martes, 18 de mayo de 2010

¡Se llevó cautiva la cautividad!



El domingo pasado, en la Misa de la Ascensión del Señor, encontré un sentido más pleno y triunfante a este misterio de la vida de Jesús. El sacerdote, citando en su homilía una carta de San Pablo, dijo: "se llevó cautiva la cautividad" ("Captivam duxit captivitatem", Eph 4, 6).

La Ascensión no es sólo una merecida vuelta al descanso de la casa tras la batalla. Como los generales victoriosos, Jesús vuelve en gloria, y lleva consigo su trofeo, se lleva cautivo al enemigo: se llevó cautiva la cautividad.¿Qué cautividad? La que nos imponía el pecado.

Jesús se ha llevado encadenada nuestra cautividad del pecado y de la muerte, y gracias a Él, con Él y en Él, podemos vencerlos nosotros. Nosotros nos quedamos con nuestra parte de lucha pendiente, pero la victoria es nuestra si perseveramos, Él nos ha abierto el camino, y nuestra es su victoria.

¡Gracias, Señor, porque te has llevado la carga que nos atenazaba! ¡Danos ahora la virtud para perseverar y vencer donde Tú ya has vencido! ¡Envíanos tu Espíritu Santo!

1 comentario:

eligelavida dijo...

¡Qué maravilla la litúrgia de la Iglesia, y cómo nos va guiando por todos los episodios de la vida del Señor, que son los que dan sentido a nuestra vida y a nuestra fe! Un abrazo, Alter!

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