lunes, 31 de enero de 2011

Mensaje de Medjugorje

Dicen que en Medjugorje (Bosnia Herzegovina), desde hace más de veinte años, la Virgen "Reina de la Paz" se aparece y da estos mensajes, hasta que dé el definitivo. Esto, que aún no ha sido aprobado ni desaprobado por la Iglesia, yo pienso que es verdad, porque allí se convierten muchas personas, se perdonan muchos pecados y se nos anima a una vida santa, llevando a los demás la alegría de vivir con el Señor.


<--- Esta de la foto es Mirjana, una de los videntes.

Pero hoy escribo esto porque el mensaje de la Virgen "Reina de la Paz" para este mes es un poco peculiar. Siempre, con maternal amor, nos insiste en la oración, en la Eucaristía, en la penitencia, en hacer el bien... Muchos mensajes, no sólo de Medjugorje, sino de otros sitios, nos muestran a una Madre que llora por sus hijos, por los crímenes y pecados con que se ofende a Dios en nuestro tiempo, por la paz que rompemos. Imágenes de la Virgen peregrina han llorado sangre. Otras lloran myron, aceite perfumado, moviéndonos a la conversión (¿quién se resiste a ver llorar a su madre querida?).

Esta vez, el mensaje es particularmente esperanzador, nunca había visto otro igual, salvo aquella promesa de la Virgen de Fátima: "al final, mi Inmaculado Corazón triunfará". Yo lo pongo en mi memoria junto a éste, a la bandera de Europa que representa a la Inmaculada, junto a las palabras proféticas de Juan Pablo II sobre el papel a que está llamada España en la Nueva Evangelización, junto a la sangre de los mártires y la oración de los conventos, que implora sin cesar la misericordia de Dios, junto a la renovación en el Espíritu que voy viendo brotar en la Iglesia, junto a la sangre de los más inocentes que, derramada por el aborto, clama justicia, y junto a profecías de las que he tenido noticia y que he visto con mis propios "ojos", que hablan del fuego del amor de Dios, el Espíritu Santo, que el Señor quiere derramar sobre nosotros. El mensaje de este mes es el siguiente:


 

¡Queridos hijos! 
También hoy estoy con vosotros y os miro y os bendigo, y no pierdo la esperanza de que este mundo cambie para bien y la paz reine en los corazones de los hombres. 
La alegría reinará en el mundo porque os habéis abierto a mi llamada y al amor de Dios. El Espíritu Santo está cambiando a una multitud que ha dicho sí. Por eso deseo deciros: gracias por haber respondido a mi llamada”.
  





Por cierto, me admira esta corrección doctrinal del mensaje, inusual en este tiempo en que tantos, incluso cristianos, se confían a las propias fuerzas: el hombre dice sí a la llamada, y entonces el Espíritu Santo le cambia. Por muchas cosas, yo confío en que la Virgen -nuestra mamá del Cielo, como dice un amigo sacerdote, el padre Benito- se aparece en Medjugorje.

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