miércoles, 7 de septiembre de 2011

I. ¡Gracias! (3). Tenemos enemigos.

Sí, nuestra comunicación tiene gruesos y temibles enemigos, que no quieren que el mensaje de Cristo te llegue o que lo llegues a asimilar. Y como dice un sabio refrán que "enemigo conocido: medio enemigo", voy a señalarte algunos de estos enemigos, empezando por el más duro y acabando por el más liviano, pero no por ello el menos peligroso.

Los enemigos más difíciles de combatir son los invisibles. Hay axiomas, pensamientos que damos por supuestos, ideas básicas que se han introducido en nuestra cultura, y nosotros las aplicamos a todo sin darnos cuenta. Una de esas ideas es que sólo puedo aceptar como verdad lo que me convence plenamente. La verdad, si es verdad, tiene que ser tan perfecta -pensamos-, tan pura, que podamos aprehenderla plenamente. Este sería el enemigo "escrupuloso". Como cuando te hable de Cristo, lo que te voy a decir no te va a convencer plenamente, va a haber cosas que no entiendas o yo te haya explicado mal, otras que te falten, y algunas que te resulten extrañas o inexplicables, no podrías aceptarlo como verdad...

Ese axioma es un error. Precisamente, la verdad es algo que nunca llegamos a poseer plenamente en esta vida, que se nos escapa de las manos. Más que a poseerla, podemos aspirar a reconocerla, abrirle la puerta y dejarnos poseer por ella.

No te estoy pidiendo que renuncies a usar la inteligencia al leer este libro, todo lo contrario: te pido que hagas uso de toda la inteligencia que Dios te ha dado, que para eso te la ha dado. Pero te pido también que caigas en la cuenta, precisamente con esa inteligencia, de que nuestro entendimiento es incapaz de abarcarlo todo; de que jamás, en este mundo limitado y defectuoso, vamos a tener un conocimiento perfecto, y que ese puritanismo paralizante es una trampa para el  pensamiento, que nos conduce a desechar la verdad, a asfixiarla cuando aún es débil, que es cuando nuestro entendimiento empieza a reconocerla. Esta idea puritana sobre la verdad es... un verdadero enemigo, que se ha instalado en nuestra cultura y nos afecta sin que nos demos cuenta.

¿A dónde nos quiere llevar ese enemigo? A la nada, al nihilismo, a pensar que nada es verdad, o que somos incapaces completamente de relacionarnos con la verdad, así que... ¿para qué buscarla? "Sólo la nada es pura" -nos susurra al oído con su aliento fétido...

Pero sí, tiene sentido buscar la verdad porque, aunque no somos capaces de asimilarla, comprenderla o contemplarla plenamente, sí somos capaces de reconocerla. Nuestro corazón suspira por ella. La anhela, la desea. Sabe reconocerla, está hecho para ella.

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