lunes, 24 de enero de 2011

La Iglesia debe estar visiblemente unida

"Padre, que todos sean uno,
como tú Padre, estás en mí y yo estoy en ti,
que también ellos sean uno en nosotros,
para que el mundo crea que tú me has enviado"
Juan 17, 21
Todos los bautizados que reconocemos a Cristo como Señor y Salvador formamos parte de la Única Iglesia de Cristo, que es la Iglesia universal, católica, que en la unidad en torno al Papa conserva su unidad visible y su plenitud doctrinal -no exenta de pecados humanos, como es lógico-, pero que no se limita a esta unidad visible, sino que se extiende más allá -casi plenamente, en los hermanos ortodoxos y parte de los anglicanos, y de forma más imperfecta, en los hermanos protestantes-.

Me parece muy claro que Cristo quiere que su Iglesia esté unida, de forma visible. Si hay algo no querido por Dios -ni por sus Apóstoles- desde el principio en relación a este tema, es precisamente la división en la Iglesia. Digo esto a la vez que reconozco los pecados de los católicos, que a buen seguro hemos tenido y tenemos buena parte en bastantes divisiones. Nuestro pecado peor contra la unidad es el de no seguir la propia enseñanza de la Iglesia, el Magisterio, y así hacer creer a muchos que la Iglesia se equivoca, cuando no es eso, sino que nosotros no seguimos bien sus enseñanzas.

Unidad es también unidad doctrinal. El Espíritu de la Verdad no enseña a buen seguro cuatro doctrinas de la gracia diferentes: la católica, la calvinista, la arminiana y la pelagiana. Enseñamos cuatro doctrinas diferentes porque no nos dejamos enseñar plenamente por el Espíritu de la Verdad, que toma la Revelación de Cristo y nos la da a conocer. Por tanto, Dios no puede estar conforme con una unidad tan precaria; esa no es la unidad que Él quiere. El Señor siempre ha querido a su Iglesia visiblemente unida. La Iglesia unida es un signo ante el mundo. Y no vale un signo "invisible". Un signo, o es visible, o no es ni signo, ni nada. Es más, la dispersión es un anti-signo.

Es necesaria y querida por Dios una diversidad dentro de esa unidad. Pero unidad en lo esencial, diversidad en lo accesorio y caridad en todo, siguiendo el consejo de San Agustín. En sus mejores exponentes, la Iglesia católica ha procurado adaptarse a esa diversidad cultural, y así aprovechó todo lo bueno que había en la cultura pagana, cristianizándolo, y desechando o cambiando todo lo que era erróneo. Viniéndonos al presente, hace poco pude escuchar una Misa africana y me pareció una auténtica maravilla, totalmente inculturizada en las costumbres africanas. En fin... hay que reconocer que también a veces hay fallos, y se imponen formas que no son ajustadas a la manera de ser de cada pueblo. Sin embargo, hoy como siempre, coexisten en la Iglesia Católica las diócesis de rito romano en el oeste, las de rito griego en el este, las de rito copto, siríaco, árabe, etíope... Cada una con sus costumbres, todas unidas plenamente. Tan diferentes, por ejemplo, como que en la Iglesia etíope, el sacerdote eleva el Cuerpo de Cristo ante un fiel y éste se desnuda completamente. En las griegas y otras, los sacerdotes -católicos- se casan. Etc.


Cristo es la Roca sobre la que se asienta la Iglesia. Por supuesto. Pero no se contrapone eso -todo lo contrario- al encargo de Cristo a Pedro, cuando le dijo "tú eres Pedro, y sobre esta piedra, edificaré yo mi Iglesia". ¿Es que Pedro es por sí mismo una roca? Claro que no, bien sabemos las debilidades de Pedro. Pero Pedro recibe de Cristo su calidad de cimiento. Al estar Pedro asentado en Cristo, es por lo que puede ser y es nombrado cimiento de la Iglesia que Cristo edifica sobre sí mismo. Esto lo explica muy bien San Agustín. Hay muchas cosas que Cristo nos enseñó, que el Espíritu Santo ha ido aclarándonos luego con su acción sobre la Iglesia. Por ejemplo, la estructura de la Iglesia. Cristo nombró apóstoles, y éstos nombraron a su vez, imponiéndoles las manos, obispos, presbíteros y diáconos. Así, la estructura de las Iglesias que forman la única Iglesia de Cristo, estuvo constituida desde el principio en torno a los pastores, los obispos, y uno de ellos era el obispo de Roma.

