lunes, 26 de abril de 2010

"El mejor predicador, Fray Ejemplo" (o "la importancia de la Tradición viva")


 2 Tesalonicenses 2, 15: "Así pues, hermanos, sed constantes y mantened firmemente las tradiciones en que fuistes adoctrinados, ya sea de viva voz, ya sea por carta nuestra".

El Espíritu Santo, por medio de San Pablo, nos dice que ha dado unas enseñanzas por carta y otras oralmente. Y dice a los cristianos de Tesalónica que las guarden todas como tradición. Las que dio por carta, en la Biblia están; las que no dio por carta, no están en la Biblia, y les dijo que las guardaran y las transmitieran igualmente. Eso es lo que significa "tradición": es algo de lo que eres portador; tiene un sentido de transmisión. ¿A quién? A la generación siguiente, y así sucesivamente. La Biblia es una tradición escrita. Otras enseñanzas son tradiciones orales. Un ejemplo de tradición oral: la Liturgia. Lo que decían los apóstoles al celebrar la Eucaristía.

Otra forma importantísima de tradición no escrita, es el ejemplo. El ejemplo es tan rico que no todo se puede contar o escribir, es Cristo mismo encarnado en cada persona: cómo hablaba San Pablo a los niños, cómo se relacionaba con las mujeres, cómo aprovechaba las ocasiones para evangelizar en una cena, o en un encuentro, cómo cuidaba su pureza personal, cuándo y cómo oraba o ayunaba... Todo eso les cuestionaría su propias costumbres a los cristianos de Antioquía, o a los de Tesalónica, o a los de Éfeso, y ellos aprenderían de ese ejemplo, y lo viviría cada uno según su propia personalidad, impulsado por el Espíritu; y sus hijos lo aprendieron de ellos, etc.

Hoy sabemos algunas cosas de cómo se comportaban los Apóstoles por los hechos y las cartas, pero todo lo demás no lo sabemos concretamente. Sin embargo, esa escuela ha pervivido desde entonces en la tradición viva de los cristianos, reavivándose a cada generación con ayuda del Espíritu Santo: una tradición de amabilidad, de tolerancia bien entendida, de austeridad, de sencillez... ejemplos que se quedan bastante reducidos al escribirlos, pero que son valiosísimos, y que se van viendo luego reflejados en las vidas de aquellas personas que han seguido a Cristo de forma admirable y heroica. El mejor predicador es Fray Ejemplo. Una persona vivificada por Cristo, como Teresa de Calcuta, aprende en la Escritura a orientar cada aspecto de su vida, pero aprende también de esa tradición viva que se transmite de generación en generación y que se remonta hasta aquellos primeros cristianos.

Por eso, en la formación de un cristiano, son necesarios lo ejemplos de los santos. Entre líneas, una persona puede leer en sus vidas la Palabra de Dios, en forma de esa tradición de ejemplos, reavivada por el Espíritu. Ahora comprendo por qué, en mi conversión y en el período de formación siguiente, fueron tan importantes las biografías de santos: fueron fundamentales, porque a través de ellas también pude percibir y recibir la Revelación de Dios.

Otro aspecto que fue importantísimo en mi conversión fue la Liturgia. Esta forma de tradición viva y revelada la recibí, la primera vez tras mi conversión, de forma mística. La primera vez que fui a Misa, después de tanto tiempo, me fue dado escuchar al sacerdote como si fuera Jesús mismo. Las palabras de la Liturgia oficiada por aquel buen sacerdote -el padre José Carlos Muñoz- las oía en boca de Jesús y estaban dichas para mí: se me clavaban una a una en el alma, respondían a preguntas muy interiores, me llenaban de consolación, de alegría, me mostraban el amor inconmensurable de Dios por mí, por mis cosas, por mis preocupaciones, por mi historia personal. Pocas veces he vuelto a tener una experiencia así en la Misa, y nunca tan duradera, aunque una vez fue aún más intensa. Pero en la Liturgia de cada día, sin percibirlo de esa forma sensible en que entonces lo percibí, sigo escuchando la Palabra viva de Dios, transmitida por medio de su Iglesia. Y antes, en el momento mismo de mi conversión, fue la oración vocal -otra forma de tradición- la que me unió a Cristo. Y la música de Tomás Luis de Victoria, que entonando la Escritura -"Pater in manos tuas commendo Spiritum meum!"- la envuelve también de esa tradición de adoración eclesial, de una forma que no se puede expresar con palabras. Fue la tradición contemplada por mí en la sotana remendada de aquel viejo sacerdote moribundo, y en su increíble amabilidad en medio del padecimiento que sufría, la que me hizo contemplar, con la ayuda del Espíritu Santo, lo que verdaderamente es la Iglesia Católica, Una con Cristo.


Pero hablábamos del ejemplo de vida, y decíamos que esa tradición viva y vivida, renovada a cada generación por el Espíritu Santo, se remonta hasta aquellos primeros cristianos... ¡y de ellos a Cristo! Por eso es verdadera Revelación. Negarla para quedarse con sólo la Escritura es reducir la Revelación.

