viernes, 29 de abril de 2011

Para mis hermanos que no creen en la Iglesia...

Cristo sostenido por Juan Pablo II 
(cf. 1 Tim 3,15)

Hablando con un hermano protestante, he escrito un testimonio de fe eclesial. Creo que puede interesar a otros:

En plena responsabilidad de mis actos y movido por la gracia de Dios, me adhiero por fe eclesial -y con la gracia de Dios me propongo hacerlo siempre- a la Enseñanza autorizada de la Iglesia que Cristo fundó sobre Sí mismo con Pedro, los demás Apóstoles y sus sucesores, antes que confiar en las interpretaciones personales de un hombre, aunque ese hombre sea yo mismo.

Tú, hermano cristiano que no crees en la Iglesia, en responsabilidad de tus actos, confías en tu criterio, según el cual no hay que confiar más que en tus propias interpretaciones al leer la Biblia que tú mismo has elegido como única y exclusiva Palabra de Dios. Eres cristiano, pero te pierdes muchas enseñanzas y gracias sacramentales. Y, sobre todo, no sirves al Señor como podrías hacerlo con los pocos o muchos talentos que te haya dado. Vives una fe subjetiva en parte: en parte te dejas moldear por Dios, pero en otra parte te fabricas o eliges una doctrina a tu medida. Por favor, pídele al Espíritu Santo que te aumente la obediencia, que es la mejor forma de demostrar nuestro amor por Dios, como hizo Cristo en Getsemaní, aceptando la cruz por obediencia de amor al Padre.

Sí, esa es la clave, ese es el meollo de todo. Que el Señor te ayuda a darte cuenta de que estás en un gran error por falta de obediencia. Lee la vida de los santos y podrás seguir su ejemplo: fidelidad absoluta a la enseñanza de la Iglesia. Y gracias a eso: apertura máxima a las mociones del Espíritu Santo. Ese es el camino de la verdadera  libertad de los hijos de Dios, el camino de la cruz que nos renueva.

Que el Señor te colme de bendiciones y nos una en Cristo.

Fdo. Longinos, un pecador peor que tú, que confía en ser salvo por la gracia y misericordia de Dios.

miércoles, 27 de abril de 2011

Sólo una cosa es necesaria...

¡Evangelizar!



Es muy importante enfrentarnos públicamente a las leyes injustas, pero... 
la culpa de todo lo que está pasando no es de Zapatero, sino nuestra.


En España ha aflorado una sociedad civil cristiana que se opone a leyes injustas como la del aborto. Somos millones de personas que no comulgamos con la inmoralidad que vemos hoy campar a sus anchas por nuestra sociedad, y que queremos que todo esto cambie.

Pero a veces me parece que no nos damos cuenta de la realidad de las cosas. Ni lo más importante es que todo esto cambie, ni la forma de conseguirlo será a través de la política ni de la acción social. Todo eso es muy bueno y muy necesario, pero no es lo más importante.

La debacle moral que vemos instalada en nuestra sociedad, fomentada desde los poderes públicos y los medios de comunicación, no es más que una muestra de dónde está el verdadero problema. Y el verdadero problema es que muchas personas viven apartadas de Cristo. Para ellos, es como si Cristo no hubiera resucitado. Ése es el verdadero problema. El único verdadero problema.

No tenemos paz porque la paz no es buena para nosotros. Para los que están apartados de Dios, la paz sería una maldición que les abocaría al desastre. ¿Creemos que esto se va a arreglar con la política? Es una equivocación. Imaginemos: Dios hace nacer un partido católico, que poco a poco va ganando adeptos, y así al final empieza a tomar cuotas de poder, con lo que puede influir positivamente en los medios de comunicación, etc., y va revirtiendo el aborto, las familias desechas, las injusticias, etc... ¿en medio de unas gentes que no viven en Cristo? Eso es una utopía absurda. Es imposible que la gente camine por el camino de la justicia si rechaza a Cristo: ¡es imposible! Si queremos que todo esto cambie, sólo hay un camino: que las personas se conviertan a Cristo. Es más, el verdadero objetivo no es "que todo esto cambie", sino que las personas se conviertan a Cristo. Lo otro vendrá por añadidura.

