viernes, 14 de septiembre de 2012

Reiki, espiritismo, adivinación... ¿qué son?

   Me pregunta un amigo sobre cómo hablar a las personas sobre el reiki y  cosas parecidas. A mí me gusta mucho el discernimiento de los tres poderes, que es el que la Iglesia emplea para los casos de apariciones, porque proporciona un argumento muy claro y evidente. Es útil para entender todo lo que tiene que ver con el mundo sobrenatural. Se trata de caer en la cuenta de que cualquier fenómeno aparentemente bueno se debe a uno de estos tres poderes:

1) Puede deberse al poder de Dios. El que actúa en el Señor lo hace abiertamente, en nombre de Jesús y no actúa por su propio poder, habilidad, ni beneficio, sino que todo el mérito lo refiere a Él, dando gratis lo que gratis recibe. Es el caso de la oración para pedir la sanación, que se hace en nombre de Cristo, si es para bien del enfermo y por voluntad de Dios, y se acepta de antemano su santa voluntad, sabiendo que Él nos ama más que nosotros mismos.

2) Puede deberse al poder de los hombres, bien usando la inteligencia que Dios nos ha dado para descubrir y restaurar el orden en su creación (caso de la medicina), o por el engaño, haciendo que aparezca un fenómeno que no es tal. Es el caso de los farsantes, que también hay muchos en todo eso de la sanación, adivinación, etc.

 3) Si no viene por un poder divino ni humano, puede proceder del poder de los demonios, que lo usan siempre para apartarnos de Dios y someternos a su asquerosa dependencia, para esclavizarnos, quitarnos la alegría y la esperaza.

     El segundo punto que es importante decir, con respecto a la sanación, es que "sólo Jesús cura gratis" (esto es muy importante). Jesús cura por amor, y no pide nada. En cambio, el demonio, cura para tenernos cogidos, para quitarnos la libertad. Por eso el reiki, el espiritismo, los videntes, etc., crean una dependencia, de forma que nos dan migajas de curación, al principio incluso cosas muy buenas, pero después nos las van escatimando para que tengamos que seguir dependiendo más de él. Así todo se vuelve ansiedad por hacer tal cosa, buscar esto otro, estar con el alma en vilo, y apartar nuestra seguridad del Señor; así nos quita la paz. El demonio puede "curar", pero nos pasará una factura muchísimo más cara que la dolencia que temporalmente nos evita.

   Puede que esto suene a chino a muchos, pero en poco tiempo podrán darse cuenta de que se cumple todo esto. Por eso le dije a una amiga que estaba yendo a reiki, que "si funcionaba, peor". Porque si no cura, puede ser una mera patochada humana y la cosa es menos grave, pero si cura por medios que no son los propios de la inteligencia humana, y tampoco es de Dios, entonces es el demonio, y la factura la pasará, a menos que le demos de lado y busquemos la protección del Señor.

   Pero para que tengan fuerzas de salir de ahí, es necesario que la persona sea invitada a la alternativa buena, que es poner su esperanza en el Señor, tener trato estrecho con Él, en la adoración a Jesús- Eucaristía, en los sacramentos, recibir de Él esa esperanza y consuelo limpios y gratuitos que sólo Él puede dar, aun en medio del sufrimiento. Rezar por ellos y rezar con ellos, si puede ser, pidiendo su sanación "si es para su bien", y que se haga la voluntad de Dios.

   A estas personas les hacen mucho bien la oraciones carismáticas; rezamos por ellos y les apartamos del de los cuernos. Creo que muchas personas caen en estas cosas porque nosotros nos hemos secularizado, no presentamos a Jesús como médico integral, del cuerpo y del alma, y recurren al malo, que se disfraza.

