domingo, 29 de enero de 2012

Defensa de la Iglesia


     Hoy he estado charlando en facebook con una chica que, desde la falta de fe en Cristo como Dios y Señor, criticaba a la Iglesia por cercanía a los poderosos, escasa lucha contra la pobreza, etc. Pongo aquí lo que le he contestado, porque al releerlo me ha parecido que estaba medio bien, y para que no se me pierda, por si le sirve a alguien.

   Empecemos por ser críticos con nosotros mismos, para que no nos pase lo de la viga y la mota en el ojo. Yo mismo no soy digno de llamarme cristiano si me comparo con Cristo, como tantos. ¿Quién puede ser digno de eso? Hasta el santo cae siete veces, y siete veces Dios lo levanta, cuánto más nosotros, que estamos tan lejos de parecernos a los santos. 

   ¿Has visto la cantidad de obras sociales que tiene la Iglesia? Comedores para pobres, casas de acogida para niños abandonados, para ex-prostitutas, para chicas que las echan de casa por quedarse embarazadas, para ex-drogadictos y ex-presos, colegios, centros de salud y comedores en el Tercer Mundo, casas de acogida para niños de la calle, para enfermos de SIDA, centros para ancianos pobres... todo eso es la Iglesia. 

   Y no podemos ser todos misioneros o monjas de la caridad, o voluntarios de Cáritas. La Iglesia les necesita a ellos, y necesita a los obispos, y al Papa, necesita quienes nos guíen en la verdadera fe de Cristo -según Él dejó encargado y nos fue revelado por el Espíritu Santo- y necesita a quienes nos den los sacramentos, y necesita familias cristianas, y quien ore por todos en los conventos de clausura, y hasta quien pida milagros en el Nombre de Cristo, como Él nos dijo (Juan 14,13) . 

   Claro, que no todos somos fieles; habrá "Judas", y habrá muchos que no llegamos a estar a la altura, pero eso no debe escandalizarnos; más bien piensa que, gracias a que la Iglesia no es un club de santos, sino un hospital de pecadores, aquí hay sitio para nosotros. 

   La Iglesia acoge a todos, pero lo que la Iglesia nunca va hacer, aunque le haría ganar muchos aplausos, es decir que todo está bien, porque Jesús no lo dijo. Jesús vino a salvar a los pecadores, pero no a decirles que siguieran pecando, que daba igual. A la samaritana, en el pozo, le recordó su vida desordenada (no para humillarla, sino para que se convirtiera y cambiara), y a la adúltera, después de salvarla de las pedradas, le dijo: "anda, vete y no peques más". Al joven rico le dijo: "una cosa te falta, vende todo lo que tienes...". A los casados les dijo que no les era lícito repudiar a su mujer, y a todos, que ni siquiera era lícito mirar a una mujer casada, deseándola. Habló de lo que ensucia al hombre, que es lo que sale de su corazón, y mencionó: homicidios, adulterios, robos, fornicaciones, blasfemias... 

   Por eso molestaba. Por eso, hasta muchos de sus discípulos le abandonaron. Pero cuando a Pedro y los otros les dijo "¿también vosotros queréis marcharos?" Ellos le contestaron: "¿A quién iremos, Señor? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna?" (Juan 6,68). 

    Muchos, abandonamos la Iglesia cuando éramos jóvenes (luego, algunos hemos vuelto). Creo que cada uno puede buscarse algunas razones y echarle la culpa a la Iglesia o a quien quiera, pero generalmente esas son razones a posteriori, cuando ya uno ha dejado morir la fe en su corazón. La razón fundamental de que nos fuéramos tantos, creo yo, es que somos una sociedad de ricos (no ya en dinero, sino en muchas otras cosas), y no queremos que nadie nos aparte de ellas, y cuando Cristo, por boca de la Iglesia, nos dice como al joven rico "una cosa te falta...", nosotros optamos por dar media vuelta poniendo alguna de las mil excusas posibles. Y es que "es más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja, a que entre un rico en el Reino de los Cielos" (Mt 19,24).  

   El "no" a la Iglesia es, la mayoría de las veces, un "no" a Cristo que nos habla por medio de ella.

1 comentario:

Alonso Gracián dijo...

Ciertamente, lo mismo es el rechazo a Cristo que el rechazo a su Cuerpo.

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