Y para eso, la política está muy bien, los medios de comunicación están muy bien, pero lo principal es otra cosa, y sin ella no se moverá nada: lo principal es que los cristianos fieles a la Iglesia, inflamados con el fuego del Espíritu Santo, nos unamos a Cristo en los sacramentos y en laoración, y le anunciemos a todos, sin complejos, sin vergüenza, a tiempo y a destiempo. Es más, de estas dos cosas, unirse a Cristo y evangelizar, la segunda es consecuencia inseparable de la primera: si nos unimos a Cristo con fervor en los sacramentos y en la oración continua, evangelizaremos. Si secularizamos nuestra vida y dejamos un rato para Dios y el resto para preocuparnos por cosas mundanas,  en las que ponemos nuestro corazón, seremos los mejores cómplices de esta sociedad secularizada, que se parece demasiado a una puerta del infierno. No nos engañemos: la culpa de todo este desastre no la tiene Zapatero, la tiene una comunidad cristiana secularizada, aburguesada, que ha dejado migajas de su vida a Dios, mientras se preocupaba fundamentalmente de cosas mundanas. Zapatero no es más que un síntoma o producto de esta enfermedad.

Por eso, sólo una cosa es necesaria, o dos, pero que son inseparables: ¡unirnos a Cristo y evangelizar!

martes, 19 de abril de 2011

Con Cristo por los no nacidos

(ver en el minuto 5)

El Paso de la Entrada en Jerusalem discurre por Sevilla y lo está retransmitiendo Canal 10 Andalucía. Para la levantá, se oye la voz del capataz que dice:

"Vamos a dedicarle esta chicotá a todos los sevillanos concebidos que no pudieron conocer el Domingo de Ramos porque los abortaron antes de nacer. Vamos a llevar el Paso al cielo para que lo vean de cerca. ¡Todos por igual, valientes!"

El locutor, emocionado, no se queda atrás: "Señoras, señores: ¡Compromiso, eso se llama compromiso! No al aborto. El paso de la Entrada en Jerusalem al Cielo de los no nacidos. En la Plaza de la Campana de Sevilla, Canal 10... ¡Andalucía!"

Míralo en el minuto 5:

Oferta


 Jesús necesita personas para sufrir en unión con Él, en favor de la Iglesia, por la conversión de los pecadores, en reparación por las ofensas al Inmaculado Corazón de María, en expiación por sus propios pecados y los del mundo entero.

Quiere personas que se apresten a darse con alegría, como niños, por amor a Él.

lunes, 18 de abril de 2011

Dios es Creador (contra la New Age)

Buscando en www.clerus.org enseñanzas sobre los primeros versículos del Génesis, he encontrado este Himno de San Efrén de Siria, diácono, Padre de la Iglesia del siglo IV, llamado "la Lira del Espíritu Santo" por la profundidad de sus poesías. Como ésta, en que rebate a Bar Daisan, un poeta docetista del siglo anterior. Me recuerda mucho a lo que está ocurriendo con la New Age y su mentalidad panteísta, tan equivocada. Y al episodio de las Confesiones en que Agustín pregunta a todas las cosas si ellas son su Dios, y le dicen que no, que ellas no son. Insiste, les pide alguna noticia de Él y ellas le responden: "¡Él nos hizo!"

Pues bien, he aquí el himno contra Bar Daisan, docetista. El docetismo es una de las herejías más antiguas, aparecida ya en el siglo I y rebatida por San Ignacio de Antioquía, mártir. Proviene del gnosticismo (lo mismo que la New Age). Docetismo viene de "dokein" ("apariencia", en Griego). Predicaban que la Encarnación del Verbo era mera apariencia. En el fondo, todos estos errores de raíz oriental proviene de la idea de que lo material, lo concreto, es intrínsecamente malo, y buscan la pureza siempre en lo abstracto, lo inconcreto. Con miles de variantes, desde el maniqueísmo al budismo, esta es la negra raíz de esos errores, que ignoran una frase repetida continuamente en el Génesis: "y vio Dios que todo era bueno". Hay bondad, belleza y verdad en lo concreto, es más: Dios mismo se encarna en lo concreto, se hace concreto sin dejar de ser Dios. Jesucristo es Dios. No es un hombre lleno de Dios. María sí es una mujer llena completamente de Dios. Pero Jesús es Dios mismo que se ha hecho hombre, sin perder un ápice de su divinidad. Y sólo por medio de su humanidad podemos llegar a Dios. Es absurdo buscar la pureza en lo abstracto, en la huida de lo terrenal, de lo concreto; sólo en Cristo está nuestra salvación, sólo por medio de su humanidad encontramos a Dios. Por eso dice San Pablo en 2 Cor 4, 6: citando precisamente el Génesis, el "hágase la luz":

