domingo, 8 de agosto de 2010

Manual del hereje contemporáneo


 Ayer leí uno de esos libritos desviados que tratan de minar la doctrina de la Iglesia (lo leí on-line, yo no gasto un duro en esas cosas). Como he observado que estos autores siguen un patrón común, me he decidido a desenmascararlo, para que nos resulte más fácil detectar estas peligrosas tomaduras de pelo. En concreto, este libro trataba sobre la multiplicación de los panes y los peces (Juan 6, 1-14), para decir que aquello no había sido un milagro. La sistemática que siguen muchos de estos textos, y que podemos resumir como el "manual del perfecto hereje contemporáneo", es la siguiente:

1. Demonizar a los que defienden la ortodoxia, mostrándoles como antipáticos e intolerantes. P. ej., diciendo: "hay gente que se escandaliza y responde agresivamente cuando uno trata de preguntarse qué es lo que se produjo allí, si fue un milagro o fue un hecho prodigioso de otra naturaleza". Con eso ya se muestra su intención de apelar a las "vísceras" y no a la razón.

2. "Reconocer" que en la Iglesia, hasta ahora, no "hemos" sabido explicar bien esto. Usan hipócritamente la primera persona del plural, porque luego el autor sí pretende explicarlo bien; así que lo que realmente se entiende es: "la Iglesia ha explicado mal esto, pero no se preocupe, que para eso estoy yo".

3. Hacer preguntas capciosas con falsas disyuntivas, que te obligan a elegir entre A o B. Por ejemplo: "¿qué nos enseña este pasaje, que Jesús multiplicó unos panes y unos pocos peces, o nos enseña a amarnos unos a otros y a compartir lo que tenemos?" El pasaje nos enseña ambas cosas, pero si uno no se da cuenta de que la pregunta tiene trampa, porque ambas cosas son posibles a la vez, uno, bajo una forma aparentemente tolerante como es responder a una pregunta, sin que ni siquiera el autor haya afirmado ni negado nada, se ha visto OBLIGADO a desechar una interpretación que es verdadera, como es el hecho de que Jesús hizo un milagro.

4. En la falsa disyuntiva, la opción sobrenatural se muestra de la forma más antipática y fría posible, y la opción natural se muestra adornada al máximo, apelando a la bondad y el buen gusto del lector para que no elija la otra. Se utiliza un bien (en este caso la enseñanza de compartir) no por sí mismo, sino como excusa para oponerlo a otro bien (el milagro) que se desea menospreciar. Esto es un clásico: hemos visto como muchos, para apoyar el aborto, han criticado que la Iglesia no se manifieste contra la pobreza y el hambre. ¿Lo hacen por su preocupación por los pobres? Evidentemente no, se usa esa excusa para mostrar su rechazo a que la Iglesia defienda la vida prenatal: se usa un bien (la ayuda contra el hambre) no por sí mismo, sino para oponerlo a otro bien que se trata de menospreciar subliminalmente: la defensa de la vida prenatal.

De hecho, se puede interpretar este fragmento de la multiplicación también en clave solidaria, ya lo hemos dicho antes: el muchacho que tenía los cinco panes y los dos peces, da todo lo que tenía para comer, para que Jesús pueda repartirlo. Esta interpretación la podemos leer, p. ej., al P. Cantalamessa, en una estupenda homilía: http://www.fluvium.org/textos/lectura/lectura764.htm. Pero esto no satisface a los desviados. No les sirve la solidaridad, si no es para negar el milagro. En realidad, como tantas veces, están utilizando a los pobres, el amor, la solidaridad, etc., no porque esto les importe un pito, sino para rechazar la enseñanza de la Iglesia.

5. Se da mucha importancia a lo que interesa, por poco relevante que sea. Por ejemplo, se dice que en los evangelios no aparece la palabra "multiplicación", como si, por no decir esa palabra, no se hablase claramente de una multiplicación. También se da mucha importancia a que Jesús partió los panes, diciendo que si los iba a multiplicar, para qué los partía. Se omite el hecho de que precisamente esa era la costumbre en el cabeza de familia, y que eso es lo que repetiría Jesús mismo en la Santa Cena. Pero todo vale cuando se trata de arrimar el ascua a su sardina. En cambio...

