miércoles, 19 de febrero de 2014

Mis argumentos favoritos para defender la vida

1. Cada vida cuenta
   Tú, yo y cada ser humano que viene al mundo fue pensado por el amor de Dios.

   Los que ya reconocemos ese amor de Dios y experimentamos cada día su misericordia, somos especialmente sensibles a algo que, de todas formas, cualquier persona puede percibir en su conciencia: que toda vida humana es infinitamente valiosa, por pequeña, débil o enferma que parezca, y que debe ser acogida, respetada, protegida, cuidada… ¡amada!

   “…Que hasta el más vil gusano su destino ya tiene,
que tu aliento palpita en todo lo que viene…”
-Dulce María Loynaz, poetisa cubana

   Independientemente de nuestras creencias religiosas, las personas somos capaces de percibir algo sagrado en cada ser humano, especialmente en el más débil, enfermo o inocente. ¿Qué importa que aún sea muy pequeño, que no pueda sentir, pensar, expresarse o actuar como nosotros, para que sea ya inmensamente valioso, humanamente valioso?

2. No es una cuestión religiosa…
   No defendemos la vida por ser cristianos. Todos hemos sido embriones: creyentes o no creyentes; abortistas, provida o indiferentes. Todos podemos reconocer que nuestra existencia es valiosa, y que no estaríamos aquí si hubiéramos sido abortados.

   Pero es verdad que muchos de los que defendemos la vida somos cristianos. Hay dos razones: a) Hemos conocido el amor de Dios por cada uno, y b) Jesús nos da la fuerza para reconocer una verdad a veces incómoda y defender la vida, aunque sea a contracorriente.

3. Sólo la verdad nos hace libres
   Respetar la vida humana no es algo opcional, que se deje a la voluntad de cada cual, como reclaman algunos, invocando un extraño concepto de “libertad”.

   Años de abortismo han puesto de manifiesto que el aborto no libera, es un drama. Con el aborto no se rompen cadenas, con el aborto se ha echa sobre muchas mujeres y hombres una carga muy pesada.

   Ya nadie es capaz de negar que el aborto es un drama, hasta los abortistas lo reconocen. Pero entonces debemos preguntarnos… ¿por qué? 

   El aborto es un drama precisamente porque, por debajo de todas las justificaciones, cada mujer intuye que lo que hay en su vientre es su hijo. El padre y los que la inducen o presionan para abortar, también lo saben. Y por eso abortar es una vivencia traumática para la madre, el padre y su entorno.

4. El aborto daña a la mujer
  La experiencia de atención personal a parejas o mujeres abandonadas que están tentadas de abortar, así como la acogida a personas que han sufrido las consecuencias psicológicas del aborto provocado, nos está mostrando cada día más claramente el drama y el terrible daño que produce en la psicología de miles de mujeres y también hombres, muchos de ellos jóvenes.

   Las mujeres que abortan tienen un riesgo varias veces mayor de depresión y suicidio que las que dan a luz a sus hijos. Se ha estimado que decenas de mujeres se suicidan cada año en países como España como consecuencia de un aborto.

   El síndrome post-aborto afecta al 90% de las mujeres que se someten a un aborto. Sus manifestaciones son negación del hecho y su consecuencias, depresión, ansiedad, síndrome del aniversario (cuando se cumple la fecha del parto que no tuvo lugar o la del aborto), ruptura de la pareja, drogadicción, alcoholismo, problemas sexuales, conducta sexual autolesiva, pesadillas, insomnio, suicidio.

   Es fácil arrancar el hijo del vientre de su madre. Arrancarlo de su mente es otra cosa... El síndrome post-aborto se da incluso en mujeres que no manifestaron ninguna aversión moral al aborto. Al principio, muchas ni siquiera asocian sus síntomas al aborto.

   En el libro “Victims and Victors”, varias mujeres violadas denuncian que se las utilice para justificar el aborto sin preguntarles a ellas. El 70% de las que se quedaron embarazadas, no quisieron abortar. Y de las que abortaron, el 90% se arrepintió, lo vivió como una segunda agresión. La violación las agredió en su sexualidad, el aborto las agredió en su maternidad.

   Llamar “salud” reproductiva al aborto, además de cinismo, supone una doble contradicción. El aborto no sólo acaba con la vida del hijo, sino que daña la salud de la mujer.