"Por eso Dios, que hizo resplandecer la luz en las tinieblas, resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo".



Hay Un Ser, que se conoce a sí mismo y se ve a sí mismo.

Él habita en sí mismo,

y desde sí mismo se despliega.

Gloria a su Nombre.

Este es un Ser que por su propia voluntad está en todo lugar,

que es invisible y visible,

manifiesto y escondido.


Él está encima y debajo.

Familiar y condescendiente por su gracia entre los pequeños;

más sublime y más exaltado, como conviene a su gloria, que los elevados.

El veloz no puede exceder su presteza,

ni el tardo ir más allá que su paciencia.

Él esta antes de todo y después de todo,

y en medio de todo.

Él es como el mar,

y toda la creación se mueve en Él.

Como las aguas envuelven a los peces en todos sus movimientos,

así el Creador esta vestido con todo lo creado,

con lo grande y lo pequeño.

Y como los peces están escondidos en el agua,

así están escondidos en Dios la altura y la profundidad,

lo lejano y lo cercano,

y sus habitantes.

Y como el agua se encuentra con los peces adonde quiera que vaya,

así Dios se encuentra con todo el que camina.

Y como el agua toca al pez en cada giro que hace,

así Dios acompaña y mira a cada hombre en todos sus actos.

Los hombres no pueden mover la tierra, que es su carro,

así tampoco nadie se aleja del Único Justo, que es su socio.

El Único Bueno esta unido al cuerpo,

y es la luz de los ojos.

Un hombre no es capaz de escapar de su alma,

pues ella está con él.

Ni tampoco hay hombre escondido del Bueno,

pues Él lo envuelve.

Como el agua envuelve al pez y éste lo siente,

así también todas las naturalezas sienten a Dios.

Él se difunde en el aire,

y con tu aliento ingresa en lo más íntimo de ti

Él está unido a la luz,

e ingresa, cuando tú ves, en tus ojos.

Él está unido a tu Espíritu,

y te examina desde dentro, para saber quién eres.

Él habita en tu Espíritu,

y nada que está en tu corazón le es oculto.


Como la mente precede al cuerpo en todo lugar,

así Él examina tu alma antes que tú la examines.


Y como el pensamiento precede en mucho al acto,

así su pensamiento conoce de antemano lo que tú planearas.


Comparado con su impalpabilidad,

tu alma es cuerpo y tu Espíritu carne.

Él, que te creo,

es alma de tu alma,

Espíritu de tu Espíritu,

distinto de todo,

y esta unido a todo,

y manifiesto en todo,

un gran prodigio y una escondida maravilla insondable.

Él es el Ser cuya esencia ningún hombre es capaz de explicar.

Éste es el Poder cuya profundidad es inexpresable.

Entre las cosas vistas y entre las cosas escondidas

no hay nada que se compare a Él.

Éste es Aquél que creo y formo de la nada

todo lo que es.

Dios dijo:

¡Qué se haga la luz!

Una cosa creada.

Él hizo la oscuridad y se hizo de noche.

Observa: una cosa creada.

Fuego en las piedras,

agua en las rocas:

El Ser los creo.

Hay un Poder que los saco de la nada.

Contempla,

también hoy, el fuego no está en un almacén en la tierra.

¡Mira! Es continuamente creado

por medio de pedernales.

Es el Ser quien ordena su existencia

por medio de Él mismo, que la sostiene.

