lunes, 18 de abril de 2011

Dios es Creador (contra la New Age)

Buscando en www.clerus.org enseñanzas sobre los primeros versículos del Génesis, he encontrado este Himno de San Efrén de Siria, diácono, Padre de la Iglesia del siglo IV, llamado "la Lira del Espíritu Santo" por la profundidad de sus poesías. Como ésta, en que rebate a Bar Daisan, un poeta docetista del siglo anterior. Me recuerda mucho a lo que está ocurriendo con la New Age y su mentalidad panteísta, tan equivocada. Y al episodio de las Confesiones en que Agustín pregunta a todas las cosas si ellas son su Dios, y le dicen que no, que ellas no son. Insiste, les pide alguna noticia de Él y ellas le responden: "¡Él nos hizo!"

Pues bien, he aquí el himno contra Bar Daisan, docetista. El docetismo es una de las herejías más antiguas, aparecida ya en el siglo I y rebatida por San Ignacio de Antioquía, mártir. Proviene del gnosticismo (lo mismo que la New Age). Docetismo viene de "dokein" ("apariencia", en Griego). Predicaban que la Encarnación del Verbo era mera apariencia. En el fondo, todos estos errores de raíz oriental proviene de la idea de que lo material, lo concreto, es intrínsecamente malo, y buscan la pureza siempre en lo abstracto, lo inconcreto. Con miles de variantes, desde el maniqueísmo al budismo, esta es la negra raíz de esos errores, que ignoran una frase repetida continuamente en el Génesis: "y vio Dios que todo era bueno". Hay bondad, belleza y verdad en lo concreto, es más: Dios mismo se encarna en lo concreto, se hace concreto sin dejar de ser Dios. Jesucristo es Dios. No es un hombre lleno de Dios. María sí es una mujer llena completamente de Dios. Pero Jesús es Dios mismo que se ha hecho hombre, sin perder un ápice de su divinidad. Y sólo por medio de su humanidad podemos llegar a Dios. Es absurdo buscar la pureza en lo abstracto, en la huida de lo terrenal, de lo concreto; sólo en Cristo está nuestra salvación, sólo por medio de su humanidad encontramos a Dios. Por eso dice San Pablo en 2 Cor 4, 6: citando precisamente el Génesis, el "hágase la luz":

"Por eso Dios, que hizo resplandecer la luz en las tinieblas, resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo".



Hay Un Ser, que se conoce a sí mismo y se ve a sí mismo.

Él habita en sí mismo,

y desde sí mismo se despliega.

Gloria a su Nombre.

Este es un Ser que por su propia voluntad está en todo lugar,

que es invisible y visible,

manifiesto y escondido.


Él está encima y debajo.

Familiar y condescendiente por su gracia entre los pequeños;

más sublime y más exaltado, como conviene a su gloria, que los elevados.

El veloz no puede exceder su presteza,

ni el tardo ir más allá que su paciencia.

Él esta antes de todo y después de todo,

y en medio de todo.

Él es como el mar,

y toda la creación se mueve en Él.

Como las aguas envuelven a los peces en todos sus movimientos,

así el Creador esta vestido con todo lo creado,

con lo grande y lo pequeño.

Y como los peces están escondidos en el agua,

así están escondidos en Dios la altura y la profundidad,

lo lejano y lo cercano,

y sus habitantes.

Y como el agua se encuentra con los peces adonde quiera que vaya,

así Dios se encuentra con todo el que camina.

Y como el agua toca al pez en cada giro que hace,

así Dios acompaña y mira a cada hombre en todos sus actos.

Los hombres no pueden mover la tierra, que es su carro,

así tampoco nadie se aleja del Único Justo, que es su socio.

El Único Bueno esta unido al cuerpo,

y es la luz de los ojos.

Un hombre no es capaz de escapar de su alma,

pues ella está con él.

Ni tampoco hay hombre escondido del Bueno,

pues Él lo envuelve.

Como el agua envuelve al pez y éste lo siente,

así también todas las naturalezas sienten a Dios.

Él se difunde en el aire,

y con tu aliento ingresa en lo más íntimo de ti

Él está unido a la luz,

e ingresa, cuando tú ves, en tus ojos.

Él está unido a tu Espíritu,

y te examina desde dentro, para saber quién eres.

Él habita en tu Espíritu,

y nada que está en tu corazón le es oculto.


Como la mente precede al cuerpo en todo lugar,

así Él examina tu alma antes que tú la examines.


Y como el pensamiento precede en mucho al acto,

así su pensamiento conoce de antemano lo que tú planearas.


Comparado con su impalpabilidad,

tu alma es cuerpo y tu Espíritu carne.

Él, que te creo,

es alma de tu alma,

Espíritu de tu Espíritu,

distinto de todo,

y esta unido a todo,

y manifiesto en todo,

un gran prodigio y una escondida maravilla insondable.

Él es el Ser cuya esencia ningún hombre es capaz de explicar.

Éste es el Poder cuya profundidad es inexpresable.

Entre las cosas vistas y entre las cosas escondidas

no hay nada que se compare a Él.

Éste es Aquél que creo y formo de la nada

todo lo que es.

Dios dijo:

¡Qué se haga la luz!

Una cosa creada.

Él hizo la oscuridad y se hizo de noche.

Observa: una cosa creada.

Fuego en las piedras,

agua en las rocas:

El Ser los creo.

Hay un Poder que los saco de la nada.

Contempla,

también hoy, el fuego no está en un almacén en la tierra.

¡Mira! Es continuamente creado

por medio de pedernales.

Es el Ser quien ordena su existencia

por medio de Él mismo, que la sostiene.

Cuando Él quiere la enciende,

cuando Él quiere la apaga

a manera de llamar la atención al obstinado.


En la gran alameda se enciende un fuego por la fricción de un madero.

La llama devora,

se vuelve fuerte,

y al final sucumbe.

Si fuego y agua son seres y no creaturas,

entonces antes que la tierra fuera,

¿Donde estaban ocultas sus raíces?

Quienquiera que va a destruir su vida,

abre su boca para hablar de todo.

Quienquiera que se odia a sí mismo

y no se circunscribe a Dios

piensa que es una gran impiedad que alguien se crea un erudito.

Y si piensa que ha dicho la última palabra

ha alcanzado el paganismo,

¡Oh Bar Daisan,


hijo del Rio Daisa,


cuya mente es liquida como su nombre!

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