   El aborto no es una verdadera solución, todo lo contrario, frente al enorme reto psicológico, personal y social que supone a veces un embarazo en condiciones difíciles. Necesitamos soluciones auténticamente solidarias con la maternidad, para que las parejas o mujeres solas sean realmente libres, se vean libres de coacciones de todo tipo y puedan tener a sus hijos.

5. La vida empieza en la concepción
   Un espermatozoide, en el entorno favorable de la vagina de la mujer, puede vivir hasta 5 días. Un óvulo, en el entorno favorable de la trompa de Falopio, puede sobrevivir durante 8-24 horas. Pero cuando el espermatozoide fecunda al óvulo, esa nueva célula que es el cigoto, es un ser con una esperanza de vida de 85 años. Si alguien lo elimina, elimina los 85 años de vida que habría tenido esa persona.

   La vida de cada uno es un proceso continuo que empezó en la concepción; si alguien lo corta en cualquier punto, no sólo le está arrebatando lo que ya es, sino también todo lo que podría haber sido, y el bien que podría haber hecho a otros.

   Entre la formación del cigoto y la muerte en la ancianidad, todo es un desarrollo gradual, sin solución de continuidad. No hay ya ningún momento de cambio esencial en el cual ese ser pueda pasar de no ser humano a ser humano. En cambio, en la concepción sí se da ese cambio esencial: dos células reproductoras, el óvulo y el espermatozoide, se fusionan y dan lugar a un nuevo ser que tiene la capacidad de desarrollarse como humano.

   El embrión tiene ya un código de ADN propio, que le identifica como ser humano, con todas sus potencialidades. Es un ser humano único, irrepetible. Incluso los gemelos, que comparten el mismo código genético, son cada uno de ellos únicos e irrepetibles.

   En el código genético y el mapa epigenético del embrión, existe ya un proyecto corporal con todas las características del nuevo ser humano: si será rubio, si tendrá los ojos marrones, si tendrá la nariz de su madre o la sonrisa de su padre…

   Un embrión de pocas semanas tiene ya un corazón que late. A las 8 semanas sería como una pequeña habichuela en la palma de la mano, pero tiene ya todos sus órganos y estructuras formados.

   “Es lo mismo acabar con una vida ya nacida o con una que está empezando a existir. Si alguien será humano, ya lo es” (Tertuliano, siglo III).

6. Todos tenemos derecho a la vida
   El derecho a la vida de todos los que viven es previo a las leyes, está por encima de ellas. Éstas no pueden hacer otra cosa, para ser justas, que reconocerlo: “Todos tienen derecho a la vida” –reconoce la Constitución Española, art. 15.

   Una mujer abortista llevaba una pancarta que decía: “yo aborto, tú respetas”. En realidad, significa: “yo mato, tú te callas y miras para otro lado”.

   “Nada de lo humano me es ajeno” –dice Terencio (s. II a.C.)-; por tanto, ¿quién nos puede pedir, honradamente, que miremos para otro lado mientras se acaba con la vida de aquellos que reconocemos como hermanos nuestros?

   Dijo la Madre Teresa: “Muchos se manifiestan preocupadísimos por los niños de la India o los de África, donde tantos mueren, sea por enfermedades, hambre o lo que fuera. Pero hay millones deliberadamente eliminados por el aborto. Por eso elevo mi voz en la India y en todas partes: hagamos que todo niño, nacido o no, sea un niño deseado. El aborto va en contra del mandamiento del amor”.

   “Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente” (Juan Pablo II)
  
7. Una cuestión de solidaridad
   Como afirma el Papa Francisco en “La Alegría del Evangelio”, “no es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana”.

   El aborto es la excusa perfecta para no tener que ayudar personal ni socialmente a las embarazadas. Se las culpa de su embarazo, se las abandona y se crea una estructura opresora que las conduce hacia el aborto. La carga de ese drama la llevará la mujer durante toda su vida. "El aborto es el arma más machista que hay" -dijo una mujer que había conocido muchos casos y ayudado a muchas mujeres.

   En palabras de Tabaré Vázquez, médico que fue presidente socialista de Uruguay y vetó una ley abortista, “el verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados; por eso se debe proteger más a los más débiles”.

