domingo, 26 de junio de 2011

La gran estafa inmobiliaria española

Esta vez voy a cambiar mi línea habitual, y voy a abordar un tema político-social. Estas ideas las escribí hace dos años en el foro del Partido Familia y Vida, pero cada vez veo que es más necesario decir lo que ha pasado en la economía española, y lamentablemente no veo que nadie lo aborde con seriedad salvo, a pinceladas, el diario digital Hispanidad. Y es que la crisis económica es también un tema moral, es más, principalmente es un tema moral.


EL CASO DEL BACALAO
Es una de las historietas más geniales de Mortadelo y Filemón, y nos sirve para ilustrar lo que ha pasado en España, para explicar por qué aquí padecemos una crisis que ha destrozado la economía de muchísimas familias. La razón es lo que se llamó "la burbuja inmobiliaria", pero es un tema más grave de lo que parece.

En la historieta, unos gángsters se dedican a regalar bacalao. La gente acude contentísima al regalo y toda la ciudad se hincha de bacalao. Entonces, cortan el suministro de agua, y la ciudad queda sedienta. Ése es el momento en que ellos van con camiones cisterna vendiendo agua por toda la ciudad, pero... ¡a precio de oro!

Es una estafa monumental, que se perpetra convirtiendo un bien escaso, de primera necesidad, en objeto de especulación. Ya en la Edad Media, las leyes de los reinos, como el de Castilla, protegían a la población de la especulación con bienes de primera necesidad, como el trigo.

En España, eso es lo que ha pasado. Un bien de primera necesidad, como la vivienda, se convirtió, no sólo en objeto de especulación, sino en el principal objeto de especulación. Quiere decir que muchas personas compraban pisos, no porque los necesitaran, sino como inversión. Esto encareció muchísimo el precio de la vivienda, y toda una generación, la que tiene ahora 25-35 años, que iniciaba su vida en familia, tuvo que comprar piso por un valor 3-5 veces superior a lo que costaba el mismo piso unos años antes. Era un valor irreal: les vendieron el piso por mucho más de lo que en realidad valía. No es lo mismo lo que cuesta una cosa, que lo que realmente vale.

¿Y por qué pasó esto? Yo lo sé bien, porque me casé y compré mi piso justo antes de que empezara el "boom" de los precios. Cuando yo lo compré, el tasador vio el piso, vio que el precio se ajustaba al valor de mercado, y el banco nos ofreció un crédito sólo por el 80% de dicho valor. El crédito no podía ser superior a 20 años. Eso quiere decir que sólo el que tenía cierta capacidad de ahorro para tener el 20% restante podía comprarlo, y el endeudamiento, aunque largo (20 años), no era "de por vida". El que no tenía capacidad de ahorro, tenía que buscar otro más barato. Pero pocos años después, los pisos como el mío valían 5 veces más, los bancos financiaban en 100% y hasta añadían dos millones más para el coche o el mobiliario, y para pagar tal animalada, te ofrecían endeudarte hasta las cejas de por vida, mucho más de 20 años. El ávido comprador, deslumbrado por conseguirlo todo tan fácilmente, accedía con gusto a que le pusieran la marca del esclavo... o como muchos, se veían forzados, porque no tenían otra opción, a comprar un piso pequeñísimo en una barriada de las afueras -y si tenía dos dormitorios para pensar en tener un niño, ya era un lujo- , al mismo precio que antes habría costado un piso de tres dormitorios -que es lo que necesita una familia normal- en el centro de la ciudad, y empeñándose durante 40 años a trabajar el hombre y la mujer, costeándose además un costoso seguro de vida por si uno se muere -podrá morir la persona, pero no sus deudas con el banco-.
Resultado: por la especulación de quienes hicieron de un producto de necesidad objeto de inversión, una generación entera se ha visto obligada a comprar sus pisos a precio de oro (los que han podido), y se han convertido en esclavos del banco: obligados a trabajar hombre y mujer de por vida, obligados a tener pocos hijos por la penuria económica y la pequeñez del apartamento de oro que han comprado, amenazados con perderlo todo y quedarse no sólo en la calle, sino en la calle y encima con deudas en cuanto pierden el trabajo, tienen una enfermedad o les van peor las cosas. Eso se parece demasiado a la esclavitud: un tipo de subordinación en el que el subordinado no sólo cede su mano de obra, sino la propia libertad que necesita ordenar su vida. El vasallaje medieval era bastante más leve en muchos casos.

¿Quién ha hecho ésto? Las inmobiliarias en conjunción con los bancos. Los bancos "regalaban" el dinero que iba a ir a parar a manos de las inmobiliarias y las aseeguradoras, que pertenecen a los mismos que los bancos. ¿Quién paga ese valor indebido por un bien de primera necesidad? El pueblo, que necesita vivienda.

¿Ha hecho algo el Gobierno, en la línea de lo que hacían los reyes de la Edad Media, para proteger a sus súbditos evitando la especulación con un bien de primera necesidad? No, todo lo contrario. Se ha aliado con ellos. No utilizó los impuestos para gravar la compra especulativa de viviendas e impedir la inflación de sus precios, no hizo nada para evitarlo, incluso lo alentó. No facilitó el alquiler, por ejemplo gravando las viviendas vacías pero ofreciendo garantías a los propietarios, para que pudieran alquilar con una mínima seguridad. Hasta poco antes del estallido de la crisis, el Gobierno se reía cínicamente cuando le hablaban de los peligros de la burbuja inmobiliaria y la necesidad de intervenir. Y luego, con toda España endeudada hasta las cejas, sufriendo una crisis económica para la cual hay otras causas, como los bancos -los grandes beneficiados de la estafa- no podían cobrar todo su beneficio, les han prestado miles de millones de euros que a su vez han salido de los bolsillos de los españoles. ¿Por qué? porque si los bancos se hunden, toda la economía se hunde.

