jueves, 27 de enero de 2011

Jacob lucha con el ángel de Dios


En Génesis 23, 32 podemos leer este misterioso encuentro. Lo estuve meditando en oración ayer y quiero escribir lo que me sugirió.

Recordemos antes que Jacob era hermano mellizo de Esaú. Esaú nació primero (Gen 25,23), con lo cual le correspondía por derecho la primogenitura, la herencia de su padre Isaac. Jacob nació luego, pero tenía agarrado con su mano el talón de Esaú. De ellos, el Señor había dicho a su madre, Rebeca: "el mayor servirá al menor". Los Padres de la Iglesia vieron en esto la sucesión del Antiguo y el Nuevo Testamento.

Aunque Esaú nació primero, un día que llegó con hambre Jacob le ofreció un plato de lentejas, a cambio de su derecho de primogénito. Esaú accedió. De ahí la expresión española de "venderse por un plato de lentejas".

Para poder acceder al derecho de primogenitura que su hermano le había vendido, Jacob engañó a su padre, ya ciego, en el lecho de muerte, haciéndose pasar por Esaú y recibiendo la bendición paterna.

En la escena que  quisiera comentar, Jacob, ya padre de muchos hijos, con dos mujeres (eran aún polígamos), va a entrar en las tierras donde vive Esaú. Parece que Jacob teme que su hermano no le haya perdonado y reclame sus derechos.

La lucha misteriosa de Jacob
23 Aquella noche, Jacob se levantó, tomó a sus dos mujeres, a sus dos sirvientas y a sus once hijos, y cruzó el vado de Iaboc.
24 Después que los hizo cruzar el torrente, pasó también todas sus posesiones.
25 Entonces se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta rayar el alba.
26 Al ver que no podía dominar a Jacob, lo golpeó en la articulación del fémur, y el fémur de Jacob se dislocó mientras luchaban.
27 Luego dijo: «Déjame partir, porque ya está amaneciendo:. Pero Jacob replicó: «No te soltaré si antes no me bendices».
28 El otro le preguntó: «¿Cómo te llamas?», «Jacob», respondió.
29 El añadió: «En adelante no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido».
30 Jacob le rogó: «Por favor, dime tu nombre». Pero él respondió: «¿Cómo te atreves a preguntar mi nombre?». Y allí mismo lo bendijo.
31 Jacob llamó a aquel lugar con el nombre de Peniel, porque dijo: «He visto a Dios cara a cara, y he salido con vida».

El ángel de Dios, tomando la pariencia de un hombre que lucha con tra Jacob, parece defender a Esaú en nombre de la justicia divina. Es claro que Jacob había abusado de la displicencia de Esaú y de la confianza de su padre para acceder al derecho que no le correspondía. Pero, aunque Isaac le hubiera bendecido, Dios no. A Dios no se le puede engañar.  

Sin embargo, Jacob pelea con el ángel y puede con él, logra que no se vaya sin bendecirle. ¿Como es posible que un hombre pueda contra Dios?

Pues, en realidad, hay un lugar donde el hombre "puede" contra Dios: en su propio corazón. Allí, porque Dios mismo ha querido autoimponerse esa limitación otorgándole voluntad libre al hombre, el hombre puede resistirse a la voluntad de Dios, y no sólo por el pecado: el hombre puede pedirle a Dios que cambie sus planes divinos.

Pero... ¿puede hacer cambiar a Dios? Porque en la lucha contra el ángel de Dios, Jacob no sólo le resiste, sino que consigue que le dé lo que él no iba a darle: su bendición, que en este caso parece tanto como reconocer su primogenitura, lo que no le correspondía... ¿Cómo es posible que un hombre haga cambiar a Dios de planes?

Sí es posible: por la oración, por la plegaria. En las bodas de Canaán, cuando su Madre le pide a Jesús que intervenga, éste le dice: "todavía no ha llegado mi hora". Sin embargo, ella, luchando como Jacob, prácticamente le "fuerza" a hacer el milagro. No hay ni que decir que, en realidad, María fuerza al que quería de antemano ser forzado, para mostrarnos a todos el valor que tiene a sus ojos nuestra oración de fe, cuando imploramos algo. La  lucha de Jacob con el ángel, nos enseña esto mismo. Jacob fue movido por Dios a asumir la primogenitura, por ese Dios que ya le había dicho a su madre: "el mayor servirá al menor". En realidad, en toda esa lucha, no es que Dios cambie de planes, es que así es como  moldea a Jacob para hacerse acreedor a lo que Él, desde un principio, había querido darle. Dios quiere que le pidamos con ahínco, con santa osadía, con fe, aquello que Él está deseando darnos. En la petición, nos hacemos dignos ante la misericordia de Dios, de lo que vamos a recibir. Fijaos en una cosa: Dios, tras esa lucha, cambia a Isaac de nombre: le llama Israel...

