viernes, 19 de noviembre de 2010

Evangelizar a bautizados


La evangelización actual en países cristianos, se distingue de aquella predicación de los primeros apóstoles en una cosa: aquellos a quienes va dirigida, en su mayoría han sido ya bautizados.

Las personas que han recibido el bautismo pero no aceptan a Cristo en sus vidas, pueden haber perdido la gracia, pero algunos no han perdido la fe que recibieron como un don en el sacramento. Esa fe está en ellos, o bien aplastada por el pecado, o bien como una semilla que no llegó a germinar porque no recibieron una verdadera formación en la fe. La recibieron de pequeños como un regalo que conservan pero que no han abierto. Muchos otros sí la han perdido; han conocido a Cristo en la catequesis, le han recibido sacramentalmente en la Primera Comunión... pero antes o después han apostatado, han rechazado a Cristo y a su Cuerpo Místico, que esla Iglesia. Incluso puede que crean en Dios, pero con una creencia puramente humana, no con la fe de la Iglesia, no reconociéndole como su Señor y Salvador, no relacionándose con Jesucristo Resucitado. No obstante, esas personas están ya selladas por el Bautismo. Han sido inhabitadas por la Trinidad y eso ha dejado un hueco en el alma. No puedo evitar acordarme aquí de las palabras de Jesús (Lc 11, 24): "Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, vaga por lugares desiertos en busca de reposo, y al no encontrarlo, piensa: "Volveré a mi casa, de donde salí". Cuando llega, la encuentra barrida y ordenada. Entonces va a buscar a otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí. Y al final, ese hombre se encuentra peor que al principio".



Aquella antigua evangelización anunciaba a Cristo como "buena nueva", y Pablo predica en el areópago de Atenas sobre "el Dios desconocido". En el areópago moderno, a nosotros nos toca predicar sobre "el Dios que habéis rechazado". Para nuestros contemporáneos, tener que acoger la predicación de Cristo como verdad sería una "mala noticia": "ese Dios que no nos gusta, es verdad" -pensarían.

Sin embargo, se parece a la predicación de Pedro en Pentecostés, cuando él habla a los judíos de aquél a quien habían crucificado. San Pedro hace entonces dos cosas: confirmarles la majestad divina de Aquél al que rechazaron y mataron, y ofrecerles su perdón.

Esto que hace San Pedro en Pentecostés, es lo que hace el Espíritu Santo. Viene a nosotros para "convencernos del pecado"; viene a darnos una mala noticia, pero que es verdad: estamos enfangados en el pecado. Sin embargo, a la vez que nos da esa mala noticia, nos consuela -es el Consolador- y nos dice que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, que Cristo ha pagado nuestro pecado, que Dios nos ama y nos dará fuerzas para esforzarnos en la perseverancia.

Ayer, llegué a casa después de tres días de no ver a mis hijos, por asuntos de trabajo. La pequeña dejó enseguida la manualidad que estaban haciendo y vino contenta a recibirme y darme un beso. El mayor, siguió como si nada. A pesar de que para llegar hasta él tenía que atravesar un paso estrecho entre sillas, me llegué a él y le di un beso, pero él no se inmutó. Así que le dejé, y volví a salir por el paso estrecho. Al cabo de menos de un minuto, le dio pena de no haberme dado el beso, y quiso dármelo; pero esta vez, no me pareció que estuviera bien que fuese yo de nuevo hasta él, pasando entre las sillas, para darle el beso, así que le exigí que fuese él quien se levantara de donde estaba e hiciera el esfuerzo de venir hasta mí para darme el beso que me debía. Al principio se resistió, se tomo mal que yo no volviera a ir hacia él, pero luego se dio cuenta y vino él a darme el beso.

Pensé que esa es la diferencia entre el Bautismo y la Confesión. En el Bautismo, Cristo hace el esfuerzo que deberíamos haber hecho nosotros, pero que no podemos hacer por el pecado, y viene a rescatarnos; pasa Él por el camino estrecho -la expiación- que nos correspondería a nosotros. A veces, después de recibir el Bautismo, rechazamos a Jesús y necesitamos su reconciliación. Entonces, el Señor nos mueve a ser nosotros los que vayamos a Él, reavivando en nosotros esa fe que ya tenemos (ya hemos "gustado" a Dios y llevamos su sello) y moviéndonos a acercarnos al confesonario, aceptando la penitencia. Aunque, por supuesto, en la Reconciliación, también somos perdonados por los méritos del Señor, no por los nuestros.

Me queda algo de confusión en esto, a ver si en próximos días aprendo algo más y lo voy perfilando...

46 comentarios:

Renton dijo...

Emilio, si quieres envíame un mail y te explico cómo se ponen las cursivas, las negritas y los enlaces en los blogs, ok?

Mi mail 6qrents@gmail.com

:]

Longinos dijo...

He corregido un error: por el pecado no se pierde la fe bautismal, aunque sí la gracia, pero la fe bautismal puede perderse. No obstante, el alma que ha sido inhabitada por la Trinidad queda sellada para siempre. Ese es el sello indeleble que nos viene por el Bautismo y que nunca perderemos. Por eso el bautismo no se repite nunca. Su lugar para recuperar la gracia lo ocupa el sacramento de la Reconciliación.

logos77 dijo...

Hola Emilio,

A los bautizados no hay que evangelizarlos, pues ya deben ser salvos, si no no deben ser bautizados. Por eso sólo se debe bautizar a los que tienen la suficiente edad para entender que son pecadores y necesitan el perdón de Dios por la fe en Cristo. Una vez de hayan converito es cuando se deben bautizar.

Los bebes no deben ser bautizados. En ningún sitio de la Biblia vemos que se bautice a un bebé.

A los que han sido salvos por haber nacido de nuevo, hay que discipularlos, eso sí, pero no evangelizarlos.

Longinos dijo...

Hola, Logos77! Me alegro mucho de verte por aquí. Bienvenida.

Sobre lo que dices, claro, hay muchos puntos en los que no coincidiríamos.

Estamos de acuerdo en que el Bautismo es el sacramento de la fe. Somos bautizados en la sangre de Cristo, en su sacrificio, que borra totalmente nuestros pecados.

En un adulto no cristiano, efectivamente, el proceso empieza por el catecumenado. La gracia de Dios le mueve para que dé su asentimiento voluntariamente al Evangelio que le es predicado. Esa es la fe que se pide como requisito para ser bautizado; es una fe incipiente, imperfecta, que va alimentándose en el catecumenado. En el Bautismo, se pide y se recibe la fe infusa, don de Dios, que viene junto con la esperanza y la caridad. Y es que, lo que realmente se recibe es al mismo Dios Trinitario, que viene a habitar en nuestra alma. Por esa inhabitación recibimos el amor, la cridad, y con ella la fe y la esperanza que necesitamos, como primicias de la bienaventuranza eterna. Eso es básicamente el Bautismo: Dios que viene a nuestra alma. Y los niños son también personas amadísimas por Dios. No se les puede privar de ese don tan inmenso, el más grande que podemos recibir, que es al mismo Dios vivo en nosotros.

Antonio M. Sánchez dijo...

Efectivamente es la acción gratuita de Dios, no es la admisión en un club o en una asociación. Cada sacramento es Presencia real de Dios.

Longinos dijo...

¡Muy acertado, Antonio!

Longinos dijo...

¿Qué pasa luego en los niños? Pues que, cuando tienen uso de razón, si han recibido la catequesis como se promete al llevarlos a bautizar, con esa gracia santificadora que tienen por el Bautismo, naturalmente se mantienen en la fe, asintiendo a la misma cada día. Pero todo ser humano puede ser salvado. Un bebé sin uso de razón también está llamado a recibir la salvación gratuita de Cristo, en el contexto de su edad y capacidad.

