jueves, 8 de septiembre de 2011

I. ¡Gracias! (4). Tenemos enemigos (continuación).

El segundo enemigo es mucho más burdo, menos sutil, pero igualmente peligroso. Es desechar la verdad por las consecuencias que barruntamos que se derivarán de aceptarla. Este enemigo actúa por el miedo: me da miedo reconocer esto como verdad, porque si lo hago, me temo que ya no tendré excusa para...

Con un ejemplo que ya no nos afecta, se entenderá mejor. Cuando en tiempos de la esclavitud, se trataba de mostrar la realidad de la dignidad humana, es decir, que las personas de todas las razas hemos sido creados con igual dignidad por Dios, muchas personas no querían oír hablar de esto. ¿Por qué? ¿No eran capaces de reconocer esa verdad? Claro que eran capaces, pero si reconocían eso, muchas cosas se vendrían abajo, tendrían que cambiar radicalmente su comportamiento, etc.

El engaño de este enemigo, como ves, es muy burdo; pero funciona, porque conecta directamente con nuestros intereses, miedos, ansiedades e inseguridades. Cuando los nazis se dedicaron a exterminar a los judíos, ¿acaso pudo haber tantas personas que no se dieran cuenta de que los judíos eran personas iguales que ellos, contra lo que decía la propaganda nazi? Claro que podrían darse cuenta, pero era "mejor" aceptar esa mentira de que los judíos eran subhumanos, porque reconocer la verdad habría supuesto consecuencias muy duras: enfrentarse con los nazis y probablemente hasta la muerte, como les pasó a muchos buenos alemanes.

Este es el enemigo que podríamos llamar de "el miedo". Miedo a las consecuencias de la verdad. Por eso, es fundamental tener una firme determinación de buscar la verdad, sea cual sea, nos guste más o menos, tenga las implicaciones que tenga. Al fin y al cabo, aceptar una verdad no me va a obligar a pensar o hacer nada que yo voluntariamente no quiera hacer o pensar. Puedo decir: "no, yo no voy a aceptar que los judíos son subhumanos, pero no voy a esconder a mi vecino judío del quinto porque me dan miedo las consecuencias". Es más honesto.

El tercer y último enemigo que te quiero mostrar es la superficialidad. La frivolidad y la superficialidad son un parapeto que nos ponemos para no tener que ver la verdad. Y la Palabra de Dios está llena de trampas en las que caen los que acuden a ella con frivolidad. Para entender la Palabra de Dios, la clave es la fe, y también se abre a aquél que acude a ella sin fe, pero con deseo sincero de buscar la verdad, de juzgar con profundidad lo que allí se nos dice. Pero si uno acude a la Palabra de Dios en plan de "listillo", buscando "fallos" que le permitan desecharla, los encontrará a raudales, y no entenderá nada de lo que lee. Hay tantos "fallos" en la Palabra de Dios en los que caen quienes acuden a ella con frivolidad, que parece que están puestos aposta para eso.

"Con los oídos oiréis, pero no entenderéis; mirando miraréis, pero no veréis; porque se ha embotado el corazón de este pueblo y sus oídos se han vuelto torpes para oír, y sus ojos se han cerrado, para que no vean con los ojos ni oigan con los oídos, ni con el corazón entiendan, y se conviertan y los sane" (Hechos de los Apóstoles 28, 26-27).

Un ejemplo: la interpretación de la parábola de las diez vírgenes.

"Entonces, el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que, tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes; las necias, al tomar las lámparas, no tomaron consigo aceite, mientras que las prudentes tomaron aceite en las alcuzas juntamente con sus lámparas. Como el esposo tardaba, se adormilaron y durmieron. A la media noche, se oyó un clamoreo: Ahí está el esposo, salid a su encuentro.  Se despertaron entonces todas las vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: dadnos aceite del vuestro, porque se nos apagan las lámpras. Pero las prudentes respondieron: no, porque podría ser que no bastase para nosotras y vosotras; id más bien a la tienda y compradlo. Pero mientras fueron a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban prontas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta. Llegaron más tarde las otras vírgenes, diciendo: Señor, señor, ábrenos. Pero él respondió: En verdad os digo que no os conozco. Velad, pues que no sabéis el día ni la hora". Evangelio según San Mateo 25, 1-13.

