sábado, 15 de enero de 2011

Purgatorio: el sacrificio de Cristo nos hace perfectos

La gracia que recibimos de Dios nos salva. La muerte y la resurrección de Cristo han vencido para nosotros a la muerte y al pecado.


"El fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados". Isaías 53,5.

Y sin embargo, a veces no nos damos cuenta hasta qué punto es verdad esto. ¿Qué significa que hemos sido curados? Nosotros nos miramos a nosotros mismos y vemos que es verdad, que vivimos de otra forma, que luchamos contra el pecado, pero distamos mucho de ser perfectos: caemos, tenemos apegos, defectos, luchamos contra nuestros pecados pero de forma insuficiente... ¡no somos perfectos... todavía! Estamos con Cristo, pero no somos aun totalmente como Él.

 "Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto". Mateo 5, 48.

Así es como tenemos que ser. Es más... ¡así es como vamos a ser, por la gracia que nos viene de Jesucristo! Mirad bien este icono, porque nos enseña precisamente eso:

Es el icono de la Trinidad de Ruvlev. Representa al Padre (izquierda, con la casa), el Hijo (centro, con el árbol) y Espíritu Santo (derecha, con el monte). Es un icono que trasciende el tiempo. Representa el consejo divino: las tres Personas de la Trinidad celebran un consejo en el que deciden la Encarnación del Hijo y su sacrificio para salvarnos. Por eso, en la mesa hay un lado libre, con una copa que nos está esperando. Esa copa es el sacrificio de Cristo, y por ella seremos admitidos a la unión con el Dios Uno y Trino. El lado libre de la mesa es para nosotros, para que participemos de la vida divina por el sacrificio de Cristo.


"Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor". Efesios 1,3.

"Plugo al Padre que en Él [su Hijo] habitase toda la plenitud, y por Él reconciliar consigo , pacificando por la sangre de su cruz todas las cosas, así las de la tierra como las del cielo. Y a vosotros, otro tiempo extraños y enemigos de corazón por las malas obras, pero ahora reconciliados en el cuerpo de su carne por su muerte, para presentaros santos e inmaculados e irreprensibles delante de Él si perseveráis firmemente fundados e inconmovibles en la fe y no os apartáis de la esperanza del Evangelio bajo los cielos, y cuyo ministro he sido constituido yo, Pablo". (Colosenses 1, 19-23).


Sí, vamos a participar de la mesa de la Trinidad, vamos a participar de su vida divina, y lo vamos a hacer presentándonos perfectos. Ninguno de nosotros va a quedarse en la mediocridad, sino que alcanzaremos la perfección (a menos que no perseveremos y caigamos enla condenación). Esa perfección, que muchos aún no vemos en nosotros, la alcanzaremos mediante la purificación aquí en la tierra, uniéndonos a Cristo y recibiendo la gracia de su sacrificio, con la unión y purificación final de la muerte, o, si no la hemos alcanzado aún con eso, siendo purificados por esos mismos méritos de Cristo después de la muerte, antes de entrar en el Cielo. Esto es lo que los cristianos llamamos "Purgatorio":

"Pues la base nadie la puede cambiar; ya está puesta y es Cristo Jesús. Pero, con estos cimientos, si uno construye con oro, otro con plata o piedras preciosas, o con madera, caña o paja, la obra de cada uno vendrá a descubrirse. El día del Juicio la dará a conocer porque en el fuego todo se descubrirá. El fuego probará la obra de cada cual: si su obra resiste el fuego, será premiado; pero, si es obra que se convierte en cenizas, él mismo tendrá que pagar. El se salvará, pero como quien pasa por el fuego". 1 Cor 3, 12-13.

La existencia del Purgatorio es un motivo de esperanza, una seguridad, y una prueba del valor inconmensurable del sacrificio de Cristo. 

Es una esperanza porque nos muestra que no sólo vanos a ser aceptables, sino que vamos a ser perfectos como el Padre es perfecto. No vamos a obtener una aprobado por los pelos, sino que vamos a tener matrícula de honor todos los que vayamos al Cielo. 

Es una seguridad porque nos certifica que ninguno de nosotros va a fracasar en su camino de perfección, que Cristo ya nos ha ganado la victoria total, no sólo de salvarnos, sino de hacernos realmente perfectos como el Padre es perfecto. 

