domingo, 4 de abril de 2010

El origen de la Creación y del Hombre

Todo acercamiento a la verdad (también al bien y a la belleza), en el terreno que sea, es un acercamiento a Dios. Por tanto, sólo la mala ciencia, la que confunde y no lleva a la realidad, puede ser criticable; la verdadera ciencia siempre es un logro. En este sentido, yo creo que hay muchas observaciones científicas que nos permiten vislumbrar cómo podemos haber llegado hasta aquí. Sin embargo, hay que reconocer que se trata de pruebas circunstanciales más o menos confluyentes, nada más. Por tanto, todo lo que a continuación expongo está completamente sujeto a discusión, tanto en el origen del Cosmos como en la evolución de las especies y la aparición del hombre. Cuando a continuación hable de que sabemos tal o cual cosa, no me refiero a la certeza propia del empirismo científico, sino a especulaciones que creo acertadas y compatibles con las observaciones realizadas, pero que son completamente discutibles.

El origen del Cosmos

Hoy sabemos que el Universo empezó en el Big Bang, un comienzo no sólo del universo material, sino también del espacio y del tiempo, una aparición del universo de la nada, dotado de orden mediante leyes físicas, es decir, con ninguna libertad intrínseca. Sabemos que de eso a la aparición del Sol y de la Tierra pasaron miles de millones de años, lo que ya de por sí invalida una lectura literal del Génesis, en el que la Creación se produce en seis días. La doctrina católica acepta esto perfectamente. Alguien dijo que la Biblia no nos dice cómo va el cielo, sino cómo se va al Cielo. Con el Big Bang se ha venido abajo la teoría favorita de muchos ateos: el universo estacionario; un universo que hubiera existido desde siempre. Se ha demostrado lo contrario. Fred Hoyle, que se reía de la hipótesis del estallido inicial, al que él impuso jocosamente el nombre de “Big Bang”, tuvo que recapitular y acabó convertido. Los físicos que descubrieron la radiación fósil, eco del Big Bang, dijeron que la ciencia había llegado al principio del universo y se había encontrado con los teólogos, que llevaban siglos allí. El Universo apareció de la nada, en un enorme estallido de luz. Por supuesto, que de la nada pueda salir algo es imposible, nosotros sabemos Quién lo hizo, y ya se cuenta en el Génesis: “Fiat lux!” (¡Hágase la Luz!).

El origen de la vida

La ciencia ha rechazado prácticamente, hace 15 años, para la aparición de la vida en la Tierra, la hipótesis del caldo primitivo de Oparin. Parece imposible, a juzgar por la atmósfera que tenía la Tierra. A día de hoy, la ciencia no tiene ni la más remota idea de cómo pudo aparecer la vida sobre la Tierra. La hipótesis de que alguien o algo puso la vida en la Tierra es muy posible, de hecho se investiga la posibilidad de que viniera en un meteorito. ¿Apareció por intervención directa de Dios? No lo sabemos. Quizá. No necesariamente. Pero tampoco me resisto a pensar que pudo ser así. No lo sé.


La evolución de las especies

Sabemos que las especies han evolucionado desde formas de vida sencillísimas, y la huella del ADN está confirmando lo que se sospechaba por los hallazgos paleontológicos. La existencia de variabilidad genética y selección natural propuesta por Darwin como mecanismo evolutivo es una observación completamente comprobada, sólo queda saber si ese es el único mecanismo o puede haber otros.

El origen del hombre

El cuerpo del hombre aparece por evolución de una rama de primates homínidos, y como Homo sapiens puede tener unos 200.000 años de antigüedad. El rastro de ADN mitocondrial (trasmitido por la mujer) nos conduce a que todos los hombres actuales descenderíamos de una pareja que no se remonta más allá de 100.000-200.000 años. Sin embargo, por el rastreo del cromosoma "Y", parece que un antepasado masculino común a toda la humanidad vivió hace unos 70.000 años. Una hipótesis para explicarlo es la de un cataclismo (que pudo ser producido por el estallido del volcán Toba en Indonesia) que habría producido un invierno continuo por la nube de cenizas lanzada a la atmósfera, y que habría dejado muy pocos seres humanos sobre la tierra.