Desde el principio, el obispo de la Iglesia de Roma asumió el ocuparse de las cuestiones que surgían en las demás Iglesias. Así, por ejemplo, en la carta de Clemente Romano -el 4º Papa- a los Corintios, aún en el siglo I, ya él actúa como autoridad. En la carta dice que Dios les exhorta por medio de él, y más adelante, que es el mismo Espíritu Santo el que les está llamando por su medio a la obediencia -porque muchos corintios habían repudiado injustamente a su pastor-. Es la acción del Espíritu Santo en la Iglesia la que va aclarando quién es el sucesor de Pedro en su encargo de "apacentar los corderos de Cristo". Durante toda la antigüedad se suceden las herejías sobre Cristo, sobre el Espíritu Santo y luego sobre la gracia (pelagianismo y semi-pelagianismo), y en todas ellas la Iglesia de Roma es una referencia segura en la fe para las demás Iglesias, mostrando así el Espíritu Santo, con su acción, cómo se cumple el encargo dado a Pedro de "confirmar en la fe a sus hermanos".

Ayer estaba leyendo una historia de la Iglesia copta, egipcia. La sede de Alejandría, considerada una de las sedes fundadas por los apóstoles, una de las más renombradas en toda la cristiandad antigua, sin embargo fue contaminada por la herejía en varias ocasiones: ¡tuvo obispos herejes, contrarios al misterio de la Trinidad! Eso no sucedió sólo en Alejandría, sino en muchísimas otras sedes episcopales. Y sin embargo, la sede de Roma jamás tuvo ese problema. Por un evidente privilegio de Dios, el obispo de Roma nunca fue arriano, ni monofisita, ni pelagiano, ni gnóstico, ni nada de nada que estuviera fuera de la ortodoxia cristiana. Así, el Espíritu Santo fue mostrando cómo se cumplía lo que dijo Jesús cuando señaló a Pedro como piedra sobre la que construir su Iglesia: "...y las puertas del infierno no la derrotarán". Esto lo señala Máximo el Confesor en el siglo VII, pero ya, antes que pasara un siglo de la muerte del Señor en la cruz, San Ignacio de Antioquía, obispo mártir en el Coliseo, había afirmado que la Iglesia de Roma preside en la caridad a las demás Iglesias -¡ya entonces, como se ve en la carta de Clemente a los Corintios!-. Y San Ireneo de Lyon, -de una Iglesia de mártires-, dice de la Iglesia de Roma: "Porque con esta Iglesia, en razón de su origen más excelente, debe necesariamente acomodarse toda Iglesia, es decir, los fieles de todas partes". La literatura es abundantísima sobre el papel que providencialmente ejerció la Iglesia de Roma contra todas las herejías, sirviendo como "confirmación de la fe" recta en todos los casos. Y los autores que escriben contra las herejías, desde San Ireneo, San Atanasio, San Agustín... todos remiten a la unidad doctrinal y visible de la Iglesia, además de los argumentos razonables que dan para combatir lo errores.

La Iglesia fue fundada por Cristo, porque nos ama y no quería vernos descarriados, "como ovejas sin pastor". Cristo es insustituible, y está vivo en medio de nosotros, pero quiere que nosotros actuemos en su nombre, insertos en Él. Un cristiano actúa en su nombre cuando evangeliza a sus hijos o a un extraño. Pedro actuaba en su nombre cuando cumplía su encargo de "pastorear los corderos de Cristo". Y el Papa actúa en su nombre al cumplir el encargo de sucesor de Pedro, como obispo de Roma, "pastoreando sus corderos", presidiendo en la caridad a los demás obispos y confirmándoles en la fe.