   Esperamos que el Señor siga tocando el corazón de muchas personas, abriendo sus conciencias a esta sensibilidad, como sucede frente a otros ataques a la vida o la dignidad humana tales como el racismo, la guerra, la opresión económica, el clasismo, la pena de muerte, la violencia doméstica, el sexismo, la prostitución, el maltrato animal, la destrucción de la naturaleza…

8. Aquí no sobra nadie
   Los niños con síndrome de Down son discapacitados en alguna faceta. Pero son superdotados en amor, en alegría, en autosuperación, en solidaridad, en felicidad, en cariño, en hacernos mejores personas…  

   El Parlamento Europeo prohibió hace años el aborto por razón de sexo, por abrumadora mayoría. Todos entendieron que matar a una niña antes de nacer por el hecho de ser niña es una espantosa discriminación y había que prohibirla. Pero también es una discriminación matar a un discapacitado por ser discapacitado, y al hijo de una mujer que vive en la pobreza por ser pobre, y al que viene en mal momento por venir en mal momento...

   “Esto de vivir es un invento muy bueno de Dios” – frase de un niño con síndrome de Down, antes de una Eucaristía.

   Aquí no sobra nadie. Abortar es discriminar por razón de edad. Es discriminar a los demasiado pequeños. Es discriminar a los discapacitados, a los pobres, a los “inoportunos”… a los inocentes.

 9. Una amenaza interesada y global
   Algo no funciona en una sociedad que aborta a sus hijos en un oscuro y lucrativo negocio, que invierte presupuestos sanitarios en reproducción artificial, generando cientos de miles de embriones congelados, mientras muchas familias que no pueden tener hijos sufren enormes dificultades para adoptar.

   El abortismo es un negocio, que se alimenta del pago por las “intervenciones” y de subvenciones estatales. "Planned Parenthood" (paternidad planificada) es una de las ONGs que mueve más recursos del mundo. Se dedica a extensión del abortismo, desde la política a la práctica de abortos. Es multinacional, siembra centros por todo el globo. Se nutre de importantes subvenciones de diversos estados y donaciones de grandes fortunas.

   La “estrategia de salud reproductiva” es un instrumento planificado para disminuir las poblaciones de países subdesarrollados. Su objetivo es evitar rebeliones que amenacen la explotación barata de materias primas necesarias para las grandes industrias, según el Memorandum 200 de Seguridad Nacional de los EEUU, el cual refiere: “ningún país ha conseguido controlar su población sin recurrir al aborto”.

   Políticas abortistas son impuestas por la ONU y financiadas por Fundaciones como la Gates, la Rockefeller, la Ford y la ONG “Planned Parenthood”. Para evitar la acusación de imperialismo demográfico, fueron disfrazadas de preocupación por la autonomía reproductiva de la mujer,

   En el control de las poblaciones se ha llegado a la esterilización de mujeres indígenas en Perú e India a cambio de ayuda, la represión policial y aborto obligatorio de mujeres embarazadas de su segundo hijo en China, o la eliminación de ayudas a países pobres que no aprueban el aborto. Estas prácticas han sido denunciadas por representantes de diverso signo político, como Mercedes Arzú o Daniel Ortega.

   La Iglesia Católica fue señalada como el enemigo que hay que desprestigiar, por oponerse a esas políticas. Ocurre desde que Pablo VI propuso, en una conferencia internacional sobre población, permitir y promover el desarrollo de los países pobres, en lugar de limitar deliberadamente sus poblaciones como medio para evitar la conflictividad. Esa vía fue rechazada.

   Todos los pueblos han convivido con costumbres inhumanas sin apenas darse cuenta, el nuestro no está libre de eso. El abortismo será un día abolido como lo fue la esclavitud, el racismo, como va desapareciendo la explotación infantil, aún presente en países pobres. Entonces las personas de buena voluntad se extrañarán de cómo pudimos convivir tranquilamente con este horror. Algún día se nos preguntará qué hicimos nosotros para evitarlo.

   La Madre Teresa afirmó: “La mayor amenaza para la paz es el aborto”. Ella entendía muy profundamente lo inútil de intentar construir una convivencia justa y en paz sobre la eliminación oculta de millones de seres humanos.

10. Aborto y anticoncepción: dos caras, una moneda
   Los programas de supuesta “educación” sexual que se centran en el uso de anticonceptivos, fracasan uno tras otro y no producen más que una frustración de los jóvenes ante relaciones humanas insatisfactorias.