En un momento dado, el animal con cuerpo de hombre empieza a ser hombre. Está en discusión la cualidad que indica que el hombre ya es hombre; los paleoantropólogos se centran más bien en cifrarla en la capacidad de pensamiento abstracto, y como hallazgo relevante, se fijan en la aparición de culto religioso, como los enterramientos. Creo que eso nos haría denominar al hombre "Homo sapiens orans".

Pero, como cristiano, sé lo que hace hombre al hombre: la libertad. El alma con voluntad libre que es creación directa de Dios, que no se transmite de padres a hijos, sino que Dios la crea en cada ser humano que viene al mundo. El alma libre es como un "software" que corre en el "hardware" del cerebro humano. Donde antes sólo había impulsos predeterminados y completamente predecibles, ahora hay un "Yo" que decide. Eso es lo que hace que el animal que por instinto se rascaba la oreja derecha cuando le picaba, ahora se rasca la que no le pica si le da la real gana, para llevar la contraria al instinto. Por eso se denota como rey de la Creación. Por eso, está creado a imagen y semejanza de Dios: porque tiene voluntad propia, no sujeta a las meras leyes de la física y la bioquímica. Una voluntad que le permite amar por voluntad propia a su Creador, a sus semejantes y a toda la Creación.

Conclusión y discusión

Creo que es una maravilla conocer toda esta obra de Dios. Tan obra de Dios es poner los planetas en su sitio directamente, como crear el Cosmos en el Big Bang y dar a la materia y la energía unas leyes por las que, indefectiblemente, va a quedar cada planeta en su sitio tal como Dios lo tiene planeado. Y lo mismo pasa con el origen de la vida y la evolución de las especies. Las leyes naturales no dejan ningún grado de libertad, ni a la materia inanimada, ni a los seres vivos. Cada mordisquillo de un ratón campestre estuvo ya determinado en el instante incial de la Creción, porque no hay efecto sin causa.

La libertad sólo llega a la Creación con la creación directa del alma humana por Dios. Hasta entonces, todo estaba completamente predeterminado por las leyes físicas.

Contra esta opinión mía, en nada contraria a la fe de la Iglesia -según creo, en caso contrario, desecharía inmediatamente mi opinión-, hay dos posibles objeciones por parte de los creyentes (puede haber otras):

1) La primera es el falso concepto de “azar creador” como sustituto de Dios, aplicado a la evolución de las especies. Esto es una patraña que no proviene de la ciencia, sino de filósofos ateos, que han retorcido la ciencia en su propio interés. En el estudio de la Biología, el azar puro (efecto sin causa) no se considera. Muchos rechazan la ciencia porque le atribuyen patochadas que no son nada científicas.

2) La segunda, más profunda, es que el mecanismo de la evolución por selección natural es cruel, y no parece digno del Creador. Sin embargo, hay que recordar que la naturaleza está también afectada por las consecuencias del pecado original, que genera un "cataclismo cósmico". El plan de Dios no se ve por eso truncado, pero tiene lugar a través de la cruz. De hecho, la depredación de un antílope por un león, es cruel, y no es digna de Dios. Por eso dice la Escritura: “pastará el león con el cordero, y un niñito los guiará”, refiriéndose a la Nueva Creación. No olvidemos que, como también dice la Escritura, "la Creación entera gime con dolores de parto".

Esto que sucede con el acercamiento a la verdad y al bien, -es decir, que no debemos olvidar que, en este mundo, son siempre verdad y bien crucificados-, lo asumimos quizá más fácilmente cuando lo contemplamos respecto a la belleza. Por eso, la belleza que admiramos no es siempre una belleza platónica, sino también la belleza del Crucificado, que se nos muestra "sin aspecto atrayente, que ni parecía hombre". Sobre la manifestación bellísima de Cristo, en la Transfiguración, planea la sombra de la Cruz, que Pedro quiere olvidar "haciendo tres tiendas", "porque no sabía lo que se decía". No seamos platónicos, tampoco, en la búsqueda de la verdad y del bien. Si la verdad no estuviera también crucificada, sería sencillísima, directamente aprehensible de una vez por todas; sin embargo, a menudo vemos que la verdad es una verdad compleja, en la que tenemos que aplicar toda nuestra capacidad para sortear el mal, y aún así, nos vemos dificultados para degustarla en plenitud. No exijamos un bien, una verdad y una belleza platónicos a una Creación crucificada. En la Creación hay bien, verdad y belleza, pero crucificados, en estado de vía hacia la plenitud de la Nueva Creación. Pedir que toda la Creación sea buena en su sentido primigenio es como pensar que nuestra vida tiene que estar libre de sufrimiento, como la de Adán y Eva antes de la caída.