Cristo y la Iglesia son Uno, la Cabeza y el Cuerpo, el Cristo total en quien yo deposito mi fe.

10 comentarios:

Alonso Gracián dijo...

Reflexión clara, recta y profunda.

La última frase, vital:

"Cristo y la Iglesia son Uno, la Cabeza y el Cuerpo, el Cristo total en quien yo deposito mi fe",

Da la razón de nuestro amor a la Iglesia, de nuestra esperanza en la Iglesia, que no es sino fe en Cristo, y en su acción sacramental y sus promesas.

Un saludo en el Señor, desde el Corazón Inmaculado de María

Longinos dijo...

Pues eso confirma que somos más papistas que el Papa, Alonso. Porque en esa frase me he "tirado a la piscina", ya que nunca he leído algo así en ningún sitio. A lo mejor estoy equivocado y es lo más normal del mundo... Pero he leído veinte veces que la fe en la Iglesia que recitamos en el Credo no la entendemos igual que la fe en Cristo, que es más bien "creer a la Iglesia" que "creer en la Iglesia"... Pero nunca me he quedado satisfecho con ninguna de estas explicaciones. Llevo casi años preguntándome por la naturaleza de esa fe con la que yo creo en la Iglesia, y compruebo que es la misma fe con la que creo en Cristo; no es que sean iguales, es que son la misma. Es que, de todo lo que he leído, la frase que verdaderamente me satisface es la respuesta de Santa Juana de Arco a sus falsos inquisidores: "Cristo y la Iglesia son Uno, y no cabe hacer dificultad de ello".

Alonso Gracián dijo...

Pio XII habla de esto con palabras sublimes:

"Como sutil y agudamente advierte Belarmino, tal denominación Cuerpo de Cristo no solamente proviene de que Cristo debe ser considerado Cabeza de su Cuerpo místico,

"sino también de que de tal modo sustenta a su Iglesia, y en cierta manera vive en ella, que ésta subsiste casi como un segundo Cristo.

"Y así lo afirma el Doctor de las Gentes escribiendo a los Corintios, cuando sin más aditamento llama Cristo a la Iglesia, imitando en ello al Divino Maestro que a él mismo, cuando perseguía a la Iglesia, le habló de esta manera: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?.

"Más aún, si creemos al Niseno, el Apóstol con frecuencia llama Cristo a la Iglesia; y no ignoráis, Venerables Hermanos, aquella frase de San Agustín: Cristo predica a Cristo.

Y otro pasaje revelador.

"para que este amor sólido e íntegro more en nuestras almas y aumente de día en día, es necesario que nos acostumbremos a ver en la Iglesia al mismo Cristo"

Longinos dijo...

Sí, eso está muy claro, aunque también hay alteridad, es decir, Cristo y la Iglesia son Uno como el esposo y la esposa son uno.

Pero quiero indagar en el tema de la fe en la Iglesia, porque no me parece que esa fe sea distinguible de la fe en Cristo, o en la Trinidad. La Iglesia está incorporada a la Trinidad en la Persona de Cristo.

Pordríamos pensar: creemos en la Iglesia porque Cristo la ha fundado. Y como tenemos fe en Cristo, en consecencia creemos en la institución que ha fundado. Pero eso se queda muy corto. Además, es que conocemos a Cristo por la Iglesia, por tanto la fe en Cristo y la fe en la Iglesia son inseparables. No podemos decir sólo que creemos en la Iglesia porque Cristo la fundó, si al mismo tiempo resulta que a Cristo le conocemos por la Iglesia. Lo que mejor expresa este misterio es la frase que te acabo de leer: "Cristo predica a Cristo". Esa es la verdad. Creer en Cristo es creer al mismo tiempo en la Iglesia que predica en su Nombre.

Pero es más, es que no son dos "fes" inseparables, es que es la misma fe, la fe en Cristo, la fe Trinitaria, que incluye a la Iglesia en la Persona de Cristo.

