jueves, 10 de mayo de 2012

La Misa, el Rito de Dios - II (a un hermano protestante)


 Hermano, yo creo que el Cuerpo y la Sangre son nuestro Señor, disfrazado de Pan y de Vino. Jesús nos dice en Juan 6 que quien come su carne y bebe su sangre tiene vida eterna. Y no es sólo una enseñanza espiritual, no es sólo una alegoría, aunque también tenga una enseñanza espiritual, porque la Palabra de Cristo es verdadero alimento. Además, tiene sentido corporal, porque, como Él nos dice, su carne es verdadera comida, y su sangre es verdadera bebida. Si fuera sólo un signo, ¿cómo un simple signo iba a añadir nada a la comunión que nos viene de estar habitados por el mismo Espíritu? Porque la comunión en el Espíritu es espiritual, y por eso tú y yo estamos unidos espiritualmente (Dios lo quiera, por su misericordia). Y la comunión en el Cuerpo de Cristo es corporal, y por eso, porque nosotros no comemos del mismo Pan, a pesar de estar unidos espiritualmente, estamos separados corporalmente, lo cual es muestra de enfermedad. Cristo oró al Padre por nuestra salud.

Lo mismo que una mujer y un hombre pueden darse su consentimiento espiritual, pero esa unión espiritual que ya existe no es plena (ni siquiera espiritualmente) hasta que no se unen sus cuerpos y se hacen una sola carne, la unión plena de Cristo y su Iglesia se da en la Eucaristía, y nuestra unión con Cristo se hace plena en la Eucaristía.

O míralo al revés: La unión que Cristo imploró al Padre para su Iglesia, ¿era unidad exclusivamente espiritual, invisible, o era unidad corporal, visible, tangible? ¿Es "sólo" (con ser ya infinita) la unidad espiritual que existe entre los que vivimos en el mismo Espíritu, aunque en Iglesias o comunidades eclesiales distintas, o es también la unidad en un verdadero "Cuerpo", a pesar de sus achaques, enfermedades y heridas? ¡Son las dos cosas! Pues lo mismo que Cristo ha querido que su Unión con la Iglesia sea espiritual y corporal (esto es, esponsal), así ha querido que su unión con nosotros sea también espiritual y corporal, que formemos en Él un sólo Cuerpo Místico. Y místico no significa sólo espiritual; la unión mística es total, porque el hombre es cuerpo y alma, y el cuerpo no es menospreciado por Dios, el cuerpo recibe ya también la primicia de la Resurrección. Si entiendes esto, entenderás muchas cosas que dice San Pablo más plenamente, lo mismo que el que entiende que la salvación es por la gracia que nos vino por Jesucristo, puede leer a San Pablo, y si no, sus cartas están cerradas para él, es como un ciego que no entiende nada.

¡Un abrazo y que Dios te bendiga!

sábado, 5 de mayo de 2012

La Misa, el Rito de Dios (escrito a un hermano protestante)

No hablo ahora de ningún otro ritual; hay rituales absurdos, y otros que son buenos pero prescindibles, y además se deforman. Hablo de la Misa, el centro y meollo de todas las disensiones entre católicos y protestantes, aunque quizá muchos no se den cuenta de eso, pero intuyo que todo parte de ahí (las imágenes, la Virgen, la visibilidad de la Iglesia Una, la Tradición... todo). La forma no sólo no da igual, sino que es fundamental, porque la forma es expresión del fondo, porque somos cuerpo y alma, no somos espíritus puros. No basta con un culto interior e individual a Dios. Es necesaria una expresión material, corporal, pública, del Pueblo de Dios en la fe, que sea expresión visible de la fe, del honor y culto que damos a Dios, al que Dios tiene derecho de nuestra parte, uniéndonos al sacrificio de alabanza de Jesucristo, único sacerdote. Eso es la Misa, y es la fuente y la cumbre de toda la vida cristiana.

La forma sin fondo se deforma, y por eso uno puede asistir a 1000 misas rechazando la gracia que Dios le ofrece y no servirle para nada; es más, quien come del Pan indignamente, se traga su propia condenación (¡así de importante es, más le valdría no comerle!). Pero el fondo sin la forma adecuada se debilita y decae, es como la lámpara que se esconde debajo del celemín, o como la sal que se vuelve sosa, o como un marido que no besa a su mujer. Dios provee individualmente a los que caen en el error de abandonar la Misa sin culpa suya, pero le aman de corazón, haciéndoles partícipes del alguna forma de los bienes de su Mesa (me refiero a los hermanos protestantes que no conocen la Santa Misa). Sin embargo esa es una gran pérdida para ellos y un gran daño (aunque involuntario) a la Iglesia y a la causa del Dios Vivo, y eso es lo que les ocurre a todos nuestros hermanos protestantes.

¡Un abrazo y muchas bendiciones!
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