martes, 30 de marzo de 2010

¿Qué se gana al aceptar la fe de la Iglesia?

El otro día, en un programa de radio de COPE Cádiz al que me invitaron, estuvimos hablando de la fe unos momentos. El presentador nos hizo una pregunta a la que contestamos de forma muy incompleta, por eso me he decidido a contestarla mejor aquí. Nos preguntó qué ganábamos los que teníamos fe. Yo contesté que lo que se ganaba era tener un sentido en la vida, o encontrar el sentido que tiene la vida. Eso es verdad, pero es muy incompleto, porque falta lo principal.

En realidad, lo que uno gana cuando tiene fe es a Dios. Por la fe de la Iglesia, uno se abre a comunicarse con esta Persona que es el origen y causa de todo, que es nuestro Creador y Salvador, y es esta Persona la que te cambia la vida. Si te cambia la vida conocer a tu esposa o esposo, o tener un hijo, y te la llena de alegría precisamente por eso mismo, porque son personas que te llenan la vida, mucho más te la cambia conocer a esa Persona que es Dios, que te llena la vida en un sentido muchísimo más radical, porque te ayuda y porque empieza una relación de amor con Él, que es el "Amigo que nunca falla".

Claro, esta contestación puede sonarle lejana a quien no tiene fe, pero pienso que no por eso hay que ocultarla o irse a cuestiones secundarias. Creo que la verdad tiene un poder en sí misma, y que toda persona tiene dentro de sí la capacidad de reconocerla, aunque esa capacidad esté tapada por miles de razonamientos equivocados, miedos, rechazos, prejuicios, etc. Por eso he querido contarlo aquí tal como es.

Por otra parte, los no creyentes se preguntarán qué querrá decir eso de tener contacto con esa Persona. ¿Cómo podemos tener contacto con Dios? ¿Acaso puede respondernos, contestar a nuestros problemas, etc.? ¿Cómo podemos comunicarnos con Dios, si Él no nos habla? ¿Acaso llamamos "comunicación" a un simple monólogo, en el que nosotros hablamos, pedimos, preguntamos... y Él da la callada por respuesta?

Pues precisamente, esa comunicación con Dios es la mística. Todos los cristianos somos místicos, todos mantenemos esa comunicación de ida y vuelta con Dios. Lo penoso es cuando el cristianismo se convierte en mera ideología o cultura, y se vive un cristianismo de "cumplimiento", en el que ni siquiera se busca ya esa comunicación, se actúa por inercia. Pero eso no es tan frecuente como parece desde fuera, porque muchas personas disimulan su relación con Dios. El problema es que, como la mística parece cosa de locos en plena modernidad o post-modernidad, muchos cristianos han sentido vergüenza de hablar de su comunicación con Dios, y desde fuera parece que su cristianismo es puro cumplimiento, cuando no lo es. Ellos hablan con Dios y reciben su comunicación de vuelta, pero no se lo dicen a nadie, ni siquiera a sus más allegados, y disimulan su relación íntima con Dios. Este fenómeno es parte de los que se ha llamado "secularización", y creo que es el principal culpable de que la transmisión de la fe haya sido tan pobre y tan mala.

Por eso, a aquel presentador de la radio le contestamos de forma tan pobre, diciéndole que lo que ganábamos era el sentido de la vida: porque, en público, quizá nos daba un poco de vergüenza -acaso ni siquiera nos lo planteábamos, como cosa de locos que nos parece- decir que lo que en realidad ganamos gracias a la fe es conocer a Dios y convivir con Él, y que eso es precisamente lo que nos cambia la vida y nos hace contemplar un sentido en todo, en lo bueno y en lo malo, nos llena de alegría y nos da esperanza de felicidad y vida eterna.

