miércoles, 24 de febrero de 2010

La búsqueda del bien (II): ¿Qué es la conciencia íntima?

La conciencia íntima es el sentimiento que nos hace rechazar el mal y apreciar el bien. Está grabada a fuego en el corazón de todo ser humano. Es el medio más sencillo por el que el hombre busca a Dios, que es el mayor Bien.

En español, existe mucha confusión, porque llamamos conciencia a dos cosas distintas. En primer lugar, está la conciencia íntima, ese sentimiento moral que todos tenemos, aunque nadie nos haya dicho lo que está bien y lo que está mal. En segundo lugar, también llamamos conciencia a ese "tribunal" que tenemos en nuestro interior, que recibe los sentimientos de la conciencia íntima, pero también las experiencias, los razonamientos y las enseñanzas, los procesa y toma una decisión final. Esta "conciencia personal" -la llamo así para distinguirla de la conciencia íntima- sí necesita ser formada, no todos la tenemos igual.

Pues bien, la conciencia íntima es lo que aquí tratamos, ese sentimiento moral que es común a todos. ¿Cómo se dispara ese sentimiento? Por contemplación directa. Cuando yo contemplo lo más cercanamente posible un hecho bueno, siento satisfacción por él. Cuanto más cerca esté, más admiración sentiré, más deseo levantará en mí de hacerlo. Por ejemplo, si me entero de que hay unas monjas que cuidan de unos niños en Paraguay -como hace la Pequeña Compañía de Jesús-, siento admiración por ese bien. Si me enseñan fotos de los niños y de las monjas que los cuidan, sentiré mucha más. Si me voy a la misión y veo directamente el cariño y dedicación con que una monja se ocupa de un niño pobre, me atraerá todavía más. Y si he conocido a uno de esos niños en su miseria, he podido ver cómo le rescatan y se ocupan amorosamente de él,  me sentiré fuertemente llamado a hacer yo cosas parecidas.

Lo mismo que pasa con la atracción por el bien, sucede con el rechazo al mal. Saber que una madre va a abortar al niño que lleva en su vientre nos produce cierto desasosiego interior. Si vemos al niño en una ecografía, el rechazo por esa acción será mayor. Y si vemos directamente el aborto, cómo extraen al niño en pedacitos, una mano por aquí, una piernecita por allá, llegaremos a sentir verdero pavor por ese aborto.

Por tanto, la conciencia íntima se dispara con el contacto con el objeto, con los elementos de la acción. Por eso, una de las formas preferidas de concienciar a las personas sobre un hecho es ponerles en contacto lo más directo posible con él. Eso es lo que se hace a través de reportajes audiovisuales, o invitando a personas a que vean aquello hacia lo que les queremos concienciar, positiva o negativamente. Por ejemplo, cuando una ONG quiere concienciar a unos posibles donantes para que ofrezcan una gran cantidad de dinero, intenta mostrarles lo más directamente posible el buen fin que se está persiguiendo. Otro ejemplo, en este caso de concienciación contra el mal, es el de los campos de exterminio nazis: han impactado nuestra conciencia gracias a la difusión de las fotos y grabaciones que nos han concienciado sobre lo que allí ocurrió. En cambio, Stalin cometió otrogenocidio en Ucrania, privando al pueblo de todo medio de subsistencia, impidiéndole la huida y matándolos de hambre en sus propias tierras, por oponerse al comunismo. Murieron millones de hombres, mujeres y niños; él se "gloriaba" de haber acabado con diez millones, y lo que es seguro es que no fueron menos de cinco millones. Pero nadie se concienciará de lo terrible de este genocidio por unas palabras, aunque se las crea, hasta que no vea una película que muestre a una madre desesperada al contemplar como van muriendo todos sus hijos de hambre, o al menos vea las fotos correspondientes (que por cierto están colgadas en la red).

Este rechazo directo del mal y amor por el bien, estimulados por la contemplación directa, encuentran eco en nuestra alma. En nuestro corazón hay cuerdas que nadie ha puesto, sólo Dios, que resuenan al contemplar el bien y el mal, reconociéndolos. Puesto que el bien es el camino hacia Dios, y el mal son los caminos que nos apartan de Él, podemos decir que la conciencia íntima es una brújula interior que todos tenemos, que nos marca el camino para encontrarnos con nuestro Creador. Así, dice el cardenal Newman: "la conciencia (se refiere a esta conciencia íntima) es el primero de los vicarios de Cristo", porque es la misma voz de Cristo repetida dentro de nosotros, que nos llama a su encuentro a través de las acciones, pensamientos y palabras de cada día. Cada momento de nuestra vida es una encrucijada, donde podemos elegir el camino del encuentro con Dios. Y Él nos ha dado una brújula infalible.

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