Longinos dijo...

Para Logos77 que es una hermana evangélica, he encontrado esta explicación metodista. Me parece muy brillante, sobre todo en la explicación de la relación bíblica entre circuncisión y bautismo, y en las citas de los hechos de los apóstoles que apoyarían en bautismo de niños.

También es acertada al afirmar que el bautismo de los niños, generalizado en el siglo IV sin rastro de controversia en la Iglesia, y comúnmente tenido como derivado de la tradición apostólica, es un dato que apoya fuertemente esta interpretación. Para los católicos, por nuestra parte, esto es definitivo, pues nosotros creemos en la Tradición como Palabra no escrita de Dios.

Creo que acierta brillantemente este análisis metodista en la revelación de las causas que subyacen en la práctica de no bautizar a los niños, que ni siquiera era así entre los primeros protestantes. Tiene que ver con el progresivo racionalismo y la importancia absoluta que se le da a la responsabilidad personal, sin reconocer la acción trascendente de Dios. Los "católicos" desviados del Magisterio de la Iglesia que se manifiestan contra el bautismo de niños son precisamente los más "pelagianos", los que creen que todo es obra humana y que Cristo es un simple modelo de comportamiento, e inciden en la autonomía para que el niño escoja su religión o ateísmo cuando crezca.

logos77 dijo...

Hola Longinos,

Te agradezco tu asistencia y deseo que intentar ayudarme a entender el bautismo por medio no católico, en este caso metodista. Lo he leido por encima y enseguida me he dado cuenta que no puedo estar de acuerdo con lo que dice.

El bautismo no tiene ninguna parte en la salvación, regeneración, o ninguna otra cosa que tenga que ver con el nuevo nacimiento por medio del Espíritu. El bautismo no salva a nadie, solo Jesucristo salva. La salvación es por medio de la gracia de Dios al ejercitar la suficiente fe en el sacrificio de Cristo.

Por eso, repito, no hay que evangelizar a los bautizados porque antes de bautizarse ya deben estar evangelizados. Hay que discipular al que se ha convertido a Cristo.

Saludos

Longinos dijo...

Logos77, lo que he escrito de los metodistas es para que vieras que el bautismo de niños no es anti-bíblico, y más bien hay indicios de lo contrario.

Sobre lo que dices del bautismo, creo que puede haber varias confusiones. Es verdad que el único que salva es Cristo, pero es que precisamente en el Bautismo actúa Cristo (Romanos 6, 3-4):

"¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte?

Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, par que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva".

Así recibimos la justificación por la fe, por medio del Bautismo.

Esto no sólo lo creemos los católicos, sino también muchos protestantes. Por eso, la mayoría de los protestantes que vienen a la Iglesia no necesitan ser bautizados, porque su bautismo es válido. Fíjate lo que dice la confesión de fe luterano-católica:

"11. La justificación es perdón de los pecados (cf. Ro 3, 23-25; Hechos 13, 39 y San Lucas 18, 14), liberación del dominio del pecado y la muerte (Ro 5, 12-21) y de la maldición de la ley (Gá 3, 10-14) y aceptación de la comunión con Dios: ya pero no todavía plenamente en el reino de Dios a venir (Ro 5, 12). Ella nos une a Cristo, a su muerte y resurrección (Ro 6, 5). Se opera cuando acogemos al Espíritu Santo en el bautismo, incorporándonos al Cuerpo que es uno (Ro 8, 1-2 y 9-11; y 1 Co 12, 12-13). Todo ello proviene solo de Dios, por la gloria de Cristo y por gracia mediante la fe en el Evangelio del Hijo de Dios (Ro 1, 1-3)".

Felipe Gonzalez dijo...

Longinos, muy bonito el diseño del blog, me gusta.

Solo queria comentar algo sobre un parrafo que lei en tu respuesta, en la cual noto una contradiccion:

"He corregido un error: por el pecado no se pierde la fe bautismal, aunque sí la gracia, pero la fe bautismal puede perderse. No obstante, el alma que ha sido inhabitada por la Trinidad queda sellada para siempre."

Si el alma que ha sido habitada por la Trinidad queda sella para siempre, ¿como es posible que pierda la gracia?

La gracia y la fe van juntas, no se puede perder una y conservar la otra.

["Por tanto, es por fe, para que sea por gracia,..."] Romanos 4:16.

Creo que solo es cuestion de ajuste. La mitad de tu respuesta esta bien, solo que pongas la otra parte en correspondencia con esa.

La gracia no se pierde, como tampoco la fe salvadora que es dada por gracia. Como bien dices, el alma que ha sido salvada por Dios, no se pierde. Puede caerse en su carrera cristiana, pero como esta dentro de las manos del Hijo, y las manos del Hijo estan dentro de las manos del Padre (Juan 10:28-29), esa alma nunca perdera lo que le fue dado por gracia.

No puedo dejar tampoco de decirte que los sacramento no dan ningun poder salvifico a la persona. Son medios de gracia, pero no tienen poderes. El sacramento es un simbolo externo de lo que ocurre internamente, espiritualmente. El bautismo en agua no salva, el que salva es el bautismo en el Espiritu.

En lo demas, veo que estas enfocado: el bautismo de niños no es antibiblico, una vez aplicado, no se repite, y se puede hacer por afusion, aspersion, inmersion, o las tres cosas.

¡has comprendido la doctrina del bautismo mejor que muchos que critican al catolicismo!

Saludos, y bendiciones.

Juan Sanabria dijo...

Saludos hermanos!

Aquí hay muchos asuntos de los que hablar pero voy a ir a los más relevantes.

1.- Los Protestantes tradicionales creemos en el bautismo de niños como un antitipo de la circuncisión tal y como aparece en la Biblia y en la Historia de la Iglesia.

2.- Los Protestantes no creemos en que la regeneración esté ligada al momento de la administración del sacramento. La regeneración la imparte Dios libre y soberanamente cuando quiere y no obligatoriamente en el momento del bautismo aunque Su Presencia no deja de ser real en ese momento y nuestros niños le son aceptables.

3.- Los Protestantes creemos que el bautismo, al igual que la circuncisión, es señal del Pacto de Dios con nosotros y nuestros hijos en el cual es indispensable la fe, ya que el sacramento sin fe carece de poder. Al igual que los antiguos esperamos que el signo del sacramento se convierta en una realidad en el momento oportuno (Ver Dt. 30.6).

4.- De los 3 dones que la Iglesia de Roma entiende que se imparten en el bautismo (nuevo nacimiento, perdón del pecado original y membresía en la iglesia) solo aceptamos el de la membresía a la iglesia como pueblo del pacto. Si al bautizar de concediera el nuevo nacimiento ninguno de los bautizados serían pecadores practicantes.

5.- La Iglesia Metodista no es excactamente Evangélica o Protestante. Es una rama desprendida de la Comunión Anglicana, que tampoco es Protestante, sino una reforma particular de la Iglesia Católica y Romana en el Reino Unido, de ahí que los clérigos anglicanos no tengan obstáculos en ser reconocidos por el Papa de Roma para volver al seno de la Iglesia Católica y puedan ejercer el sacerdocio.

Bueno lo voy a dejar aquí para no liar más las cosas. Muchas gracias LONGINOS por tu hospitalidad y por este intercambio religioso cristiano.

Qué el Señor te bendiga!

Felipe Gonzalez dijo...

