martes, 26 de julio de 2011

Sobre la libertad del hombre

Creo que en este tema partimos de un error de concepto, que tenemos que esforzarnos en desechar. El pensamiento moderno asume como si fuera un axioma que el hombre es un ser autónomo en sus decisiones, y a eso le llamamos "voluntad libre". ¡Pero no es cierto! El hombre no es un ser autónomo, individual, independiente; no es esa su verdadera naturaleza, afortunadamente. El verdadero hombre es un ser divinizado, y si no lo es, se convierte en un ser bestializado. El ser divinizado obra movido por Dios, y es un hombre libre. El ser bestializado obra por esclavitud del pecado, y entonces no es libre, ni siquiera puede llamarse plenamente hombre: es como un pájaro que no vuela, como una lámpara que no alumbra.


Cuando obra movido por Dios, el hombre obra él mismo, hace lo que realmente quiere. Y sin embargo, es Dios quien está obrando en él. Cuando obra en esclavitud del pecado, el hombre se enajena, se aliena, obra lo que no quiere, es el pecado el que decide por él.

Porque no hay nada que elegir entre la virtud y el pecado, entre amar a Dios y rechazarle... No caben opiniones, ni preferencias. El hombre nunca prefiere realmente el pecado, siempre quiere la virtud, está hecho para eso, esa es su naturaleza, que es buena y tiende a la felicidad en el amor de Dios. Sólo el pecado es capaz de esclavizarle y de mover su apetencia y su decisión, de forma que no se arroje en brazos de la virtud que ama. Elegir el pecado y ser su esclavo son la misma cosa. No hay libertad en la decisión de actuar mal, sino sólo esclavitud. O dicho de otra forma: cuando elegimos el pecado traicionamos nuestra propia voluntad. Actuamos por cobardía, no por verdadera determinación; por debilidad, no por fortaleza en nuestro pensamiento. La acción de Dios en nosotros es lo que nos hace libres, fuertes y valerosos.

Por eso, cuando decimos que el hombre acoge libremente la salvación de Dios, no decimos que la acoja él por su cuenta, como el ser independiente que no es, sino movido por Dios; es Dios quien obra en él tanto el querer como el hacer.


“Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”.
Filipenses 2, 13.

Y cuando decimos que el hombre rechaza la salvación de Dios, no decimos que actúa libremente, sino que actúa así como esclavo del pecado.

Pero la acción de Dios no anula, sino que hace posible la libertad del hombre, que es una libertad verdadera, no una actitud pasiva. El hombre santo no es una "marioneta" de Dios, al contrario, es un ser vivo y libre que decide, movido por Dios, hacer cada movimiento que Dios quiere que haga, en una coincidencia de amor. Se mueve como Dios quiere, pero no con la fuerza de los hilos que mueven a la marioneta, sino en la comunión de la caridad que mueve al hombre libre en Cristo.

"Ciertamente nosotros trabajamos también, pero no hacemos más que trabajar con Dios que trabaja. Porque su misericordia se nos adelantó para que fuésemos curados; nos sigue todavía para que, una vez sanados, seamos vivificados; se nos adelanta para que seamos llamados, nos sigue para que seamos glorificados; se nos adelanta para que vivamos según la piedad, nos sigue para que vivamos por siempre con Dios, pues sin él no podemos hacer nada". (S. Agustín, "Sobre la naturaleza y la gracia", 31; citado en el Catecismo, 2001).

Desde el punto de vista del hombre, él tiene que hacer un movimiento de la voluntad para salvarse, y perseverar en ese movimiento de fe viva por la caridad. Por eso Jesús nos exhorta continuamente a la fe y a la perseverencia en las buenas obras. Si el hombre no hace un esfuerzo -y desde su perspectiva realmente puede no hacerlo-, se condenará y será responsabilidad suya. Y cuando el hombre se mueve a sí mismo hacia la fe, es Dios quien le mueve con su amor, sin que él deje por eso de esforzarse apropiándose de ese movimiento, haciendo suyo esa determinación auténtica de su voluntad, ese anhelo de Dios. Cuando el hombre se esfuerza en la virtud, es Dios quien mueve su voluntad y su esfuerzo... ¡pero él, el hombre, auténticamente quiere y se esfuerza! El hombre es libre, pero es libre en Dios, mientras que el hombre autónomo de Dios es un hombre alienado, desnaturalizado, esclavo del pecado, bestializado...  inhumano.