Quien acude con frivolidad a este texto, encuentra miles de razones para tirarlo a la basura y perderse su enseñanza: que si el novio es un polígamo, que si es una costumbre machista eso de esperar al novio para que venga cuando le dé la gana, que si las vírgenes prudentes eran en realidad una egoístas e insolidarias, que cómo se les ocurre ir a comprar aceite a media noche, que si el novio se comportó cruelmente al no querer abrirles...

Todo eso es pasarse de listo y comportarse tontamente. A Jesús, que dijo que "el que mira a una mujer casada deseándola comete adulterio en su corazón" (Mt 5, 28), ¿le vas a enseñar tú la dignidad del matrimonio? Al que se saltó tantas veces los convencionalismos que en su tiempo impedían hasta hablar con consideración a una mujer en público, ¿le vas a acusar de machista? Al que dijo "al que te pide, dale, y al que te tome prestado, no se lo reclames" (Lc 6, 30), ¿le vas a enseñar tú que hay que compartir? Al que perdonó en la cruz a los que le asesinaban injustamente, ¿le vas a enseñar misericordia? ¿Vas a enseñarle a tu padre a hacer hijos? Piensa mejor que hay algo que se te escapa en todo eso, y ve a lo profundo, escucha en serio, y date cuenta de que ahí, lo que se nos está diciendo es que no sabemos cuándo llegará nuestra hora, y que no podemos permenecer atontados, como si no fuera a llegar nunca. Porque cuando veamos que la vida se nos acaba, quizá sea demasiado tarde. Y hay muchas cosas más que podríamos aprender en esta parábola, incluso alguna que nos afecta personalmente aquí, y ahora. A mí me enseña, ahora mismo, a tomarme el trabajo de escribir este libro con seriedad, a no tomarme a la ligera las cosas del Señor; a pedirle que me dé constancia para acabarlo, para no quedarme sin aceite a la mitad de la noche.

La frivolidad, en realidad, es un rechazo de plano a encontrarse con la verdad. Quien va con esa actitud superficial, en la Palabra de Dios encontrará miles de razones para rechazarla... y se perderá la enseñanza que encerraba para él.

Por tanto, hemos señalado tres de los enemigos más peligrosos que nos apartan de la verdad: el escrupuloso, el miedoso y el frívolo. Pero para no acabar de forma tan negativa, te comento tres consejos (en positivo) para encontrarnos con la Verdad de Cristo. Son de San Agustín:

1. Tener firme determinación de buscar la verdad, sea cual sea, me guste más o menos.

2. Usar toda mi inteligencia en ese empeño, sea mucha o poca. Ser humildes no significa dar de lado la inteligencia. Tampoco la fe es cuestión de inteligencia, porque el Señor se adapta a todos: a los niños, a los que tienen una inteligencia disminuida, etc. Pero si Dios te ha dado una inteligencia, mucha o poca, es para que la uses, y para que con ella busques la verdad y te ayude a reconocerla cuando la encuentres.

3. Tomar a alguien como guía que nos presente a Cristo. Esto ya lo estás haciendo al leer este libro, lo cual me parece un honor sorprendente e inmerecido por mi parte. Al Espíritu Santo se lo debemos tú y yo. Gracias.

23 comentarios:

Alonso Gracián dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alonso Gracián dijo...

Longinos, hablas en este post de temas realmente importantes.

De obstáculos: la falsa prudencia, la prudencia de la carne. Que nos impide el progreso espiritual por el miedo. pero Cristo nos dice: no tengas miedo, tan sólo cree.

De apegos oscuros y subterráneos, que nos enlazan al mal.

De la vanidad, de la nada, de la superficialidad de una vida carnal. Y su aliada, la soberbia.

Respecto al puritanismo, entiendo que lo equiparas a la prudencia de la carne. Lo cual me parece acertado.

Me ha gustado mucho el lenguaje y el tono.

Un abrazo en el Señor.

Longinos dijo...

Muchas gracias, Alonso. Eso del puritanismo sí, es una falsa prudencia, una prudencia de la carne como dices, pero además creo que lo que he señalado es una idea de origen budista-oriental que se ha infiltrado en nuestra cultura. Esa perfección que le exigimos a la verdad para reconocerla como tal, como si nuestro entendimiento fuera perfecto y no hubiese pecado original. Buscamos la pureza y simplicidad absolutas, y eso nos hace desechar la verdad, desestimarla cuando empezamos a reconocerla. Es una idea del demonio.