Asi es Juan, la doctrina del bautismo ha sido muy mal interpretada por los evangelicos, y todo por el afan de no parecerse a los catolicos, hay que reconocerlo. A mi me enseñaron que los catolicos eran unos herejes porque bautizaban niños, y porque bautizaban por afusion-aspersion......y resulta que EN ESO estan mas acordes con la verdad del bautismo que los evangelicos.

Lo unico que se desvian es en creer que el bautismo en agua remueve el pecado original, y concede el nuevo nacimiento. Esas son operaciones espirituales que obra el Espiritu cuando quiere, y a quien quiere. El bautismo en agua solo es un simbolo sacramental, QUE ANUNCIA, O CONFIRMA LA OBRA DEL ESPIRITU EN ESA PERSONA, y es el sacramento oficial de entrada al pueblo del Pacto.

Pero estan claros en que el rebautismo no es biblico, es incorrecto, y tambien en que la afusion o aspersion no son modos 'antibiblicos' de administrar el bautismo.
Y es tan sencillo que lo entiende un niño: SI EL ESPIRITU SE DERRAMA, EL AGUA SE DERRAMA TAMBIEN.....

La inmersion no es que esta del todo mal, pero si se combina con la afusion como hacian los primeros cristianos que bautizaban metidos en el agua hasta la cintura, y el oficiante derramaba agua sobre la cabeza del bautizante.......

LA INMERSION POR SI SOLA, LLEVA IMPLICITA LA IDEA ARMINIANA DE LA SALVACION: QUE ES EL HOMBRE EL QUE DECIDE METERSE (bapto) EN EL ESPIRITU, NO COMO LO ENSEÑA LA BIBLIA, QUE ES EL ESPIRITU EL QUE SE DERRAMA SOBRE QUIEN QUIERE.

....es sencillo, y sobre todo NO ES DOCTRINA CATOOOOOOOLICA, sino doctrina BIBLICAAAAAAAAAAAAAA!!!!!

Gracias Longinos, saludos y bendiciones.

Longinos dijo...

Bienvenido, Felipe, y muchas gracias.

Sobre lo que comentas, creo que es muy importante saber que coincidimos en lo inicial: que la justificación nos viene por la fe, y no por nuestros merecimientos, sino por los de Cristo. ¡Gloria a Dios!

Ahora bien, esa gracia que Dios nos quiere dar, hemos de aceptarla para recibirla. Dios no nos la dará si nosotros la rechazamos. Por eso, una y mil veces en la Escritura se nos exhorta a creer, porque es ese asentimiento de la fe como nosotros aceptamos el ragalo inmerecido que el Señor nos da.

Una vez que tenemos la gracia, el Señor jamás permitirá que seamostentados por encima de nuestras fuerzas. Pero eso no significa que no podamos caer en el pecado. Por eso se nos dice "el que se sienta seguro, tenga cuidado, no caiga" (1 Cor 10,12), y "orad para no caer en la tentación" (Mt 26,41). Esto se les dice a los salvos, no a los impíos. Y la oración que Cristo nos enseñó dice: "no nos dejes caer en la tentación".

Por tanto, no sólo está claro que el que vive puede caer, sino que uno de los mensajes reiterativos de Cristo en el Evangelio es "¡perseverad!", "¡velad!", "¡estad vigilantes!" (porque no sabéis el día ni la hora) (cf. Mt 25,13).y es que lo que hemos aceptado voluntariamente, podemos perderlo voluntariamente, rechazando la gracia de Dios. Dede que aceptamos la fe, cada instante de nuestra vida debe ser un sí a Dios, un amén a su voluntad, todo ello movido por su gracia, porque Él obra en nosotros tanto el querer como el hacer (Flp 2,13); ¡todo es gracia!

Por tanto, podemos pecar gravemente, y sin las obras, la fe queda muerta y perdemos la gracia. En realidad tienes razón al decir que si se pierde la gracia, se pierde la fe, porque lo que queda es una fe muerta, que es más bien un conocimiento, no una fe viva. Como el conocimiento de los demonios, que saben que Dios existe, pero eso no les alegra.Esto nos dice Santiago en su carta.

Como nosotros no tenemos ese conocimiento directo de los demonios, incluso esa fe muerta podemos perderla también. El que una vez fue salvo, puede pecar, rechazar incluso la fe, hacerse ateo y perseguir a Cristo. Todo ello, por no orar para no caer en tentación, y por caer en el pecado.

Claro, que puede arrepentirse y volver a la gracia. Para eso dio el Señor poder a sus Apóstoles para perdonar los pecados (Jn 20,23).

Bueno, Felipe, seguro que con muchas de estas cosas no estás muy de acuerdo. No te preocupes en discutir lo que te parezca. Selecciona, si quieres, lo que te parezca más fundamental.

Un abrazo en Cristo

Longinos dijo...

Juan, bienvenido, hermano en Cristo. Como algunas de las cosas que comentas tienen que ver con lo que comenta también Felipe sobre el Bautismo, intentaré comentaros a los dos:

Sobre lo del signo y el sacramento: un sacramento es un signo, pero un signo perfecto. El signo perfecto es aquél que contiene lo que significa. El signo perfecto es tal, que es capaz verdaderamente de formar un puente entre el universo espiritual y el material. Un sacramento es un signo perfecto: en el sacramento está presente Dios y actúa Dios.

Dices bien, Felipe, que el Espíritu actúa cuando quiere, pero precisamente quiere actuar en el Bautismo. El Espíritu puede dar muchas efusiones sensibles a lo largo de la vida de la fe, sobre todo cuando los hermanos oran por nosotros. Incluso puede darlas antes del Bautismo. El propio asentimiento a la fe, todavía pobre e imperfecto, de los catecúmenos, no es de su cosecha, sino que es una aceptación de la gracia recibida por medio del Espíritu Santo. Pero lo que recibimos en el Bautismo, de forma no necesariamente sensible es la inhabitación de la Trinidad en el alma, y con ellas, la caridad, que trae con ella la fe y la esperanza.

Dios cura cuando quiere, pero Eliseo le dijo a Naamán el sirio que se bañase siete veces en el Jordán para curarse de la lepra. ¿Se curó Naamán por sus méritos o por su ciencia? No, él ya podría haberse bañado treinta y seis mil veces en el Jordán o en el río de su pueblo, que no conseguiría curarse. Fue Dios quien lo curó porque tuvo misericordia de Él. eso es el Bautismo. Yo tampoco me lo sé explicar muy bien, la verdad, pero sé que es así.

Sobre qué es ese sello que recibimos en el Bautismo, de tal forma que aunque se pierda la fe y la gracia, éste permanece, no lo sé, tendré que estudiarlo. Me lo he preguntado últimamente, así que te agradezco, Felipe, que me recuerdes este problema, para estudiarlo.

Un abrazo y que Dios os llene de bendiciones. A mí ya me las está dando con vuestra presencia en este blog. Rezad por mí, que falta me hace.

Longinos dijo...

Bueno, antes de estudiar, voy a decir lo que pienso y siento por experiencia propia de ese sello del Bautismo.

Yo fui bautizado y crecí siendo cristiano (católico). Rezaba, amaba a Jesús y era un niño cristiano. En un momento dado, voluntariamente y luchando a brazo partido contra su gracia que me apartaba del pecado, le rechacé.

Es decir, yo tuve de niño a la Trinidad habitando en mi alma. Pero rechacé a Dios, y Él se fue de mi alma. Cuando, con 30 años, lo tenía todo en la vida, el hueco que había dejado Dios en mi alma era inmenso. He encontrado un verso de Pemán que lo describe:

"...porque el vacío de mi descontento
tiene el tamaño de tu inmensidad".