El verdadero hombre es un ser que vive con su propia voluntad inserta por Cristo en la voluntad de Dios. Ese hombre divinizado es de tal forma, que aunque cada partícula de su cuerpo y de su alma tiendan en sentido opuesto a la voluntad de Dios, su verdadera voluntad es hacer la voluntad de Dios, y al hacerlo así, es cuando verdaderamente hace su propia voluntad también como hombre. El hombre divinizado está conformado con Cristo, que dijo:


"Padre, si es posible, que pase de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya".

¿Cuál es la verdadera voluntad de Cristo, por encima de todo? ¿Evitar el cáliz? ¡No, sino hacer la voluntad del Padre! Al beber el cáliz de la Pasión, Cristo hizo su propia voluntad: obedecer y agradar a su Padre, para salvarnos.

¡Bendito y alabado sea Jesucristo, nuestro Señor y Salvador!

13 comentarios:

Alonso Gracián dijo...

Una magnífica reflexión. De acuerdo por completo. Verdades muy importantes, que no podemos ni debemos ignorar como católicos, y tan desconocidas hoy por los católicos.

Miserere mei Domine dijo...

Hola,

Igual que en mi pasado diálogo con Alonso, estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, pero tras leerlo me doy cuenta que falta algo.

Por eso recomiendo que leáis este artículo del P Iraburu: http://www.apologeticacatolica.org/Salvacion/SalvacionN10.html

Lo que se dice en el artículo concuerda con lo se expone en la entrada, pero allí sí aparece lo que echo en falta.

Bueno ¿Y que echo en falta?

Lo que indica el P Iraburu: "la gracia divina es la causa íntima de la acción libre del hombre". Nuestras acciones son más libres según la Gracia se haga más presente. Pero ¿Cómo es esta libertad? ¿pasiva o activa?

Sigo con las palabras del P Iraburu: el quietismo "no niega la libertad, como el luteranismo, pero propugna que se esté quieta, que no actúe". Es decir, espera que Dios lo obre todo, ya que no es posible co-laborar con El.

Si relees la entrada con mentalidad de quien ignora estas sutilezas, te darás cuenta que es fácil entender que estamos a merced pasiva de la Gracia o del pecado. Parece que nosotros no tenemos nada que ver en todo ello. La salvación o la condenación parece que sucede por una "lucha" entre la gracia y el pecado, lo que nos lleva al dualismo gnosticista. S.O.S. :)

Si no entramos en el dualismo, todavía tenemos que afrontar que sucede con una libertad quieta, pasiva, indiferente. Parece que estamos predestinados por alguna razón desconocida. Es decir, nos encontramos con Lutero dando la vuelta por el lado contrario.

Termino con una tercera frase del P Iraburu: "La Iglesia afirma que la gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona y eleva, con la colaboración libre del hombre."

Perdón por mi tozudez en el asunto. Se que soy pesado, pero todo sea por ayudar a quien lea sobre nuestra Fe :)

Un cordial abrazo en Cristo

Longinos dijo...

Muchas gracias por comentar, Miserere. No entiendo muy bien lo que quieres decir. Quizá que echas en falta que se insista más en que la voluntad humana no se está quieta, que se precisa esfuerzo, aunque ese mismo esfuerzo sea la gracia de Dios obrando en nosotros, ¿no?

Muchas gracias y un abrazo en el Señor

Alonso Gracián dijo...

Tal vez, Miserere,
lo que tú echas en falta es que se resalte que la voluntad efectivamente es dueña del acto bueno, y que obra, que no está quieta, sino que actúa.

Esto es verdad, teniendo en cuenta que el esfuerzo que debemos poner se realiza movido por la Gracia divina sin merma de libertad. O como dice Santo Tomas, bajo el IMPERIO de la voluntad MOVIDA por la Gracia.

un abrazo

Alonso Gracián dijo...