6. En cambio, los hechos que estorban, se omiten sin más. Se omite, por ejemplo, que el mismo Jesús les recuerda la escena luego para que tengan conciencia del poder de Dios y no se preocupen tanto de los asuntos materiales (Mt 16, 5-12; Mc 8 14-21). Estos autores desviados "cuelan el mosquito y se tragan el camello"...

7. El autor se presenta, sin decirlo, como un auténtico experto, señalando detalles que enmarcan el acontecimiento. A menudo son puras invenciones. En el que leí ayer, se decía que, como muchos eran pescadores, sabían los riesgos del mar, y como ya estaba cayendo la tarde y probablemente había subido la marea, se daban cuenta de que sería peligroso volver en ese momento. No sé si es que el autor cree que la marea sube por las tardes, y cree que el mar es más peligroso con marea llena que con marea vacía, pero da igual, porque el Mar de Galilea en realidad es un lago grande, y no hay mareas. Pura imaginación del autor.

8. El autor no se pronuncia claramente. No dice: "no hubo milagro". Eso sería una grosería, pretender "estar en posesión de la verdad". Todo se hace con una apariencia de tolerancia, de humildad, como si el autor no se atreviera a dar una opinión tajante sobre el hecho. Es el lector el que tiene que responderse las preguntas. Sin embargo, todo en el texto le dice cuál de las opciones tiene que escoger para no ser un cenutrio, sino una persona culta y sensata.

9. Y, por supuesto, no se cita ni el Magisterio de la Iglesia, ni las interpretaciones de los Santos Padres de la Iglesia, ni cualquier otra cosa que pueda oler a Tradición eclesial.

10. En cualquier caso, se dice, "lo importante no es si hubo milagro o no". Esto se dice hipócritamente, porque cada frase y cada coma del texto están puestas para conducir al lector a la negación del milagro, a la negación de la interpretación del Evangelio en la clave católica, es decir, correcta. En este caso, la intención verdadera que late en todo es negar la existencia del milagro, mostrando unas enseñanzas y una figura de Jesús que no van más allá de lo natural. Cada vez que me encuentro estas afirmaciones, como "lo importante no es si hubo milagro o no", pienso: si no es importante, ¿por qué dedica usted tanto esfuerzo a sembrar dudas sobre la interpretación que siempre ha dado la Iglesia? Si no es importante, cuando esté usted seguro, presente a los teólogos y a la Iglesia sus averiguaciones; y mientras tanto, ¡no nos maree, hombre! Porque, en el fondo, al final de todo eso, lo que se pretende es llegar a decir que no es importante si Jesús es Dios o no.

En realidad, todas esas afirmaciones son pura hipocresía, porque es evidente que esos textos se escriben claramente con la intención de decir que no hubo milagro en este caso, minando la enseñanza de la Iglesia. Un edificio tan sólidamente edificado como es la doctrina cristiana, sabe el Maligno que no lo puede derribar con ataques frontales. Por eso estimula esta labor de zapa, de ir minando, destruyendo poco a poco, etc. 
Al final, en estos textos desviados, no se ha afirmado nada manifiestamente incorrecto, nada a lo que un posible crítico, con la razón en la mano, pueda agarrarse para rebatirlo. Todo se hace en forma de preguntas; el texto es escurridizo y nebuloso... Pero el mensaje, sin decirlo, es clarísimo: no hubo ningún milagro. Argumentos, no se ha dado ninguno, todo ha sido apelar a los sentimientos, al hecho de que las personas que leen esas cosas quieren responder a una imagen de cultos, tolerantes y solidarios, que es lo que ofrece subliminalmente el autor al que acepte sus subliminales postulados, para no ser un insolidario, un intolerante, un inculto...
 
Para colmo, el que se ha leído el libro, se cree que sabe algo, a pesar de que el comentario, además de errado, es paupérrimo: ni una palabra sobre el significado alegórico, ni el anagógico. Claro, si precisamente lo que se intenta evitar es que el Evangelio sea algo trascendente...

En fin... pura bazofia. En realidad, todo esto es la "New Age": hippismo puro; contracultura vs. Teología.

1 comentario:

Alonso Gracián dijo...

Me parece que has hecho un análisis magnífico con el que estoy plenamente de acuerdo.

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