Si yo no hubiese tenido nunca a Dios en mi alma, yo no habría tenido ese vacío tan enorme. Si yo no hubiese gustado nunca la presencia de Dios en mí, no añoraría su ausencia de esa forma. Seguro que Dios pondría en mí el buscarle, que me daría hastío ante todo lo que no condujera a Él, pero ese agujero tan tremendo que yo tenía, eso era el sello de su presencia. Mi alma estaba conformada ya para tener dentro a Dios, ¡y Dios faltaba! Ese sitio no podía ya llenarse con nada.

Creo que eso es el sello. El sello lo produce la presencia de Dios en nuestra alma. Cuando Dios entra en ella, todo en nosotros se conforma alrededor de Él, de tal forma, que si Él se fuera quedaría todo preparado para su Presencia, pero sin Él.

De hecho, una de las cosas que me movió a la fe fue la muerte de mi padre. Le quería tanto, había sido tan importante en mi vida, que cuando murió sentí verdaderamente su ausencia. Y me di cuenta de que era, salvando las distancias, el mismo sentimiento que yo tenía respecto de Dios: su Ausencia. Es difícil de explicar...

Y cuando Dios vuelve a entrar de nuevo en el alma en la que ya ha estado, todo vuelve a su sitio. Yo añoraba mi niñez, y no sabía por qué. Cuando la recuperé, me di cuenta: añoraba la gracia de Dios, la Presencia de Dios en mi alma.

Longinos dijo...

Por cierto, Juan, me alegra mucho ver que, aunque estás en desacuerdo en el gunos puntos con la Iglesia Católica, no exageras el desacuerdo ni lo fuerzas. bastantes son ya, por desgracia, las cosas que nos separan, como para exagerar las posturas.

Podría decir lo mismo con respecto a algunas actitudes de católicos, que cuando hablan con protestantes parecen pelagianos o arminianos, sin reconocer que el hombre necesita ser movido por la gracia para asentir a la fe y ser salvo, y que esto no es por sus méritos, sino por los de Cristo. Esta es la verdadera doctrina católica, contra el pelagianismo y el semi-pelagianismo, que se encuentra en el Magisterio de la Iglesia, desde el Sínodo de Orange al Concilio de Trento y hoy, en el Catecismo de la Iglesia Católica o en la Declaración de fe conjunta luterano-católica.

Longinos dijo...

Me ha parecido muy ineteresante esta reflexión sobre el carácter o sello bautismal.

Juan Sanabria dijo...

Estimado Longinos,

Una vez más gracias por tu hospitalidad. Obviamente no soy de los evangélicos fundamentalistas que van arremetiendo a diestro y siniestro contra los Católicos Romanos. Particularmente, refuto el error dondequiera que éste se encuentre, aún desde adentro de las filas protestantes, todo en una buena conciencia y en sujeción a La Escritura. Hay muchas cosas que nos unen, como el Signo Apostólico o el credo constantinopolitano o el atanasiano, bases de la fe cristiana universal (católica) de la que nosotros somos parte.

Si fuera de tu misma confesión y entendiera que "el Espíritu quiere" estar, y/o está en el signo del sacramento entonces tu argumento sería coherente, ya que solo el Espíritu del Señor, y no el agua, pueden producir las cosas que mencionamos. Lo que sucede es que no hay base Escritural para afirmar categóricamente que las cosas suceden así. No hay base para afirmar que quien ha recibido el sacramento recibe el nuevo nacimiento, pues según San Juan quien nace de nuevo no practica el pecado.

"El que ha nacido de Dios no peca [constantemente], porque permanece en él la semilla de Dios. Y ni siquiera puede pecar, porque ha nacido de Dios." (1 Juan 3:9 BL95)

A pesar de esto vemos personas que han sido bautizadas que durante su vida no cesan de hacer el mal, lo cual es evidencia de su NO-REGENERACIÓN. Casi todos los delincuentes y asesinos han recibido el bautismo y no les ha valido de nada porque no recibieron lo significado sino solamente el signo. Ejemplo de esto tenemos en La Escritura a Simón el mago, e igualmente puede suceder a la inversa, como sucedió con el ladrón de la cruz que recibió el significado sin haber recibido el sacramento.

Por otro lado, no hay base Escritural para afirmar que la gracia y/o la fe son de "quita y pon", ya que al ser dones de Dios son irrevocables.

"...los dones y la vocación de Dios son irrevocables." (Romanos 11:29 JER)

Los Protestantes, siguiendo la doctrina Bíblica de la Gracia enseñada magistarlmente por S. Agustín de Hipona, también concordamos con el Concilio de Orange, e igualmente condenamos el pelagianismo y el semipelagianismo. Sin embargo, y por desgracia, tanto dentro del Seno de la Iglesia Católica como de la Iglesia Evangélica, estas herejías se han filtrado con mucha fuerza. El sinergismo y el creer que cooperamos con Dios para recibir la Gracia que Soberanamente imparte sobre quien quiere es un claro ejemplo de ello.

Evidentemente el hombre actúa pero siempre por efecto de la gracia de Dios y nunca por una especie de bondad personal, como enseñaba Pelagio, ya que NADIE es bueno ni capaz de hacer ningún bien si no es por persuasión divina (Flp 2.13).

Seguimos intercambiando Longinos e igualmente es una bendición de Dios para mí el poder dialogar contigo.

Juan Sanabria dijo...

Estimado Longinos,

Una vez más gracias por tu hospitalidad. Obviamente no soy de los evangélicos fundamentalistas que van arremetiendo a diestro y siniestro contra los Católicos Romanos. Particularmente, refuto el error dondequiera que éste se encuentre, aún desde adentro de las filas protestantes, todo en una buena conciencia y en sujeción a La Escritura. Hay muchas cosas que nos unen, como el Signo Apostólico o el credo constantinopolitano o el atanasiano, bases de la fe cristiana universal (católica) de la que nosotros somos parte.

Si fuera de tu misma confesión y entendiera que "el Espíritu quiere" estar, y/o está en el signo del sacramento entonces tu argumento sería coherente, ya que solo el Espíritu del Señor, y no el agua, pueden producir las cosas que mencionamos. Lo que sucede es que no hay base Escritural para afirmar categóricamente que las cosas suceden así. No hay base para afirmar que quien ha recibido el sacramento recibe el nuevo nacimiento, pues según San Juan quien nace de nuevo no practica el pecado.

"El que ha nacido de Dios no peca [constantemente], porque permanece en él la semilla de Dios. Y ni siquiera puede pecar, porque ha nacido de Dios." (1 Juan 3:9 BL95)

A pesar de esto vemos personas que han sido bautizadas que durante su vida no cesan de hacer el mal, lo cual es evidencia de su NO-REGENERACIÓN. Casi todos los delincuentes y asesinos han recibido el bautismo y no les ha valido de nada porque no recibieron lo significado sino solamente el signo. Ejemplo de esto tenemos en La Escritura a Simón el mago, e igualmente puede suceder a la inversa, como sucedió con el ladrón de la cruz que recibió el significado sin haber recibido el sacramento.

Por otro lado, no hay base Escritural para afirmar que la gracia y/o la fe son de "quita y pon", ya que al ser dones de Dios son irrevocables.

"...los dones y la vocación de Dios son irrevocables." (Romanos 11:29 JER)

Los Protestantes, siguiendo la doctrina Bíblica de la Gracia enseñada magistarlmente por S. Agustín de Hipona, también concordamos con el Concilio de Orange, e igualmente condenamos el pelagianismo y el semipelagianismo. Sin embargo, y por desgracia, tanto dentro del Seno de la Iglesia Católica como de la Iglesia Evangélica, estas herejías se han filtrado con mucha fuerza. El sinergismo y el creer que cooperamos con Dios para recibir la Gracia que Soberanamente imparte sobre quien quiere es un claro ejemplo de ello.