6 comentarios:

FBM dijo...

Me parece totalmente correcto lo que dices. Un par de dudas, no obstante:

1- ¿El hombre empieza a ser hombre cuando es libre o empieza a ser hombre y libre cuando Dios le dota de un alma a su imagen y semejanza?

2- En otra entrada has hablado de Adan y Eva como del "mito verdadero". ¿En qué consiste el "pecado original"? ¿El primer homínido libre (hombre) se rebeló contra Dios?

FBM dijo...

Por cierto: He ido leyendo poco a poco las entradas de tu blog, y hoy me he puesto al dia.

Quiero decirte que me parece un blog estupendo y que te doy las gracias por escribirlo.

Creo que, paradójicamente, debo darle las gracias también a Noé Molina por haberme llevado hasta tu blog.

Emilio Alegre dijo...

Muchas gracias, FBM, me alegro mucho de que te guste.

Sobre las preguntas, te diré que me parecen interesantísimas. La primera es muy certera, creo yo. Es Dios quien dota al hombre de alma a su imagen y semejanza. Una de las cualidades de esa imagen y semejanza es que el hombre tiene voluntad propia, como Dios. No nos damos cuenta de lo enorme que es eso. La libertad es verdaderamente una participación en el poder creativo de Dios: Dios renuncia voluntariamente a su control y nos lo da a nosotros. Por la libertad, además, o conjuntamente con ella, nos hacemos capaces de amar, pues no podríamos amar a nuestro Creador sin tener voluntad libre.

La segunda pregunta me parece muy buena, y también me la hago yo. Estamos siempre en el terreno de la hipótesis, porque esto que yo he escrito no es más que una opinión de cómo pudieron ser las cosas en lo concreto.

Pero ahí es donde interviene el mito verdadero. El mito verdadero tiene la enorme ventaja de que, creyéndolo tal como se me presenta, tengo todo lo que necesito, en este estado de conocimiento imperfecto que padecemos. Es decir, si asumo que el primer hombre y la primera mujer fueron creados en estado de gracia y pecaron, esa imagen se acerca más a la verdad que si conociera exactamente la concreción de todo esto. Lo cual no quiere decir que no podamos ahondar más en el misterio, movidos por nuestra necesidad de saber y nuestra inquietud. La primera inquietud es cómo se puede heredar un pecado. Y Santo Tomás de Aquino, para responderlo, ahonda más en el misterio cuando dice, como enseña la Iglesia, que "todos pecamos en Adán". Y sin embargo, por otra parte también enseña la Iglesia que, aunque "todos pecamos en Adán", ese pecado no es realmente un pecado personal. Todo esto es realmente muy misterioso, como todo lo que se refiere al "misterio de iniquidad", el misterio del mal. Pero, aunque nuestra alma anhela saber más, podemos quedarnos tranquilos con lo que de momento Dios nos ha querido mostrar en la Revelación y hacernos entender por el Espíritu Santo. Es posible que con el tiempo la Iglesia, auxiliada por el Espíritu Santo, obtenga una mayor penetración del misterio. Por el momento, cuando nos enfrentamos a cosas que no entendemos, nos puede incluso alegrar adoptar la dulce enseñanza de María, lo que hacía cuando no entendía algo pero sabía que era cierto, como en el episodio del Niño perdido y hallado en el Templor: "María guardaba todas estas cosas y la meditaba en su corazón". Ese es el ejemplo perfecto de la actitud del cristiano. Y también dice San Agustín: "creo para comprender, y comprendo para creer mejor".

