domingo, 9 de enero de 2011

Tu silencio

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen! 


Salmo 126,2
¿Cómo puedo estar esperándote... contigo?

En la pequeña capilla,
de camino a casa
me llamas a esperarte, Señor.
Me llamaste a esperar contigo,
a pararme contigo.
Sólo a mirarnos en silencio
como dos enamorados,
que no necesitan palabras.

En silencio contigo, tu paz.
En medio del bullicio, tu semblante me recoge,
me dice sólo una cosa: "no necesitas nada más,
sólo a Mí".

Sólo en Ti quiero pararme, Señor,
y en mi familia por Ti,
y en los demás por Ti,
y en todo para Ti.

El Señor reina, la tierra goza;
crece el cereal silenciosamente,
cae la tarde como Tú le enseñas.
Tu presencia todo lo enamora
silenciosamente,
como una brisa suave.

Y descansas en mí,
y yo descanso en Ti, ¡Aleluya!

Bendito seas, Señor,
en la paz de tu silencio. 
Amén.


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