miércoles, 13 de julio de 2011

Trabajando con una mano y defendiéndonos con la otra


Del libro de Nehemías, cuando los israelitas reconstruían la muralla de Jerusalem rodeados por sus enemigos:

"Los que reconstruían las murallas y los que transportaban las cargas iban armados: con una mano hacían el trabajo y con la otra empuñaban el arma; y los que construían tenían cada uno la espada ceñida a la cintura mientras trabajaban" (Nehemías 4, 11-12).

A veces aceptamos los trabajos de construcción del Reino de Dios: la evangelización, etc. Pero nos indignamos, y en el fondo nos rebelamos, contra el tener que trabajar en medio de la lucha, de los que quieren destruirlo y  nos ralentizan en nuestra labor: las rencillas internas de los grupos humanos, nuestro propio pecado. las infidelidades dentro de la Iglesia y los sembradores de cizaña, los que no cumplen sus responsabilidades, las tensiones...

Este pasaje me dice que no nos escandalicemos de eso, que lo aceptemos, que no nos rebelemos ni nos desanimemos por eso, ya que la rebelión y el desánimo vienen del mal espíritu. Me dice que es el Señor el que cuenta con que estemos trabajando con una mano y blandiendo la espada con la otra, que en ese blandir la espada también estamos construyendo su Reino, aunque eso suponga que el trabajo no avance tan bien ni tan rápido como quisiéramos. Y que hay que hacer las dos cosas.

2 comentarios:

Alonso Gracián dijo...

Me ha impresionado la imagen de los reconstructores de la muralla, con una mano trabajando y con la otra blandiendo la espada.

Una lectura ascética del pasaje nos lleva a pensar también que, mientras colaboramos en la edificación y renovación de la Iglesia,

hemos de luchar contra los tres enemigos: mundo, demonio y carne, para avanzar, con la Gracia, en nuestro Camino de perfección.

En el fondo, a estos tres enemigos se reduce la lucha contra el poder de las tinieblas de que nos habla Gaudium et Spes.

Un abrazo en Cristo, desde María Inmaculada

Longinos dijo...

Sí, estoy de acuerdo. Y es verdad que la imagen es impresionante. Es maravillosa la forma en que nos habla el Señor por el Antiguo Testamento, la viveza que tiene, cómo resuena en nuestro interior, porque nos habla de las cosas que nos pasan.

Un abrazo en Cristo y María

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