miércoles, 7 de julio de 2010

Stabat Mater



Cuando, hablando con un hermano protestante, tratamos el tema de la Corredención de María, leí "Redemptoris Mater". Y en esta encíclica suya, Juan Pablo II insistía en el sufrimiento de María como algo específico de ella, que tenía parte importante en su maternidad y en su corredención. Cada vez que leo el Magisterio de Juan Pablo II, me impresiona más, late en sus textos la idea de que hay bajo esas enseñanzas mucho más de lo que parece, que es sólo una parte lo que se ha llegado a expresar.

Pues ese dolor de María, un dolor materno, específico, inimaginable, el dolor que ya profetizó Simeón ("y a ti, una espada te atravesará el alma") es importantísimo en la corredención. El "Amén" de Jesús a la voluntad del Padre es acompañado del Amén de María, ya contenido en aquel primer "Amén" (hágase en mí según tu palabra).

Es una maravilla cómo se refleja esto en la película "La Pasión". Jesús va cargando la Cruz por la Via Dolorosa y María se compunge de dolor en un callejón. Cuando era pequeño y Él se caía o se asustaba, Ella le tomaba en sus manos de Madre y le consolaba (esto se refleja de forma maravillosa y trascendente en el icono del "Perpetuo Socorro", que presenta a María como "Consoladora de los Afligidos"). Decía que, de pequeño, ella consolaba a Jesús, pero ahora, en la Vía Dolorosa... ¡no puede hacer nada! ¡Es su hijo y no puede hacer nada!, ¡le están matando, y no puede hacer nada! Pero se da cuenta de que, como Madre, su papel es ESTAR, ESTAR Y SOPORTAR, ESTAR Y SUFRIR CON ÉL. La piedad popular ha puestod e relieve este misterio en la figura mariana conocida como "Stabat Mater". María, llena del Espíritu Santo, sufre con Cristo en la Cruz. Es más, Ella aún sufre algo que Él ya no sufre: la lanzada de Longinos, el colmo del desgarrador sufrimiento de La Pasión. De esa lanzada en el costado de Cristo, ("dormido" como Adán, y de cuyo costado abierto nace su Esposa), de ése último estallido de dolor en las entrañas de María, nace la Iglesia como en un parto, entre Sangre y Agua: el Agua del Bautismo y la Sangre de la Eucaristía y el Perdón de los pecados, como señaló San Juan Crisóstomo.

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