Y ¿cómo nos responde Dios? Bueno, en realidad, lo primero que hay que decir es que el primero que habla es Él. Nosotros respondemos a su llamada en nuestro corazón. Dios nos habla de muchas formas, y todo eso es la mística. A cada uno le habla de formas distintas, y cambia de forma de hacerlo en cada momento. Él puede hablarnos directamente con palabras que oímos como quien oye a una persona, pero lógicamente eso sucede poco, que yo sepa. A mí me sucedió una vez. Otras veces, recibimos su comunicación a través de mociones interiores; Él nos hace sensibles a cosas que antes nos pasaban desapercibidas. Pueden ser realidades del mundo, o realidades espirituales, etc. A veces nos damos cuenta de que algo que hacemos no está bien, o que estaría bien hacer esto otro... La variedad de formas en que Dios nos habla es tanta, que es difícil nombrarlas todas así, de forma abstracta. Él también nos habla a través de los acontecimientos, y a través de otras personas, y entonces nos da también la capacidad de darnos cuenta de que es Él quien nos habla. A veces, eso no se produce de inmediato, y nos damos cuenta luego de que una intervención de alguien o un acontecimiento de nuestra vida estuvieron movidos por la Providencia de Dios. Precisamente, llamamos Providencia a esa actuación y comunicación de Dios con nosotros a través de los hechos y personas que nos encontramos cada día... A veces, también, nos habla con símbolos personales, cosas que para otros no significan nada o muy poco, pero que para nosotros son importantes y nos hacen ver su acción en nuestra vida.

Muchas veces oramos a Dios y luego vemos cómo en nuestro corazón y en nuestra vida, sin que nos haya respondido con palabras, obtenemos respuesta a las preguntas y peticiones que le hacemos. Unas veces, la respuesta es más directamente espiritual, la notamos de forma más sensible en nuestro corazón, tanto que a veces es irresistible la claridad y belleza de lo que nos comunica y eso nos hace llorar de emoción. Pero muchas otras veces, nos va cambiando interiormente de forma casi imperceptible. Y muchas veces nos dice cosas que no hemos preguntado y que ni nos imaginábamos. Nosotros le pedíamos que nos abriera una puerta, y Él nos la cierra y abre otra... Otras veces, nos sorprende de forma completamente inesperada... Y aún hay otras en que nos rompe imágenes falsas y prejuicios inconscientes que teníamos sobre Él y sobre su Iglesia. Es, a todos los efectos, el encuentro con una Persona viva y activa, que es nuestro Creador y Salvador, el mejor consejero y amigo que podemos tener, nuestro Padre y Señor, que nos ama con locura, hasta el extremo de que ha querido venir al mundo, hacerse hombre, sufrir lo que nosotros sufrimos y hasta morir en una cruz por nosotros.

Y por supuesto, una de las formas por las que nos habla -la más impopular hoy en día, pero cierta- es a través de la Iglesia, a través de los sacramentos, a través de su doctrina, a través de la Tradición que recibimos por medio de ella, a través de la Palabra de Dios que la Iglesia nos presenta en la Sagrada Escritura, la Biblia compilada por la Tradición de la Iglesia. Para eso fundó Dios la Iglesia, y es dentro de ella donde mejor se comunica con nosotros.

Decir que Dios se comunica con nosotros es decir poco, porque no es ya que Dios nos hable, es aún más: Dios se nos da por completo, Dios se nos entrega. Parece que Dios no sabe hacer llegar palabras solamente a nuestro corazón, quiere darse Él, quiere hacerse presente en nuestro corazón, habitarlo, ayudarnos a transformarlo, si le dejamos y colaboramos con Él. Esto es lo que llamamos con una palabra misteriosa, porque misteriosa es esa realidad y difícil de explicar: se llama "gracia". cuando decimos que por medio de los sacramentos recibimos su gracia, nos referimos a que Él mismo actúa haciéndose presente en nuestro corazón, porque nosotros le hemos abierto la puerta y le hemos pedido que entre y nos ayude. Hasta le ha parecido poco una unión espiritual, y como somos alma y cuerpo, ha querido dársenos en cuerpo y alma, a través de la Eucaristía.

