viernes, 14 de octubre de 2011

María y el misterio de la fe

RESPUESTA A PREGUNTAS Y COMENTARIOS DE LECTORES, HERMANOS EN LA FE

  Voy a escribir sobre un tema que me maravilla, y es la relación de María con el misterio, y con lo que ella no comprendía de la voluntad de Dios. Toda su vida fue una relación íntima con el Misterio de Dios: ¡le llevó en su seno, le amamantó, se desveló por Él, sufrió con Él y su alma se alegró en Él...! Nadie como María ha vivido tan asociada al Misterio de Dios.

 Y el caso es que María no podía comprender los misterios, porque tenía las limitaciones propias de la mente humana. Y un misterio es precisamente aquello que no comprendemos porque excede nuestra capacidad. María no podía.

 Y no sólo no podía comprender el misterio, sino que había cosas que no excedían a nuestra capacidad, que ella tampoco comprendía, al menos al principio. No comprende cómo puede nacer de ella un hijo sin conocer varón -y por eso lo pregunta- y, sobre todo, el gran episodio que nos muestra qué hace María con lo que no comprende es el de la pérdida y encuentro del Niño Jesús en el Templo, que podemos leer en el segundo capítulo de Lucas, 41-ss.

 En ese episodio, María sabe que Jesús es Hijo de Dios, y sabe que Él no haría nunca nada malo. Y sin embargo, ve ante sus ojos una conducta para la que no encuentra justificación; no la entiende: les ha dejado marchar y se ha quedado hablando con los doctores del Templo, postergando en su consideración el hecho de lo mal que lo estarían pasando sus padres. Para ella y para San José, es algo incomprensible. Ella le pregunta: "Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo andábamos buscándote..." Y Jesús les dice que antes que ninguna otra consideración estaba la voluntad de su Padre. El propio Evangelio dice que María y José no comprendieron, pero que "María guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón" (v .41). Esta frase es para imitarla, con la gracia de Dios.

 María no rechaza lo que no entiende de la voluntad de Dios: confía en Él. Tampoco pasa por alto lo que no entiende, no lo esquiva, no lo borra de su recuerdo, sino que lo guarda en su corazón como el más precisado tesoro. Realmente, lo que viniendo de Dios, nos contradice, es lo que más nos hace crecer, porque nos abre los ojos a algo que antes no veíamos. Así, el misterio puede actuar en el corazón de María. Lo que no entendemos podemos asumirlo, aceptarlo con confianza, contemplarlo, meditarlo, que es saborearlo una y otra vez con el Señor. Así, nos sirve para crecer espiritualmente. María no podía purificarse, pues ya era purísima, pero sí podía crecer, ir avanzando en la asimilación de la voluntad de Dios, de sus caminos, que no son nuestros caminos.

 Contemplando la extraña enseñanza que recibió en el Templo, María experimentó aún más la confianza en la voluntad de Dios, aun cuando, a veces, ésta lleva aparejado el sufrimiento para nosotros.

No era la primera vez que María tenía que ir creciendo en la experimentación de la confianza y obediencia a Dios. Para empezar, la ignorancia de José sobre cómo había sido su embarazo ya la tuvo que poner a prueba, seguramente. Dios, que le había comunicado a ella la Encarnación, tardó, por motivos desconocidos, en mostrársela a José, de modo que ella probablemente tuvo que hacer un ejercicio de confianza en la voluntad de Dios. Cuando se aproxima el parto del Hijo de Dios, tiene que salir de su casa y de su familia: otro ejercicio de confianza. ¿Pero acaso les preparaba un palacio el Padre? ¡Ni siquiera lo que a ninguna otra parturienta se le negaría, un sitio en la posada, se le alquila para que nazca el Creador del mundo! Y nace en una cueva, y por trono tiene el pesebre donde comen los animales... María tuvo que aprender, y mucho, a confiar en Dios y a sufrir sin saber por qué, pero sabiendo que se cumplía la voluntad de Dios.

