viernes, 22 de enero de 2010

¿Qué es la fe? (II)

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CH Á R  I  T  A  S  
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Algunos científicos han evidenciado el átomo; todos los demás, les creemos sin que nos haya sido demostrado. Y aun lo que ves con tus propios ojos, o mides con un aparato, puede engañarte y lo sabes, por lo que, realmente, nunca estás absolutamente seguro de ello.

La fe es distinta, y eso es lo que he tratado de explicar partiendo de esta frase, que es de Santo Tomás de Aquino: "la certeza que proporciona la luz de la fe es mayor que la que nos proporciona la razón natural". Lo que yo afirmo e interpreto en esa frase es que la luz de la fe nos da una seguridad inalcanzable por la razón natural. Yo estoy al 99,9999999 por 100 seguro de que existen los átomos, pero estoy al 100 por 100 seguro de que Dios nos ama. Y es que esa forma de conocimiento es distinta.

Se puede tener una creencia humana en la existencia de Dios y no tener fe. Y se puede tener ambas, o incluso se puede tener fe y no tener la creencia humana, como les ha pasado a muchos santos en fases de su vida, en lo que se conoce como "la noche oscura del alma", tomando el título del poema de San Juan de la Cruz. Los mayores místicos han atravesado la noche oscura.

Santo Tomásde Aquino ha definido la fe así: "creer es un acto del entendimiento que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad movida por Dios mediante la gracia". Fíjate, amigo que lees esto, en una cosa: "por imperio de la voluntad". Yo tengo fe porque quiero creer, porque he decidido creer. Aunque eso se queda corto: yo podría haberme quedado en "querer creer", pero he dado el paso, he creído, he dicho "Señor, creo en Ti, ayúdame".

Si me hubiera quedado en el mero entendimiento humano, podría tener dudas, pero he dado un paso más, que es la fe, y he optado absolutamente por creer, me he entregado en manos de Dios y he rechazado la duda. Eso es un acto del entendimiento movido por la voluntad. Confío más en Dios que en mi propio entendimiento, y eso, porque quiero, porque a quererlo me ha movido la gracia de Dios. Eso es muy distinto a la razón natural. Yo, además, también llego a Dios con la razón natural, y puedo dar razón de su existencia, pero de lo que vivo es de la fe, y lo que me da una certeza absoluta, es la fe, una fe que, repito, he querido tener por propia voluntad.

La fe es así, y es una pena que esto se diga y se reconozca tan poco actualmente. Supongo que es porque no está de moda en un mundo racionalista, donde la duda metódica es el primer mandamiento de la ley social. Yo también dudo de todo, excepto de Dios y su Revelación. O creo en Dios, o no creo, pero dudar de Dios, de mi Creador, que me ha creado por Amor y le debo todo, que me ama más que yo mismo... dudar de Él, confiar más en mi criterio falible que en su verdad, sería un gran pecado. Por eso nos dice la doctrina católica que la duda voluntaria es pecado. Por eso, el primer mandamiento de la Ley de Dios es éste: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas". En el amor no cabe la duda.

El que elige creer en el átomo, confía en los científicos que saben más que él. Ha elegido confiar. Pero le cabe duda, aunque sea mínima, porque incluso miles de científicos pueden equivocarse. Yo he elegido creer en la Dios y en su Iglesia, he elegido confiar en la Iglesia de Dios. Pero hay una diferencia con el átomo, porque ¿qué es lo que creo? En Dios, que es la Verdad. Y si he creído en Dios, que es la Verdad, puedo dudar de mi criterio si se ofusca y me plantea dificultades extremas para creer en Dios, pero ya no puedo dudar de la Verdad, ya no puedo dudar de Dios, porque dudar de la Verdad es un absurdo. Para el que elige creer en Dios, es decir, para el que tiene fe, dudar es un pecado contra el amor y contra la verdad.

Ya, ya sé que no me explico bien... Vamos a ver: la diferencia reside en el objeto del conocimiento, que puede ser Dios o puede ser otra cosa. Cuando el objeto del conocimiento es Dios como Verdad, la duda no cabe: o creo en Dios sin dudar, o no creo. La creencia en Dios como Verdad absoluta no puede quedarse en mero cálculo probabilístico, que es lo que nos proporciona una creencia puramente humana, puesto que admite siempre la duda. Sería absurdo decir: "estoy casi casi seguro de que Dios es la Verdad absoluta". Si no estás absolutamente seguro, es que no la tienes por Verdad absoluta. En cambio, puedo enunciar perfectamente, sin caer en ninguna contradicción: "estoy casi casi seguro de que la materia está formada por átomos". Los átomos son una idea cualquiera, que mi entendimiento puede aceptar a medias, confiando en la posibilidad de su existencia.

Y si Dios nos ama, ¿cómo podemos dudar de Él? Si creo que me ama, no puedo dudar, no puedo poner mi criterio, falible y poco digno de confianza, por encima de su amor. Permitirme la duda voluntaria es rechazar su amor, que es la causa de que yo exista.

Cuando se cree en Dios, se debe rechazar toda duda, así se hunda el mundo, por agradecimiento al Amor y por respeto a la Verdad. Podrán surgir muchas consideraciones que dificulten la fe, pero, como dijo el Cardenal Newmann y recuerda el Catecismo, "diez mil dificultades no hacen una sola duda".

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