Pero no voy a irme sólo a las alturas de la máxima unión con Dios, porque Dios también habla a los que ni siquiera creen en Él, a los que le rechazan, a los que ni quieren oír hablar de que existe. Lo que pasa es que, el que no cree en Dios, no reconoce que es Él quien le está hablando. Dios no entra en el corazón de quien no quiere, pero sí actúa en él de alguna forma, respetando siempre su libertad. Por ejemplo, Dios nos puede hacer sentir hastío hacia cosas que nosotros amamos pero que nos alejan de Él: ese hastío ya es una acción de Dios. También lo es la conciencia íntima, que nos empuja a hacer el bien y rechazar el mal. Muchas personas se sienten llamadas a hacer el bien sin saber que es Dios quien les empuja a ello, y que, en última instancia, les conducirá hasta Él si siguen ese camino. En realidad, todo anhelo de búsqueda de la verdad, el bien y la belleza, en cualquier tema de que se trate, es una llamada de Dios. Hasta el incrédulo que no cree en un milagro y que lo estudia esperando poder rechazarlo con argumentos, si lo hace con honradez y veracidad, responde a una llamada de Dios, y puede que ésa sea la vía por la que Dios le llama. Por eso pienso también que, ese aprecio por la belleza que muchas personas alejadas de Dios sienten hacia las procesiones de Semana Santa, son respuesta a una llamada de Dios, que mediante ese anhelo por lo bello les está llamando a un encuentro más profundo con Él.
 
En fin, hablar de todo esto daría para muchísimo, porque no hay tema con más riqueza y diversidad que éste. Casi todo el arte realmente digno de ese nombre es, en una forma u otra, un relato místico, una plasmación de la búsqueda y el encuentro de Dios con el ser humano. Sé que todo esto lo he planteado de forma muy desordenada, y espero que no demasiado confusa. Lo principal, lo que sí quiero dejar claro, es que lo que ganamos con la fe, verdaderamente, es a Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. ¡Es que la fe es eso...! Por eso me gusta y repito tanto esa frase de San Agustín que dice: "el hombre no se conforma con menos que con Dios", y esta otra: "nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en Ti".

Y claro -perdonadme ahora los no creyentes que hable para los creyentes-, si le estamos ocultando al "comprador"del "producto" su verdadera "ventaja", ¿cómo queremos que nos lo compre? Es decir, si a los no creyentes -¡incluso a nuestros hijos, cónyuges y amigos...!- les ocultamos nuestro propio encuentro con la Persona de Dios, y hasta disimulamos para que parezca que no lo tenemos, y les transmitimos el "cristianismo" como si fuera una ideología, un mero conjunto de razonamientos y formas de ver la vida, ¿cómo queremos que se interesen por Él? ¡La secularización nos ha vuelto idiotas, y no nos damos cuenta!

En fin, creo que le tengo que estar muy agradecido a ese presentador de radio, mi amigo Antonio, por esa pregunta suya: vino de Dios, y me ha hecho reflexionar sobre la experiencia mística y sobre nuestro silencio sobre ella. Casi siempre, la clave para dar con la verdad es precisamente hacer buenas preguntas. En ciencia, se dice una frase que me gusta mucho: "el 99% del avance de la ciencia consiste en hacer la pregunta correcta". Esto sirve no sólo para la ciencia, sino para todo. Dios actúa a veces también así: haciéndonos preguntas. Es una manía que tiene...

15 comentarios:

Alonso Gracián dijo...

Creo que la pregunta se formula mal, porque los que preguntan eso no saben en verdad la diferencia absoluta que existe entre creencia y fe. La fe no es algo que uno consigue o tiene por su cuenta, como bien has indicado en otras ocasiones.

Así, la pregunta correcta sería: ¿qué se gana con la Iglesia? Y la respuesta: se gana la fe.

Porque si se gana la fe, se gana, ya, al mismo Cristo, y con Cristo, por vía sacramental, se alcanza todo: la Verdad, el Bien, la Gracia…la Gloria, la salvación… todo. ¡Ni siquiera se puede anhelar al Dios Trinitario revelado por Cristo sin la semilla bautismal de ese anhelo!