Longinos dijo...

Es más, yo creo que esa exigencia de pureza absoluta es algo que subyace en el budismo -y que conduce a la nada-. Y si te fijas, es la misma idea de todo gnosticismo, que desde antes de Cristo viene del oriente: la impureza de lo concreto, de lo corporal, que se ve muy clara en el maniqueísmo, pero también está en el New Age. Aceptar a Cristo Hombre como Dios, para quien tiene esa idea, que hoy día es extendidísima, es aceptar como Dios a un ser que viene marcado por la impureza de lo concreto, algo "inaceptable". Hasta en el protestantismo subyace esa exigencia de pureza absoluta para la Iglesia, y como no lo puede ser en todas sus manifestraciones concretas, sólo aceptan la no-iglesia, una "iglesia" pura e invisible. Lo mismo pasa con la Revelación para los protestantes: prefieren la letra delimitadísima de la Biblia, como si sólo esa Tradición fuese "pura", y no quieren ni oír hablar del proceso por el que la Biblia fue reconocida por la Iglesia; hablan como si Dios mismo hubiera bajado la Biblia del Cielo.

No me atrevo aún a responder a ese error, estoy dándole vueltas. Ese es el error que hace tiempo te comenté que veía en los protestantes, que beben del mismo error gnóstico. No aceptan la mediación (es impura), no aceptan la Tradición (es impura), no aceptan la interpretación de la Biblia (es impura, y por eso son fundamentalistas, pretendiendo que la Biblia se entiende directamente -cosa que desmiente la proliferación de doctrinas protestantes distintas-), no aceptan las imágenes (son impuras), no aceptan la acción real de Dios en los sacramentos... todo apunta al mismo error. Te comenté que me parecía un error sobre la Encarnación y sus implicaciones. Cuando Cristo se encarna, de alguna manera inaugura una nueva recapitulación de todo en Sí mismo. Todo lo concreto, lo limitado, lo dañado, está llamado a restaurarse y alcanzar su perfección. El rostro del hombre ya no es impuro, sino que es puro en Cristo porque se encuentra en proceso de purificación por su gracia, que se realiza a través de la cruz. La Iglesia no es impura, es pura en Cristo y a la vez está purificándose uniéndose a Cristo en la Cruz, siendo Uno con Él. En la Encarnación, Cristo recoge toda nuestra limitación, imperfección y enfermedad, y en la cruz nos redime y purifica todo eso, diviniza lo humano.

Longinos dijo...

¿Cómo es que la Iglesia no es impura, si está purificándose? Pues es como una persona, si es de Cristo pero aún está purificándose, pecando y arrepintiéndose. No podemos llamarla "impura", porque mientras lucha, lo hace revestida de la pureza de Cristo, hasta que plenamente se conforme completamente con Él participando de su misma muerte y resurrección. Es, además, una persona elegida, y por tanto no puede ser llamada impura. Y si eso es con una persona, mucho más con la Iglesia, de la que dice el Cantar: "y si mi amado bella me vio, no reparéis en mi negrura/ de lino blanco me engalanó/ decidle que estoy enferma de amor". La Iglesia es también esa "Señora elegida" a la que se dirige Juan en el principio de su segunda carta. A lo que ha sido elegido en Cristo, predestinado desde el principio de los tiempos para ser divinizado en el Hijo, y que participa ya en alguna forma en su vida divina, aunque no plenamente aún, no se lo puede considerar impuro aunque esté en plena purificación. El oro que está en la veta no es impuro, aunque esté mezclado con el mineral. Necesita ser purificado en el fuego para eliminar lo que sobra y que resplandezca su pureza.

Alonso Gracián dijo...

Respecto a lo corporal, lo mediado, lo concreto, y su relación con lo impuro, quisiera apuntar algo.

Lo corporal, en sí, sin tener en cuenta el pecado originario, no es impuro.

Pero hay un problema.

