miércoles, 7 de julio de 2010

La Iglesia, necesaria para interpretar las Escrituras

 San Jerónimo escribiendo el prólogo de la Biblia traducida al latín -la "Vulgata"- 
(el cuadro es de Caravaggio)

Para preparar una reunión sobre la Sagrada Escritura, estuve leyendo el prólogo de una Biblia que había en casa de mi madre. Hablaba de Marcos 16, 15, donde Jesús Resucitado les dice a los once apóstoles: "Id por todo el mundo y anunciad el Evangelio a toda criatura".

El Catecismo usa precisamente esta cita para anunciar esta misión de enseñar de la Iglesia, que es encomendada a los obispos (artículo 888), que son los sucesores de los Apóstoles. Esta cita es realmente la base del mandato de Jesús, que envía a su Iglesia a enseñar a través del mandato a los apóstoles. Hace notar ese magnífico prólogo que Jesús no les manda enseñar con Escrituras o sin Escrituras, que es la Iglesia la que, en el devenir de su enseñanza e inspirada por el Espíritu Santo, pone por escrito parte de esas enseñanzas, de ese Evangelio que Jesús le manda anunciar, y proclama que esas Escrituras son inspiradas, y no otras. Es decir, el "titular" de la enseñanza no son las Escrituras: es la Iglesia, que enseña el Evangelio vivo. Y no la Iglesia de cualquier manera: es la Iglesia jerárquica, con la autoridad y el mandato que Jesús le dio en la persona de sus Apóstoles.

Es impresionante cómo el Catecismo llega a afirmar que las Escrituras, sin que Cristo nos abra el entendimiento por el Espíritu Santo, son LETRA MUERTA -art. 108-  (una vez les dije esto a unos Testigos de Jehová que vinieron a casa, y los pobres salieron escandalizados...)

Sobre esto, me gusta mucho, porque me parece muy aleccionador, y así lo consideraron los Padres de la Iglesia, el episodio de Felipe y el eunuco etíope (Hechos 8, 26-40). El eunuco iba leyendo las Escrituras, y Felipe le pregunta: ¿entiendes lo que lees? A LO QUE EL EUNUCO RESPONDE: "¿CÓMO VOY A ENTENDERLO SI NADIE ME LO EXPLICA?"

(Por cierto, OJO porque el versículo 37, presente en la Vulgata, falta en muchas versiones de la Biblia, y la Vulgata es expresamente reconocida por la Iglesia. Es un versículo riquísimo en significado: "Dijo Felipe: si crees de todo corazón, es posible [que seas bautizado]. Respodió el eunuco: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios")
.

Bueno, pues este fragmento nos hace ver cómo la Iglesia, en la persona del apóstol Felipe representada, es NECESARIA para interpretar la Escritura. Dice San Jerónimo: "Yo no soy ni más estudioso ni más santo que aquel eunuco... y he aquí que llega Felipe, le muestra a Jesús que estaba como aprisionado en la letra, y el eunuco cree, se bautiza, es fiel y santo... Te lo digo para que veas que SIN UNA GUÍA QUE VAYA POR DELANTE MOSTRÁNDOTE EL CAMINO, NO PODRÁS ENTRAR EN LAS ESCRITURAS SANTAS". (Epistolae 53, 5-6). Lo dice nada menos que San Jerónimo, que algo sabía de las Sagradas Escrituras... Aunque lo que más cualifica a San Jerónimo en cuanto a su enseñanza no es su sabiduría bíblica ni su genio, sino que la Iglesia le encuadra entre los llamados "Padres de la Iglesia", cuyas enseñanzas coincidentes son consideradas por la propia Iglesia como una parte de la Tradición, del depósito de la Revelación entregado por Cristo a su Iglesia para que lo custodie y lo enseñe. Y, especialmente, las enseñanzas de los Padres de la Iglesia son apreciadas por la propia Iglesia, para interpretar correctamente la Escritura.

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