viernes, 22 de enero de 2010

¿Qué es la fe? (III)

"Pater, in manos tuas commendo spiritum meum"
- "Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu"-
(últimas palabras de Cristo en la Cruz)


Cuando elegí creer en Cristo y rechazar la duda, no había alcanzado una certeza humana absoluta de la existencia de Dios, de que Cristo era la Verdad. Pero es que la certeza meramente humana, no puede ser absoluta. Nunca será absoluta sin la fe. Y menos cuando se refiere a algo tan inmaterial -pero tan esencial para vivir- como el hecho de que en Dios está el sentido de nuestra vida, nuestra razón de existir y nuestra meta.

Antes de dar el salto de la fe, yo esperaba en vano ir alcanzando certeza absoluta de la verdad de Dios para creer definitivamente en Él, para vivir contando con Él. No era consciente de que tuviera que dar un paso más. Afortunadamente, un buen amigo me sacó de mi error, y me dijo al go así: "si esperas llegar a creer verdaderamente en Dios con sólo el entendimiento, te puedes pasar así toda la vida; tienes que dar el paso".

Hace poco leí un escrito de José Luis Martín Descalzo sobre la vocación, que yo voy a aplicar a la fe: Hay personas que dirían: "¿cómo puedo estar seguro de que Cristo es la Verdad?" La verdad es que no puedes estar seguro antes de creer -tendría que contestarles. La única forma de estar seguro es dar el paso de creer, decirle a Dios: "Señor, creo en Ti, ayúdame a creer". Y tener esperanza en que Él mismo sostendrá nuestra fe.

Esto último también es muy importante: la esperanza. Damos el salto de creer, un salto que vemos imposible para nuestras humanas y pequeñas fuerzas. La fe es un salto absoluto del entendimiento hacia lo Absoluto, y eso que nuestro entendimiento es limitado. Sí, el entendimiento es limitado, es decir: alcanza una certeza limitada y se aplica a objetos limitados. Sin embargo, pretendemos que el entendimiento conozca a Dios, lo que supone alcanzar una certeza absoluta sobre Dios, que es el Absoluto. Por eso, dar el salto de la fe es absurdo sin la esperanza de que Dios nos recoja y sea Él mismo el que nos infunda la fe.


¿Y qué nos da esa esperanza? El amor de Dios, que nos llama interiormente. Saltamos al vacío porque ya le estamos oyendo, porque nuestro corazón vibra con su palabra, arde cuando nos susurra, porque algo en lo más profundo de nosotros reconoce su Voz, o incluso porque, por el Bautismo, tenemos ya en la sangre los genes de nuestro Padre, que gritan por encontrarle. ¡Y saltas...! Y dices: ¡creo en Ti, ayúdame, sontén mi fe!  ...Porque te has llevado toda la vida, sin saberlo, queriendo hacerlo, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas, perdidas buscándole donde no estaba...

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