jueves, 18 de marzo de 2010

Kyrie Eleison!



Preguntaba un amigo en su blog por la razón por la que muchos médicos y otros sanitarios no alzan con más fuerza su voz frente a imposiciones de la contracultura de la muerte. Él llamaba a este hecho "síndrome de Lavoisier", por el miedo a acabar como el químico francés, guillotinado por los hipócritas defensores de la fraternité.

Esta pregunta me ha ayudado a pensar sobre mí mismo para contestarle. Cuando yo era agnóstico, tenía la misma idea que tengo ahora sobre el inicio de la vida. Sabía que nuestra vida empieza en la concepción. Si a mí me hubieran matado cuando era un embrión, no estaría escribiendo esto. Es así de sencillo. Sin embargo, yo, que ahora me afirmo y lucho contra toda imposición proabortista, entonces callé. Una vez dispensé el método Yuzpe, parecido a la actual píldora del día después. No sabía muy bien cómo funcionaba, aunque lo intuía; pero la ignorancia es un potente anestésico para el sentido de la responsabilidad...

Y varias veces, como cargo intermedio del Servicio Andaluz de Salud, firmé autorizaciones administrativas para abortos, registrando la prescripción de los médicos. Seguramente, la mayoría de ellos se acogían fraudulentamente al supuesto de peligro para la salud psíquica de la madre. Era más fácil no comprobar nada...

¿Qué es lo que ha cambiado en mi? Es verdad que antes ya sabía que la vida humana empezaba en la concepción, pero como no creía en una vida tras la muerte, me consolaba pensando que aquella vida era robada a alguien que nunca se daría cuenta del robo. Era un crimen, pero quedaba oculto en el "limbo" de la nada... Es fácil encontrar excusas para eludir una responsabilidad que no se quiere asumir.

La razón por la que ahora ya no busco excusas es que ahora soy creyente, y he recibido la gracia de Dios, que me da fuerzas para buscar la verdad, y aceptar la responsabilidad que conlleva; es decir, me hace libre. Antes era una marioneta que hacía lo que otros querían que hiciera. Ahora soy yo el que responde por mí mismo.

Es verdad que el aborto no es cuestión de religión. Que la vida humana empieza en la concepción es un hecho, y que la vida humana debe ser respetada es una realidad presente en todas las conciencias. Pero también es verdad que, sin la gracia de Dios, es muy difícil tener la fortaleza suficiente como para aceptar la verdad que nos libera, la fortaleza que nos hace libres. Por eso, la inmensa mayoría de los que luchan de verdad por la vida son católicos practicantes y fervientes.

Por eso, muchos colegios de médicos se han callado ante la ley del aborto, aunque sabemos que están en contra. Ya dijo Dostoievski: "el Occidente ha perdido a Cristo, y por eso perecerá". Por eso, se está secando la cultura que tiene su raíz en Cristo. Aunque, la verdad, yo espero que se recupere:

“He aquí su sueño: soñó que oía voces y tumultos, truenos, terremotos y gran alboroto en la tierra, cuando dos grandes dragones prestos a acometerse uno a otro, dieron fuertes rugidos, y a su voz se prepararon para la guerra todas las naciones de la tierra, a fin de combatir contra la nación de los justos. Fue aquel día, día de tinieblas, de obscuridad, de tribulación y de angustia, de oprobio y de turbación grandes sobre la tierra. Toda la nación justa se turbó ante el temor de sus males, y se disponía a perecer. Pero clamaron a Dios, y a su clamor una fuentecilla se hizo un río caudaloso, de muchas aguas, y apareció una lumbrerita que se hizo sol, y fueron ensalzados los humildes y devoraron a los gloriosos” (Ester, 11, 4-10).

Perdónanos, Señor. Kyrie Eleison!

4 comentarios:

el defensor del objetor de conciencia dijo...

Muchas gracias ¡hermano!

Louis Proust pudo salvalse al alcanzar España, contratado como profesor de Química de la Academia de Artillería de Segovia.

Por desgracia Lavoisier fue detenido antes de emprender su marcha a España.

Del asunto Lavoisier me encargaré con otros ángulos...

Tu amigo

Juan Molina
de Militares para la Democracia

Alonso Gracián dijo...

Cada vez me gustan más las cosas que estás escribiendo aquí.

Emilio Alegre dijo...

Muchas gracias, Alonso Gracián. Nuestras charlas me ayudan mucho, como ves. Cor Unum!

Emilio Alegre dijo...

Juan, me parece estupendo el interés que te tomas, y tu capacidad para decir la verdad a tiempo y a destiempo, en los ambientes difíciles, ya sabes a qué me refiero. Tu amistad me honra. Cor Unum!

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