Por otra parte, la Verdad revelada nadie tiene capacidad para reconocerla si la Iglesia no se la proporciona mediante los sacramentos. Creo que es bueno hacer ver a los demás que nadie, por mucho que lo intente, puede alcanzar la verdad sobrenatural (revelada por Cristo) sin la Iglesia. La iglesia nos da la fe, si corresondemos, pero ningún esfuerzo humano, por muy honesto que sea, es capaz de alcanzar la Verdad, que no es sino proporcionada sacramentalmente por la Iglesia. Es decir, entre la Verdad Absoluta y el ser humano media la Iglesia. Y la pregunta qué se gana con la fe, hay que substituirla por ¿Qué se gana con la Iglesia? Porque sin iglesia no hay fe. A lo sumo, sólo verdades parciales, de índole natural.

Alonso Gracián dijo...

Me he dado cuenta, en mi propio apostolado, que me ha sido necesario, en muchas ocasiones, difereciar entre qué tipos de verdades podemos conocer con la razon natural (y la conciencia incluída en ella) y cuáles nos son imposibles de conocer sin la acción mediadora de la Iglesia (las verdades sobrenaturales) Así, todas las referentes a las verdadades de la ley natural y del mundo empírico, podemos conocerlas por nosotros mismos sin la ayuda sacramental, si bien es difícil, pues el pecado nubla el entendimiento hasta para las cosas más evidentes. (Un ejemplo de ello, es el que hemos comentado del aborto, que la mayoría de las personas que comprenden que es un crimen en verdad son personas que están en Gracia y frecuentan los sacramentos)

A mí me ha resultado muy útil, y me ha clarificado las ideas, distinguir entre verdades de índole natural, y verdades de índole sobrenatural, relativas a la Revelación, que sólo puedo aceptar y "descubrir" si la Iglesia me capacita pra ello mediante la Gracia de la Fe y la docilidad a los dones del Espíritu, como mediante el don de sabiduría.

Saludos, y perdón por lo extenso de estos comentarios.

Alonso Gracián dijo...

Se me olvidaba decir que a las personas que buscan un sentido a sus vidas les impresiona mucho descubrir algo que afirma la Iglesia: que por la razón natural (empujada por la conciencia) puedo conocer esta verdad sobrenatural: que existe un Dios Creador; (aunque la naturaleza trinitaria de Dios sólo es posible conocerla por fe).

Emilio Alegre dijo...

Muchas gracias por tus comentarios, Alonso. Estoy de acuerdo con prácticamente todo. Tengo una dificultad para entender que incluso el anhelo de Dios Trinitario sólo pueda venirnos por el Bautismo. ¿No lo tienen ya los catecúmenos que piden el Bautismo, a los que la Iglesia ya anunciado a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo? Sin embargo, es verdad que en el Bautismo se pide la fe.

Confieso que para mí el tema de la fe y su relación con la Iglesia y el Bautismo es uno de los más oscuros, tanto en el aspecto psicológico como en el de la gracia. Y es importante, porque la verdad es que la mayoría de las personas a que dirigimos nuestro apostolado están bautizados, y algo me dice que el apostolado hacia un bautizado debe considerar ese hecho, que algo estamos pasando por alto, y que no es totalmente lo mismo la predicación de los apóstoles hacia los paganos que la que los cristianos de hoy debemos realizar hacia los que han rechazado su fe bautismal, por el motivo que sea. Ellos ya recibieron la fe; eso debe marcar una diferencia... Tendré que profundizar mucho más en todo esto, porque la verdad es que estoy bastante confuso.

Creo que con tu comentario has colocado a la Iglesia en el lugar que tiene. Es verdad que yo no me quedaba satisfecho del todo con lo que había escrito en ese sentido.

Alonso Gracián dijo...

Creo que en el catecumenado,como parte del Bautismo, se empieza a recibir la acción sacramental de Cristo, porque la Iglesia acoge al catecúmeno, lo introduce en ella de una manera maternal, si bien no completa. Por eso, si el catecúmeno muere, su deseo de bautismo le salva. Creo que muchos catecúmenos, si bien no todos (en función de su deseo de bautismo) reciben la fe que necesitan, pues el Bautismo que van a recibir ya les está proporcionando gracias antes de ser recibido, porque la Iglesia los acoge, como una madre que les da lo que van necesitando para crecer.

