizañero, esa persona mezquina que hace de correveidile para provocar una pelea y sacar partido de ella. Eso fue Sabino Arana y eso son tantos como él: cizañeros, correveidiles. Por eso movería a risa, si no fuera reírnos de nosotros mismos, que un pueblo de valientes se transforme en un país de cobardes, de gentes que tuercen mezquinamente las palabras, que llaman paz a una cosa fétida y contemporizan con viles asesinos. Gentes dobladas como los del PNV, incapaces de enfrentarse a un crimen como el aborto, que nunca se sabe de qué lado están. Afortunadamente, pesa muchísimo más el ejemplo de los valientes -verdaderos vascos- que se dejan la vida por defender su verdadera herencia vasca y española, que miles de sinverguenzas peligrosos, que ni son españoles ni vascos, ni saben dónde tienen la mano derecha.

Hoy, noche del día de la Virgen de Begoña, víspera del Pilar, fiesta de España y de toda la Hispanidad, he querido acordarme de que España es también vasca, y que eso jamás nos lo podrán quitar ese atajo de cobardes y cizañeros profesionales:

De un bilbaíno nacido en Cádiz y criado en Madrid, a todos mis compatriotas vascos y españoles, el 11-12 de Octubre: ¡Viva Euskadi y viva España!

miércoles, 7 de octubre de 2009

Cada Vida Importa

Cada Vida Importa. No basta con no hacer el mal. Estoy seguro de que mucha buena gente ve con horror el aborto. Estoy seguro de que reconocen que el bebé, ése por el que todos preguntamos si es niño o niña, es un ser humano, y no deja de serlo porque haya venido “en mal momento”. Él o ella no tiene la culpa de haber aparecido inoportunamente, y hasta parece injusto tachar la existencia de un ser humano de“inoportuna”. La maravilla nunca es inoportuna, y una sola vida humana vale infinitamente más que todas las consideraciones y conveniencias.

Toda esta buena gente no se sorprendería al conocer, como comprobamos los que trabajamos con mujeres embarazadas en dificultades, que el aborto –sobre todo si es provocado- es un mal terrible, un trauma que queda para siempre, como un vacío que duele en el corazón de las chicas que abortan. No se sorprenderían de esto, porque todo el mundo sabe que una mujer no es un electrodoméstico, es una persona que tiene corazón y conciencia, aunque haya caído en la tentación de eliminar a ese hijo en un momento de debilidad y dificultad –y casi siempre, por lo que vemos día a día, sometida a insoportables presiones de su entorno-.
Pero esta buena gente que sabe todo eso, por desgracia muchas veces no llega a tomar la determinación de hacer algo. Pues bien, el próximo 17 de Octubre hay una marcha contra el aborto en Madrid, con el lema: “Cada Vida Importa”. Ojalá estuviésemos todos allí, para defender a los niños y a sus madres, para que se proteja toda vida prenatal y se planifiquen verdaderas ayudas para las madres y padres en situaciones difíciles.
No basta con no hacer el mal, es necesario oponerse a él y defender a los que no pueden defenderse por sí mismos. Muchos se desaniman y desaniman a otros, diciendo que de nada vale señalarse, de nada vale esforzarse y dar la cara, si luego los que mandan no van a cambiar nada, si todo va aseguir igual. Pero se equivocan, porque “lo único verdaderamente necesario para el triunfo del mal es que los buenos no hagan nada” (Edmund Burke).

martes, 6 de octubre de 2009

Por qué no dispenso la píldora del día después



Soy farmacéutico. Cuando, en 2001, un gobierno nacional del PP aprobó la PDD y el gobierno autonómico andaluz del PSOE la ofreció gratuitamente en los centros sanitarios, yo era farmacéutico de un distrito de atención primaria de salud. Estudié el mecanismo de acción de la PDD, y todos los estudios confirmaban lo que dice la propia ficha técnica: que actúa impidiendo la concepción pero con una eficacia baja, del 50%, y que el resto de su efecto se consigue impidiendo la implantación del embrión.



Soy farmacéutico para ayudar a las personas. Creo que todo trabajo, desde el más humilde al más valorado socialmente, tiene que poder darnos la satisfacción de esforzarnos por una sociedad mejor; eso es lo principal. En particular, los profesionales sanitarios tenemos una vocación al cuidado de la salud, y no sólo del que nos lo demanda, sino de la salud de todos. Es decir, tanta responsabilidad tengo yo sobre la salud de la chica que demanda una PDD, como sobre la vida del embrión que puede llevar en su seno. Darle un producto que puede conducir a la muerte de ese ser humano, aún en fase embrionaria, va contra los más elementales principios de la profesión farmacéutica.



Por eso, aunque entonces tenía un contrato precario de obras y servicios y mi sueldo era el único que entraba en casa, tomé la determinación de negarme a cualquier intervención profesional que tuviese algo que ver con la PDD. Cuando cambié de trabajo y fui al hospital, comuniqué la misma decisión a mi jefe de servicio. Y así he actuado siempre que se ha presentado ocasión.
Hoy me encuentro con la barbaridad de que este producto ha sido aprobado para su compra sin receta en las farmacias. No ha parecido importar al Gobierno, que sea un producto que atenta contra la vida humana, ni siquiera el hecho de su inseguridad en administraciones repetidas y en adolescentes, ni que se haya demostrado epidemiológicamente que su disponibilidad no disminuye la incidencia de embarazo imprevisto. Aprobarla y extender su uso son decisiones propagandísticas de una ideología que desprecia la vida humana prenatal, no decisiones sanitarias. Para colmo, el Ministerio de Sanidad engaña a la población diciendo, en un folleto oficial, que no es un abortivo porque no actúa cuando el embrión ya se ha implantado, entrando en un desafortunado juego dialéctico para ocultar la verdad: que impide la implantación del embrión, y por tanto conduce a la eliminación de un ser humano. Ese folleto está colgado tal cual en la web del Consejo General de Colegios de Farmacéuticos, sin pudor alguno. Y ya está aprobada otra píldora (ulipristal) que puede usarse hasta cinco días después.



Si aun esto falla, tenemos el aborto libre y financiado como un derecho con nuestros impuestos. Y como, finalmente, el aborto falla en solucionarles la vida a las adolescentes y sus familias (se la destroza), la vergüenza y la incomprensión acaban imponiendo su fétido silencio sobre la soledad y la tristeza de cientos de miles de mujeres jóvenes, a quienes se ha educado en la falacia del “sexo seguro”.



Algún día, tarde o temprano, alguien se preguntará y nos preguntará cómo pudimos caer tan bajo los farmacéuticos, hasta llegar a constituir un peligro para los padres que quieren dar una educación humana y responsable a sus hijos e hijas, porque se nos reputa capaces de venderles esto, ya incluso sin receta, precisamente a nosotros, que tenemos la responsabilidad ante la sociedad de velar por la salud. La respuesta a cómo hemos caído tan bajo está muy clara, y podemos encontrarla, por analogía, al final de aquella inolvidable película sobre los juicios de Nuremberg: “se llegó a esto cada vez que dispensamos un producto, sabiendo que atentaba contra la salud y la vida humana”. Esa responsabilidad profesional la tenemos y debemos autoexigírnosla. Tarde o temprano, alguien lo hará.



En fin, la respuesta a por qué no dispenso la PDD es simple, y se encuentra ya en la primera frase de este comentario.


Se ha producido un error en este gadget.