Evidentemente el hombre actúa pero siempre por efecto de la gracia de Dios y nunca por una especie de bondad personal, como enseñaba Pelagio, ya que NADIE es bueno ni capaz de hacer ningún bien si no es por persuasión divina (Flp 2.13).

Seguimos intercambiando Longinos e igualmente es una bendición de Dios para mí el poder dialogar contigo.

Felipe Gonzalez dijo...

Longinos, agradable el dialogo, y creo que alejarse del sectarismo es saludable, tanto como alejarse de un ecumenismo que tapa los errores doctrinales en pro de una amistad a toda costa. La doctrina ecumenica del "aqui no pasa nada" no es tampoco saludable. No me gusta ni el sectarismo ni el ecumenismo. Por eso, me mantengo alejado de ellos, y creo que tu tambien lo estas demostrando.

Tampoco soy de los que anda con la tea encendida en la mano para quemar a los catolicos. Creo que Dios tiene su pueblo esparcido por todas las tribus de Israel, incluyendo la catolica.

Hay errores de interpretacion tanto dentro de los evangelicos, como dentro de los catolicos, por lo tanto, mi interes no es enarbolar la bandera "evangelica" sino ir a la Biblia por luz, para que no solo estemos en la Verdad, sino que andemos en la Verdad. No es la doctrina 'bautista' o la doctrina 'catolica' la que tengo en mi primera pagina. Lo que tengo en primera pagina es SI ESA DOCTRINA 'BAUTISTA', O 'CATOLICA'....O CUALQUIER OTRA.....ESTAN ACORDES CON LA PALABRA DE DIOS.

Este tema del bautismo lo hemos abordado ampliamente en mi blog, y estas invitado alli a que puedas estudiar todo lo que hemos escrito al respecto. Tanto en la exposicion del tema, como en los debates.

Ese tema es el ejemplo mas evidente de que hay errores de interpretacion tanto dentro de los evangelicos, como de los catolicos, y lo que mas me interesa es que la verdad de la Escritura, brille en la mente de un catolico, como de un evangelico.

Si te parece, aca podemos seguir intercambiando sobre el tema, para la mutua edificacion y bendicion. Que os parece??

Longinos dijo...

Queridos Juan y Felipe, muchas gracias por vuestras aportaciones. Estos días no voy a poder escribir, porque me voy a pasar las Navidades con la familia. Salgo hoy mismo.

Felipe, creo que el verdadero ecumenismo es éste, porque sólo puede haber unidad, la unidad que quiere Dios, en la verdad. No es verdadero amor el que deja la verdad a un lado.

Que el Niño Jesús os bendiga y nos una a todos en la Verdad. Feliz Navidad para todos los que leen este blog y para sus familias. Que el Niño Jesús os llene de su Amor, os guíe bendiga vuestros pasos en el 2011.

Nos ha nacido el Salvador, ¡Aleluya!

iglesiando dijo...

Longinos, feliz navidad para ti y para los tuyos. Que pases un buen tiempo en compañia de ellos.

"Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz."

Juan Sanabria dijo...

Gracias Longinos por tus deseos de buena voluntad, aunque pienso que Jesús ya no es tan niño jejejeje.

Que la paz de Dios sea contigo y con los tuyos

Longinos dijo...

Bueno, ya estoy de vuelta. Espero que haya sido una buena Navidad para todos (y seguimos).

Juan, Jesús resucitó con un Cuerpo glorioso, que no tiene ninguna de las limitaciones de nuestros cuerpos terrestres. Puede comar pescado, pero puede también atravesar paredes, llegar a donde quiere, etc. No tiene limitación espacial. Creo que tampoco la tiene temporal. Si el Niño Jesús no estuviera también presente en Jesús Resucitado, algo de Él se habría perdido, algo de Él no habría resucitado. Por eso yo creo que el Niño Jesús está también misteriosamente presente en Jesús resucitado, y de hecho, en varias apariciones, aparece Jesús Niño, a veces en brazos de María. Ya supongo que a vosotros no os gustará esto de las apariciones, pero es la realidad.

Cuando miro a mis hijos, a veces, y disfruto de su carita y de su sonrisa... Una vez estaba pensando esto y me vino un primer pensamiento de pena, porque esa sonrisa se perdería, y porque sólo yo la habría disfrutado. Pero inmediatamente me di cuenta de que, si mis hijos resucitan para la vida, esa sonrisa no se perderá. Toda su realidad, desde su primer momento de embrioncitos hasta su muerte, su niñez, su juventud, todo, resucitará con ellos, para gloria de Dios y disfrute de los ángeles y los santos.

Longinos dijo...

Por cierto, de esto no dice nada la Iglesia, ni a favor ni en contra, es solo lo que yo pienso. Creo que no contradice en nada la doctrina de la Iglesia, que es compatible con la doctrina de la Resurrección de Cristo y de la resurrección de la carne, un dogma al que le tengo muchísimo aprecio.

Longinos dijo...

Juan, la doctrina de la Iglesia Católica dice que nosotros cooperamos con la gracia de Dios. La diferencia con el semipelagianismo es que nosotros creemos que esa cooperación está a su vez precedida y movida por la gracia. Es decir, el hombre no puede siquiera cooperar por la gracia si no es, a su vez, impulsado por la gracia. ¡Todo es gracia!

Creo que todo esto es consecuencia lógica de un hecho: Todo bien procede de Dios.

Pero eso no resta nada a la libertad humana en esa cooperación, es decir, esa cooperación es libre, y por tanto, responsable. Quiero decir que, si libremente rechazamos la gracia, rechazamos la salvación que Dios quiere para todos los hombres.

Creo que la cooperación del hombre con la gracia se expresa muy bien en una frase de San Agustín: "Ciertamente, nosotros trabajamos también, pero no hacemos más que trabajar con Dios que trabaja. Porque su misericordia se nos adelantó para que fuésemos curados; nos sigue todavía para que, una vez sanados, seamos vivificados; se nos adelanta para que seamos llamados, nos sigue para que seamos glorificados; se nos adelanta para que vivamos según la piedad, nos sigue para que vivamos por siempre con Dios, pues sin Él no podemos hacer nada" (De Natura et Gratia, 31).

Longinos dijo...

Y hay otra frase muy clarificadora de San Agustín en este mismo sentido: "El que te creó sin ti, no te salvará sin ti".

Ya sé que vosotros, en principio, no le concedéis autoridad alguna a la Tradición de la Iglesia, y por ende a San Agustín. No lo cito como argumento de autoridad, aunque para mí lo es, sino porque yo pienso eso mismo que dice San Agustín.

No obstante, he conocido ya algún protestante que concedía a la coincidencia de los Padres de la Iglesia un cierto grado de confianza a la hora de interpretar la Escrituras, como hace la Iglesia católica.

Juan Sanabria dijo...

Hola Longinos!

Espero que estés bien.

En principio decirte que por causa de la caída de nuestros primeros padres no hay ser humano que tenga disposicisión alguna para hacer el bien, como convertirse a Dios. No hay NADA bueno en nosotros y si algo bueno hubiere es dádiva y don del Padre. Es por ese motivo que ningún ser humano puede COLABORAR con Dios para su conversión o vuelta a Él, ya que en sí mismo ningún ser humano es libre a menos que el Hijo le liberte; mientras tanto, es esclavo de su pecado y éste le gobierna en oposición constante a Dios y a todo lo que provenga de Él.