Tras el pecado original, lo corporal y concreto ha enfermado, se ha vuelto "inmundo" (como dice el Tridentino, ses. 6)

Lo corporal deviene en carnal debido al pecado de origen, que crea una verdadera enfermedad en el mundo de lo concreto y material, un cataclismo, un herida, una inmundicia-

Es la Gracia lo único capaz de purificarlo todo.

Es la gracia, y solamente la gracia, la que restaura lo corporal y concreto, y le devuelve la pureza original sobrenaturalizándola por la gracia de la cruz.

Es la cruz, la penitencia, la gracia de la pasión del Señor lo que purifica lo que se ha vuelto inmundo. Lo corporal, así, se purifica por la penitencia, por lo cual dice el Señor eso tan tremendo de si no hacéis penitencia todos moriréis.

Por eso todo lo corporal y concreto es inmundo hasta que la gracia no lo purifica. Porque la gracia viste de Cristo la vergonzosa desnudez adámica. Es la santidad lo único que purifica lo corporal. Lo corporal, sin la gracia, es inmundo, porque la pureza originaria ha enfermado de muerte.

Cuerpo que muere sin estar en gracia no podrá ser cuerpo glorioso en Cristo.

El error puritano consiste en la desesperanza, en que creer que ni la gracia limpia lo inmundo. En que una persona concreta, como Pedro, no puede ser vicario del Señor por un carisma. En que el matrimonio, por la gracia sacramental y sólo por la gracia sacramental, pueder casto.

Por eso el puritanismo, prudencia carnal, no es sino desesperanza. Por eso lo deprimente que es el protestantismo.

Alonso Gracián dijo...

Extendiendo este tema a la sexualidad.

Tras el pecado original, la sexualidad está enferma, se ha impurificado. Se ha vuelto inmunda, porque toda la persona es inmunda por el pecado original.

Solamente la Gracia de Cristo vuelve santa la sexualidad matrimonial, y solamente en la Gracia de Cristo la sexualidad colabora con el Plan de Dios.

Es el sacramento del matrimonio la acción de Cristo que purifica los cuerpos de los conyuges por la gracia, y convierte su sexualidad abierta a la vida en una imagen concreta y corporal del amor de Cristo a su Iglesia.

Sin la Gracia, todo está perdido.

Alonso Gracián dijo...

Lo primero que queda afectado en la sociedades apóstatas, que rechazan conscientemente la Gracia, es la sexualidad. Vemos en la historia pasada y presente cómo la perversión de la sexualidad se generaliza cuando un pueblo renuncia a Cristo. Y lo mismo, aunque en grado menor, pasa con el paganismo.

Un abrazo

Alonso Gracián dijo...

La creación, el cuerpo, lo concreto, sin embargo, es bueno, al ser creado por Dios. La sexualidad es buena, al ser creada por Dios.

Es el pecado adámico lo que enferma lo que antes estaba sano.

Dios envía su Hijo, y con Él Verdad y Gracia (Jn 1, 17) para restaurarlo absolutamente todo en Él, que cobra forma humana y cuerpo para que el cuerpo y la forma humana sean restaurados y elevados a imagen del Hombre celestial, que es Cristo mismo (1 Cor 15, 47)

El problema del gnosticismo, maniqueísmo, etc., es que ven lo creado como algo malo, siendo originariamente bueno en sí, (pero vuelto enfermo tras el pecado adámico.)

Un abrazo en el Señor, desde su Madre Inmaculada

Longinos dijo...

Disculpa, Alonso, que no haya contestado antes. Lo he intentado dos veces, y las dos he borrado la contestación, porque este tema me resulta muy difícil, no encuentro la forma de verbalizar lo que quiero decir.

De acuerdo completamente con las aclaraciones que haces. Lo primero que he hecho es eliminar el término "puritano", para que no se confunda con el puritanismo ni con el protestantismo, y lo he sustituido por "escrupuloso". El escrúpulo consiste en rechazar el anuncio del Evangelio porque no es perfecto ni simplicísimo, como una exigencia de pureza a la verdad que recibimos. Lo mismo que el joven Agustín rechazó las Escrituras porque la mayoría estaban escritas en un griego poco culto, y pensaba que algo así no podía venir de Dios, hoy rechazamos el Evangelio por muchas razones similares.