Es decir, si el catecúmeno recibe la fe (no sé en qué proporción) es porque la Iglesia se la da en cuanto que es catecúmeno, y desea bautizarse. Debe de haber un cauce sorenatural para recibir Gracias extraordinarias. Pues si el catecúmeno está ya de alguna manera dentro de la Iglesia (por su deseo de estarlo) es lógico que la iglesia comience a alimentarlo con su Vida. Lo que está claro es que el muchos catecúmenos reciben fe, esperaza y caridad, de forma extraordinaria de la Iglesia hasta que se bauticen y lo reciban de forma ordinaria.

Emilio Alegre dijo...

Me parece que eso es acorde con la doctrina de la Iglesia. Porque, para administrarle el Bautismo, la Iglesia pide al catecúmeno que haga profesión de fe, pero al mismo tiempo, en el Bautismo se pide la fe a la Iglesia, y en consecuencia, en el propio Bautismo Dios infunde en el alma las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Todo esto lo dice la doctrina de la Iglesia. La declaración Dominus Iesus deja como campo abierto a la investigación teológica la forma en que Dios puede dar su gracia a los no bautizados, de forma extraordinaria, si no entiendo mal. Muchas gracias por el comentario.

Emilio Alegre dijo...

La pregunta "¿qué es lo que ganamos con la fe?", es verdad que comúnmente puede que no sea la que se hace la gente. A mí me dice mucho, sin embargo, por mi historia personal, que es poco común quizá. Porque claro, el agnosticismo o el propio ateísmo tienen sentido como respuesta a una pregunta: ¿crees en Dios? Y cabe hacer distinciones en esa pregunta, porque cuando se dice "¿crees en Dios?", no para todos significa lo mismo. Para muchos, puede ser una mera creencia en Dios creador. Para mí no era así. Para mí, creen en Dios siempre ha significado creer en el Dios Trinitario presentado por la Iglesia. Cuando yo era agnóstico, lo era con respecto a la fe de la Iglesia, no a la mera creencia en un Dios creador.

Dicho de otra forma, yo jamás siquiera habría considerado creer de otra forma distina a la fe de la Iglesia. Tenía muy claro que cualquier otra forma de creencia era errónea. Hace ya tiempo que me di cuenta de que este es, sin duda, un enorme don que recibí. Aun cuando no aceptaba la fe, la única fe que consideraba era la fe de la Iglesia, como un todo. Quizá porque veía, sin atisbo de duda, que sólo la fe de la Iglesia tiene carácter de pregunta claramente definida. Otra formas de creencia se mueven siempre en el campo de la confusión, de la indefinición, carecen de cohesión racional interna, carecen de defnición clara de los conceptos. Por ejemplo, ¿cómo creer en la Escritura sola, si la Escritura es hija de la Tradición. O se cree en toda la Tradición de la Iglesia, o se cree en un Cristo construido por el criterio personal, mal identificado.

Sí habría podido teóricamente plantearme la creencia no en Cristo, no en el Dios Trinitario, sino en un mero Dios creador. ¿Pero cómo creer en un Dios tan pequeño cuando yo había sido creyente en el Dios Trinitario? Por el agujero que había dejado en mi alma el rechazo del Dios Trinitario, la imagen de un mero Dios creador se colaba totalmente. habría sido como intentar tapar una olla con el tapón de corcho de una botella de vino. A mí quien me interrogaba si creía en Él era Jesucristo, el Cristo de la Iglesia, no otro, ni menos. Para quien ha creído en Dios Trinitario, la pregunta por un mero Dios creador es también una pregunta sin cohesión interna, poruqe Dios no puede ser más pequeño de lo que pensamos. Sólo el Dios Trinitario puede ser infinitamente mayor y mejor de lo que piensa quien ya ha tenido fe una vez.

No sé si me he explicado, creo que no mucho, porque me resulta muy difícil encontrar palabras adecuadas para esta experiencia íntima. Pero me ha ayudado mucho esto a sacar a la luz un aspecto que hasta ahora nunca he explicitado, porque no era capaz de expresarlo, ni siquiera de comprenderlo bien.

