domingo, 12 de febrero de 2012

Murió como vivió: por el amor de Cristo

Este es Pedro Manuel, hermano de nuestra Diócesis de Cádiz, que murió esta pasada semana en Ecuador, cerca de la misión de Quinindé, donde dirigía una casa-escuela. Murió por salvar a siete niños, que jugaban en la playa cuando les alcanzó una gran ola que les arrastraba mar adentro. Se echó al agua y los fue sacando poco a poco y, al salvar a los dos últimos, cayó agotado y muerto.

El hermano Pedro ha dado su vida a los 43 años, tras muchos años de trabajo escondido por los demás, por los más pequeños, como hacen tantas personas de los Hogares de Nazaret. No hablo de oídas, sino de lo que he visto con mis propios ojos. Aquí en Chiclana, los Hogares de Nazaret tienen dos casas para niños que quedan abandonados, donde se les trata con el amor que tantas veces les ha faltado. No es fácil: hay que ver cómo llegan muchas veces estos niños, después de las experiencias que han vivido. Aquí conocimos a un matrimonio de nuestra edad que acoge en su casa a cinco de estos niños, para cuidarles como si fueran sus propios hijos, hasta que una familia les acoja o adopte. Podemos decir que ahí hemos visto el amor de Cristo.

Pedro, de Chiclana, había consagrado su vida a Cristo en los niños pobres y abandonados. Dicen los que convivieron con él que era una persona discreta, que no le gustaba destacar, que era abnegado, trabajador, obediente, entregado a su labor en lo oculto; tanto, que les ha costado trabajo encontrar una foto suya, que es la que encabeza este artículo.

La historia de Pedro debería contarse el domingo en todas las parroquias de nuestra diócesis, para movernos a todos a seguir la voluntad de Dios como él, llevando a los demás el amor de Cristo, cada uno según su carisma y su vocación. Que el Padre le reciba en su misericordia y que ayude a los Hogares de Nazaret, esa maravillosa rama del árbol de la Iglesia que tenemos tan cerquita, aquí en Chiclana. Os queremos, hermanos. ¡Gloria a Dios!

Entonces dirá el rey a los de su derecha:
        «Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme».
Entonces los justos le contestarán:
        «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»
Y el rey les dirá:
        «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis».
Mateo 25, 34-40

4 comentarios:

Galdius dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Longinos dijo...

¡Muchas gracias, Galdius! Un abrazo

Maria del Rayo dijo...

Un gran hombre de Dios sin duda.
Estos ejemplos me animan a seguir en algunas cosas.
Gracias.
DTB!!

Longinos dijo...

Galdius había escrito: "Hola. He llegado a tu blog a través de un comentario que pusiste en otro blog llamado *********. Quisiera agradecerte tus comentarios en dicho blog, ya que he llegado a pensar que lo escrito tenía parte de razón. Un saludo".

Perdona, Galdius, he quitado el nombre del blog porque es un blog ateo espantoso. Empezó como dialogante pero tardó hora y media en mostrar las más terribles e insultantes blasfemias en sus entradas, como suelen hacer los ateos, mostrando que es incompatible negar a Dios y aceptar al hombre. Por eso dejé de escribir en él. Se descalifica a sí mismo. Muchas gracias, Galdius, por escribir aquí, vuelve cuando quieras y comenta todo lo que te parezca, venga o no a cuento. Un abrazo en el Señor!

Se ha producido un error en este gadget.