domingo, 10 de mayo de 2015

¿Los animales resucitarán?

Porque también la creación será liberada
Rm 8,21
 "También la creación será liberada" (Rm 8,21)

 Hace poco, un evangelizador católico de Facebook escribía que los animales no resucitan, según la doctrina cristiana. Le comenté que esa sería su interpretación de la Escritura, pero no es doctrina católica. De hecho, la Iglesia no tiene doctrina firme sobre eso. Y yo creo que esa interpretación es errónea, aunque no digo que la mía sea correcta, porque yo no soy la Iglesia, soy sólo un cristiano que interpreta lo mejor que cree la Revelación y puedo estar equivocado.



 Los animales, en su dolor y su muerte, están sufriendo las consecuencias del pecado del hombre, sin haberlo cometido ellos. El pecado que nos muestra el Génesis no sólo afectó al hombre, sino que desordenó toda la Creación, de forma que entró en ella el sufrimiento, el dolor y la muerte, por culpa del hombre, para quien Dios hizo el cosmos y toda la naturaleza. Creo que esto no es opinión, es realidad revelada.

 San Pablo dice eso y añade algo más (Rm 8,19-22):


 "En efecto, toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios.


 Ella quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la sometió, pero conservando una esperanza.


 Porque también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios.


 Sabemos que la Creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto".


 Es decir, cuando el hombre sea restaurado en Cristo, la Creación será restaurada con él. Tras esos dolores de parto, la vieja creación alumbrará "unos cielos nuevos y una tierra nueva" (Ap 21,2). Esa imagen cinematográfica del cielo como algo etéreo en el que almas aladas tocan la lira, parece más gnóstica que auténticamente católica. Los cristianos fieles sabemos que el ser humano es "corpore et anima unus" (la unidad de cuerpo y alma), que la resurrección plena será en la carne, con nuestro cuerpo, "el mismo que tenemos ahora", como dice el Credo del Pueblo de Dios, de Pablo VI, y que no viviremos volando con alitas en un Cielo espiritual, sino como personas humanas con cuerpo glorioso y alma, en los cielos nuevos y la tierra nueva.


 Por eso, pienso que la metáfora con la que se ilustra la restauración es más que una metáfora, cuando el Espíritu Santo nos dice (Isaías 65,25):


 "El lobo y el cordero pacerán juntos, el león comerá paja como el buey y la serpiente se alimentará de polvo: No se hará daño ni estragos en toda mi Montaña santa, dice el Señor".


 Con esto se restaura la Creación, recuperando la armonía original del Paraíso, como nos dice Génesis 1, 29-30:


 "Y continuó diciendo: «Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento.


 Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde». Y así sucedió".


 Es decir, en el Paraíso se daba esa armonía, reflejada en la ausencia de depredación, la cual se rompería como consecuencia del pecado del hombre. Al final, todo esto será dominado por el hombre restaurado en Cristo, como nos dice también Isaías 11, 6-9:

"El león pacerá con el becerro, y un niñito los guiará"
Isaías 11,6
 "El lobo habitará con el cordero y el leopardo se recostará junto al cabrito; el ternero y el cachorro de león pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá, la vaca y la osa vivirán en compañía, sus crías se recostarán juntas, y el león comerá paja lo mismo que el buey.

 El niño de pecho jugará sobre el agujero de la cobra, y en la cueva de la víbora, meterá la mano el niño apenas destetado.


 No se hará daño ni estragos en toda mi Montaña santa, porque el conocimiento del Señor llenará la tierra como las aguas cubren el mar".


 Explicaba este evangelizador que los animales no resucitan porque no tienen alma, porque Dios no sopló sobre su nariz en el Génesis, interpretación personal suya que me parece equivocada. Le respondí que la existencia del alma humana y del alma de los animales no es cuestión que haga falta la Revelación para conocerla, es un hecho que el hombre puede conocer con la luz de la razón natural. Un animal es un organismo biológico, y como tal, sus sensaciones no son más que impulsos eléctricos conducidos por un sistema nervioso, pero tienen la particularidad de que, dentro de ellos, a diferencia de los ordenadores, hay un ser que siente. Eso es lo que llamamos alma, que en el animal es distinta de la humana, porque la del hombre es espiritual. Ese alma no nace de la pura materia, porque la materia inanimada no puede producir un ser, un ser que siente, que recibe esos estímulos y le afectan. Por eso, con razón sentimos pena de los animales y nos apiadamos de ellos, mientras que no tenemos inconveniente en tirar un ordenador que ya no funciona bien. La Iglesia recuerda lo que todo hombre sabe, es decir, que los animales también sufren, y nos manda respetarlos como seres creados y animados que son. Dice el Catecismo en el nº 2418:



 "Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas".

