martes, 16 de agosto de 2011

I. ¡Gracias!

Sí, muchas gracias. Realmente, es una maravilla que alguien se pare a escuchar algo sobre Jesucristo; mucho más a leerse un libro entero. Muchos sí se paran a leer tonterías noveladas sobre Jesucristo, que les dicen lo que el autor sabe que muchos quieren oír. Muchos opinan sobre Cristo, sobre la religión y sobre la Iglesia, pero casi nadie dedica algo de tiempo a escuchar su verdadero mensaje. Aunque muchos tampoco sabrían a dónde acudir para escucharlo: se transmiten muchas opiniones personales sobre Jesucristo, pero se explica poco -y con poca autenticidad- su doctrina.

"Pues vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus pasiones para halagarse el oído. Cerrarán sus oídos a la verdad y se volverán a los mitos" (2ª Carta de San Pablo a Timoteo 4,3-4).


Además, en la práctica es como si el mensaje de Cristo hubiera dejado de ser "Noticia", "Buena Noticia", porque la mayoría de los que le rechazan piensan que ya le conocen. No lo digo como condena; así mismo estaba yo antes de convertirme, pero es una realidad. Y es más: incluso muchos de los que creen que le aceptan, tampoco tienen verdadera idea de quién es Jesucristo, sino que para ellos es una mera figura del pasado, algo así como un ser humano modelo, simplemente, al que les gustaría parecerse. Dirán que creen en Él, pero no les interpela, no les cambia la vida como nos la ha cambiado a Maribel y a mí, no les llena la vida, que es para lo que Él vino, según sus propias palabras:

"Yo he venido para que tengan vida, y la tengan abundante" (Evangelio según San Juan 10, 10).

En resumen: anunciar a Jesucristo hoy es como tratar de vender helados en el arcén de una autopista: ¡nadie se para! Así que no es exageración: muchas gracias por leer esto, por detenerte en plena autopista, por concedernos a mí y a Jesús un poco de tu tiempo; es para ambos una gran alegría que lo hagas, y creo que puede serlo también para ti, con la ayuda del Señor.

Añado una cosa que quizá te extrañe: estoy convencido de que si yo he escrito esto y tú estás ahora mismo leyéndolo, no es por iniciativa nuestra, sino porque el Señor, el Espíritu Santo, nos ha llamado a hacerlo, nos ha tocado en el corazón y nosotros hemos aceptado. No estamos solos tú y yo en este libro-carta. Hemos sido convocados aquí por Él y en nuestro interior, hablaremos con Él, sin usar palabras. Estoy convencido, estoy seguro. Esto es ya motivo para daros gracias a ambos: a Dios y a ti que has aceptado nuestra invitación, algo que no me ocurre todos los días...
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"Evangelio" significa literalmente "Buena Noticia". Viene del griego "eu" (bueno) y "angelos" (mensaje). Es la misma raíz que se utiliza para nombrar a los "ángeles", porque éstos tienen función de mensajeros de parte de Dios. 

Dice San Agustín (Padre de la Iglesia, siglo V): "El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu. Si preguntas por lo que hace , te diré que es un ángel".
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ESTO ES UN PROYECTO DE LIBRO QUE ESCRIBO COMO CARTA ABIERTA A MIS AMIGOS, MUCHOS DE ELLOS APARTADOS DE LA FE Y DE LA IGLESIA, Y A QUIENES QUIERO ANUNCIAR LA PALABRA DE DIOS. ES UN BORRADOR CAMBIANTE QUE PONGO AQUÍ PARA QUE COMENTÉIS Y ME DEIS VUESTRAS SUGERENCIAS.GRACIAS.

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