Creo que el error oriental o budista es más amplio que el protestante. Se ignora el pecado original; por tanto, se exige pureza y perfección absolutas a la verdad: como esto no se encuentra en este mundo, se niega la existencia de la verdad y se cierra el corazón al misterio de la Encarnación, y como consecuencia, también a la Redención. Voy a tener que hacer otro libro para los del New Age! ;)

El error protestante es más limitado, y se centra en un aspecto del misterio de la Encarnación: en que el Señor, al encarnarse, incorporó a Sí mismo la humanidad. Para no equivocarme, lo diré en palabras de la confesión de fe de nuestro Recaredo, según le ofreció el III Concilio de Toledo (año 589): "...y por su bondad ha sido creada buena toda criatura [la naturaleza del hombre], pero mediante la forma del estado humano asumido por el Hijo somos restablecidos de la generación condenada a la beatitud primitiva".

Desde la Encarnación, Cristo asume en Sí la humanidad, lo humano, y por la Redención los restituye. (Esto ya es mío, sobre lo que saco de aquí:) Lo elegido de lo humano está ya unido a Cristo por la Encarnación. Ya no es inmundo, aunque esté necesitado de purificación. Lo mismo la Iglesia, "señora elegida" (2 Jn 1,1), que es santa y peregrina, necesitada de purificación. Para resucitar con Cristo hay que morir con Él, pero mientras morimos, unidos a Él desde la Encarnación, ya no somos inmundos, sino elegidos en Él, y lo elegido en Él no es inmundo, aunque aún necesite purificarse.

Desde la Encarnación, Dios condesciende con nuestra debilidad, y acepta que su tesoro sea llevado en vasijas de barro. Dios, el inabarcable, se revela en lo concreto, acepta aparecer ante nosotros con naturaleza humana, limitada, ser percibido con apariencia imperfecta por nuestros ojos. Y acepta ser llevado por nosotros, pecadores necesitados de purificación.

Los protestantes no entienden que una Iglesia llena de pecadores pueda estar unida a Cristo, que Dios le haya confiando en Cristo su mediación, como hace en el milagro de los panes y los peces ("dadle vosotros de comer"), o con el poder de perdonar los pecados en su Nombre. Pero es que Cristo ha aceptado todo esto desde el primer momento de su Encarnación. Dios fue un embrión: ¿dónde ver su divinidad? Fue un niño recién nacido: ¿cómo reconocer en Él al Creador? sua palabras llegaron defectuosamente al entendimiento de los suyos; en sus asambleas, había gente que no oía bien porque estaba muy lejos; entre sus apóstoles había un hijo de la perdición; su elegido, Pedro, le tentó, primero, y luego le traicionó. Tuvo que lamentarse varias veces de la cerrazón de sus discípulos, aguantar el malentendido y la marcha de muchos... Todo el camino de Cristo está marcado por la condescendencia con la imperfección, siendo Él perfecto y santo. Ëse es el misterio de la Encarnación. Los protestantes creen que la perfección ya está aquí, por eso no creen en el purgatorio. Como ven que no está aquí, creen que la perfección es un simple revestimiento de la santidad de Cristo, no una verdadera y completa perfección tras la purificación por la gracia de Cristo.

Longinos dijo...

Como sabemos los católicos, hay un estado de purificación (el nuestro, espero) en el que ya no somos inmundos, en el que ya somos Uno con Cristo, mientras morimos con Él para resucitar con Él. Los protestantes, sin embargo, parece que sólo entienden dos estados: inmundicia y santidad plena en Cristo. Y creen que, justificados por la fe, ya no necesitamos purificación, como si la inmundicia permeneciera y el revestimiento de Cristo fuera ya todo. Pero no es así: mientras Cristo nos reviste ya con el lino blanco de los elegidos, aún nos estamos purificando, hasta que llegue el día en que, completa y verdaderamente unidos a Cristo, veamos a Dios en el Cielo.

La misma Redención no se realiza solamente en la cruz, sino que desde la Encarnación empieza la Redención. Ni siquiera la cruz es sólo la cruz. Está la angustia, el huerto de los olivos, el prendimiento, juicio, via crucis...