   La solución al aborto no pasa, como siguen pensando algunos, por propagar más la anticoncepción; los problemas humanos no se solucionan con pastillas o productos químicos. Cada persona es una realidad mucho más profunda y compleja que un mero organismo biológico, y debe ser considerada en su integridad y en su vocación al amor.

   Vemos también lo que ha ocurrido con la difusión de la píldora del día siguiente: no ha disminuido los embarazos “no deseados”. Además, su acción es a veces abortiva, haciendo que el embrión no llegue a implantarse en el útero.

   Los hechos prueban que el aborto provocado es precisamente la cloaca de la mentalidad anticonceptiva: anticoncepción y aborto son, en realidad, dos caras de la misma moneda.

Conclusión: EL CAMINO DEL AMOR
   Un embarazo no deseado puede convertirse en un embarazo aceptado, abriendo un camino verdadero frente al drama y la oscuridad del aborto.

   Por contra, el aborto no es el camino del amor, no es el camino que Dios nos ofrece a cada uno. El aborto nos hace daño y nos aparta de la felicidad que Él quiere para nosotros.

   En algún caso excepcionalmente difícil, entregar al hijo o hija en acogida o adopción es también una acción heroica, que salva la vida del hijo y entrega ese regalo de Dios a otra familia que lo puede acoger.

   Problemas humanos requieren soluciones humanas. El drama personal, familiar y social del aborto necesita la conversión de los corazones a la verdad y al amor, huyendo de toda ideología simplista. Es bueno poner verdaderamente nuestra conciencia en contacto con la realidad de este problema y de sus consecuencias para las personas, a menudo muy ocultas y silenciadas.

   La verdadera solución al aborto empieza por una vivencia auténticamente humana, libre y responsable del amor y la sexualidad, que es la que nos hace realmente más felices.

lunes, 10 de febrero de 2014

Sobre el sufrimiento: Job y Elihú

Job es un hombre piadoso, y se siente bendecido con familia, salud y riqueza. Pero el demonio pide a Dios poder ponerle a prueba, en la seguridad de que acabará maldiciéndole. Dios no quiere ningún mal para Job, pero permite que el demonio se lo cause, permite la prueba. Tras la desolación de ver muerta a su familia, perdida su riqueza, y lleno de enfermedades, Job maldice el día en que Dios le hizo nacer.

Ahí está el hombre que sufre la injusticia del mundo, el dolor de la vida. ¿Cómo puede Dios permitir todo esto?

Tres amigos intentan calmar a Job: Elifaz, Bildad y Sofar. Básicamente, le reprenden un poco por maldecir su vida, y suponen que algo habrá hecho para merecer todo eso. Pero Job les replica brillantemente, defendiendo su inocencia. Ante esto, ellos finalmente callan, no saben qué responder.

Entonces, Elihú, un joven que no había hablado por dejar a los mayores hacerlo, no se resigna a que Dios acabe enjuiciado y es el único que sigue respondiendo a Job. Aparte de mostrar la grandeza de Dios, lo lejos que estamos de llegar a su poder y sabiduría, y la esperanza de que Dios ayudará al que sufre, dice lo siguiente:

Dios "salva al afligido con la aflicción. Le instruye mediante el sufrimiento" (Job 36,15).

Tras esto, aparece en escena Dios mismo. Reprende a Job por enjuiciarle y le reta a darle lecciones y a mostrarle su poder. Job se arrepiente y se excusa: "Hablé de cosas que ignoraba, de maravillas que superan mi comprensión [...] te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos" (Job 42, 3-5). Dios enseguida le acoge con amor y le pone de ejemplo ante sus amigos. Pero a los tres amigos, Elifaz, Sofar y Bildad, Dios les echa en cara no haber sido capaces de hablar bien de Él a Job, haberse quedado callados. Ellos, que no sufrían el dolor, no acertaron a mantener en la esperanza de Dios al que sufría. Por la súplica y la amistad de Job, Dios les perdonará, y a Job le llenará de nuevo la vida con familia, salud, riqueza y alegría.