 Creo que el episodio donde mejor se aprecia este aprendizaje de la confianza, como antes he comentado, es en el Templo. Aquí, María sigue aprendiendo, o mejor dicho, experimentando, que hay algo más importante que ninguna otra cosa, algo más importante que evitar el sufrimiento, y es hacer la voluntad del Padre, se entienda ésta o no, lleve aparejado el sufrimiento para nosotros, o no. Y fíjémonos también en el paralelismo entre el episodio del Templo, donde Jesús aparece al cabo de tres días de búsqueda angustiosa, y la Muerte y Resurrección de Jesús. El Templo parece una preparación para lo que va a pasar en la Muerte: Jesús va a "aparecer" resucitado al tercer día.

 Ahora vamos al Calvario: María, como nosotros, no entiende por qué Jesús tiene que sufrir todo aquello, y por añadidura, por qué ella tiene que sufrirlo. Pero sabe que Jesús ha venido para hacer la voluntad de su Padre por encima de todo, y ella confía y obedece. Se une a su hijo en el dolor, sabiendo que esa es la voluntad de Padre, y así su dolor, unido a Cristo, beneficia a la Iglesia, como dijo San Pablo a los Colosenses (1,24): "completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia". Basta eso. María no necesitaba saber nada más que el hecho de que se estaba cumpliendo la voluntad del Padre para hacer lo que hizo: obedecerle. ¿Cómo? Aceptando aquel sufrimiento, como había aprendido a hacerlo durante toda su vida.

 Y cabe preguntarnos: ¿sabía María algo más? ¿Sabía que ese sufrimiento de Cristo era nuestra salvación? Saber esa verdad revelada no es un misterio, lo que es un misterio es comprenderla. Nosotros decimos bien que ese fue el pago por nuestros pecados, pero con eso no llegamos a comprender completamente el misterio, apenas lo arañamos. Por eso hay personas que, queriéndolo entender todo, dicen cosas como "yo no lo entiendo, eso no puede ser así, ¿cómo va el Padre bueno a querer ese pago terrible de su Hijo, qué Padre es ese?" Es porque creen que pueden asimilar todo el misterio, y piensan que lo que ellos no entienden, es porque no es así. No es que el Padre quisiera ver sufrir a su Hijo, pero sí es verdad que Cristo pagó por nuestros pecados, que su muerte y resurrección nos mereció la vida que teníamos perdida, y que se sometió a la cruz por propia voluntad, en obediencia a la voluntad del Padre. La gracia de Dios nos mueve a acoger en nuestro corazón el misterio, como María, sin sacar conclusiones erróneas de todo, aceptándolo completamente, aunque no podamos comprenderlo completamente.

Es muy posible que María sí conociera y aceptara en su corazón el misterio de la Redención, es decir, que Jesús, por su muerte y resurrección, estaba rescatando a todos los hombres del pecado y de la muerte, porque todo eso estaba profetizado en las Escrituras de Israel. De hecho, cuando Jesús les explica en la Escrituras a los de Emaús que el Mesías tenía que morir y resucitar al tercer día, les dice, porque no lo habían entendido: "Necios y torpes de corazón para entender lo que anunciaron los profetas" (Lc 24,25). Como María no era ni necia ni torpe de corazón, sino que era la "llena de gracia" (Lc 1, 28), es esperable que sí supiera estas cosas. Es decir, sabía que el Mesías había venido a sufrir, a morir y a resucitar al tercer día. ¿Sabía para qué era todo eso? Pues eso también estaba profetizado, por ejemplo en Isaías y en los salmos, hasta los detalles. Dice Isaías 53,5-ss del Siervo de Yahvé: "Él soportó el castigo que nos trae la paz, por sus heridas hemos sido curados". El mismo Juan Bautista pudo profetizar señalando a Jesús (Juan 1, 29) como "Éste es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo". De hecho, todos los sacrificios de animales en Israel eran un anticipo que tomaba su validez del único Cordero que sí quita los pecados, Jesús mismo.