Cuando Él quiere la enciende,

cuando Él quiere la apaga

a manera de llamar la atención al obstinado.


En la gran alameda se enciende un fuego por la fricción de un madero.

La llama devora,

se vuelve fuerte,

y al final sucumbe.

Si fuego y agua son seres y no creaturas,

entonces antes que la tierra fuera,

¿Donde estaban ocultas sus raíces?

Quienquiera que va a destruir su vida,

abre su boca para hablar de todo.

Quienquiera que se odia a sí mismo

y no se circunscribe a Dios

piensa que es una gran impiedad que alguien se crea un erudito.

Y si piensa que ha dicho la última palabra

ha alcanzado el paganismo,

¡Oh Bar Daisan,


hijo del Rio Daisa,


cuya mente es liquida como su nombre!

lunes, 4 de abril de 2011

Quien desea verdaderamente el Reino de Dios...

...¡hace penitencia! (San Jerónimo)



Me ha aclarado mucho esta selección de textos publicada en primeroscristianos.com, así que la copio para que no se nos pierda:

Necesidad de la mortificación

El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar.
(EPÍSTOLA A DIOGNETO, 5-6)
 
Hermoso es mortificar el cuerpo. De ello te persuada Pablo, que sin cesar lucha y se sujeta con violencia (cfr. 1 Cor 9, 27), e inspira santo temor, con el ejemplo de Israel, a cuantos confían en sí mismos y condescienden con su cuerpo. Que te persuada el mismo Jesús, con su ayuno, su sometimiento a la tentación y su victoria sobre el tentador (cfr. Mt 4, 1 ss).
(SAN GREGORIO NACIANCENO, Discurso 14, 2-5)
 
No creamos que es suficiente un fervor pasajero de la fe, porque es preciso que cada uno lleve continuamente su cruz, para dar a entender de este modo, que es incesante nuestro amor a Jesucristo.
(SAN JERÓNIMO, Comentario a San Mateo, 10, 96)
 
El camino por el que viene el Señor, penetrando hasta dentro del hombre, es la penitencia, por la cual Dios baja a nosotros. De aquí el principio de la predicación de Juan: haced penitencia. 
(SAN JERÓNIMO, Comentario sobre el libro del profeta Joel, 25)
 
(La mortificación…) purifica el alma, eleva el pensamiento, somete la carne propia al espíritu, hace al corazón contrito y humillado, disipa las nebulosidades de la concupiscencia, apaga el fuego de las pasiones y enciende la verdadera luz de la castidad. 
(SAN AGUSTÍN,  Sermón 73, 5)
 
  Si eres miembro de Cristo, tú, quienquiera que seas [...], debes saber que todo lo que sufres por parte de aquellos que no son miembros de Cristo es lo que faltaba a la pasión de Cristo. Por esto la completas, porque faltaba; vas llenando la medida, no la derramas; sufres en la medida en que tus tribulaciones han de añadir en parte a la totalidad de la pasión de Cristo, ya que Él, que sufrió como cabeza nuestra, continúa ahora sufriendo en sus miembros, es decir, en nosotros.
(SAN AGUSTÍN, Comentario sobre el Salmo 61, 7)
 

Sobre el Ayuno
 
(El libro del Pastor de Hermas refleja el estado de la cristiandad romana a mediados del siglo II. Tras una larga pausa de tranquilidad sin sufrir persecución, parece que no era tan universal el buen espíritu de esos primeros tiempos. Junto a cristianos fervorosos, había muchos tibios; y esto en todos los niveles de la Iglesia. No es de extrañar, pues, que el libro gire en torno a la necesidad de la penitencia y el ayuno…)

Los ayunos agradables a Dios son: no hagas mal y sirve al Señor con corazón limpio; guarda sus mandamientos siguiendo sus preceptos y no permitas que ninguna concupiscencia del mal penetre en tu corazón [...]. Si esto haces, tu ayuno será grato en la presencia de Dios.
(HERMAS, “El Pastor”, Comparaciones, 3)