En interesante que Dios no reprenda a Elihú, el joven. Este era el único que había insistido en defender a Dios hasta el final. Elihú había acertado al insistir en que no conocemos suficientemente a Dios, en que ni podemos ni somos quienes para juzgarle, en que el verdaderamente sabio es Él, en que podemos observar su magnificencia y poder en las obras de la creación. Da un paso más en la comprensión de la cuestión del sufrimiento, como hemos visto: Dios instruye y salva al afligido, al que sufre, al que tiene dolor, a través de la aflicción, del sufrimiento, del dolor. El discurso de Dios nos revela que bajo la injusticia del mundo, la sabiduría divina lo conduce, una sabiduría que el hombre no es capaz de percibir.

El sufrimiento del hombre está unido al misterio liberador de la cruz de Cristo. De Jesús, dice la profecía de Isaías: "Fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron" (Isaías 53,5). Escribe San Pablo a los Corintios que él no llegó allí a predicarles con elocuencia ni sabiduría, sino temblando de miedo, de forma que los frutos de su predicación fueron por la fuerza del Espíritu Santo. Afirma: "nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y a éste crucificado" (1 Cor 2,5). Pablo habla muchas veces de gloriarse en sus padecimientos, en su debilidad. Habla de la cruz como un sufrimiento fecundo, soportado también en favor de otros, de la Iglesia. Más adelante, en esa misma carta, dice, en la misma línea de los argumentos del libro de Job: "¿Quién ha conocido la mente de Dios, para poder instruirlo?", y aclara: "Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo" (1 Cor 2,16). Acudamos, entonces, a las palabras de Cristo en medio del sufrimiento:

- "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mc 15,34). Cristo sufre el sentimiento de soledad y abandono extremo, pero aún se dirige con esa queja al Padre, en cuya sabiduría está la explicación. Este lamento, esta llamada dolorida dirigida a Dios es verdadera oración. Dijo Benedicto XVI sobre esa frase, que "es una llamada a un Dios que parece lejano, que no responde [...] Sin embargo, el orante “llama al Señor ‘Dios mío’, en un acto extremo de confianza y de fe". Y este mismo Papa, en su visita a Auschwitz, comentó que esa exclamación de Cristo nos da a nosotros también el derecho a decirle lo mismo a Dios. No comprendemos el sufrimiento, pero sabemos que hay un sentido, que nuestro Dios tiene respuesta. Tras esa frase, Cristo grita con fuerza sus últimas palabras, que son de entrega y confianza absoluta en el amor de su Padre, de nuestro Padre:

 - "¡PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU!" (Lc 23,46)

Aunque nos sintamos abandonados, aunque para nosotros es un misterio el silencio de Dios, nuestro Padre no permitirá que el mal nos destruya, que venza sobre nosotros, si clamamos a Él, unidos al grito de Cristo crucificado. Todo lo contrario, lo convertirá en nuestra victoria sobre el mal; de forma que por las heridas de Cristo seamos curados.  Los designios de la sabiduría y el amor de Dios para nuestra salvación se realizan a través de la cruz, de nuestra cruz unida a la cruz de Cristo.

Esto sucede también en la historia. Juan Pablo II, que había contemplado el sufrimiento de su pueblo por la dominación nazi y comunista, veía los signos del reinado histórico de Cristo a través de ese sufrimiento. Ese es el corazón de las bienaventuranzas:

"Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados" (Mateo 5,5).

Elihú, en el capítulo 36 del libro, le muestra a Job dos caminos posibles en medio del sufrimiento: juzgar a Dios, rechazándole, o clamar a Él, como hizo Cristo. El que confía en Dios a pesar de todo, será liberado. En cambio "si tu medida está colmada para el juicio condenatorio, el juicio y la sentencia te arrastrarán" (Job 36,17). Job mismo cae en ese error, pero es liberado de él por la propia presencia y palabra de Dios, que acude en su ayuda. Sólo la gracia, la acción de Dios en nuestra alma, nos capacita para amar a Dios aun en medio de la prueba. Dios ama primero, y ama gratis, sin tener en cuenta nuestros pecados, nuestro rechazo hacia Él. 