Es decir, debemos actuar y hacer TODO lo que la Gracia nos mueva a hacer, cueste mucho o poco, difícil o fácil, heroico o sencillo, pero nunca dejar de hacer voluntariamente lo que la gracia nos mueve a hacer.

Creo que es esto lo que echas en falta que se diga, ¿no? Si no es esto, tal vez podríamos concretar un poco más, para saber por donde van los tiros. Aunque creo que es por aquí, como apuntó Longinos, es decir, que la voluntad no está quieta sino OPERANTE y con TOTAL imperio, si bien no autónomo, sino movido por el auxilio sobrenatural.

Un abrazo en el Señor, desde su Madre Bienaventurada

Miserere mei Domine dijo...

Hola,

Gracias por vuestra benevolencia :)

Intentaré volverme a explicar. Si lee la entrada una persona que no tiene suficiente formación, puede entender que la Gracia y el pecado actúan por su cuenta y son las que dominan nuestra voluntad. Esto nos lleva a las desviaciones que el P. Iraburu formula en su escrito y que son muy frecuentes dentro de la Iglesia.

Concretando, no he encontrado la referencia clave a la colaboración de voluntades que el P. Iraburu formula de forma tan clara y que San Agustín machaca de forma constante en sus escritos.

El que te creó sin ti, note justificará sin ti (San Agustín, Sermón 169,13).

Suplico de nuevo perdón por el emperramiento en esta sutileza. Un abrazo en Cristo :)

Longinos dijo...

Quizá cuando uno escribe da por hecho que los que leen van a entender igual que uno lo que quiere decir, y no es así. Me pasa a menudo. Si he entendido bien, creo que la cuestión puede estar en lo que yo trataba de decir con estas palabras, no sé si quizá se quedan cortas o son un poco liosas:

"Pero la acción de Dios no anula, sino que hace posible la libertad del hombre, que es una libertad verdadera, no una actitud pasiva. El hombre santo no es una "marioneta" de Dios, al contrario, es un ser vivo y libre que decide, movido por Dios, hacer cada movimiento que Dios quiere que haga, en una coincidencia de amor. Se mueve como Dios quiere, pero no con la fuerza de los hilos que mueven a la marioneta, sino en la comunión de la caridad que mueve al hombre libre en Cristo.

Desde el punto de vista del hombre, él tiene que hacer un movimiento de la voluntad para salvarse, y perseverar en ese movimiento de fe viva por la caridad. Por eso Jesús nos exhorta continuamente a la fe y a la perseverencia en las buenas obras. Si el hombre no hace un esfuerzo -y desde su perspectiva realmente puede no hacerlo-, se condenará y será responsabilidad suya. Y cuando el hombre se mueve a sí mismo hacia la fe, es Dios quien le mueve con su amor, sin que él deje por eso de esforzarse apropiándose de ese movimiento, haciendo suya esa determinación auténtica de su voluntad, ese anhelo de Dios. Cuando el hombre se esfuerza en la virtud, es Dios quien mueve su voluntad y su esfuerzo... ¡pero él, el hombre, auténticamente quiere y se esfuerza!"

Miserere, creo que la frase que dices de San Agustín puede ser ésta, que viene en el Catecismo (art. 2001):

"Ciertamente nosotros trabajamos también, pero no hacemos más que trabajar con Dios que trabaja. Porque su misericordia se nos adelantó para que fuésemos curados; nos sigue todavía para que, una vez sanados, seamos vivificados; se nos adelanta para que seamos llamados, nos sigue para que seamos glorificados; se nos adelanta para que vivamos según la piedad, nos sigue para que vivamos por siempre con Dios, pues sin él no podemos hacer nada". (S. Agustín, nat. et grat. 31).

He aprovechado para ponerla en el texto, es una maravilla.

Gracias a ambos y un abrazo en Cristo

Alonso Gracián dijo...

Para confirmar la tesis de esta antrada.