Este ayuno es sobremanera bueno, a condición de que se guarden los mandamientos del Señor. Así pues, el ayuno que vas a practicar lo observarás de este modo: ante todas las cosas, guárdate de toda palabra mala y de todo deseo malo y limpia tu corazón de todas las vanidades de este siglo. Si esto guardares, este ayuno tuyo será perfecto.
    (HERMAS, “El Pastor”, Comparaciones, 4)


Por lo demás, lo harás de esta manera: después de cumplido lo que queda escrito, el día que ayunes no tomarás sino pan y agua, y de la comida que habías de tomar calcularás la cantidad de gasto que correspondería a aquel día y lo entregarás a una viuda, a un huérfano o a un necesitado. Y te humillarás de manera que quien tomare de tu humillación sacie su alma y ruegue por ti al Señor.  

(HERMAS, “El Pastor”, Comparaciones, 5, 1-4)
 
Alegrad, pues, vuestros rostros. (…) ayuna, y ayuna con alegría.
(SAN BASILIO EL GRANDE, Homilía sobre el ayuno, 1)
 
Así como es peligroso pasar los límites de la templanza en el comer, también está fuera de razón abatir demasiado el cuerpo con abstinencias excesivas, inutilizándole para todo lo bueno por haberle enflaquecido demasiado. Estamos, pues, obligados a cuidar de nuestros cuerpos.
(SAN BASILIO EL GRANDE, Sobre la verdadera virginidad, 27)
 
En otros tiempos del año hay algunos ayunos por los cuales se merece premio si se observa: mas en Cuaresma peca el que deja de ayunar. Los otros ayunos son voluntarios; pero los de Cuaresma son de obligación: a los otros nos convidan; pero a estos nos obligan: y no tanto son precepto de la Iglesia, como del mismo Dios.
(SAN AMBROSIO, Sermón 3, 148)
   
Hablaba del ayuno del alimento como una práctica necesaria para ser caritativo, del ayuno constituido por la continencia con vistas a la santidad, del ayuno de las palabras vanas o detestables, del ayuno de la cólera, del ayuno de la propiedad de los bienes con vistas al ministerio, y del ayuno del sueño para dedicarse a la oración.  
(BENEDICTO XVI presenta a San Afraates el Sabio, 21 noviembre 2007)

sábado, 2 de abril de 2011

Autocensura

Señor, quítanos el camuflaje

La autocensura de los cristianos es una de las peores consecuencias de la secularización. Con ella, la sal se nos vuelve "sosa".

La autocensura funciona:

- Por miedo a que lo que vamos a decir no sea aceptado por el otro
- Por miedo a ser vistos como "bichos raros" y que nuestro mensaje cristiano sea contraproducente
- Por miedo a resultar pesados
- Por miedo a parecer parciales
- Por miedo a que parezca que queremos convencer al otro o hacer proselitismo

El jueves pasado hablé con una amiga médico que evangeliza en su consulta a muchísimas personas. Me estaba contando un caso de ello. Y le pregunté cómo había llegado, en un encuentro breve con una persona a la que no conocía de nada, a hablar de Dios. Me respondió que había sido a raíz de un comentario de esta otra persona que daba como por normal el mantener relaciones sexuales a diestro y siniestro. Ella simplemente hizo un pequeño comentario que denotaba que ella no estaba de acuerdo con eso (ahí es donde la mayoría nos habríamos callado). La otra persona indagó: "¿entonces, usted no está de acuerdo...?" Y ella aclaró lo que pensaba. La otra persona insistió: "¿entonces usted no tiene relaciones con cualquiera? (sin malicia)" Y ella: "no..., etc". Inmediatamente la cosa derivó a la explicación de por qué ella pensaba y actuaba de otra manera, y ella se refirió a su fe, a la voluntad de Dios, etc. (eso es otra cosa que la mayoría nos habríamos callado). Así surgió una conversación evangelizadora muy buena.

Pues es que resulta imposible evangelizar sin parecer un bicho raro. Si nos camuflamos con los demás, seremos aceptados, no correremos riesgos, pero no evangelizaremos. El mensaje cristiano tiene que ser proclamado a tiempo y a destiempo. Es necesario hacerlo de forma comprensible, pero no de forma aceptable. El mensaje cristiano jamás será aceptable, porque jamás estará de acuerdo con el mundo. Lo único que hace aceptable el mensaje cristiano es la gracia que el Señor da a la otra persona, para que acepte lo que jamás aceptaría por sí mismo. Y eso no depende de nosotros. Nuestra misión es predicar, sin autocensura: dar a los demás la verdad que nos ha sido dada gratis a nosotros.