Emilio Alegre dijo...

Me estoy acordando de que San Agustín también fue bautizado de pequeño, y había recibido la fe de la Iglesia, pero la había rechazado. Él comentó que, durante un tiempo, todo lo que leía en su búsqueda de la Verdad se le caía de las manos, "porque no encontraba en ello el nombre de Jesucristo". Es que, para el que ha recibido la fe, el hueco que deja en su alma el Dios Trinitario, cuando uno le rechaza, no puede ser llenado ni de lejos con ninguna otra imagen de Dios. Quizá esté por aquí la diferencia entre tratar de evangelizar a un bautizado o a uno que no ha recibido ese don. Esa es una diferencia positiva.

Luego está la diferencia negativa de que, evidentemente, parece más fácil evangelizar a quien no ha conocido al Dios Trinitario que a quien, habiendo recibido el enorme don de la fe con anterioridad, la ha rechazado. Quizá sea apliable este pasaje del Evangelio:

"Cuando el espíritu malo ha salido de un hombre, anda vagando por lugares secos, en busca de reposo. Y, como no encuentra este reposo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. A su llegada, la encuentra barrida y ordenada. Entonces va y se junta con otros siete espíritus peores que él; luego vuelve, entra y se queda. Y el estado de este hombre llega a ser peor que el anterior". (Lucas 11,24-26)

Alonso Gracián dijo...

No sólo comprendo lo que dices acerca de tu experiencia íntima, sino que me emociona profundamente, porque es un ejemplo claro de cómo Cristo llama a la puerta de alguien, y ese alguien (tú) abres, le dejas pasar y te arrojas en sus brazos.

Alonso Gracián dijo...

Respecto al tema del catecumenado, creo que hay una diferencia total entre un catecúmeno y un no bautizado que no sea catecúmeno, pues el deseo de bautismo es un anticipo del sacramento. Es como si la Iglesia fuera un castillo, por decirlo así, y el catecúmeno estuviera, ya, en el vestíbulo, es decir, dentro.
Respecto a los gentiles, creo que es imposible reciban las virtudes teologales sin ser catecúmeno. A lo sumo, pueden tener creencia humana. El bautismo es necesario para la fe, y por tanto para la salvación. Si pueden salvarse, no puede ser por las virtudes teologales, sino por seguir la voz de la conciencia y realizar el bien moral. Dios, que lee los corazones, sabrá si esa persona habría deseado bautizarse (incorporarse a la Iglesia) si la hubiera conocido. Aquí, como en tantas otras cosas, seguir la voz de la conciencia debe ser fundamental y decisivo a los ojos del Señor.
Y lo que has mencionado de San Agustín, es muy significativo, desde luego, y creo que ilumina mucho la cuestión.

Alonso Gracián dijo...

Me doy cuenta de que has reformulado la pregunta que te hicieron: ¿Qué se gana al aceptar la fe de la Iglesia?
Creo que es la formulación perfecta de la pregunta.

Emilio Alegre dijo...

Muchas gracias, Alonso. Es verdad que le abrí al Señor, pero es que Jesús llamó muy fuerte. Seguro que cualquier otro le habría abierto antes. Sus golpes a la puerta eran casi insoportables. Poco a poco voy atisbando el enorme e inmerecido don -inmerecidísimo, casi injusto si no fuera por la infinita misericordia de Dios- que recibí. Muchas veces me temo ser como Salomón, que se atribuyó a sí mismo lo dones recibidos de Dios y los desperdició. Que me conceda Dios el temor y temblor que no tengo por haber recibido tanto.

Antonio M. Sánchez dijo...

Felicidades por tu artículo y los comentarios.
en mi blog puedes ver la razón por la cuál hice esa pregunta en la radio.


http://escuelayfamiliacatolica.blogspot.com/2010/04/lo-que-se-pierden-los-que-no-creen-en.html

Antonio M. Sánchez dijo...