 Quiero decir que, aunque no sería necesario que María supiera todo esto para sufrir aceptando la voluntad de Dios, es posible y casi seguro me parece, que María sabía que Jesús, Hijo de Dios, el Mesías esperado, el Cordero de Dios, tenía que padecer, morir y resucitar al tercer día, y que su sacrificio era la salud y la salvación de todos los hombres, incluyendo la suya propia (de María), pues no olvidemos que María fue salvada preventivamente por los méritos de Cristo, no por los suyos propios. No llegó a ser tocada por el pecado porque los méritos de Cristo la preservaron de ello. Nosotros somos curados por Cristo, salvados curativamente; María fue salvada preventivamente. Por eso, ella también puede decir, como nosotros: "Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador" (Lc 1, 46-47).

 Creo que esta interpretación de cómo María se unió al sufrimiento de su Hijo aceptando la voluntad del Padre y obedeciendo, está en sintonía con lo que de María dicen los Padres de la Iglesia, santos teólogos y doctores como San Roberto Belarmino. Y mucho de esto se puede ver también en la encíclica Redemptoris Mater de Juan Pablo II.

 Y no me puedo resistir a señalar otro detalle: ¿qué dice Jesús cuando alguien alaba a su madre por haberle dado a luz y criado a sus pechos? Dice: "di mejor: bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen" (Lc 11, 27-ss). ¿Estaba Jesús quitando el elogio a su propia madre, como interpretan algunos que no escuchan al Espíritu Santo? No, porque Jesús era fiel cumplidor de la Ley, que dice: "honrarás a tu padre y a tu madre", y habría sido un desagradecimiento no reconocer, al menos, que ella le había llevado en su vientre y críado a sus pechos. Es más, lo que hace Jesús es realmente honrar a su madre por algo superior por lo que debe ser honrada: no sólo por haber sido elegida para llevarle en su vientre, sino porque ella misma ha aceptado esa elección con su voluntad, conociendo la voluntad de Dios y aceptándola en su corazón. Como hizo al decir: "he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). Como hizo en el Templo, anticipo de la cruz. Y como hizo hasta la cruz, y después, escuchando y obedeciendo en su corazón, aceptando la voluntad del Padre, unida a su hijo Jesucristo, sufriendo en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia.

Por tanto, estimado lector, si para ti -lo mismo que para mí- el sufrimiento y la Redención son un misterio, creo que es buena cosa. Si los entendiéramos, entonces nos estaríamos equivocando. Muchos pretenden entenderlos y se lían, porque la Redención es un misterio que, como María, necesitamos guardar y meditar en nuestro corazón. Fíjate cómo hoy muchos quieren entenderlos completamente para explicárselos a otros y empiezan a sacar conclusiones raras, y como no les cuadran con el amor de Dios, rechazan la propia idea de la Redención y de nuestra participación en ella por la cruz. Por eso, la actitud correcta, a la que nos mueve el Espíritu Santo, es la de María: tomar el misterio como misterio. Esto significa creerlo, aceptarlo, contemplarlo, meditarlo, saborearlo y dejar que, desde nuestro corazón, sea luz para nuestra vida. Eso es la fe.

"Dichosa tú que has creído" (Lc 1, 45)

¡Gloria a Dios!

9 comentarios:

George dijo...

Mi buen hermano Longinos puedo percibir que Nuestra Santísima La Virgen María te tiene entre sus brazos bien protegido con SU AMOR MATERNAL que demuestra a su hijo…..

Digamos que a veces mi comportamiento es algo “macho” o “dominante” contra las mujeres pero sin llegarlas agredir, pero sí hay alguna mujer a la cual me humillo y me hinco hacia ella es obviamente a Nuestra Madre María, solamente por ese amor y fidelidad de Madre y Mujer que es para Cristo-Rey y a todos nosotros.