Algunas personas pueden tener una mal entendida pretensión de "pureza" de fe, y temerosos de fiarse del Espíritu Santo, y agarrándose a certezas puramente humanas, se quedan sólo con Escritura, porque la Escritura parece como más "segura" humanamente hablando: lo escrito, escrito está, y no cabe duda. En cambio, la tradición puede ser más "etérea": tal cosa o tal otra, ¿procede realmente de Cristo, o es un invento humano? Está claro que identificar e interpretar la tradición tiene sus dificultades, para separar el grano de la paja. Pero no porque esa parte de la Revelación tenga dificultades, debemos renunciar a conocerla y aplicarla. Para eso nos envió Jesús al Espíritu Santo, para que pudiéramos segregar el grano de la paja. ¿Es difícil? Por supuesto. La verdad es trabajosa en este mundo. ¿Es posible para el hombre hacerlo él solo sin equivocarse? No; lo mismo que es imposible interpretar la Escritura sin equivocarse, sin contar con la ayuda del Espíritu que la inspiró.

Y quienes, por otra parte, se fian de seguridades humanas al aceptar la Escritura y rechazar la Tradición, también se suelen fiar de seguridades humanas al interpretar las Escrituras sin contar con la Iglesia, contando con su propio criterio o el criterio de aquellos que les convencen, que es lo mismo: se fian sólo de sus propias opiniones y sentimientos al rechazar la ayuda de la Iglesia que Cristo fundó. El que dice "sólo la Escritura", en realidad está afirmando: "sólo Yo". ¡Rechacemos el "sólo yo" y acojamos el "todo Cristo"!

De hecho, uno de los primeros trabajos de esa tradición fue precisamente identificar la propia Escritura. El canon de las Escrituras, la Biblia, es hija de la Tradición. Aparte de las incluidas en la Biblia, hay más cartas atribuidas a los apóstoles, más las cartas de Policarpo, etc. Primero, los cristianos se dieron cuenta de que había Escrituras inspiradas y escrituras muy piadosas pero no inspiradas, y hasta otras equivocadas. ¿Cómo se dieron cuenta? Por el "sensus ecclesiae", el "sentido de toda la Iglesia", que tenía por inspirado esos libros. La tradición viva y la ayuda del Espíritu les ayudó a notar, primero, que había grano y paja; y segundo, les ayudó a discernir el grano de la paja. Ellos sabían lo que era ser cristiano por ciencia transmitida y ciencia infusa, y por eso paladeaban la Palabra de Cristo en los escritos inspirados. Así los reunieron, y los obispos en comunión con el obispo de Roma, utilizaron una vez más su autoridad para enseñar, sin ningún género de duda o error, que había una Escritura que era Palabra Revelada, y que a ella pertenecían tales libros y no otros, por piadosos y correctos que fueran, como las otras cartas apostólicas, las de Policarpo, las de Ignacio, u otros escritos que se leían en distintos lugares de la cristiandad.

Por eso, es importante conocer que la Revelación de Dios la recibimos por medio de dos fuentes que mutuamente se complementan: la Tradición viva de la Iglesia y las Sagradas Escrituras. ¡Gracias a Dios!

"Trae acá tu dedo..." (Juan, 19)
"La incredulidad de Santo Tomás".- Caravaggio

2 comentarios:

Renton dijo...

Eso es lo que significa "tradición": es algo de lo que eres portador; tiene un sentido de transmisión. ¿A quién? A la generación siguiente, y así sucesivamente. La Biblia es una tradición escrita. Otras enseñanzas son tradiciones orales.

Qué interesante, significa eso que la iglesia católica actual es un espejo de las costumbres que tenían los apóstoles?

Por otro lado, la cita de 2 Tesalonicenses significa que toda tradición -a pesar de que haya nacido en el siglo IX, XV o XVIII- tiene la misma categoría que las tradiciones de los apóstoles y por tanto deben considerarse igualmente doctrina?

Dios te bendiga!

:]

Emilio Alegre dijo...

Sí, claro, la Iglesia católica debe ser un espejo de las "costumbres" de los Apóstoles, en varios sentidos:

- La palabra "costumbre" recuerda inmediatamente a una palabra de la psicología cristiana: "Virtud". La virtud es la costumbre en el bien. Esa costumbre del bien, copiada de Cristo, es parte de esa tradición.

- La costumbre litúrgica, heredada de la institución Eucarística y renovada con la infusión de la gracia del Espíritu Santo sobre la primera comunidad. Gracias a uan experiencia reciente en grupos carismáticos he podido reconocer esa ortación de alabanza inspirada por el Espíritu que se conserva, a veces un tanto "apolillada", en el texto litúrgico.

- La costumbre de oración y ayuno. Algunos episodios han quedado escritos, pero sin duda la tradición ascética y orante heredada del propio Jesús se ha mantenido desde entonces, tomando a veces concreción renovada por medio del Espíritu, como por ejemplo en la regla benedictina del siglo IV

- Y finalmente, la tradición doctrinal, enseñanzas de Cristo que el Espíritu ha hido no revelando porque ya estaban reveladas, pero sí desvelando, al Pueblo de Dios. Ahora entendemos mejor el Cantar de los Cantares, las referencias a María en la Escritura, etc. El Espíritu ha ido mostrándole esas cosas al pueblo cristiano fiel, llevándonos hacia la plenitud de la Verdad en Cristo.

Sobre la otra pregunta, no toda tradición es Sagrada Tradición. La Sagrada Tradición es otra cosa. Una Tradición Sagrada sólo puede remontarse a la fuente, que es Cristo, el quien está la plenitud de la Revelación, que es actualizada y renovada en cada generación por la asistencia del Espíritu Santo que Cristo envió a su Iglesia, para que la instruyera y condujera a la Verdad completa.

Siento haber tardado tanto en responder, no me había dado cuenta de este apunte.

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