sábado, 18 de diciembre de 2010

Dejad que los niños se acerquen a Mí

 Muchas veces pensamos en los niños como si fueran sólo un proyecto de adulto, pero no es así. Son personas completas, desde el primer momento, y tienen necesidad de Dios, desde el primer momento. Yo, desde que me entero que mi mujer está embarazada, lo primero que hago es bendecir al niño y hacerle la señal de la cruz sobre la barriguita de mamá. Lo primero que hago cuando viene al mundo es hacerle la señal de la cruz en la cabeza, para librarle de malos espíritus y pedir sobre él la protección de Dios. Enseguida, bautizarles. Y luego, educarlos para que puedan relacionarse ellos con Dios. Mis hijos, ambos con menos de un año, se ponían a hacer monerías ante un cuadro de la Virgen: se reían, miraban atentamente, etc.; ella les hablaba, como se habla con un niño chiquitito, y ellos reaccionaban. Para dormirles, les acunaba en mis brazos, andando por el pasillo, con la Salve Regina, la Salve Marinera o el Veni Creator Spiritus, y a ellos les encanta, sobre todo la Salve Regina en gregoriano; muchas veces me piden que se la cante. Y mi niño estaba jugando con los juguetes y canturreaba ..."misericordes oculos..."

No digamos lo que disfrutan con los pasos de Semana Santa, o viendo las imágenes de las iglesias. Una vez, el niño se puso a lanzarle besos a la Virgen en una procesión: al llegar, cuando estaba delante, y cuando se alejaba, mientras estaba en mis brazos. Se pasó un cuarto de hora echándole besos sin parar, hasta que dejó de verse.

Y por supuesto, en casa, rezamos al levantarnos toda la familia, al comer, al acostarnos, y cuando hay alguna necesidad, por ejemplo, cuando su madre acude al rescate de alguna chica embarazada que se plantea abortar, o cuando hay alguien enfermo, etc...

En nuestra peregrinación a Fátima, los niños sacaron un provecho enorme. El niño, de 4 años, está entusiasmado con toda la historia de los pastorcitos y la Virgen, se ha unido mucho a ellos. Le encanta ver la película de Fátima. Es curioso, porque pensábamos que se iban a aburrir un poco, y hacíamos con ellos actividades alternativas: piscina, montar en un trenecito, ir a ver una cueva... se lo pasaron muy bien. Pues cuando nos íbamos, le pregunté al mayor qué era lo que más le había gustado: ¡el Via Crucis por la senda de los pastorcitos!

La niña, de dos años, está entusiasmada con los cantos carismáticos, le encanta levantar los brazos y bailar. Yo le canto canciones con la guitarra y ella baila y se pone contentísima. Le gustan mucho "Shemá Israel", "Las murallas de Jericó", "El trenecito (de la Iglesia)", etc. El niño, hace poco, en una adoración que hicimos ante el Santísimo Sacramento expuesto en una mesa, con la comunidad alrededor, se acercó con mucha reverencia y allí estuvo de pie, mirándole muy sereno, sin moverse, sabiendo perfectamente que estaba ante el Señor.

Los niños están maduros para la fe. La acción del Bautismo les abre el corazón a la realidad de Dios: son santos por el Bautismo; por él, tienen a Dios Uno y Trino viviendo en su corazón, y debemos darles en cada momento lo que necesitan para vivir esa santidad, para que en todo momento estén listos para el Cielo.

Luego, en la educación, además de vivirlo todo providencialmente, en comunión con los ángeles y los santos, de mostrarles la belleza de la Creación como obra y palabra de Dios que nos ama, Jesús es una ayuda indispensable. El niño pegaba en el colegio: acudimos al sagrario y le pedimos al Señor que le ayude a no pegar, y eso se soluciona completamente. Otro niño le pegaba: rezamos por él para que se porte bien y no pegue, y también se va solucionando. Y cuando se enfadan, les decimos que se les ha perdido la sonrisa, que miren al cuadro de la Virgen y ya verán como les vuelve la sonrisa. Al principio no quieren hacerlo, porque quieren seguir enfadados, pero al final lo hacen, ¡y la sonrisa vuelve inmediatamente, con la alegría!

Evitamos que vean cosas feas en la tele (tampoco las vemos nosotros), seleccionamos los dibujitos, y buscamos programas de TV que les ayuden en la fe, como los de EWTN. Les encanta (y a nosotros) "La casita sobre la Roca". Son unas marionetas maravillosas, con muy buenas canciones, que les explican la Palabra de Dios y presentan al alegría de la fe. También vamos haciendo recopilación de buenas novelas y películas, para cuando sean más mayores, que tengan en casa buen alimento disponible. Y les hemos buscado un colegio en el que la formación cristiana y moral está en sintonía con nosotros, sin disimulos, con fidelidad a la Iglesia Católica.

Y claro, rezamos por ellos (en realidad por todos, unos por otros, y por nosotros mismos, que falta nos hace). Yo les bendigo cada vez que se acuestan y cada vez que salgo de casa por la mañana; a menudo les impongo las manos sobre la cabecita y le pido al Señor que les sane de todo lo malo. Nada de todo esto es forzado, ni muy pensado. Simplemente, somos cristianos, vivimos así, no vamos a disimular ante nuestros hijos; al contrario, vivimos la relación con Cristo en familia, con alegría y con su Amor.

Los niños son personas muy espirituales. Da mucha pena que en las familias no se les alimente con lo que necesitan. Así están alegres, felices, son capaces de luchar contra sus problemillas...

La fe vivida en familia es una enorme bendición. ¡Que el Señor sea alabado! ¡Bendito seas, precioso Dios chiquitito, en la barriguita de la Virgen María!

1 comentario:

Alonso Gracián dijo...

Una preciosa reflexión.

Es la Gracia en la familia lo que transforma a los hijos. No que les hablemos de Cristo y vivamos sin Gracia. No que militemos por Cristo, y vivamos sin Gracia. No que seamos catequistas de nuestros hijos, y vivamos sin Gracia.

la Gracia es lo decisivo, porque es la acción divina en nuestros hijos y nosotros.

Lo mejor para dar hijos a Dios es que sus padres sean santos.

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