Como buenos católicos sabemos que a María se le AMA, y a Cristo se le ADORA.

Felicidades por este post de María!!

Cambiando de tema, estoy en una encrucijada con el tema de la Salvación, que sí es solo por fe, o fe + obras…..

Hay versículos que defienden que tener fe es suficiente, haciendo a un lado las obras para la Salvación, como este versículo lo presenta:

Ef 2: 8-9….Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;no por obras, para que nadie se gloríe.

Longinos, pero ¿a qué obras se refiere que “NO” es necesario para la Salvación, para que nadie se gloríe? …… DAME ALGUNOS EJEMPLOS.

Mas sin embargo Las Escrituras nos muestra otros versículos donde nos dice que la fe no es suficiente para la Salvación, que con ella debe ir acompañada las obras, ya que una fe sin obras , es una fe muerta…. Este versículo nos dice:

Vosotros, veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta”. (Santiago 2: 24, 26).


Por igual el mismo San Pablo, nos exhorta a esforzarnos para ganar la salvación (1 Corintios 6:9; Gálatas 5:14; 1 Corintios 9:24).

Entre otros versículos que podemos encontrar en Las Escrituras que apoyan que la “fe” debe estar acompañada con obras para la “Salvación”.

¿pero de qué “obras” se está hablando que debe ir
unido con la “fe” para la Salvación? Yo entiendo lo siguiente lo que nos transmite el gran teólogo y ahora Nuestro Papa “Benedicto XVI”: La expresión "sola fide" de Lutero es cierta si no se opone la fe a la caridad, al amor.

¿y qué obras de caridad(amor) nos quiere transmitir, dar a entender Benedicto XVI, que no se oponga la “fe” a “ellas”??... yo entiendo esto otro pasaje que nos muestra Las Escrituras:

Mateo 25: 31-46.

Para finalizar Longinos, a qué conclusión podemos llegar para La Salvación….. ya que un versículo nos dice que por “gracia” por “fe” somos salvos y “NO” por obras para no vanagloriarnos, pero por otro lado vemos que las “obras” son necesarias para La Salvación unidas a la par con la “fe”……

entonces qué podemos deducir de todo esto para LA SALVACIÓN.

Que el amor de María nos fortalezca la fe en CRISTO.

Longinos dijo...

Hola, george, muchísimas gracias por leer mis entradas "con tan buenos ojos", con tan buena voluntad. Sobre lo que dices de tu actitud con las mujeres, creo que esa es una insidia del demonio que nos persigue a los hombres, y contra la que tenemos que luchar mucho, o nos lleva a su terreno. Me refiero a no reconocer la igual dignidad de la mujer y el hombre y el respeto enorme que debemos tener a las mujeres, tan imagen de Dios como nosotros. Muchas veces, detrás de nuestro orgullo ante las mujeres, se huele el azufre de Satanás. Por eso, este enemigo nuestro, a quien menos soporta es a la Virgen María. Con ese orgullo, él trata de dividir el matrimonio y la familia, y muchas veces lo consigue. Y por eso los hombres necesitamos especialmente esa devoción de hijos a la Virgen, y que ella nos ayude y acompañe para no menospreciar jamás a nuestras hermanas, sin que eso signifique ni tenga nada que ver con renunciar a nuestra especificidad masculina. Realmente, en el plan de Dios, ser machista es perder masculinidad, virilidad. El machista es, en el fondo, uno que no da la talla de hombre y necesita autoafirmarse como superior a la mujer. El machismo es un invento del demonio, que nos tienta continuamente, alimentando nuestro orgullo (el pecado satánico por excelencia).