No obstante esto es una lucha constante por la verdad. Si estuviéramos en el estado de gracia primigenio del Génesis, la verdad nos ería compleja, sería algo sencillísimo que aprehenderíamos por contemplación directa, la verdad sería obvia. Pero nuestra naturaleza y toda la Creación han sufrido la caída, y la verdad se nos escurre, se nos dificulta, nunca llega a satisfacernos del todo porque no llegamos a poseerla por completo. Así será hasta que podamos ver a Dios cara a cara, pero creo que es muy bueno y sano hacerse preguntas y, cuando no podamos llegar mñas lejos, no desesperar ni desconfiar, sino actuar como María, guardándolo todo y meditándolo en nuestro corazón. Así, el misterio puede ser muy dulce. Siempre que me imagino ese pasaje me imagino a María paladeando el misterio dentro de su boca purísima.

Muchas gracias por las preguntas, FBM, me parecen muy adecuadas.

Emilio Alegre dijo...

PAULO, en otra entrada, ha dejado esta interesante entrada (y de paso me avisó de que los comentarios en esta me los había dejado cerrados). Bueno, pongo su entrada aquí:

PAULO DICE:

F.Hoyle escribió en su libro "Matemáticas de la Evolución", publicado a finales de los 80, la imposibilidad de que el ADN se formara de manera casual.

Decía: "tengamos en un desguace las piezas necesarias para construir un Boeing 747, desmontadas y desordenadas. Entonces llega un tornado y atraviesa la zona. ¿Cuál es la posibilidad de que después nos encontráramos allí el avión completamente montado y listo para volar?". La probabilidad de este suceso, según Hoyle, era la misma -o incluso menor- de la que el ADN se formara de manera casual. [] http://digital.el-esceptico.org/leer.php?id=159&autor=3&tema=2

La ciencia ha rechazado prácticamente hace 15 años, para la aparición de la vida, la hipótesis del caldo primitivo de Oparin. Parece imposible, a juzgar por la atmósfera que tenía la tierra.

Hoyle también dirá:

"No sé cuánto tiempo pasará antes que los astrónomos en general reconozcan que no puede haber llegado a existir aquí sobre la Tierra por procesos naturales el arreglo combinatorio de ni siquiera uno de entre los muchos miles de biopolímeros de los que depende la vida." [...] "Promueven la idea de que dentro de la naturaleza, más allá de la física normal, hay una ley oculta que ejecuta milagros (con tal que los milagros ayuden a la biología) . . . La noción de que no solo los biopolímeros sino también el programa que funciona en una célula viviente podían llegar a existir por casualidad en una sopa orgánica primordial aquí sobre la Tierra evidentemente es un disparate de primer grado." New Scientist 1982 .[] http://es.wikipedia.org/wiki/Fred_Hoyle

Emilio Alegre dijo...

Muy intereante, Paulo. Completamente de acuerdo. La hipótesis del caldo primitivo estaba en las nubes, era una mera lucubración, pero fue machacada a marcha martillo en todos los documentales de TV, en las escuelas, y se sigue enseñando en muchos colegios. Hace 15 años, para colmo, se vio que la atmósfrea de la Tierra no habría permitido siquiera las condiciones propuestas.

Emilio Alegre dijo...

Dice Paulo, en otro comentario que los esfuerzos de los hombres para explicar las obras de Dios, a menudo parecen intentos de impedir que otros crean en Él.

Es muy posible que por mi torpeza pueda parecer eso. Sin embargo, yo creo que es bueno intentar explicar las obras de Dios. La ciencia, así, puede ser un don del Espíritu, que nos ayuda a explicitar el mensaje de Cristo, a conocer y contemplar la obra de Dios. Los monjes medievales veían la naturaleza como un libro que hay que saber leer. La propia Liturgia de las Horas que se reza desde tiempo inmemorial en la Iglesia sigue el curso de la naturaleza.

Y por otra parte, creo que Paulo tiene razón en parte. Si lo que pretendiéramos a fuera sustituir el Génesis, digno de Dios, por una explicación más "aceptable", estaremos ocultando la obra de Dios. Es posible, en tal caso, que la concreción científica nos impida ver la grandeza de la Creación y su propósito. No es ése mi objetivo, aunque es un peligro que se corre. La ciencia nos puede ayudar a describir la Creación, el Génesis nos acerca a su comprensión. En realidad, son dos campos distintos.

Creo que la ciencia es algo muy muy apreciable, como búsqueda de la verdad que es. Creo que toda búsqueda de la verdad, en el terreno que sea, hasta en el aparentemente más insignificante, nos acerca a Dios; es más: está inspirada por Dios, lo sepamos o no, para que nos acerquemos a Él.

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