Evidentemente quien se convierte es el ser humano, no Dios, pero no sin Dios sino todo lo contrario. Dios tiene que mudar previamente su corazón para que acepte Su Palabra y responda de manera positiva al mensaje en una acción de Su GRACIA IRRESISTIBLE. De modo que si alguien es traido al Hijo de Dios no lo hace por su propia "libertad" o capacidad de elección (porque no la posee) sino por disposición del Padre.

"Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió. Y yo lo resucitaré en el último día." (Juan 6:44 BL95)

El ser humano no desea por naturaleza la vida de Cristo, su corazón está habituado al mal y aborrece la luz; de manera que Dios tiene que renovar su voluntad y darle un corazón de carne para que venga a Él. De este modo entendemos que la salvación es 100% de Dios, no dejando lugar alguno para la jactancia humana.

El profeta Jeremías habla claramente de estas cosas (uso Biblia Católica, muy buena):

"¿Puede un negro etíope cambiar su piel o una pantera, su pelaje? Y ¿pueden ustedes actuar correctamente, ustedes que están acostumbrados al mal?"
(Jeremías 13:23 BL95)


El profeta, entendiendo que el ser humano es plenamente incapaz de volverse a Dios ora de la siguiente manera:

"Escucho, escucho quejarse a Efraím: "Me has pegado, y he sido castigado muy duro, como un novillo no domado; haz que yo vuelva y volveré, ya que tú eres Yavé, mi Dios."
(Jeremías 31:18 BL95).

"Haz que volvamos a ti, Yavé, y volveremos; haz que seamos de nuevo lo que fuimos antes."
(Lamentaciones 5:21 BL95)

________________

SOBRE LA TRADICIÓN:

Hay tradición apostólica y hay tradición eclesiástica. Nosotros creemos en la tradición apostólica porque ellos estaban dotados de inspiración divina, lo cual les preservaba de cualquier error, no así con la tradición de la Iglesia que debe ser filtrada por La Palabra de Dios para ver si se sujeta a ella.

Sin duda alguna los padres de la iglesia son una fuente de información muy importante pero no una autoridad inapelable como lo son Las Escrituras. Por ejemplo, Tertuliano fue uno de los padres de la iglesia, sin embargo abandonó la fe ortodoxa para comulgar con Marción y sus profetisas ¿Aceptaremos como autoridad todo lo que él dejó escrito? Evidentemente que no. Sin embargo en La Escritura nada es para desecharse por cuanto es inspirada plenamente de Dios.

Sobre San A. Agustín ¿Qué decirte? El más excelente doctor de la iglesia occidental, aunque tampoco infalible.

Un abrazo!

Longinos dijo...

Hola, Juan. Si la gracia fuera irresistible, querría decir que los que quiere Dios se salvan, y los que Dios no quiere salvar se condenan. Bueno, eso contradice totalmente la Palabra de Dios, que nos dice que "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tim 2, 4-5)

La realidad es otra, creo yo. Dios ofrece a todos la salvación, de una forma u otra. Sin embargo, como bien dices, nadie puede por sí mismo aceptar la salvación que Dios le ofrece. Debe ser movido por una "gracia primera" para ser capaz de darle su asentimiento a Dios. A pesar de eso, nosotros podemos oponernos a esa gracia, rechazando la salvación de Dios.

De forma que Dios a nadie niega la gracia suficiente para salvarse; se condenan los que la rechazan.

Y los que la aceptan, no es que la merezcan, no. Nadie merece por sí mismo la salvación; es un regalo de Dios, comprado con la sangre de Cristo. Ni siquiera el hecho de aceptar voluntariamente la gracia es pura obra humana, sino que es movido a su vez por la gracia, como he dicho antes, porque "Dios obra en nosotros tanto el querer como el obrar según su beneplácito" (Flp 2, 13). Por tanto, sí, hay una cooperación humana, movida por la gracia, por la que aceptamos el don de la salvación.

Sobre la Tradición, los católicos tampoco creemos en la inerrancia de los Padres de la Iglesia. Agustín cometió errores reconocidos por él mismo años después. Tertuliano abrazó la herejía, como dices; también Orígenes e incluso en un tiempo San Ireneo, que fue confundido por el milenarismo. En cambio, la coincidencia de los diversos Padres sobre la interpretación de la Escritura nos da muchas garantías.

La Tradición Apostólica se refiere a lo enseñado por los apóstoles en muy diversas formas no sólo escritas, y que se hace patente en la vida de la Iglesia posterior (si no se transmitiese, no sería tradición). Esta Tradición tiene incluso reflejo en la Sagrada Escritura, en 2 Tes 2,15, cuando San pablo nos exhorta a conservar todas las tradiciones recibidas de los Apóstoles, "ya sea de palabra o por escrito". Esa Tradición se transmite en la Iglesia asistida por el Espíritu Santo, y es incluso la que da origen a reconocer la propia Escritura como inspirada por Dios e inerrante, y reconocer los libros que la componen y cuáles no.

Por tanto, el centro de la Tradición es el "sensus ecclesiae". Aquello que la Iglesia siempre ha interpretado, desde los primeros tiempos, como enseñanza de Cristo, es la interpretación correcta. Por poner un ejemplo claro: la divinidad y humanidad de Cristo. La Iglesia siempre creyó eso, desde los tiempos apostólicos. Señal de que eso era lo que transmitían los apóstoles, por mucho que los arrianos tomaran selectivamente unos pasajes de la Escritura para negar la divinidad de Cristo, interpretación que también podía ser contradicha citando la propia Escritura, como hizo San Atanasio.

Longinos dijo...

Por otra parte, está claro que muchas personas que están aún en el pecado, hacen obras buenas. Por ejemplo, los romanos bautizados por Pedro le hicieron llamar, como Dios les había indicado. Efectivamente, lo hacen no por sí mismos, sino movidos por una gracia de Dios. Pero repara en que ya una gracia de Dios les mueve en un acto concreto, aunque en general ellos se encuentran todavía en la esclavitud del pecado. Pues igual sucede con la gracia que nos permite aceptar la salvación antes de recibirla. "Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti".

Juan Sanabria dijo...

Hola Longinos.

Evidentemente Dios salva a quien quiere porque ya sabemos lo que enseñan Las Escrituras y el mismo San Agustín sobre el llamado "libre arbitrio". Sobre esto Las Escrituras son claras.

"Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere." (Juan 5:21 JER)

"Dice sin embargo a Moisés: Seré misericordioso con quien quiera serlo y me compadeceré de quien quiera compadecerme. Debemos concluir que lo importante no es querer, o llegar primero, sino que Dios tenga misericordia. En la Escritura dice a Faraón: Te hice Faraón con el fin de manifestar en ti mi poder y para que toda la tierra conozca mi Nombre. Así que Dios usa de misericordia con quien quiere y endurece el corazón de quien quiere."
(Romanos 9:15-18 BL95)


Sobre el pasaje que mencionas de 1ª Tim 2 hay que entenderlo en su contexto. Al decir que Dios quiere que todos los hombres sean salvos está hablando de la salvación dada a todas las naciones, más allá de las fronteras del antiguo Israel, haciendo énfasis en la iglesia universal (gr. católica). Dentro de esa iglesia, en base al contexto, no solamente ha escogido Dios a los pobres de este mundo (aunque no a todos) sino también a ricos e incluso a reyes y gobernantes (aunque no a todos). De manera que no habla de la salvación sin excepción sino de la salvación sin acepción.

A modo de conclusión. En la Iglesia Universal o católica hay ricos, poderosos, y débiles y pobres pero no están todos los ricos ni todos los pobres aunque sí TODOS los que Dios ha escogido para Sí.

"Feliz tu invitado, tu elegido
para hospedarse en tus atrios.
Sácianos con los bienes de tu casa,
con las cosas sagradas de tu Templo."
(Salmos 65:4 BL95)

Longinos dijo...