Pero... en verdad... ¡era Dios el que quería llamarle Israel desde el principio! Dios había elegido a su pueblo, pero quería un pueblo que amara lo que Él le quería dar gratuitamente. Por eso, hizo que el primogénito naciera después, y que tuviera que luchar por la herencia que Él ya había determinado darle.

Al día siguiente, después de ser bendecido por el ángel de Dios, Jacob entra aún con miedo en la tierra de Esaú, y éste le sale al paso con 400 hombres. Pero no es para luchar con él, todo lo contrario. Esaú le recibe como hermano.

"Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Porque el que pide, recibe, el que busca, encuentra, y al que llama, se le abre" (Mt 7,7).

Pero quisiera añadir algo más. Aquí vemos una versión nueva de la lucha de Jacob contra el ángel, que es la misma "lucha" dialéctica de Moisés con Yahvé para que no destruyese a su Pueblo con su cólera. Aunque ésta se ha transformado sustancialmente:


Sí, es el hijo pródigo. Porque Cristo ha vencido en la cruz y con su Resurrección, y Él hace nuevas todas las cosas, dándonos la plenitud de la Revelación. Por su gracia, el hijo pecador, convencido de su pecado por el Espíritu Santo, va donde su Padre, y ni se atreve a pedir el derecho que él mismo despreció, se conforma con una "limosna". El Padre "lucha" con él, pero para darle lo que el hijo no se atreve a pedir. Su "lucha" es a besos: el Padre le ama y le obliga con su amor a asumir la felicidad que él ni se atrevía a soñar, aunque estaba llamado a ella por su propia naturaleza. la lucha de Jacob contra el ángel es lo que sucede en la apariencia de este mundo que pasa. La "lucha" de amor del Padre con el hijo pródigo es la esencia de lo que en realidad se esconde en la oración de petición: nosotros aparentemente luchamos y nos esforzamos para arrancar de Dios las gracias que anhelamos; en realidad, lo que hacemos con eso es recibir los dones que Él quiere darnos. En realidad, cada acto de nuestra vida en el que seguimos la voluntad de Dios, estamos recibiendo lo que Él quiere darnos, y estamos implorando más de su gracia, en esta lucha de amores que describió tan bien San Agustín, con unas palabras que me parecen venerables, sublimes:

«Su misericordia se nos adelantó para que fuésemos curados; nos sigue todavía para que, una vez sanados, seamos vivificados; se nos adelanta para que seamos llamados, nos sigue para que seamos glorificados; se nos adelanta para que vivamos según la piedad, nos sigue para que vivamos por siempre con Dios, pues sin él no podemos hacer nada» (San Agustín, De natura et gratia, 31, 35; citado en el artículo 2001 del Catecismo de la Iglesia Católica).

No sé... todo esto me parece un gran misterio, el precioso misterio del Amor de Dios. En realidad, pedir a Dios no es otra cosa que recibir todo lo que Él nos quiere dar, continuamente... Y todo esto nos remite al culmen de este misterio, la  divina y santa "lucha" de Jesús con el Padre en el Huerto de los Olivos: "Padre, si es posible, que pase de mí este cáliz, pero que no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú". Con esta frase, por encima de todo, Jesús le pide al Padre que se haga su voluntad, y le ofrece su obediencia, la obediencia más esencial y radical, la obediencia absoluta y sufriente, que "arrancó" del Padre lo que Él tenía pensado darle desde el principio: su bendición, por la que nos hizo sus hijos; nuestra salvación.

Fue también de noche, mientras dormíamos...

4 comentarios:

adelmo dijo...

Maravillosa y evangelizadora escritura!!

Longinos dijo...

Muchísimas gracias, adelmo.

Susy dijo...

Excelente :)

Longinos dijo...

Muchas gracias, Susy, muchas bendiciones.

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