   Lo mismo puede decirse del espiritismo, por cierto. Entre los que han muerto y nosotros hay un abismo que sólo Dios puede autorizar en contadísimas ocasiones a que sea pasado, y siempre es para edificación en la fe, la esperanza y el amor. En el espiritismo se recurre a demonios, que no tienen ese poder. El demonio no puede traer a nadie del más allá. Pero sí puede suplantarle, hacerse pasar por él, y es lo que hace. Él sabe muchas cosas, incluso íntimas, y puede dar falsas "pruebas". Y hace lo mismo: "enganchar". Al principio usa palabras que consuelan y parecen buenas, luego engancha y esclaviza, apartando a las personas de Dios. Lo mismo ocurre con los adivinadores, magos, echadores de cartas, etc. El demonio es un ángel, tiene una gran inteligencia, y conocimiento de intimidades, y todo eso lo usa. La gente empieza a confiar en ese poder y abandona la esperanza en Dios. O pierde la ocasión que tenía, por el sufrimiento, de acercarse a Él. El demonio sabe lo que hace. Su segunda mayor victoria es hacernos creer que no existe. La primera es hacernos creer que la vida se acaba aquí abajo, con la muerte. Eso nos lleva a vivir como animales. Su mayor objetivo, siempre, es hacernos perder la esperanza, como hizo con Judas... o con el rey Saúl.

   Hay un caso muy curioso de esto en la Biblia, en la caída del rey Saúl (1 Samuel 28). Me sirve para explicar un tercer punto muy importante que no quiero que se me olvide. El rey Saúl había perdido el favor de Dios, porque nunca le hacía caso, se fiaba más de sí mismo que de Yahvé. Antes de la última batalla, Saúl fue a consultar a una medium, porque Samuel -el profeta que siempre le había transmitido la voluntad de Dios- había muerto y Saúl no sabía qué hacer, acongojado por la batalla que se avecinaba. Ya ningún profeta de transmitía la voluntad de Dios. Fijaos que quiere acudir a un poder de Dios (el profeta de Dios, Samuel), pero como no se fía enteramente de Dios, intenta arreglarlo usando su propia estrategia. Si confiara en Dios, habría rezado, o habría buscado de nuevo a algún hombre santo que le aconsejara, o habría aceptado ese silencio y habría hecho lo que le aconsejara su prudencia, pero como eso le parecía poco, se fue a consultar a Samuel mediante el espiritismo. "Samuel" se le aparece, y le "profetiza" que morirá sin remedio, con sus hijos, mezclando verdades y "otras cosas". Él se desespera y acaba cumpliendo la "profecía" por su propia mano: ¡acude a una batalla que ve que va a perder y hasta se suicida!

   Pero es que ese "Samuel" aparecido, no era el verdadero Samuel, era el demonio (así lo entendemos). Y la "profecía" no era tal, sino que buscaba la desesperación de Samuel, y la logró, haciéndole creer en un fatal destino que acabaría cumpliendo, desesperado, por su propia mano. También en la película de La Pasión, Mel Gibson ha retratado muy bien cómo Judas es llevado a la desesperación por las burlas de los niños y la terrible visión del burro muerto, de forma que no acudiera a la misericordia de Dios.

   Y ése es el tercer punto, que el que cae en el poder del demonio, va siendo conducido sibilinamente a la desesperación, como Saúl, como Judas. Por eso, las personas que se acercan a estas cosas necesitanm nuetsra compañía, nuestro apoyo, nuestro ánimo, llevarles el amor y la esperanza del Señor. La alternativa, cuando ya todo aparece negro, es saber que Dios nunca nos abandona, que hasta cuando le hayamos negado mil veces, está siempre con los brazos abiertos, esperándonos, y que su diestra es mucho más poderosa que todo lo que hayamos entregado al demonio. Hasta el haberle vendido la propia alma, se soluciona para siempre con una simple confesión. Dios puede liberarnos en un abrir y cerrar de ojos, sólo con que acudamos a Él, gratuitamente. No caigamos en el engaño diabólico de una falsa humildad: ser "consecuentes" y mantenernos alejados de Dios hasta la muerte, para no acudir a Él cuando vemos la cosa "negra". Eso no sería humildad ni integridad, sino orgullo y empecinamiento. Dios nos ama, y nos espera siempre. ¡Siempre, hayamos hecho lo que hayamos hecho!


¡Un abrazo y muchas bendiciones!

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