"Conoceréis la verdad y la verdad OS HARÁ LIBRES" (Jn 8, 32)

--Luego sin estar en la verdad no somos libres. De lo contrario no diría el Señor "os hará libres".

"La libertad no se realiza en las opciones contra Dios" (Fides et Ratio, 13)

--Luego cuando uno opta por alejarse de Dios o por el mal en general, no estás actuando libremente. No está realizando un acto auténticamente libre.

Del magisterio de León XIII:

""El Doctor Angélico se ha ocupado con frecuencia de esta cuestión, y de sus exposiciones se puede concluir que la posibilidad de pecar no es una libertad, sino una esclavitud.

""Sobre las palabras de Cristo, nuestro Señor, el que comete pecado es siervo del pecado(3), escribe con agudeza: «Todo ser es lo que le conviene ser por su propia naturaleza. Por consiguiente, cuando es movido por un agente exterior, no obra por su propia naturaleza, sino por un impulso ajeno, lo cual es propio de un esclavo. Ahora bien: el hombre, por su propia naturaleza, es un ser racional. Por tanto, cuando obra según la razón, actúa en virtud de un impulso propio y de acuerdo con su naturaleza, en lo cual consiste precisamente la libertad; pero cuando peca, obra al margen de la razón, y actúa entonces lo mismo que si fuese movido por otro y estuviese sometido al domimo ajeno; y por esto, el que comete el pecado es siervo del pecado».

""Es lo que había visto con bastante claridad la filosofia antigua, especialmente los que enseñaban que sólo el sabio era libre, entendiendo por sabio, como es sabido, aquel que había aprendido a vivir según la naturaleza, es decir, de acuerdo con la moral y la virtud." (Encíclica Libertas, 5)

Alonso Gracián dijo...

Encíclica Libertas, 6:

""A esta regla de nuestras acciones, a este freno del pecado, la bondad divina ha añadido ciertos auxilios especiales, aptísimos para dirigir y confirmar la voluntad del hombre.

""El principal y más eficaz auxilio de todos estos socorros es la gracia divina, la cual, iluminando el entendimiento y robusteciendo e impulsando la voluntad hacia el bien moral, facilita y asegura al mismo tiempo, con saludable constancia, el ejercicio de nuestra libertad natural.

""Es totalmente errónea la afirmación de que las mociones de la voluntad, a causa de esta intervención divina, son menos libres. Porque la influencia de la gracia divina alcanza las profundidades más íntimas del hombre y se armoniza con las tendencias naturales de éste, porque la gracia nace de aquel que es autor de nuestro entendimiento y de nuestra voluntad y mueve todos los seres de un modo adecuado a la naturaleza de cada uno.

""Como advierte el Doctor Angélico, la gracia divina, por proceder del Creador de la Naturaleza, está admirablemente capacitada para defender todas las naturalezas individuales y para conservar sus caracteres, sus facultades y su eficacia.

Alonso Gracián dijo...

Libertas, 8:

""Por tanto, la naturaleza de la libertad humana, sea el que sea el campo en que la consideremos, en los particulares o en la comunidad, en los gobernantes o en los gobernados, incluye la necesidad de obedecer a una razón suprema y eterna, que no es otra que la autoridad de Dios imponiendo sus mandamientos y prohibiciones.

""Y este justísimo dominio de Dios sobre los hombres está tan lejos de suprimir o debilitar siquiera la libertad humana, que lo que hace es precisamente todo lo contrario: defenderla y perfeccionarla; porque la perfección verdadera de todo ser creado consiste en tender a su propio fin y alcanzarlo.

""Ahora bien: el fin supremo al que debe aspirar la libertad humana no es otro que el mismo Dios.

Alonso Gracián dijo...

Está, pues, perfectamente claro.

Las palabras de la Escritura son cristalinas:

Romanos 6:

""6 Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con Él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado,

"y así dejáramos de ser esclavos del pecado.

Sóloi en Cristo somos libres.

Longinos dijo...

Muchísimas gracias, Alonso. Todo eso deja muy claro este tema, que es muy importante.

Alonso Gracián dijo...

"quien comete pecado es del Diablo" (1 Jn 3, 8)

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