CREER EN DIOS
LO QUE SE PIERDEN LOS QUE NO CREN EN ÉL


1- COMUNICARSE CON ÉL

- Todo el mundo es creyente. Unos creen que Dios no existe y otros creemos que Dios existe y nos ama.
- Creer en un Dios creador del universo es relativamente fácil, es lo más razonable. La extrema complejidad del universo nos indica que es más razonable pensar en la acción de un ser superior que en el azar; o que es fruto de una explosión. La consecuencia de una explosión es razonablemente el caos y no el maravilloso y complejo engranaje del cosmos.
- Es más difícil dar el paso de confiar en ese Dios, de confiar que es Amor, que nos quiere, que quiere lo mejor para nosotros, que quiere hacernos felices. Que ha enviado a su Hijo para que le conozcamos, para que nos comuniquemos con Él, para que conozcamos el proyecto de vida que pensó para cada uno de nosotros. Esto tiene más relación con la fé que la simple creencia.
- ¿cómo podemos comunicarnos con Él?. Dios nos da muchas posibilidades de comunicación, sólo necesitamos estar atentos a lo que el Concilio Vaticano II llamó “los signos de los tiempos”. A través de los acontecimientos (grandes o pequeños) Dios nos está indicando cosas, nos está orientando para ser felices. Hay algunos medios privilegiados de comunicación:
- La Oración personal, familiar y comunitaria.
- La Eucaristía en la que se hace presente realmente.
- En los sacramentos.
- En la Palabra de Dios.
- En la ayuda a los necesitados (cercanos y lejanos).
- En la Iglesia y en sus orientaciones.

2- CONSTRUIR EL PROYECTO QUE DIOS SOÑÓ CUANDO TE CREÓ
- Construimos el proyecto de Dios aceptando las indicaciones qué El nos da por esos medios de comunicación.
- Participando con alegría en las Eucaristía dominicales.
- Formándonos en sus enseñanzas.
- Compartiéndolo con otras personas.
- Este proyecto da sentido a la vida.
- Un solo Dios, todos hermanos.

3- SEGUIR A JESUCRISTO
- Este proyecto tiene su centro en Jesucristo, en el Evangelio y en la Iglesia.
- Jesucristo no sólo es modelo de vida.
- Está presente entre nosotros y podemos tener una relación con Él.
- A través de esta relación podemos conocer algo de Dios.
- A Dios sólo le conoceremos del todo en la Vida Eterna.

4- EN LA IGLESIA
- Dios ha querido que este proyecto lo hagamos en la Iglesia y con la Iglesia.
- Buscando siempre, con humildad y caridad, la unidad entorno al Papa y los obispos.



5- VIVIENDO DE UNA DETERMIANDA MANERA
- Viviendo una serie de valores.
- Dios quiere manifestarse a través de sus criaturas, a través de nosotros.
- El estilo de vida que propone es ser testimonio del Amor de Dios al mundo.
- Cada persona, cada comunidad adquiere un compromiso como consecuencia de la cercanía de Dios en su vida.
- Para transmitir el mensaje del Evangelio a todo el mundo, empezando por los más cercanos, familias, amigos, etc…
- El Evangelio se propone, nunca se impone porque la apuesta por Dios siempre es fruto de un descubrimiento personal.
- Para poderlo descubrir hay que acudir a los lugares apropiados, parroquias, comunidades, movimientos cristianos,….
- Generosidad, perdón, alegría, paz, confianza, esperanza, caridad,


6- PARA SER FELIZ
- Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad”. “Para que tengan vida y la tengan en abundancia”, “El hombre es creado para alabar y servir a Dios y mediante esto salvar su alma”, es decir, para ser feliz.
- Todas estas ideas sólo se comprenden cuando se viven y se dejan de comprender cuando se dejan de vivir.

Emilio Alegre dijo...

Muchas gracias, Antonio, por la pregunta y tu respuesta, muy acertada, como siempre. Estamos en total sintonía. Acabo de conocer tu blog, que no lo conocía y me he hecho seguidor. Te recomiendo también el blog de Alonso Gracián.

Tienes razón, la pregunta sobre Dios, todos la contestamos, o con palabras o con la vida. No se puede evitar.

Un abrazo

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