Es decir, para vivir, dependemos de aquellos que nos han estafado. Pero, al menos, se podía haber condicionado los préstamos a los bancos a la penalización de todos esos directivos que han perpetrado la estafa, eso es lo que se hizo en EEUU. Aquí, ni eso, no sólo no se les penalizó, sino que se ocultaron las listas de bancos a los que fue el dinero de todos los españoles. Se premió a los más especuladores.

Cuando ha llegado la crisis, el Gobierno ha ayudado al estafador, y ha abandonado al estafado. Con una mano distribuía ayudas sociales a bombo y platillo, mientras con otra robaba a los pobres para dárselo a los ricos, como un Robin Hood a la inversa, hasta que el Estado ha entrado prácticamente en quiebra, y no precisamente por las ayudas sociales. Con el "plan E" y otras sandeces, lo único que ha hecho es endeudar aún más a los españoles, con el único fin de que en los medios de comunicación pareciera que el Gobierno estaba dando trabajo y ayudando a los más desafortunados.

Por otra parte, sería muy tentador señalar al culpable pero quedarse uno inmaculado. Sería falso. Esta gran estafa española se parece al timo de la estampita, en el que el timador es tan listo que se aprovecha de la avaricia del estafado. Cuando nos ofrecieron los créditos en bandeja, los españoles compramos y vendimos con avaricia, viviendo por encima de nuestras posibilidades, no siendo austeros, olvidándonos de que hay hermanos nuestros que no tienen nada y que lo que tenemos no es nuestro en propiedad absoluta, sino que somos administradores ante Dios de lo que tenemos, con obligación de ayudar a los demás.

A esto se añaden otras crisis que afectan a lo económico, la mayor de las cuales es la crisis de confianza y de orden. Cuando no hay confianza en que otro me va a pagar, cuando la competencia puede contratar mano de obra bajo cuerda y pagarles con un bocadillo, aprovechándose de la miseria de los inmigrantes, l cuando la justicia es tan lenta, que es inútil y favorece la ley de la selva, es decir, la del más fuerte, la economía se viene abajo. Los empresarios honrados se viene abajo. El paro galopa y España se hunde.

¿Y qué hace todo el mundo? "Liberalizar" el trabajo, que no es otra cosa que convertir al trabajador en un bien que se compra y se vende, despersonalizar el trabajo, no considerándolo como la participación de una persona en una empresa, sino un mero producto de compraventa. Todo lo contrario de lo que nos enseñó Juan Pablo II. Eso está fatal, pero es lo que hace todo el mundo, o lo haces, o te hundes. Es decir, el sistema está organizado de tal forma, que ya no hay poderes políticos serios capaces de poner freno a los económicos, como hacía el rey frente a la nobleza medieval: hoy, el único poder secular sobre la tierra, es el económico. Los demás son marionetas del poder económico. Como dice el Apocalipsis, hoy los países no pueden comprara ni vender si no llevan sobre la frente la "marca de la bestia".

Anrte esto, como sucedió en la revolución industrial, emerge un "contra-poder", tan peligroso o como el primero. Con proclamas idealistas y revolucionarias, el 15-M no es más que la enésima respuesta, tan fétida como disimulada, del comunismo ateo, la ideología más dañina, sectaria y asesina que ha habido jamás sobre la tierra. Con piel de cordero se gana a la juventud, haciéndoles poner la esperanza, no en el amor y la justicia, no en la conversión de los corazones al amor de Cristo, sino en la lucha descarnada y la revolución, que siempre acaban en odio, dolor y destrucción. Si el poder económico, hoy tan unido a la masonería, recuerda a la bestia que se mueve en las sombras, el ateísmo revolucionario es como el dragón rojo que todo lo destroza. Curiosamente, uno alimenta al otro, y vemos cómo los grandes poderes económicos hacen de China, un país con 1000 millones de esclavos bajo la bota del comunismo, su principal aliado. El 15-M es tan "espontáneo" como el "Nunca Mais" o la movilización en la jornada de reflexión tras el 11-M. Es una manipulación de los que hoy son jóvenes (los de ayer, la mayoría hemos aprendido).

La solución no es esa. En cambio, hay una cosa fundamental que podemos hacer: evangelizar. Y cada uno allí donde esté -el albañil poniedo ladrillos y el político gobernando con justicia-, construir una sociedad más justa, siendo austeros, ayudando a los pobres, y rezando para que el Señor inspire a líderes políticos cristianos, con visión sobrenatural para enfrentarse a estos graves problemas, como los ha habido en muchas épocas, desde Santa Juana de Arco en Francia a Lech Walessa en Polonia. Como Schumann, Adenauer o De Gasperi, que creyeron en la Europa unida de la colaboración, cuya idea se ha pervertido y se ha trasformado la Unión Europea en un club mercantil al servicio de los grandes poderes económicos y enemigo del cristianismo. 

La razón para todo lo que nos pasa es sólo una: el pecado. Y el único que nos salva de Él es Cristo. Ni la política sin Dios, ni la revolución nos salvarán de nada, todo lo contrario, sirven a los mismos intereses. Sólo uno es nuestro Salvador: Cristo.

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