Por eso, aunque se puede dar razón de nuestra fe en la Iglesia, lo cierto es que ésta forma parte de nuestra fe sobrenatural, y no creemos en la Iglesia sólo por argumentos, sino porque esa es la fe que el Señor nos ha propuesto a través de sus apóstoles y a la que nosotros hemos asentido movidos por su gracia, recibiendo entonces la plenitud de la fe en el Cristo Total, Cristo con su Iglesia.

Esto es lo que a mí me parece, lo que yo creo observar en mi propia fe... Porque es muy distinta la fe de la creencia, y lo que tenemos en la Iglesia no es creencia, es fe sobrenatural, la misma e indivisible fe trinitaria, que incluye en la Trinidad a la Iglesia, Una con el Verbo Encarnado.

Me gustaría ver un icono como el de Ruvlev, pero en lugar de representar el Consejo divino, que representara la plenitud actual de los tiempos: tres Ángeles se abrazarían, y uno de ellos tendría Cuerpo, traspasado, y llevaría en sí a toda la Iglesia, triunfante, penitente y militante. El Padre abrazaría con la mano a su Pueblo en el Hijo como el padre abrazó al hijo pródigo, y el Espíritu Santo hundiría su mano en él, sosteniéndole y vivificándole.

Longinos dijo...

Creo que lo que tú dices, Israel, está explicado en la entrada "A vino nuevo, odres nuevos"

Anónimo dijo...

lean la biblia dirijido por espiritu santo se daran cuenta que solo cristo intersede entre Dios y los hombres y lo que esta en la biblia ningun ser humano lo puede cambiar

Alonso Gracián dijo...

Ningún ser humano lo puede cambiar, y sólo la Iglesia lo puede interpretar.

Longinos dijo...

Anónimo, la clave para entender la Palabra de Dios está en lo que tú mismo has dicho al principio: interpretarla con la ayuda del Espíritu Santo. El que la lee sin Él, solo o por indicación de otros, se equivoca.

¿Y cómo podemos saber que nos está ayudando el Espíritu Santo a entender la verdad de la Biblia? Si estamos en comunión con la Iglesia que Cristo fundó y con Pedro, a quien encargó de pastorear su rebaño (Juan 21, 17) y de confirmar en la fe a nosotros, sus hermanos, según dice el mismo Evangelio (Lc 22,32). Si el Espíritu Santo nos lleva a separarnos de la fe de la Iglesia, de la fe de Pedro, es que no es el Espíritu Santo, sino nuestro propio entendimiento, el de otro hombre o un mal espíritu.

Porque la "columna y fundamento de la verdad" no es nuestro propio entendimiento, ni el de otros, sino la Iglesia (1 Tim 3,15).

Así, en comunión con la Iglesia, con Pedro -que nos confirma en la verdadera fe- interpretamos la Palabra de Dios, escrita o trasmitida por la tradición de la Iglesia, sin equivocarnos.

Pero, además, tienes razón en que "sólo hay un mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús" (1 Tim 2,5). Nadie puede pedir nada al Padre si nos es por los méritos de Cristo y por su mediación. Es Él, Cristo, quien con sus méritos nos ha merecido la salvación, intercediendo por nosotros ante el Padre. Esto es un misterio, el misterio de nuestra fe.

Por eso, cuando nos pedimos unos a otros que recemos unos por otros, no es que nos convirtamos en mediadores por nosotros mismos y por nuestros méritos ante el Padre, sino que todo lo pedimos y lo recibimos por mediación de Cristo. Y si eso -que rueguen por nosotros- se lo pedimos a nuestros hermanos vivos aquí en la tierra, también se lo podemos pedir a nuestros hermanos vivos que están en el Cielo.