Lo mismo que otro invento del demonio es querer decir que hombre y mujer son iguales en todo. No: somos iguales en dignidad, pero diferentes y complementarios en casi todo. Y lo mismo que hay que luchar contra el machismo, hay que luchar por la dignidad del sexo masculino, que hoy día está pisoteada, y por la dignidad de la imagen del padre, continuamente menospreciada. Parece como si el rechazo del machismo que ha contaminado la historia y el presente diera derecho a decir que el hombre es una especie de aborto, y el padre no es más que un colaborador biológico del que se puede prescindir. Bueno, no me enrollo más con esto, pero daría para mucho. Luego te contesto a lo otro.

Longinos dijo...

Sobre la salvación, la fe y las obras... ¡qué acertado estás, George! ¡Qué bien has citado las Escrituras, para ver que en unas nos hablan de que sólo la fe nos da la salvación, y en otras nos dice que sin obras no nos podemos salvar, y que todas son verdad! ¡Y qué adecuada la cita de Mateo 25, como ejemplo de los frutos que nos pide Jesús!

Aquí un inciso: nosotros sabemos que la Tradición escrita (la Biblia) no es la única fuente por la que nos llega la Revelación, sino que también nos llega por la Tradición vivida, oral, de la Iglesia, mantenida por el Espíritu Santo de generación en generación. Esto lo aclara magníficamente el Concilio Vaticano II en el documento "Dei Verbum" (Palabra de Dios). Por eso nosotros bautizamos a los niños, aunque eso no se explicite en la Biblia: es una Tradición auténtica de la Iglesia.

Y otra cosa importante es cómo se interpreta esa Palabra de Dios. ¿Cómo se interpretan esos pasajes aparentemente difíciles que tu citas, por ejemplo, que a algunos les parecen contradictorios? Pues se interpretan con el mismo Espíritu Santo que nos los dio, y es el Espíritu que asiste a la Iglesia en su enseñanza. Es decir, se interpretan con la enseñanza de la Iglesia, que es la "columna y fundamento de la verdad" (1 Tim 3,15). La Iglesia es la que ha determinado la Biblia, la que señala lo que es Tradición (diferente de las tradiciones humanas), y la que nos enseña a interpretar la Palabra de Dios que ambas nos muestran. A esta eseñanza se le llama "Magisterio de la Iglesia", actúa asistido por el Espíritu Santo, y es nuestra guía para entender auténticamente a Jesús (Dei Verbum 10, Concilio Vaticano II).

Ahora sigo contestándote a la pregunta concreta.

Longinos dijo...

Ahora, te contestaré a lo de la salvación, la fe y las obras, dentro de la doctrina que nos enseña la Iglesia, nuestra Madre y Maestra.

¿Qué es lo fundamental que nos enseña el Señor sobre la salvación? Que es por GRACIA. Nosotros, por nosotros mismos, no podíamos ganarnos la salvación de ninguna forma. Jesús se hizo hombre, tomó sobre sus hombros nuestra condena, nuestro pecado, y lo sufrió hasta la muerte de cruz en sacrificio expiatorio al Padre, pagando una deuda impagable para nosotros. Con eso, ganó para nosotros la gracia de la salvación.

¿Cómo recibimos esa salvación? Mediante la fe y en el bautismo. Recuerda: "Quien crea y se bautice, se salvará" (Mc 16,9-10).

Fíjate lo que les pasó a los Corintios (y así entenderás lo que les dice Pablo, en la cita que refieres, en que habla de que no fueron salvados por su obras, para que nadie se gloríe). ellos estaban en Corinto, sumidos en sus perversiones y maldades. y sin más méritos que sus pecados, llega un señor de fuera que les revela los secretos del Reino y les ofrece la salvación del Dios vivo, ganada por Cristo en la cruz. ¿Qué méritos tenían ellos? Ninguno, tenían méritios de sobra para arder en el infierno. Pablo les habla de Cristo, ellos le acptan como Señor y Salvador MEDIANTE LA FE, y son SALVOS, ¡gratis! Inmerecidamente. Eso es lo que ha hecho el Señor contigo y conmigo. Nosotros sólo hemos tenido que aceptarlo, y ni siquiera nosotros solos, sino que le hemos aceptado movidos por la gracia que Dios nos ha dado sin merecerla.