"Si alguno se avergüenza de Mí, yo me avergonzaré de él delante de mi Padre". Mc 8,38.

La autocensura se basa en el miedo. El que está unido a Cristo no tiene miedo. Tenemos miedo porque estamos alejados de Cristo, porque convertimos el ser cristianos en una sucesión de prácticas "religiosas", no en una unión viva de amor con Cristo resucitado. Nos autocensuramos porque nos dejamos engañar por el demonio, que nos enseña una falsa prudencia que es en realidad cobardía, la que a él le conviene para que la verdad sea ocultada, no predicada. Nos autocensuramos porque somos malos cristianos.

De todas formas, no quiero caer yo tampoco en el creer que todo lo tenemos que conseguir con nuestros propios medios. ¿Por qué no somos valientes? Porque nos falta el Espíritu Santo. Lo mismo que les faltaba a los discípulos cuando persevaraban con María en la oración, esperando Pentecostés. ¿Qué podemos hacer entonces? Perseverar con María en la oración, pidiendo el Espíritu Santo, porque podemos estar seguros, por la Palabra de Jesús, que el Padre nos lo dará a quienes se lo pidamos. Es más, el darnos cuenta de que somos cobardes y pecadores es el primer paso de la penitencia; es ya una acción del Espíritu que nos convence de nuestro pecado y nos mueve a conversión.

Señor, queremos estar muy unidos a ti. Perdona nuestra cobardía, queremos cambiar y mostrar a todos la alegría de haber sido salvados por Ti. Danos verdadera prudencia, danos tu audacia sobrenatural para predicar bien en tu Nombre, a tiempo y a destiempo. Acompaña tu Palabra de señales para confirmarla cuando evangelicemos en tu Nombre, danos abundancia de carismas que ayuden a los demás a darse cuenta de que ésa es la verdad, y dales tu gracia para que acepten tu Palabra. Y sobre todo, danos tu Amor para amar a todos y que, a través de nosotros, descubran que son amados por Ti con amor inquebrantable.

El mensaje cristiano no es "aceptable". No puede evitar ser visto como algo raro. No puede dejar de ser insistente, aun a riesgo de parecer "pesados" a quienes de momento lo rechazan. No puede ser imparcial, pues supone tomar partido por Cristo y su Iglesia. Y claro que queremos convencer al otro, y hacer proselitismo, llevarle al Amor de Cristo. Veámoslo de otra manera: El mensaje parece inaceptable, porque es tan maravilloso, tan bueno, que en medio de este mundo tan perdido parece una locura, cosa de tontos. Somos vistos como bichos raros porque no ponemos nuestra confianza en lo que la pone todo el mundo, porque vivimos una verdadera vida en libertad, ¡la verdad nos hace libres! Somos parciales, porque entre Cristo y el mundo no hay color, entre la Iglesia y el mundo no hay color. Por supuesto que queremos convencer a todos, porque nos hemos encontrado con Jesús, que es la Verdad, y queremos compartir la maravilla que es vivir con Él, porque no hay nada mejor que conocerle, y es para todos. No es que seamos pesados, es que vivir con Cristo es algo tan impresionante, tan bueno, tan enriquecedor, que es imposible no estar todo el día y todos los días pensando en eso, tratando de  mostrárselo a los demás. Por supuesto que queremos que todos vuelvan a la Iglesia, que es su casa, como volvió el hijo pródigo, para recibir todas las bendiciones de su Padre...


Perdona nuestra cobardía y nuestra vergüenza, Señor. Haznos audaces en tu Espíritu, que tu amor nos apremie. Pon en nuestra boca una alabanza poderosa a Ti, que con tu gracia resquebraje los corazones endurecidos. Haznos tus apóstoles, Señor, enviados por la Iglesia en tu Nombre.
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