miércoles, 24 de marzo de 2010

La búsqueda del bien (IV): el anhelo de confesión


 He hablado de los componentes de la conciencia íntima, que es una de las vías, la más directa, para encontrar el bien moral. Estos componentes son el remordimiento, el anhelo de confesión, el anhelo de reparación y el anhelo de curación o conversión. Estos son los componentes que se desatan frente a un acto malo, pero frente a un acto bueno, estos mismos componentes también actúan, pero de otra forma, suscitando en nosotros otros cuatro sentimientos: la admiración (por el bien), el anhelo de transmisión o de "predicación", el agradecimiento o reconocimiento y la emulación (deseo de realizar nosotros el mismo bien que hemos contemplado).

Una vez he hablado del primer componente, el remordimiento por el mal o admiración por el bien, voy a pasar al segundo: el anhelo de confesión. Cuando uno realiza un acto malo, tiene sentimientos que le impelen a compartir esa carga con otros. Reprimírselos y guardarse esa mala experiencia para sí mismo, ocultarla a todos, incluso a los más queridos y cercanos, es fuente ampliamente reconocida de numerosos problemas psicológicos.

¿Por qué estamos hechos así? La razón parece clara: el herido necesita buscar ayuda para ser sanado. El que a sí mismo se ha dañado, necesita a otro para curarse. Generalmente, uno acude a aquellos que sabe que le aman y en quienes confía. Por eso, "quien tiene un amigo tiene un tesoro", y un amigo no es el que siempre te dice lo bien que lo has hecho, sino aquél que es capaz incluso de jugarse tu amistad para decirte la verdad, para decirte que lo que has hecho está mal.

Y si buscamos ayuda en quienes nos aman, los cristianos tenemos un Amigo que nunca falla: Cristo. Por eso, el anhelo de confesión nos lleva a contarle a Él lo que hemos hecho mal, o incluso aquello que no reconocemos aún que está mal, pero que nos inquieta, para buscar su ayuda. Aquí se ve la sabiduría que impregna el sacramento de la Confesión, donde podemos ser aconsejados, seguros del secreto, por un sacerdote, un asesor espiritual que es representante del propio Jesucristo.

Este componente de la conciencia íntima está sujeto a riesgos internos y externos. El riesgo externo es dar con malos consejeros, que nos dicen que lo que hemos hecho está bien, aunque esté muy mal. Eso no nos ayudará a encontrar paz interior, porque el remordimiento seguirá, así que cada vez estaremos más confrontados. A veces, somos nosotros mismos a sabiendas los que buscamos malos consejeros y rechazamos los buenos...

El peligro interior es nuestro propio autoconvencimiento, alegando falsas razones o excusas, de que lo que hemos hecho está muy bien, aunque nos remuerda la conciencia. Pero lo dramático del caso es que el anhelo de confesión seguirá dentro de nosotros, y nos forzaremos a nosotros mismos incluso a contarlo, pero alardeando de ello, violentando con autoengaños nuestra propia conciencia. Por eso vemos a tantas personas que han cometido actos reprobables alardear de ello y pretender que los demás les aplaudan. Estas personas están en tremenda lucha interior, y por eso difícilmente son capaces de difundir tranquilamente sus puntos de vista, y exhiben su odio, de forma unas veces más evidente y otras más velada pero igualmente reconocible,  contra los que pretenden decir que eso de lo que ellos alardean no es para sentirse orgulloso. Y eluden un diálogo profundo, o lo dinamitan consciente o inconscientemente, pero de forma efectiva.

Ante el bien, el anhelo de confesión adquiere la forma de anhelo de transmisión o de "predicación". Quien se encuentra con el bien, no puede guardarlo para sí, necesita ir a todos y contárselo. Y, en el sentido sobrenatural, esto es parte de lo que nos impulsa a los cristianos a la misión: nos hemos encontrado con el amor de Cristo, y sentimos urgencia por transmitírselo a los demás. "Charitas Christi urget nos" (el amor de Cristo nos apremia; 2 Cor 5, 14).

1 comentario:

Alonso gracián dijo...

Longinos, estoy leyendo un libro de Benedicto XVI que acabo de comprar: Elogio de la Conciencia. Es magnífico. Clarifica muchísimo este tema tan importante y ahonda más en todo aquello que aprendimos en "Lo que no podemos ignorar". Te lo aconsejo vivamente!!

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