Hasta aquí parece claro. Pero entonces, ¿qué pasa con las obras? Pues que la fe no es algo sólo de un momento, sino que hay que mantenerla día a día. Con la fe, Dios nos ha dado también la esperanza y el AMOR. Y esa fe viva nos mueve inmediatamente a hacer obras de amor a Dios y a los hombres. Si nosotros, que hemos recibido la salvación gratuita mediante la fe viva, nos negamos a hacer esas obras de amor a las que nos mueve la fe viva, estamos expulsando de nosotros al Espíritu Santo que hemos recibido, y perdemos la salvación que gratuitamente hemos recibido. Por eso Jesús nos habla tanto y tantas veces de la necesidad de PERSEVERAR. Por eso Santiago, en su carta, nos dice que la fe sin obras está muerta, y ya no es fe que salva.

Y fíjate, ni siquiera podemos realizar esas obras de perseverancia en el amor por nosotros mismos. Por eso en el "Padre nuestro", rezamos: "no nos dejes caer en la tentación". Obviamente, si Jesús insistió tanto en que orásemos para no caer en tentación, es por dos cosas:

1. ¡Porque podemos caer, evidentemente! (Esto está clarísimo, pero los protestantes no lo entienden, porque en este punto siguen a Lutero, no a Cristo).

2. Porque no podemos evitar la tentación sin la ayiuda de la gracia, que recibimos de Dios, y necesitamos pedírsela continuamente, reconociendo que la perseverancia es también un don que recibimos de Él.

Por eso, es verdad que la salvación la hemos recibido mediante la fe y en el bautismo (como dice la Declaración de fe conjunta entre luteranos y católicos), y también es verdad que, si no perseveramos en la fe viva, que recibinmso inmerecidamente y que nos mueve a obrar por el amor, podemos perder esa salvación que hemos recibido.

Ahora sigo...

Longinos dijo...

¿Y cuáles son las obras que hacemos por esa fe viva, que nos mueve a obrar por el amor? ¿Y cuáles, si no las hacemos, movidos por la gracia, si ampesar de la gracia las rechazamos, nos hacen perder la salvación que hemos recibido gratuitamente?

Pues cuando hablamos de obras nos referimos a hacer lo que Jesús hizo. Una buena síntesis está en los Diez Mandamientos, que puedes encontrar explicados en el Catecismo, y que van más allá de la ley que Dios dio a Moisés en el Sinaí, ya que Jesús vino a llevar esa ley a plenitud en Sí Mismo. Y a esa perfección nos llama a nosotros: "Sed perfectos, como Dios vuestro Padre es perfecto" (Mateo 5, 48).

Ahora sigo, a riesgo de ser pesadísimo...

Longinos dijo...

Pero no todos los pecados nos apartan completamente de Dios. No es lo mismo matar a un hombre que no preocuparse de devolver un libro que te han prestado (perdón, Alonso, tengo unos cuantos tuyos).

Por eso la Iglesia nos enseña a distinguir entre pecados mortales y veniales. Los mortales son los que son tan graves, que nos apartan completamente de Dios, que expulsan de nosotros al Espíritu Santo. Puede que mantengamos la fe, pero es una fe muerta; creemos en Dios, pero es como si no creyéramos, porque lo negamos con nuestra vida.

Además, para cometer un pecado mortal hay que hacerlo sabiendo que está mal (a eso se le llama "advertencia plena"), y voluntariamente ("consentimiento pleno"). Así que, si yo cometo un pecado:

1. Con materia grave (blasfemar, no santificar las fiestas, matar o no auxiliar a alguien en grave peligro, cometer adulterio, fornicación, pegar a mi mujer, enseñar cosas malas a los niños, etc.)

