miércoles, 6 de octubre de 2010

Demos vítores a la Roca que nos salva

 
He leído en el libro "Alabaré a mi Señor", de un jesuita carismático, una idea que me ha parecido impresionante. Habla de la aclamación ("teruwa" en hebreo) del pueblo de Israel antes de la batalla en la que Yahvé le había prometido la victoria. ¡Era una oración de acción de gracias por la victoria, antes de entablar la batalla! Era una aclamación a voz en grito dirigida al Señor de los ejércitos, un grito de victoria acompañado de trompetas, ANTES de la batalla. ¡Una oración verdaderamente de fe, en un momento que para otro pueblo sería la hora de máxima expectación ante una prueba de resultado incierto!

No sé si os habéis parado a pensar lo que es esto, intentad poneros en el sitio: Soy un israelita, dispuesto a la batalla, enfrente de un ejército superior armado hasta los dientes. Hoy nos jugamos la vida, ahora mismo. Es el momento. Entonces, todo mi pueblo y yo con él, lanzamos un grito jubiloso de victoria y agradecimiento al Señor de los Ejércitos, Yahvé Sebaot, por la victoria que nos va a dar ante el enemigo...

Esto me ha dado luz sobre una frase del Nuevo Testamento, que no entendía bien. Es ésta: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe". (Efesios 2,8-9).

No me extraña de esta frase que San Pablo diga que la salvación es un regalo de Dios, por medio de la fe en Jesucristo; esa es doctrina que conozco bien, pues viene en el Catecismo de la Iglesia Católica. Los protestantes también la conocen muy bien, y eso les honra, aunque parece que se olvidan de que no hay fe viva sin perseverancia en las buenas obras, y de que podemos caer en la tentación del pecado.

Lo que sí me extrañaba de esta frase era precisamente que San Pablo -mejor dicho, el Espíritu Santo por medio de él- llamara ya "salvos" a los que aún no se sabía si iban a rechazar la fe y la gracia en el resto de su vida. Jesús advierte que quien no persevere en el bien irá a parar a las tiniebas exteriores, y muestra claramente que el fin de los que no ayudan a su prójimo es el infierno... Todo el Nuevo Testamento está lleno de llamadas a perseverar en la fe que obra por la caridad. ¿Cómo, entonces, llama Pablo "salvos" a aquellos que no se sabe si van a perseverar, que no se sabe si "van a caer en la tentación" del pecado, rechazando la fe de Dios? Fijaos incluso en que las traducciones aprobadas por la Iglesia, utilizan el participio pasivo "salvos", que sugiere una mayor identificación entre el sujeto y la acción que recibe, la salvación...

Pues esto se entiende desde ese clamor de agradecimiento por la victoria antes de la batalla, desde la esperanza de Israel. "¡Dichoso el pueblo que sabe aclamarte!" (Salmo 89, 16). Creo que, desde la fe, la esperanza y la caridad, todos podemos y debemos hacer, con el Espíritu Santo, esa aclamación de agradecimiento a Dios antes de la batalla contra el demonio, que es la vida que nos queda por delante. Sabemos que la gracia de Dios no nos faltará, y que si nosotros peleamos con perseverancia, la victoria es ya nuestra, porque Dios nos la ha prometido como regalo al creer en Él, en Cristo, que es nuestro Señor, mi Señor, que ha muerto por mí y ha resucitado, liberándome del pecado y de la muerte.

Así que mi corazón grita agradecido: ¡¡¡Gracias, Señor, porque has vencido a la muerte y al pecado!!! ¡¡¡Bendito Yahvé, mi roca, que adiestra mis dedos para la pelea, mis manos, para el combate!!! ¡¡¡Gracias, Señor, porque me has salvado!!! ¡¡¡Por la fe en Ti que me has dado, Señor, soy salvo!!! ¡¡Aró, aró, aró; Aró, Adonai!! ¡Aró arabarai aró...!

1 comentario:

Alonso Gracián dijo...

Muy impresionante la idea.
Bendito sea Jesucristo, nuestro Salvador.

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