 Si no tuvieran alma, si en ellos no existiera, más allá de la pura materia, un ser que vive y sufre, serían tan dignos de lástima como las piedras, que también son creadas, o como los ordenadores, que hemos fabricado nosotros.

 Y en 2415 usa el Catecismo esta expresión: "El dominio concedido por el Creador al hombre sobre los seres inanimados y los seres vivos...." Es decir, los seres vivos no están inanimados, sino animados.

 Además, que el hombre resucite no es un hecho natural derivado de que el alma sea inmortal -como creen algunos-, sino un bien que nos viene por la Resurrección de Cristo. Por la gracia merecida por Cristo para nosotros, y no por naturaleza, se realiza el prodigio sobrenatural de la Resurrección, en la que el alma y cuerpo se reúnen tras haberse separado en la muerte.

 Y ¿cómo es posible -cabe pensar- que el desorden en la naturaleza, la muerte y el sufrimiento, sean consecuencia del pecado del hombre, si sabemos que todo eso existía antes de que el hombre apareciese? Es verdad, antes de que el hombre apareciese sobre la tierra, pudo darse ese proceso evolutivo que el Catecismo nos muestra como posible, ya que "la Creación no salió totalmente acabada de manos del Creador", sino que Él pudo crearlo todo en ese cuerpo que estalló en el "Big Bang" y someterlo a las leyes que rigen su devenir y desarrollo, incluso dirigirlo con su Providencia.


 "La creación tiene su bondad y su perfección propias, pero no salió plenamente acabada de las manos del Creador. Fue creada "en estado de vía" (in statu viae) hacia una perfección última todavía por alcanzar, a la que Dios la destinó. Llamamos divina providencia a las disposiciones por las que Dios conduce la obra de su creación hacia esta perfección". (Catecismo, 302)

"La Creación entera gime con dolores de parto" Rm 8,22
 Por tanto, sabemos que hubo depredación, sufrimiento, enfermedad, cataclismos  y muerte antes de que apareciese el hombre. Pero es que el pecado del hombre produjo un verdadero "cataclismo cósmico" -en palabras de un monje oriental-. Ese cataclismo pudo afectar a todo lo que había sido creado por Dios bajo el dominjo del hombre, que es la Creación entera, desde su inicio. No es la primera vez que un acontecimiento esencial es causa de algo que sucede en el tiempo ante que éste. Por ejemplo, el dogma de la Inmaculada Concepción enseña que ella fue preservada del pecado original por una gracia en atención a los méritos de Jesucristo, que aún no se habían producido en el tiempo. Y los antiguos patriarcas y profetas, ¿cómo obedecieron a Dios?, ¿acaso fue por sus propias fuerzas, en su estado de naturaleza caída, sin la gracia? Es claro que no. ¿Y cómo obtuvieron esa gracia de ser obedientes, si no es en atención a los méritos de Jesucristo? Así fue, y esa es doctrina católica. Aunque imperfectamente, ellos recibieron anticipos de unos méritos que fueron ganados por Cristo mucho después. Pues por lo mismo, la gracia de Cristo mantuvo la esperanza, la anticipó desde el principio a toda la Creación, porque toda, desde el principio, había sido desordenada por el pecado de Adán. Y si no cayó completamente en la muerte, si "cayó en la vanidad... pero conservando una esperanza" -que nos dice Pablo en Rm 8,21-, fue precisamente porque fue sostenida para el hombre y éste en atención a Cristo. Gime la Creación entera con dolores de parto -¿no se ve en eso también la evolución que conocemos por la ciencia?-, pero dando a luz el plan de Dios en medio de ese sufrimiento, como un reflejo de la cruz de Cristo.

 Por eso, el Papa Francisco, cuando encontró en Roma a un niño cuyo perro había muerto, y le consoló hablándole de que lo vería en el Cielo, ni estaba diciendo ninguna herejía, ni quizá estaba soltándole una mentirijilla piadosa. No habría ningún inconveniente en la doctrina de la Iglesia para que él, como otros cristianos -incluido el que escribe-, crea que es muy probable eso que le dijo.



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Con gratitud a Alonso Gracián, con el que tantas veces he conversado sobre estas cosas.

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