No me convence esa interpretación, Juan. No tiene sentido que la Escritura se refiera sólo a que Dios no hace acepción de personas entre ricos y pobres, judíos o griegos, si luego la hace entre elegidos o no elegidos. No me parece razonable, la verdad, es como quitarle valor o sentido a lo que la Escritura dice para poder entenderla mejor. Es nuestro entendimiento el que ha de amoldarse a la Escritura, no al revés.

Así estaríamos reduciendo de forma una verdad de la Escritura para apoyar otra verdad de la Escritura. Eso no me parece correcto ni de sentido común; probablemente por eso muchos protestantes tampoco sostienen esa interpretación, sino que ya ha quedado reducida al calvinismo extremo, por lo que llevo conversado con otros.

Vamos a ver; sin reducciones, sino aplicando la fe en la Escritura y el sentido común, lo que nos dice la Escritura son tres cosas:

- Dios elige a los que se salvan

- Dios quiere que todos los hombres se salven

- No todos se salvan

Una explicación verdaderamente de fe -no puramente intelectual- debe dar respuesta a esas tres verdades. La que tú acabas de hacer explica dos de ellas, pero soslaya la otra, con una excusa inaceptable.

En cambio, la que yo te he dado antes respeta las tres, aunque acepta que hay en ello un componente de misterio, que no podemos abarcar completamente con el entendimiento. Es normal, nuetsro entendimiento es limitado. A veces, con la intención de comprenderlo todo, lo que hacemos es deformarlo.

Longinos dijo...

Voy a hablar más claramente de lo que yo creo que es el problema principal, Juan, o los problemas principales, al dialogar con hermanos protestantes sobre la doctrina cristiana. He empezado a hacerlo en un mensaje, pero al final voy a dedicarle una entrada.

Longinos dijo...

Juan, tengo registrada una respuesta tuya en el correo (todas las entradas me llegan por mail), pero no aparece aquí. No sé si la has borrado voluntariamente o ha habido algún problema. Si se ha borrado involuntariamente, dímelo y la activo.

Un abrazo

Juan Sanabria dijo...

Hola Longinos!

Ciertamente envié un comentario y no apareció y como me costó tanto hacerlo no me ví con ánimos de repetirlo.

Un abrazo y muchas gracias.

Longinos dijo...

Pues, aunque por problemas técnicos que no conozco no se publicara (este foro no tiene habilitada moderación de ningún tipo), a mí sí me llegó al correo, así que lo publico ahora mismo, en el mensaje siguiente.

Anónimo dijo...

JUAN SANABRIA escribió el 11 de Enero a las 15:57:

"Longinos, la deformación está en lo que tú planteas, es decir, Dios
quiere salvar a todos pero no lo consigue porque no todos se salvan.
Eso sí es un disparate, una minimización de Dios y una presentación de un dios limitado y frustrado que no consigue lo que quiere (por eso lo pongo con minúsculas).

Pregunta a las Escrituras ¿Por qué Jesús hablaba en parábolas? El Señor responde:

"Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados."
(Marcos 4:11-12)

Leyendo esto ¿crees que realmente Dios quiere salvar a TODOS? ¿Y qué me dices de esto?

"Así que Dios usa de misericordia con quien quiere y endurece el
corazón de quien quiere" (Rom 9.18)

En el texto que menciono de Marcos lo que precede es la parábola del sembrador. Sabemos que el sembrador es Cristo y que echó la semilla en diferentes terrenos sabiendo que solo el de la buena tierra daría frutos. Si eso es así ¿Para qué sembró en otras tierras teniendo una preparada y buena para dar fruto? ¿Acaso el sembrador es un torpe o sabía lo que hacía?

Jesús aclara todos estos interrogantes y afirma:

"Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos."
(Mateo 22:14 JER)

Es por este motivo que la misericordia de Dios nos precede.

Nadie alcanza misericordia por su fe sino que por la misericordia de
Dios se nos es dada la fe y esto lo hace con quien quiere dentro de Su soberanía.

"¿No tengo derecho a llevar mis cosas de la manera que quiero? ¿O será porque soy generoso y tú envidioso?"
(Mateo 20:15 BL95)

Analiza lo que te digo Longinos y entenderás mejor la doctrina de la gracia soberana de Dios enseñada por San Pablo y posteriormente por san Agustín hasta llegar a los reformadores".

Longinos dijo...

Juan, hay una idea apriorística que subyace en lo que escribes, y que condiciona tu interpretación.

Esa idea es ésta: la predestinación y la libertad humana para aceptar o rechazar la salvación de Dios son incompatibles entre sí. No puede ser lo uno y lo otro a la vez.

Y yo te digo: sí puede ser. ¿Por qué lo creo? Porque la Escritura nos enseña ambas ideas como verdaderas, porque la Tradición de lo que el Espíritu Santo ha ido enseñando a los cristianos desde los primeros tiempos es creer en ambas cosas a la vez (incluido por supuesto San Agustín), y finalmente, porque la Iglesia que Cristo instituyó para enseñarnos y confirmarnos a todos los cristianos en la fe, así nos lo propone firmemente para que lo creamos.

Tú me propones muy acertadamente dos versículos que nos hablan, de forma indudable, de la predeterminación: Dios predetermina quiénes van a salvarse. Los resumo en dos frases para recordarlos: "para que no se conviertan y les sean perdonados los pecados", y "Dios tiene misericordia de quien quiere y endurece a quien quiere.

No te sorprendas de que un católico acepte la predestinación: los católicos creemos en la predestinación, como nos enseña San Agustín en "De natura et gratia" contra Pelagio. Pero, a la vez, creemos en la libertad.

Y no creemos que la predestinación sea pura presciencia, sino que a la presciencia se suma la voluntad de Dios de que todo sea así.

¿Cómo puede ser eso compatible con la libertad humana?

Bueno, seguiré en otro mensaje. De momento sólo quiero que quede claro que acepto plenamente los dos versículos que me has puesto como revelación del hecho de que Dios predetermina quiénes van a salvarse, por misericordia suya. Y que por mera justicia, todos nos condenaríamos, con lo cual no cabe demandar a Dios.

Longinos dijo...

Ahora tengo que definir un poco qué es lo que entiendo por libertad humana en este contexto. Porque existe un malentendido que puede estorbar lo que quiero decir luego.

Cuando hablo de libertad, me refiero a la capacidad para aceptar o rechazar el don de la fe, cuando el hombre es interpelado por el anuncio de Jesucristo como Señor y Salvador.

Pues bien: el hombre caído NO tiene esa libertad por sí mismo. Es esclavo del pecado.

Pero Dios puede otorgarle una "gracia primera" que le permite en ese punto aceptar la salvación de Dios; -también puede rechazarla-.

Esa "gracia primera" no es aún la salvación, sino la llamada que nos permite aceptar libremente la salvación. Si el hombre acepta, recibe el don de la fe, la gracia de la salvación que nos fue merecida por Jesucristo.

Una vez clarificado esto, que el hombre no es libre, pero Dios le mueve para que pueda aceptar libremente la salvación, vamos a seguir, pero en otro mensaje.

Longinos dijo...

Decíamos: ¿cómo puede ser compatible la predestinación con la libertad?

Pues lo primero que tengo que decir, honradamente, es que no lo sabemos. Es un misterio. El que crea que lo entiende, es que se equivoca. Es el llamado "misterio de la predestinación".

Lo segundo es que, como todos los misterios, sí podemos aproximarnos a él.