La misma Biblia, que no tiene error, sin embargo se nos presenta llena de deficiencias. Muchos, ni siquiera saben leer (¡enorme deficiencia!). Los que sabemos leer, disponemos de traducciones con errores (todas). Algunos libros ni siquiera están claramente delimitados en algunos de sus versículos, pues aparecen o desaparecen según el texto que se tome como referencia: la traducción griega de los 70 o los textos hebreos más antiguos, que no son completamente iguales, y su estudio no cesa en busca de la versión más auténtica. Durante un tiempo (tres siglos y medio de cristianismo), el canon de la Biblia ni siquiera existía...

Fíjate que muchos detractores del cristianismo no paran de señalar deficiencias de este tipo como si fueran indicio de que eso no puede ser de Dios... ¡porque es imperfecto?! Dan por supuesto, en el resto, ese anhelo absurdo de perfección para reconocer la verdad, que es lo que estaba diciedo antes. Esa supuesta perfección y simplicidad exigible a la verdad (idea falsa) es un axioma que ha invadido nuestra cultura y que está generalizado.
Bueno, no sé si lo he liado más aún...

Alonso Gracián dijo...

Perdona, Longinos, no te haya contestado antes, he estado reflexionando acerca del tema.

Es una cuestión difícil de precisar, como apuntabas.

Creo que el término puritano no correspondía exactamente con lo que prerendías decir, pero es que "escrupuloso" tampoco.

Verás, pienso que el problema está en que no disponemos de una palabra exacta para esta creencia que considera sucia, inmpura, mala, pecaminosa, corrupta la materia, lo corpóreo, lo concreto, en definitiva la creación visible.


Por eso creo que vamos a tener que recurrir a un neologismo, a riesgo de parecer demasiado doctos, pero creo es necesario.

Pienso que esa actitud se puede definir con la palabra "catarismo". (Aunque tal vez se pueda encontrar otra palabra mejor.)

Alonso Gracián dijo...

Como sabes los cátaros (cátaro en griego significa "puro") fueron una corriente gnóstica que hizo mucho daño a la Iglesia.

Su tesis principal es que la creación es mala, es obra del demonio, que el cuerpo por tanto es malo, y que el alma es buena.

Es pues una forma de gnosticismo dualista, es decir, que separa alma y cuerpo en dos realides antagónicas, una pura y otra impura, de forma que todo lo creado es malo para la perfección, y que la perfección es sólo para un grupo selecto de iniciados que son puros por la moral que llevan.

Como ves, hay escrúpulos y hay puritanismo, y soberbia gnóstica, resurgida ahora con la new age.

Alonso Gracián dijo...

Pues bien, en todo gnosticismo, aun anterior a los cátaros, hay catarismo:

en pos de una utópica pureza se desprecia lo material, lo visible, lo corpóreo...la Encarnación misma es despreciada. La Creación es obra del mal, y nada creado puede servier a Dios, sólo lo espiritual puede servir a Dios.

Los espirituales, pues, que renuncian a comer carne, alcohol, y que se matan con técnicas de evasión y des-ligación de lo visible son los puros, los verdaderos creyentes, los perfectos.

¿No te recuerda esto a esa forma de gnosticismo que es el yoga? Efectivamente, en el yoga hay catarismo, y también sin duda en zen, espiritualidad de la des-materialización. El odio a la sexualidad de los gnósticos, por ejemplo, ¿no es catarismo?

También en el luteranismo hay catarismo. Y en el maniqueísmo. Y en toda forma de nihilismo utópico.

En fin, no sé si la palabra te convence, pero por ahora es lo más aproximado que he encontrado para reflejar esto que estamos hablando.

Un abrazo en el Señor

Alonso Gracián dijo...

En fin, esa idea puritana escrupulosa de la verdad no es sino la tentación gnóstica. Llámese catarismo, gnosticismo, o como quiera que se llame, es la vieja tentación de la soberbia gnóstica

Alonso Gracián dijo...

Sea como sea esos enemigos de que hablas son efectivamente enemigos del conocimiento natural de Dios, que es un preámbulo de fe.

El enemigo de la fe en Cristo, que es el pecado, también se alimenta de esos enemigos.

Pero hay que tener en cuenta que lo contrario de la fe no es la increencia o actitudes equivocadas hacia la verdad, sino el pecado, como nos enseña la Escritura en múltiples pasajes.


Esas actitudes equivocadas hacia la verdad que tan bien analizas, se refieren más bien al conocimiento natural de Dios, a la Ley natural, que conlleva el conocer y amar naturalmente a Dios


Bueno, no sé si te estoy ayudando con estas reflexiones o más bien liándolo más.