Es una prueba del valor inconmensurable del sacrificio de Cristo porque por él, no es que nos vayamos a disfrazar de santidad, quedándonos como estamos ahora, sino que nosotros mismos, de verdad, seremos santos, porque -en esta vida o en la otra- habremos lavado verdaderamente nuestras vestiduras en la sangre del Cordero. Es de nosotros de quienes se habla en el Apocalipsis:

"Después de esto, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano y exclamaban con voz potente: «¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero!» Y todos los Ángeles que estaban alrededor del trono, de los Ancianos y de los cuatro Seres Vivientes, se postraron con el rostro en tierra delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: «¡Amén! ¡Alabanza, gloria y sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios para siempre! ¡Amén! Y uno de los Ancianos me preguntó: «¿Quiénes son y de dónde vienen los que están revestidos de túnicas blancas?» Yo le respondí: «Tú lo sabes, señor». Y él me dijo: «Estos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero. Por eso están delante del trono de Dios y le rinden culto día y noche en su Templo. El que está sentado en el trono habitará con ellos: nunca más padecerán hambre ni sed, ni serán agobiados por el sol o el calor. Porque el Cordero que está en medio del trono será su Pastor y los conducirá hacia los manantiales de agua viva. Y Dios secará toda lágrima de sus ojos». Apocalipsis 7, 9-1. 

Por eso a ningún cristiano que persevere en la fe de la Iglesia, le extraña que el Papa Benedicto XVI, como Juan Pablo II y sus antecesores, nos recuerde la maravillosa doctrina de Purgatorio, dogma de fe para todos los que creemos en la salvación por Cristo Jesús y en la eficacia total de sus méritos para hacernos perfectos de verdad. Perseveremos en la fe que obra por el amor, para mantenernos en la salvación que Cristo nos ha ganado, y para avanzar en la perfección a la que todos estamos llamados por su gracia, esa perfección que todos los que nos salvemos, tarde o temprano, conseguiremos, para participar verdaderamente en la vida de Dios. 

 Benedicto XVI, nuestro Santo Padre, el "dulce Cristo en la tierra", 
que nos enseña con la autoridad recibida de Cristo 
y la asistencia del Espíritu Santo, 
para que seamos un sólo rebaño con el Buen Pastor.

"Queridos míos, desde ahora somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. El que tiene esta esperanza en él, se purifica, así como él es puro". 1 Juan 3, 2-3.

4 comentarios:

Longinos dijo...

Es impresionante cómo en la Iglesia de Cristo se cumplen las profecías. El Papa habla del Purgatorio, y aquellos que se consideran libres de toda religión, no pueden evitar escucharle y manifestarse, aunque sea contra él. No pueden olvidar a la Iglesia. También me llama la atención cómo muchos andan errados, porque creen en Cristo pero no aceptan la guía que Él mismo instituyó, y rechazan la voz del Espíritu que nos habla en la Iglesia. Y así, se dedican a atacar a la Iglesia, no pueden olvidarse de ella ni por un instante. En el fondo, los errores de otros (mormones, testigos de Jehová) les preocupan para refutarlos, pero las palabras de la Iglesia les inquietan sobremanera, y así la Iglesia es la diana de todos los ataques, desde un extremo al otro.

Y es que "no se puede ocultar una ciudad en la cima de un monte" (Mateo 5,14), y esa ciudad es la nueva Jerusalem, que permanece visible en la Iglesia Católica. Así mismo, se nos dice que "donde se juntan los buitres, allí está el cuerpo" (Mateo 24,28); y es que Satanás sí sabe muy bien dónde está el Cuerpo de Cristo, y a dónde tiene que dirigir sus ataques.

Alonso Gracián dijo...

Qué maravilla el icono y su explicación

ISRAEL dijo...

que dogmatico eres la iglesia catolica es mas que palabreria espiritualista, si leees un poco los evangelios que no escrivio jesus sino sus seguidores hasta casi 100 años despues de su muerte veras que lo que defiendes son verdades muy subjetivas, por esa razon jesus no escribio nada a el le interesaba el esperitu de las leyes humanas que liveraran a los hombres no que los ataran mas, justo esas ataduras que tu demuestras tener aun despues de 2000 años

Longinos dijo...

Israel, claro que leo el Evangelio, y lo medito en oración todos los días. Jesús es muy dogmático, lo que significa que nos enseña verdades objetivas, reveladas por Dios.

Además, el fundó la Iglesia y le prometió el Espíritu Santo. Los evangelios fueron escritos por inspiración de Dios Espíritu Santo, el mismo Espíriti que ha ido inspirando a los cristianos a interpretar correctamente sus enseñanzas durante siglos.

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