Sabemos que están vivos porque el mismo Jesús lo dijo, al prometerle al buen ladrón que esa misma noche estaría con Él en el Paraíso (Lucas 23,43), y la Virgen María, llena del Espíritu Santo, proclamó que todas las generaciones la llamaríamos "bienaventurada" (Lc 1,48). Y si aún te cabe duda porque crees que ellos están muertos y que hablar con ellos es hablar con muertos, recuerda, como les recordó Jesús a los saduceos que no entendían la Palabra de Dios, que "Dios no es Dios de muertos, sino de vivos" (Marcos 12,27), refiriéndose a los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, que tampoco están muertos, sino vivos y muy vivos, más que tú y que yo, porque viven ya la verdadera vida en Dios.

Sí, están vivos, y lo mismo que yo ruego por ti, para que el Espíritu Santo te asista para entender la Escritura, ellos -los santos que nos han precedido- pueden rogar por nosotros, pero nunca por sus propios medios, sino por mediación del único mediador, el único cuyos méritos nos han salvado a todos: Cristo Jesús.

Un abrazo, hermano en Cristo, y muchas bendiciones. Ojalá ahora puedas entender mejor eso que te preocupaba. La verdad de Cristo siempre nos une.

Luis Castañón Zalama dijo...

Hola Longinos,
Estoy impresionado porque has llegado a una buena conclusión. Cristo y la Iglesia son una misma cosa. De hecho yo sólo se lo he oído a la Madre Trinidad que es la fundadora de La Obra de la Iglesia una institución de derecho pontificio reciente. Ella aún va más lejos y asegura que Cristo le ha dado a su Iglesia su misma Vida, Misión y Tragedia. La Vida divina que trae el Verbo del Padre, Expresión de su Ser, la Misión de dárselo a todos los hombres y la misma tragedia de no ser recibida por los suyos, como Cristo.
Te invito a que pases por el portal de La Obra de la Iglesia y te zambullas en algunos de sus escritos. Enhorabuena, porque solo un alma de oración enamorada puede llegar a esa conclusión.
http://www.laobradelaiglesia.org/spa/PDF%20Opusculos/spalen01.pdf

Longinos dijo...

Muchas gracias, Luis. He oído hablar de la Obra de la Iglesia, comparto vuestro amor por la Iglesia. "Alma de oración" como tú dices... mucho me falta para eso, pero enamorado, sí, muy enamorado de la Iglesia de Cristo. Yo recibí ese don del amor gratuitamente, como parte de mi conversión. Y la doctrina de que Cristo y la Iglesia son Uno también la he recibido de la enseñanza de la Iglesia: de las Cartas de San Pablo, cuando habla del Cristo Total, la Cabeza y los Miembros, del Catecismo, cuando se habla de este tema y se menciona a esa mártir de la Iglesia que fue Santa Juana de Arco ("de Cristo y la Iglesia, digo que son Uno, y que no cabe hacer dificultad de ello"), así como de las catequesis del Papa Juan Pablo II recopiladas en el libro "Creo en la Iglesia". Claro que sí. La fe en Cristo y en la Iglesia son inseparables, porque Cristo y la Iglesia son realidades inseparables.
Cuando ya sí que he dado "un pasito" es al decir que ese Cristo Total es en Quien yo deposito mi fe. Porque claro, uno puede pensar que en realidad nuestra fe la depositamos en Cristo y que si creemos en la Iglesia es porque Cristo la fundó. Y eso es verdad, pero parece insuficiente para describir la realidad de la fe. Porque, a la vez, creemos en Cristo porque su Iglesia nos lo muestra. San Agustín dijo: "no creería en los Santos Evangelios si no me los presentase la Iglesia". Cualquier separación de la Iglesia y Cristo, deja insatisfecho, es imposible referirse a Uno sin la Otra, al Esposo sin la Esposa, a la Cabeza sin el Cuerpo. Son Uno.
La idea de que comparten su Vida, Misión y Tragedia también parece clara, aunque no en una sucesión temporal, como algunos pueden llegar a creer, es decir: la Iglesia no morirá temporalmente, porque la muerte es la separación del cuerpo y el alma, y eso no se dará nunca ya en la Iglesia, como sabemos ("yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo"). Su muerte es la de Cristo, y su Vida la suya.
Gracias por tu comentario y por poner el link, echaré un vistazo y se la recomendaré a un amigo.

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