Visto desde Dios:

Dios ama a todos los hombres, sin excepción. Él quiere que todos le amemos libremente, glorificándole y encontrando nuestra propia plenitud en la comunión de su Amor. Él, que lo sabe todo, y para el que todos los instantes son un hoy, lo dispone todo, desde el principio, de forma que todo concurre al bien de los que le aman. En su predeterminación, incluye la libre respuesta del hombre a su llamada, de forma que aquél que acepta, plenamente puede ser denominado como "elegido".

Visto desde el hombre:

Dios ha elegido a los que se van a salvar. Cuando el hombre que va a ser salvo da su libre aceptación a recibir la salvación de Cristo por la fe, lo hace respondiendo a la gracia primera, es decir, lo hace movido por Dios.

Eso explica que en algunos pasajes bíblicos se hable de la elección de Dios (que "endurece a quien quiere"), mientras que en otros se subraya la necesaria cooperación del hombre ("no endurezcáis vuestro corazón).

Este el el misterio de la predestinación, que ha sido creído por toda la Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, tal como figura en las Escrituras.

Cualquier explicación del mismo será, necesariamente, insuficiente y defectuosa. No es posible para nuestro entendimiento aprehender este misterio.

Longinos dijo...

Hay muchas objeciones que aclarar y muchas cosas que añadir para apoyar esto: en la Escrituras y en la Tradición de lo que el Pueblo de Dios siempre ha creído, recibiendo la enseñanza de los Apóstoles e interpretándola con el Espíritu Santo. Pero sobre todo,la enseñanza de la Iglesia es clara sobre esto: la predestinación y la libertad son compatibles: Dios, cuya voluntad es que todos los hombre se salven, predestina a la salvación a los que la aceptan libremente.

Muchas citas se pueden aducir para demostrar ambas verdades: predestinación y libertad. Pero hay una que me parece especialmente importante porque reúne ambas realidades: es la de los invitados a las bodas, -una parábola, por cierto-. En ella se muestra cómo el Rey invita a muchos que rechazan la invitación, y finalmente otros acuden. Es eso se ve la libertad. Pero, al final, se da nombre a los que acudieron: "elegidos". Dios eligió y predestinó a los que no le rechazarán.

Longinos dijo...

Una de las objeciones a esto es que la libertad del hombre supone una negación de que Dios es Todopoderoso.

Pero en eso hay una equivocación. Porque, al contrario, Dios es aún más poderoso al ser capaz de crear otro ser con voluntad propia. Dios pone leyes a los seres inanimados,que se mueven por las leyes físicas o por los instintos irresistibles; pero al crear al hombre, le infunde su aliento, y eso le convierte en persona, como Él, a su imagen, con voluntad propia.

Eso es lo que dice muy bien esta poesía de Alonso de Bonilla:

Siguiendo va su natural porfía
la piedra hasta el centro que apetece.
El aire puro seca y humedece,
el fuego da calor, el agua enfría.
La presencia del sol engendra el día,
levanta el vuelo el ave, nace el pece,
anda todo animal, la planta crece,
la piedra imán levanta, el norte guía.
Bufa el pesado buey, bala el cordero,
conoce al dueño el can por el olfato,
el caballo relincha, el león brama.
Todas las cosas con eterno fuero
siguen su natural, y el hombre ingrato
no sigue el suyo, pues a Dios no ama
.

Una vez un amigo me propuso este sofisma: "Dios no es Todopoderoso -me dijo-. ¿Sabes por qué? Porque no es capaz de crear una piedra que Él mismo no pueda mover".

Le respondí: "Todo lo contrario. No sólo es capaz de crear esa piedra, sino que la ha creado: la libertad humana. No puede moverla, no porque Él sea incapaz de violentarla, sino porque así lo ha decidido, por amor y respeto al hombre, con el fin de que Él pueda amarle libremente y encontrar su plenitud amándole y alabándole".

Juan Sanabria dijo...

Apreciado Longinos,

Ningún ser humano el libre como para decidirse por Dios ¡Todo lo contrario!

Las Escrituras describen al hombre como un esclavo del pecado y del diablo ¿Puede un hombre zafarse del diablo? La respuesta es NO, porque el diablo es más fuete que el hombre y éste nunca le soltará, y menos sabiendo que es para ir a Cristo.

Entonces, la única manera en que el hombre puede ser verdaderamente libre es cuando Cristo le liberta según su soberana gracia, destruyendo el poder del diablo y del pecado de aquella persona que ha escogido para Sí (que no son todos).

"Jesús les contestó: "En verdad, en verdad les digo: el que vive en el pecado es esclavo del pecado. Pero el esclavo no se quedará en la casa para siempre; el hijo, en cambio, permanece para siempre. Por tanto, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres."
(Juan 8:34-36 BL95)


Al hablar de la "libertad humana" San Agustín escribe lo siguiente:

“Confesamos que en todos los hombres existe un libre albedrío, porque todos tienen por naturaleza entendimiento y razón innatas. Esto no quiere decir que sean capaces de hacer algo para con Dios, por ejemplo: amar de corazón y temer a Dios. Al contrario, sólo en cuanto a las obras externas de esta vida tienen la libertad de escoger lo bueno o lo malo. Con lo ‘bueno’ quiero decir que la naturaleza humana puede decidir si trabajará en el campo o no, si comerá o beberá o visitará un amigo o no, si se pondrá o quitará el vestido, si edificará casa, tomará esposa, si se ocupará en algún oficio o si hará cualquier cosa similar que sea útil y buena. No obstante, todo esto no existe ni subsiste sin Dios, sino que todo procede de él y se realiza por él. En cambio, el hombre puede por elección propia emprender algo malo, como por ejemplo arrodillarse ante un ídolo, cometer homicidio, etc”. (III de Hipognosticon)

Longinos dijo...

Juan, creo que no has has entendido el mensaje en el que hablaba sobre esto mismo y respondía a esta objeción hablando de la "gracia primera". Es mi tercer mensaje antes de este.

Como verás, yo mismo he mantenido eso de lo que trata tu mensaje: la imposibilidad del hombre para aceptar por sí mismo la salvación; a diferencia de lo que creen los semipelagianos y los arminianos, que piensan que el hombre puede acoger la salvación sin ser movido por la gracia de Dios.

Y como sabes, esta que he expuesto es justamente la doctrina de San Agustín, que conoció personalmente a los primeros semipelagianos, y su doctrina fue la que guió el Sínodo de Orange, que condenó el semipelagianismo en nombre de la Iglesia. La gracia no anula la libertad, sino que la permite.

Longinos dijo...

Repito ese mensaje que es clave para desechar una de las posibles objeciones que se han planteado desde el calvinismo (cada vez de forma más minoritaria) a la doctrina de la Iglesia (que es la de san Agustín) sobre la gracia:

Decía:
"Ahora tengo que definir un poco qué es lo que entiendo por libertad humana en este contexto. Porque existe un malentendido que puede estorbar lo que quiero decir luego.

Cuando hablo de libertad, me refiero a la capacidad para aceptar o rechazar el don de la fe, cuando el hombre es interpelado por el anuncio de Jesucristo como Señor y Salvador.

Pues bien: el hombre caído NO tiene esa libertad por sí mismo. Es esclavo del pecado.

Pero Dios puede otorgarle una "gracia primera" que le permite en ese punto aceptar la salvación de Dios; -también puede rechazarla-.

Esa "gracia primera" no es aún la salvación, sino la llamada que nos permite aceptar libremente la salvación. Si el hombre acepta, recibe el don de la fe, la gracia de la salvación que nos fue merecida por Jesucristo.

Una vez clarificado esto, que el hombre no es libre, pero Dios le mueve para que pueda aceptar libremente la salvación, vamos a seguir, pero en otro mensaje".

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