2. Voluntariamente

3. Y sabiendo que está mal lo que hago.

Entonces estoy despreciando con mi vida la salvación que he recibido, estoy resistiéndome a la gracia de Dios. Si me arrepiento y pido perdón al Señor, Él me perdona -de nuevo inmerecidamente, por la gracia de Cristo- y recupero la salvación.

Entonces, ¿podemos pecar libremente si no son pecados mortales? No, porque estamos resistiendo a la gracia, y acaberemos despreciándola completamente y cayendo. Todo lo contrario: tenemos que decir continuamente sí a la gracia de Dios, aceptando su imulso para hacer obras buenas, para evitar el mal, y pidiéndole continuamente el don de la perseverancia, no caer en tentación.

Bueno, perdona el rollo. Esto que te he explicado con mis propias palabras y a bote pronto, está mucho mejor explicado en el Catecismo. Te lo recomiendo, porque es la forma de conocer la enseñanza de la Iglesia, su Magisterio, que nos ayuda a interpretar la Biblia y la Tradición.

Un abrazo en Cristo y muchas bendiciones. Muchas gracias por tus bellas palabras sobre la Virgen a quien amamos, no adoramos.

George dijo...

Longinos

No sabes cuánto aprendo en los post que realizas(a pesar que tengo poco en visitar tu blog), como en tus respuestas de mis cuestionamientos por igual.

Es muy gratificante para mí que te hayas tomado el tiempo de hablar concretamente del tema del “machismo”, es muy cierto lo que dices que el “machismo” no es cosa de Dios, si no del mismo Satán; es no estar al nivel con las mujeres, es carencia de ser un hombre hecho y derecho…… y pues admito este error que cometo algunas veces con las mujeres, ¡GRACIAS A DIOS NUNCA HE GOLPEADO A UNA MUJER!, pero mi actitud con las mujeres sí ha sido reprobable.

Por eso Longinos como bien comentas me tengo que acercar a Nuestra Santísima Madre LA VIRGEN MARÍA, para enfocar mis oraciones a ella para que me ayude a controlar mi comportamiento con las mujeres, y sobre todo ser más humano con ellas, llámese mi hermana, abuela materna , mi madre biológica y amigas(por que soy soltero).

SIGO….

George dijo...

Con el tema de la Salvación, la explicación que diste me quedó como “anillo al dedo”.

En primer lugar para alcanzar la Salvación, es tener “FE” en Cristo , esto por “gracia”, por la Redención de los pecados de la humanidad que pagó inmerecidamente Cristo en la Cruz…. AH CLARO! el BAUTISMO que nos hace hijos de Dios, nacer espiritualmente, eliminando el pecado original.

2) Esa “FE” en Cristo una vez obtenida por “gracia” hay que alimentarla, ” perseverar” como dirías Longinos …… ¿cómo? Pues con obras de caridad, o sea “de amor” “A DIOS”.

3) Aun así teniendo “FE” + “OBRAS” para obtener la Salvación, el hombre puede caer en la tentación y perder la Salvación por que somos seres humanos; y como bien dices, y copio
textualmente lo que escribiste: “Si me arrepiento y pido perdón al Señor, Él me perdona -de nuevo inmerecidamente, por la gracia de Cristo- y recupero la salvación”.

POR ESO ANTE LA TENTACIÓN, HAY QUE PEDIR AL ESPÍRITU SANTO QUE NOS FORTALEZCA “EN EL DON DE LA PERSEVERANCIA”.

Muchas gracias Longinos por tu respuesta…..

Bendiciones en Cristo y María.

Longinos dijo...

Muchas gracias a ti, George, creo que lo has entendido muy bien. La enseñanza de la Iglesia nos ayuda a entender con sencillez aquello que hace liarse a otros, que intentan entenderlo todo solos, sin contar con la ayuda que Cristo nos dejó: ¡la Iglesia!

Que el Señor te bendiga!

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