Longinos dijo...

Alonso, veo que has entendido perfectamente lo que trataba de decir. "Catarismo" está muy bien para expresar eso, por eso mismo utilicé la palabra "puritanismo", con el inconveniente de que esa palabra ya tiene un significado y yo la utilicé con otro distinto, lo que no es buena idea.

Alonso Gracián dijo...

Creo que esto del catarismo está resurgiendo por la new age, como se ve en películas en que los personajes de ""espiritualidad superior" son personas con poderes paranormales, superhombres, fenómenos, brujos y magos extraordinarios que superar la mediocre corporeidad y el orden creado con dotes anti-corpóreos.

Toda alteración mágica del "mediocre" orden natural para aplicarla a individuos superiores procede también, creo yo, de esta tentación gnóstica.

Alonso Gracián dijo...

Parece que, por ejemplo para el cine new age, una persona especial ha de tener poderes que haga de su mediocre corporeidad algo superior (ejemplo, la película Matilda, etc., etc)

Tal vez la magia y el esoterismo tengan que ver con todo esto. la persona superior es capaz de superar su limitado y vulgar cuerpo y su capacidad sensorial.

Eso que decías tan acertadamente de lo escrupuloso etc., tiene que ver con lo inciático. Sólo el iniciado es digno de conocer a Dios, alguien normal no tiene conocimiento natural de Dios ni es digno para ser hijo de Dios por la fe.

¿Cómo un nombre normal va a tener la verdad absoluta? hace falta ser un inciado, un superior, un mago que domina con su logos propio el mundo creado a su antojo. El hombre por encima de la ley natural de la creación.

Alonso Gracián dijo...

En fin, el tema da para mucho, pues hay muchas derivaciones principales y secundarias que brotan de él.

Longinos dijo...

Alonso, no es ya que el catarismo esté extendiéndose por el New Age, es que el catarismo afecta al 99% de las personas, en una penetración lenta que viene de siglos.

¿Qué te parece la idea de que cómo un hombre pecador va a ser el vicario de Cristo, su autoridad sobre la tierra? ¿O de que cómo la Eucaristía va a ser verdaderamente el Cuerpo de Cristo? ¿O de que cómo va a actuar verdaderamente Dios en los sacramentos? Todo eso, que ya está en el protestantismo, como también tú antes viste muy bien, es catarismo puro. En cambio, el catolicismo es el antídoto contra el catarismo.

Actitudes que han llegado a parecer propias del carácter latino o griego y su aceptación del misterio y de la miseria humana, son en realidad virtudes católicas o que subsisten en las iglesias "ortodoxas", por oposición a lo que pasa en el norte protestante. El catarismo ni siquiera acepta una verdad no completamente aprehensible por el hombre, por eso rechaza el misterio. Efectivamente, el catarismo propugna un super-hombre con dominio sobre sí mismo y sobre todo, que coincide perfectamente con el Anticristo de la doctrina católica: una impostura religiosa que hace del hombre el único dominador y autor de su destino. Y el catarismo en estado casi puro es el budismo. Una mentalidad cátara contacta inmediatamente con el budismo. En cambio, para el carácter que solemos denominar "latino" -que es en realidad, católico- el budismo es insoportable.

Nosotros también buscamos la perfección, pero nos sabemos pecadores y necesitados de la gracia, y sabemos que el Señor ha condescendido a ser llevado por nosotros, en nuestras vasijas de barro. Sabemos que sólo en Él está nuestra salvación, no en nosotros.

Alonso Gracián dijo...

Sí, es como dices. Es una perversión del concepto de perfección, una pseudoperfección, un angel de luz de perfección, que ya sabemos de dónde viene.

El catolicismo, sin duda, un antídoto contra esa falsedad, como bien dices.

Longinos dijo...

Claro, que cuando digo que afecta al 99% de las personas, me refiero a los que no están en la Iglesia Católica.

Me falta responderte a lo de los enemigos, la creencia y la fe. Me está haciendo meditar mucho, porque veo que tienes razón, y que eso no puede quedar así, como si estuviera diciendo que si uno actúa bien, "alcanzará" la fe, porque no es así.

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