jueves, 28 de octubre de 2010

Alabarte nos sana, Señor

Cuánto me acuerdo de la frase de Santo Tomás, que dice que el fin del hombre es la gloria de Dios... y de San Agustín, que dijo que la mayor obra del hombre es alabar a Dios. La alabanza nos ordena por dentro, basta alabar a Dios y parece que todo en el interior de uno se va encajando, todo lo que chirriaba se va poniendo en su sitio; la alabanza nos sana espiritualmente. Es una gran alegría ver que uno funciona, porque el ser humano funciona cuando alaba al Señor.

"Y como brotan manantiales de la roca, como caen con su fuerza las cascadas, así manará mi boca en alabanzas".

¡Alabado sea el Señor, bendito sea! ¡Bendito, Adonai! ¡Aleluya!
Tú eres mi Dios, mi Roca, mi Bienhechor, mi Alcázar,
todo mi ser de barro tus manos abarcan.

1 comentario:

Alonso Gracián dijo...

Qué importante para la vida de un cristiano lo que has escrito. Es la clave para pasar de un simple cristiano a un sencillo siervo fiel y amoroso de Cristo, que vive alabándole. Yo he notado en mí un fuego muy grande desde que alabo con toda mi alma a Aquel que es nuestra vida entera.

¡Y cuánto llena dar gracias!

Dice el Apóstol en Colosenses 4:2:

"Perseverad en la oración, velando en ella con acciones de gracias"

Laus Deo Virginique Matri

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