Quizá sólo se atreva a hablar de esto un joven que aún está casi exento del sufrimiento, como aquel Elihú del libro de Job. Una cosa es sufrir, cuando ya no es posible articular más palabra que el lamento o la rebelión, y otra muy distinta hablar del sufrimiento desde fuera. Pero Elihú nos da ejemplo de que es bueno hablar de ello, y parece que es mucho mejor que el silencio, reprobado por Dios en los tres amigos. El sufrimiento no es un vacío sin sentido, es la cruz liberadora de Cristo, donde se manifiesta el poder y la sabiduría de Dios en nuestra vida y en medio del mundo.

sábado, 8 de febrero de 2014

A Femen y a los defensores del aborto


http://www.laverdad.es/murcia/v/20140203/cultura/activistas-femen-abordan-rouco-20140203.html¿Qué decir de las chicas de Femen que se desnudaron y gritaron consignas abortistas ante el cardenal Rouco? ¿Qué podemos decir los cristianos a esas mujeres que hicieron un viaje en tren para defender el aborto? ¿Y a las personas que han acudido a concentraciones a favor del aborto?

Pues lo primero, que no son nuestros enemigos. Nos duele mucho que defiendan algo que causa tantas pérdidas y tanto sufrimiento, pero nosotros no estamos en ningún caso contra las personas, sino que luchamos y trabajamos a favor de la vida. Precisamente, nuestra misión es concienciar a todos, también a ellos, para que juntos seamos capaces de apreciar el valor que tiene un ser humano de pocos días de vida, aún en el vientre de su madre.

Lo segundo que también nos duele es que se muestre tan poco respeto por un señor mayor, que además es nuestro obispo. Para nosotros, un obispo es nada menos que un sucesor de los apóstoles: de Pedro, de Santiago, de Juan… la mayoría de los cuales dieron su vida como Cristo, por ser sus testigos y anunciar los valores del Reino de Dios en un entorno hostil. Pero ese dolor no nos hace revolvernos contra nadie, sino unirnos más a muestro Obispo y perdonar, aprovechando la ocasión para anunciar con fuerza el amor de Dios por todos, sin excepción, también por los abortistas.

Eso no significa que no defendamos a nuestro Obispo. En un estado de derecho, bastante impropio es ya que se exija públicamente el derecho a eliminar a otros seres humanos, con la excusa de que son pequeños y aún no han nacido, como para que esa exigencia, encima, se haga con violencia, del tipo que sea. En las formas empleadas se deja ver precisamente la falta de argumentos éticos y pacíficos. Con todo respeto, les podemos dar una respuesta similar a la de Jesús, ante un guardia que le golpeó: "Si al defender la vida prenatal hablamos mal, mostrad en qué nos equivocamos. Pero si hablamos bien, ¿por qué nos agredís?" ¿Por qué insultáis, por qué mostráis odio contra nosotros? Todo eso es inaceptable. Un estado de derecho que funcione debe proteger el derecho a la libertad de opinión y a la libertad religiosa. Esa es tarea del estado, pero también de los medios de comunicación y de todos los ciudadanos. No aceptemos que nadie tenga patente de corso para agredir, en ningún sitio. Dialoguemos en paz.

Finalmente, aprovechamos para declarar nuestra convicción de que cada ser humano es tan valioso, que su vida merece ser protegida desde el primer momento. Esto lo podría reconocer cualquier persona, porque todos, cristianos y no cristianos, incluso los abortistas, hemos sido embriones en el útero de nuestra madre. Además, cada vez vemos más claro que el aborto no sólo es un daño para el hijo, sino que sirve de excusa perfecta para no ayudar a la madre, presionándola para que "elimine el problema". Y como todos tenemos conciencia, pensemos lo que pensemos, el aborto se convierte al final en una causa tremenda de dolor, sobre todo para esas mujeres, aunque también para muchos hombres. No merece la pena defender eso, que para colmo no hace sino alimentar un nauseabundo negocio. En cambio, sí merece la pena defender la vida, ayudar a las embarazadas, procurar que tengan el apoyo que necesitan de su pareja, su familia y todo su entorno social. ¿No merece mucho más la pena afrontar ese reto? Algunos ya lo estamos haciendo. Aquí no sobra nadie, ni por pobre, ni por “defectuoso”, ni por menos querido: cada vida cuenta, ¡cada una! Ese creemos que es un valor que sí ayuda a construir una sociedad más justa y con mayor libertad, en todos los ámbitos. El progreso real de una sociedad se mide por la forma en que protege a los más indefensos: trabajemos juntos por eso, en todo.

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